Hora de publicación: 12:12 pm Clasificado en Ideario, Propuestas y escrito por J. M. Sebastian
“El republicanismo democrático, que está presente, entre otros, en Paine, Jefferson, Robespierre y Marx, partiendo del concepto de la libertad como ausencia de dominación, se basa claramente en la independencia material o económica como criterio de ciudadanía plena. Desde este punto de vista, la republica es una comunidad de ciudadanos libres con capacidad económica suficiente para no estar sometidos o condicionados por la voluntad arbitraria de otros en el ejercicio de los derechos constitucionalmente reconocidos, es decir, ciudadanos que se autogobiernan tanto en su vida privada como en la pública. Hoy, cuando hablamos de republicanismo nos referimos no sólo a la opción por la forma de gobierno republicana frente a la monárquica como garantía de una democracia plena, sino también a una visión de la sociedad y del Estado en la que se excluye todo tipo de dominación ya sea política, social, económica, religiosa, cultural o de género. El concepto republicano de libertad es hoy un concepto activo, ligado a la igualdad y a la fraternidad.”
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El republicanismo vuelve a estar de actualidad. Y no sólo por el setenta y cinco aniversario de la proclamación de la II República que este año se conmemora. El republicanismo es hoy el lenguaje político común sobre el que las distintas izquierdas pueden articular una alternativa conjunta y coherente al neoliberalismo, ya que constituye la apuesta más segura por la regeneración democrática.

El discurso republicano se basa en una serie de propuestas, en las que coinciden todas las izquierdas, tanto las tradicionales como las alternativas, que pueden resumirse en el fomento de una ciudadanía comprometida y responsable, la democracia radical o participativa frente a la democracia liberal meramente delegativa, la desconcentración del poder, la rendición de cuentas por los representantes políticos, la defensa de los servicios públicos, de los derechos sociales y del medio ambiente frente al libre mercado, el laicismo como afirmación de la supremacía del poder civil democráticamente elegido frente a las interferencias de los poderes privados religiosos y económicos y la instrucción pública entendida como formación integral de la ciudadanía.
Pero, además, como han puesto de manifiesto Andrés de Francisco, Daniel Raventós o Antoni Doménech, el republicanismo democrático, que está presente, entre otros, en Paine, Jefferson, Robespierre y Marx, partiendo del concepto de la libertad como ausencia de dominación, se basa claramente en la independencia material o económica como criterio de ciudadanía plena. Desde este punto de vista, la republica es una comunidad de ciudadanos libres con capacidad económica suficiente para no estar sometidos o condicionados por la voluntad arbitraria de otros en el ejercicio de los derechos constitucionalmente reconocidos, es decir, ciudadanos que se autogobiernan tanto en su vida privada como en la pública.
Hoy, cuando hablamos de republicanismo nos referimos no sólo a la opción por la forma de gobierno republicana frente a la monárquica como garantía de una democracia plena, sino también a una visión de la sociedad y del Estado en la que se excluye todo tipo de dominación ya sea política, social, económica, religiosa, cultural o de género.
El concepto republicano de libertad es hoy un concepto activo, ligado a la igualdad y a la fraternidad. Ese ideal republicano de libertad no se limita a los derechos formales, sino que se basa en la creación de mecanismos institucionales que doten de seguridad material y económica a todos los ciudadanos, evitando que queden excluidos de la ciudadanía plena los que carecen de recursos. Sin independencia económica las posibilidades de disfrutar de la libertad de cualquier ciudadano se ven ciertamente limitadas.
Y por eso, la Renta Básica de Ciudadanía, con unos rasgos formales de laicidad, incondicionalidad y universalidad equiparables a los del sufragio universal, es una propuesta republicana, porque universalizaría un nivel razonable de independencia económica de todos los ciudadanos y aumentaría su libertad para vivir su vida con dignidad y respeto, especialmente para los sectores más vulnerables.
Sería un instrumento que facilitaría salir de la pobreza a buena parte de quienes están inmersos en ella, permitiría a los trabajadores asalariados ganar en poder de negociación frente a los empresarios o, al menos, en libertad de elección a la hora de poder rehusar un trabajo en condiciones precarias y facultaría a muchas mujeres, al gozar de cierta independencia económica, poner fin a situaciones de convivencia no deseada. Asimismo constituiría un reconocimiento de las otras formas de trabajo socialmente productivas distintas del trabajo asalariado, como el trabajo voluntario o de cuidado de otros.
Por otra parte, en los llamados Estados del bienestar el reconocimiento formal de la igualdad de derechos no ha comportado la igualdad real de las condiciones de vida de los ciudadanos. Los actuales sistemas de protección social y las políticas asistenciales no han acabado con la pobreza, la exclusión social y los espacios de dominación privados: la dominación económica, la dominación cultural o la dominación de género.
Asimismo, los subsidios de cobertura de mínimos a los más necesitados han generado una importante espiral de dependencia en muchas personas, que no les permite desarrollar, ni muchas veces siquiera plantearse, sus respectivos planes de vida, han originado la estigmatización de quien tiene que demostrar su incapacidad para obtener recursos a fin de acceder a un determinado subsidio y han fomentado las llamadas trampas del paro y la pobreza.
La Renta Básica, por sí sola, no basta para transformar las esa realidad y las desigualdades que el sistema capitalista conlleva. Pero, indudablemente, su implantación racionalizaría, objetivaría y mejoraría el sistema de protección social y sería compatible con el actual sistema de pensiones públicas contributivas y con la defensa de la universalidad e incondicionalidad de las prestaciones sociales, sanitarias, educativas y culturales públicas.
En definitiva, la Renta Básica supondría una garantía de la efectividad de la igualdad y la libertad republicanas y su extensión a todos y a todas, que eso y no otra cosa, es la fraternidad republicana.
Asimismo pocas medidas podrían contribuir más a fomentar la participación en los asuntos públicos que la existencia de un ingreso de ciudadanía, que asegurase un mínimo de existencia social, es decir de incorporación material a la comunidad política con independencia de cualquier otra consideración.
Para conseguir una democracia republicana deliberativa, en la que los ciudadanos se impliquen responsablemente en los asuntos públicos en condiciones de igualdad, es imprescindible garantizar primero la suficiencia económica que asegure la autonomía y la independencia frente a cualquier tipo de interferencia arbitraria y, después, establecer los instrumentos políticos que posibiliten el control y la intervención directa de los administrados en las decisiones políticas.
Únicamente desde estas bases será posible construir la República de ciudadanos, “trabajadores de toda clase”, que los constituyentes de 1931 propugnaban.
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JOSÉ MIGUEL SEBASTIÁN. Reivindicación republicana de la Renta Básica. Madrid, abril de 1996. Publicado en Mundo Libre Digital.
Hora de publicación: 11:39 am Clasificado en DEMOTECA y escrito por Thomas Jefferson
“¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes. Creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios”.
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No, amigo mío, la forma de tener un gobierno bueno y seguro no es confiárselo todo a uno, sino dividirlo entre todos, atribuyendo a cada uno exactamente las funciones para las que es competente.
EL VERDADERO SISTEMA DE EQUILIBRIO Y CONTROL DEL GOBIERNO
Confíese al gobierno nacional la defensa de la nación, y sus relaciones exteriores y federales; a los gobiernos de los Estados los derechos civiles, las leyes, la policía y la administración de lo que en general concierne al Estado; a los condados los asuntos locales de los condados, y que cada distrito municipal gobierne sus intereses en sus propios límites.
Todo irá mejor dividiendo y subdividiendo estas repúblicas, desde la gran república nacional hasta sus últimas subordinadas, culminando en la propia administración de las tierras de cada uno y sometiendo a cada uno lo que pueda supervisar con sus propios ojos.

¿Qué ha destruido la libertad y los derechos del hombre en todos los gobiernos que han existido debajo del sol? La generalización y concentración de todos los cuidados y poderes en su órgano, ya fuera el de los autócratas de Rusia o los de Francia o el de los aristócratas de un senado veneciano.
Y creo sinceramente que si el Todopoderoso no ha decretado que el hombre no ha de ser jamás libre (y creer tal cosa es una blasfemia), el secreto residirá en hacerle depositario de los poderes que le conciernen, en la medida en que es competente para su ejercicio, y en delegar únicamente lo que escapa a su competencia, mediante un proceso sintético, a órdenes cada vez más altos de funcionarios, de forma que se confíen menos poderes cuanto más oligárquicos sean los fiduciarios.
Las repúblicas elementales de los distritos municipales, las repúblicas de los condados, las repúblicas de los Estados y la república de la Unión constituirían una graduación de autoridades, sustentada cada una en una ley como fundamento, poseedora cada una de su porción delegada de poderes, que constituiría a su vez un verdadero sistema de equilibrio y control del gobierno. Leer más »
Hora de publicación: 8:15 pm Clasificado en DEMOTECA y escrito por Thomas Paine
“Si se mantiene, pues, la democracia como base, y se rechazan los sistemas corruptos de la monarquía y la aristocracia, se presenta naturalmente el sistema representativo. La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar y confederar todos los diversos intereses y todas las extensiones de territorio y de población. El sistema representativo difunde tal cantidad de conocimientos por toda la nación, acerca del tema del gobierno, que destruye la ignorancia e impide el engaño. Las artimañas cortesanas son inútiles en ese terreno. Las naciones no pueden tener secretos, y lo que las cortes, igual que los individuos, guardan en secreto son siempre sus defectos. En el sistema representativo, debe aparecer públicamente el motivo de todo. Cada hombre es propietario del gobierno, y considera que es parte necesaria de sus asuntos comprenderlo. Se refiere a su interés, porque afecta a su propiedad. Examina el costo y lo compara con las ventajas, y por encima de todo no adopta la costumbre servil de seguir a los que en otros gobiernos se llaman DIRIGENTES.”
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Si se remite uno a la democracia original, se obtienen los verdaderos datos de los cuales puede comenzar el gobierno en gran escala. Es incapaz de extensión, no por su principio, sino por lo inconveniente de su forma, y la monarquía y la aristocracia los son por su incapacidad. Si se mantiene, pues, la democracia como base, y se rechazan los sistemas corruptos de la monarquía y la aristocracia, se presenta naturalmente el sistema representativo, que remedia a la vez los defectos de la democracia simple en cuanto a la forma y la incapacidad de los otros dos en cuanto al conocimiento.
LA DEMOCRACIA SIMPLE ERA LA SOCIEDAD QUE SE GOBERNABA A SÍ MISMA; CON REPRESENTACIÓN, ATENAS HUBIERA SUPERADO SU PROPIA DEMOCRACIA
La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar y confederar todos los diversos intereses y todas las extensiones de territorio y de población, y ello además con ventajas tan superiores al gobierno hereditario como tiene la república de las letras con respecto a la literatura hereditaria.

En este sistema se funda el gobierno americano. Es la representación injertada en la democracia. Ha fijado la forma mediante una escala paralela en todos los casos a la extensión del principio. Lo que en Atenas había en miniatura, en América existía en grandes dimensiones. La una fue la maravilla del mundo antiguo; la otra se está convirtiendo en la admiración y el modelo del actual. Es la forma de gobierno más fácil de comprender de todas, y la más deseable en la práctica, y excluye al mismo tiempo la ignorancia y la inseguridad del modo hereditario y los inconvenientes de la democracia simple.
Es imposible concebir un sistema de gobierno capaz de actuar sobre tal extensión de territorio, y sobre tal círculo de intereses, como el que produce inmediatamente el funcionamiento de la representación. Francia, pese a lo grande y populosa que es, no es sino una mota en la capacidad del sistema. Este es preferible a la democracia simple incluso en los territorios pequeños. De haber tenido Atenas representación, habría superado su propia democracia.
Lo que se llama gobierno o, mejor dicho, lo que deberíamos concebir que es el gobierno, no es sino un centro común en el que se unen todas las partes de la sociedad. Esto no se puede lograr por ningún otro método que sea tan conducente a los diversos intereses de la comunidad como es posible mediante el sistema representativo. Concentra los conocimientos necesarios para los intereses de las partes y del todo. Sitúa al gobierno en un estado de constante madurez. Como ya se ha observado, nunca es joven y nunca es viejo. No está sometido a la puerilidad ni a la senilidad. Nunca está en la cuna ni anda con muletas. No admite una separación entre conocimiento y poder, y es superior, como siempre debería ser el gobierno, a todos los accidentes del hombre individual, y, por ende, es superior a eso que se llama monarquía. Leer más »
Hora de publicación: 4:21 pm Clasificado en Artículos y escrito por Filosofia Digital
“Esclarecer hombres libres es despertar su coraje, es impedir que este coraje se convierta en escollo para su libertad. Y aunque yo no hubiera hecho otra cosa que desvelar las trampas, que refutar tantas falsas ideas y tan malos principios, que detener los arrebatos de un entusiasmo peligroso, yo habría hecho avanzar el espíritu público y servido a la patria. El verdadero medio de dar testimonio de respeto por el pueblo no es adormecerlo, alabando su fuerza y su libertad, sino defenderlo, inmunizarlo contra sus propios defectos. Porque incluso el pueblo tiene defectos. Nadie nos ha dado una más justa idea del pueblo que Rousseau, porque nadie lo ha amado tanto. “El pueblo quiere siempre el bien, pero no siempre lo ve”. El pueblo quiere el bien porque el bien público es su interés, porque las buenas leyes son su salvaguardia: sus mandatarios no lo quieren siempre, porque ellos quieren volver la autoridad que él les ha dado en provecho de su orgullo.”
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Decís que yo desanimo a la nación. Por el contrario, yo la esclarezco. Esclarecer hombres libres es despertar su coraje, es impedir que este coraje se convierta en escollo para su libertad. Y aunque yo no hubiera hecho otra cosa que desvelar las trampas, que refutar tantas falsas ideas y tan malos principios, que detener los arrebatos de un entusiasmo peligroso, yo habría hecho avanzar el espíritu público y servido a la patria.
NUESTRA PASIÓN DOMINANTE: HE AHÍ EL SECRETO DEL CORAZÓN HUMANO
También habéis dicho que yo había ultrajado a los franceses dudando de su coraje y de su amor a la libertad. No, no es del valor de los franceses de lo que desconfío. Lo que temo es la perfidia. Si la tiranía los ataca abiertamente, ellos son invencibles. Pero el coraje es inútil contra la intriga.

Habéis dicho que os ha sorprendido oír a un defensor del pueblo calumniar y despreciar al pueblo. Ciertamente no me esperaba semejante reproche. En primer lugar sabed que no soy un defensor del pueblo; jamás he pretendido ese título fastuoso. Soy del pueblo, nunca he sido otra cosa y no quiero ser otra cosa. Desprecio a cualquiera que pretenda ser algo más.
Si hay que decir más, confesaré que no he comprendido jamás por qué se dan nombres pomposos a la fidelidad constante de aquellos que no han traicionado su causa. ¿Es un medio de proporcionar una excusa a aquellos que la abandonan, presentando la conducta contraria como un esfuerzo de heroísmo y de virtud? No, no es nada de eso; no es más que el resultado natural del carácter de todo hombre que no se haya degradado.
El amor a la justicia, a la humanidad, a la libertad es una pasión como otra. Cuando domina, se le sacrifica todo; cuando se ha abierto el alma a pasiones de otra especie, como la de sed de honores o de oro, se le inmola todo, la gloria, la humanidad, el pueblo y la patria. Ahí está el secreto del corazón humano. Ahí está la diferencia entre el crimen y la probidad, entre los tiranos y los benefactores del país. Leer más »
Hora de publicación: 3:05 pm Clasificado en Perfiles y escrito por Antonio Gramsci
“Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: “Proletarios de todo el mundo, uníos”. Carlos Marx es para nosotros maestro de vida espiritual y moral, no pastor con báculo. Es estimulador de las perezas mentales, es el que despierta las buenas energías dormidas que hay que despertar para la buena batalla. Es un ejemplo de trabajo intenso y tenaz para conseguir la clara honradez de las ideas, la sólida cultura necesaria para no hablar vacuamente de abstracciones. Es bloque monolítico de humanidad que sabe y piensa, que construye silogismos de hierro que aferran la realidad en su esencia y la dominan, que penetran en los cerebros, disuelven las sedimentaciones del prejuicio y la idea fija y robustecen el carácter moral. Carlos Marx no es para nosotros ni el infante que gime en la cuna ni el barbudo terror de los sacristanes. Es una parte necesaria e integrante de nuestro espíritu, que no sería lo que es si Marx no hubiera vivido, pensado, arrancado chispas de luz con el choque de sus pasiones y de sus ideas, de sus miserias y de sus ideales.”
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¿Somos marxistas? ¿Existen marxistas? Tú sola, estupidez, eres eterna. Esa cuestión resucitará probablemente estos días, con ocasión del centenario, y consumirá ríos de tinta y de estulticia. La vana cháchara y el bizantinismo son herencia inmarcesible de los hombres.
MARX NO HA ESCRITO UN CREDILLO NI ES UN MESÍAS QUE HUBIERA DEJADO UNA RISTRA DE PARÁBOLAS CARGADAS DE IMPERATIVOS CATEGÓRICOS
Marx no ha escrito un credillo, no es un mesías que hubiera dejado una ristra de parábolas cargadas de imperativos categóricos, de normas indiscutibles, absolutas, fuera de las categorías del tiempo y del espacio. Su único imperativo categórico, su única norma es: “Proletarios de todo el mundo, uníos”. Por tanto, la discriminación entre marxistas y no marxistas tendría que consistir en el deber de la organización y la propaganda, en el deber de organizarse y asociarse. Demasiado y demasiado poco: ¿quién no sería marxista?

Y, sin embargo, así son las cosas: todos son un poco marxistas sin saberlo. Marx ha sido grande y su acción ha sido fecunda no porque haya inventado a partir de la nada, no por haber engendrado con su fantasía una original visión de la historia, sino porque con él lo fragmentario, lo irrealizado, lo inmaduro, se ha hecho madurez, sistema, consciencia. Su consciencia personal puede convertirse en la de todos, y es ya la de muchos; por eso Marx no es sólo un científico, sino también un hombre de acción; es grande y fecundo en la acción igual que en el pensamiento, y sus libros han transformado el mundo así como han transformado el pensamiento.
Marx significa la entrada de la inteligencia en la historia de la humanidad, significa el reino de la consciencia.
Su obra cae precisamente en el mismo período en que se desarrolla la gran batalla entre Thomas Carlyle y Heriberto Spencer acerca de la función del hombre en la historia.
Carlyle: el héroe, la gran individualidad, mística síntesis de una comunión espiritual, que conduce los destinos de la humanidad hacia orillas desconocidas, evanescentes en el quimérico país de la perfección y de la santidad.
Spencer: la naturaleza, la evolución, abstracción mecánica e inanimada. El hombre: átomo de un organismo natural que obedece a una ley abstracta como tal, pero que se hace concreta históricamente en los individuos: la utilidad inmediata.
Marx se sitúa en la historia con el sólido aplomo de un gigante: no es un místico ni un metafísico positivista; es un historiador, un intérprete de los documentos del pasado, pero de todos los documentos, no sólo de una parte de ellos. Leer más »
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