Un nuevo comienzo creativo o una reforma a fondo

Hora de publicación: 11:46 am Clasificado en Pensamiento y escrito por Filosofia Digital

“Lo que se ha echado a perder por culpa humana, puede también subsanarse mediante el trabajo humano. Un hombre se ve enfrentado a algo echado a perder debido a negligencias cometidas en épocas anteriores. No posee la energía necesaria como para remediarlo solo, pero encuentra ayudantes capaces, con cuyo apoyo, si bien no podrá lograrse un nuevo comienzo en un sentido creativo, por lo menos se llevará a cabo una reforma a fondo, cosa que también es digna de elogio. No todos los hombres están obligados a mezclarse en los asuntos mundanales. Existen también quienes ya han evolucionado interiormente a tal punto que tienen el derecho a dejar que el mundo siga su curso, sin inmiscuirse en la vida política como reformadores. Mas con ello no quiere decirse que han de asumir una actitud pasiva, inactiva o meramente crítica. Tan solo el trabajo dedicado a las metas más altas de la humanidad, que uno ejecuta sobre su propia persona, da una justificación para semejante estado de retiro. Pues aun cuando el sabio se mantiene apartado del cotidiano trajín, va creando incomparables valores para la humanidad del porvenir.”

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LA INDIFERENCIA Y LA INERCIA, QUE HAN CONDUCIDO AL ESTADO DE CORRUPCIÓN, DEBEN SER REEMPLAZADAS POR LA DECISIÓN Y LA ENERGÍA, A FIN DE QUE SUCEDA UN NUEVO COMIENZO

El Trabajo en lo Echado a Perder tiene elevado éxito.
Es propicio atravesar las grandes aguas.

Lo que se ha echado a perder por culpa humana, puede también subsanarse mediante el trabajo humano. No se trata de un sino inexorable, sino de una consecuencia del abuso de la libertad humana, lo cual ha conducido al estado de putrefacción. Por lo tanto, el trabajo destinado al mejoramiento tiene buenas perspectivas, puesto que se realiza en concordancia con las posibilidades del tiempo. Pero es necesario que uno no se arredre ante el trabajo y el peligro; es necesario tomar cartas enérgicamente. No obstante, es condición previa del éxito una adecuada reflexión.

Un nuevo comienzo.

En primer término, deben conocerse las causas que han conducido a la corrupción, antes de que ésta pueda subsanarse. Luego hay que preocuparse de que todo se encarrile bien por la nueva vía, para evitar una recaída. La indiferencia y la inercia que han conducido al estado de corrupción deben ser reemplazadas por la decisión y la energía, a fin de que un nuevo comienzo pueda suceder a la terminación de tal estado.

EL HOMBRE NOBLE DEBE SACUDIR A LA OPINIÓN PÚBLICA Y FORTALECER LUEGO EL CARÁCTER DE LA GENTE, TRANQUILIZÁNDOLO

Abajo, al borde de la montaña, sopla viento: la imagen del echarse a perder.
Así el noble sacude a las gentes y fortalece su espíritu.

Al soplar el viento en lo bajo, al borde de la montaña, se ve rechazado y echa a perder las plantas. Esto contiene una exhortación al enmendamiento. Lo mismo ocurre también con las disposiciones de ánimo inferiores, y con las modas: introducen corrupción en la sociedad humana.  Para eliminarla, el noble ha de renovar la sociedad. El noble ha de eliminar el estancamiento sacudiendo a la opinión pública (tal como el viento sacude con su acción) y fortalecer luego el carácter de la gente, tranquilizándolo (como es el caso de la montaña que brinda tranquilidad y alimento a todo lo que crece a su alrededor).

Rectificar lo echado a perder por el padre.
Cuando hay un hijo,
no afecta falta alguna al padre difunto que retornó a su origen.
Peligro. Finalmente ventura.

Una rígida, inmóvil adhesión a lo tradicional tuvo por consecuencia esta corrupción. Pero el proceso de echarse a perder no se ve profundamente arraigado, y por eso todavía resulta fácil remediarlo. Es como si un hijo restableciera el equeilibrio en ese proceso de echarse a perder que subrepticiamente se ha introducio bajo el gobierno paterno. En este caso, ninguna mácula seguirá afectando la memoria del padre. Pero es menester no pasar por alto el peligro y no tomarse la cosa demasiado a la ligera. Únicamente si uno cobra conciencia del peligro que implica toda reforma, todo irá bien finalmente.

NO SE DEBE PROCEDER CON EXCESIVA RUDEZA, QUE PODRÍA HERIR; PERO ES MEJOR EL EXCESO QUE LA CARENCIA DE ENERGÍA

Rectificar lo echado a perder por la madre.
No se debe ser demasiado perseverante.

Se trata de fallas que por debilidad han causado esta corrupción. De ahí el símbolo de lo echado a perder por la madre. En este caso, al buscar el equilibrio hace falta una cierta delicada consideración. No se debe proceder con excesiva rudeza, que podría herir.

Rectificar lo echado a perder por el padre.
Habrá un poco de arrepentimiento. No hay falla grande.

Aquí se caracteriza a alguien que, al tratar de rectificar los errores del pasado, porcede con un ligero exceso de energía. Por esta causa surgirán seguramente, de tanto en tanto, pequeñas desavenencias y desazones. Pero es mejor el exceso que la carencia de energía. Por lo tanto, aun cuando alguna vez haya motivos para arrepentirse un poco, uno se mantendrá, sin embargo, libre de toda falla seria.

Tolerar lo echado a perder por el padre.
Al continuar así se afrontará la humillación.

Se indica aquí una situación en la cual, por su debilidad, uno no se enfrenta con lo echado a perder que procede del pasado, sino que deja que la corrupción siga su curso. Si esto continúa así, la humillación será la consecuencia.

SI EL SABIO RENUNCIA A REFORMAR LA VIDA POLÍTICA, SERÁ PARA DEDICARSE A TRABAJAR POR LAS METAS MÁS ALTAS DE LA HUMANIDAD DEL PORVENIR

Rectificar lo echado a perder por el padre.
Uno cosecha elogios.

Un hombre se ve enfrentado a algo echado a perder debido a negligencias cometidas en épocas anteriores. No posee la energía necesaria como para remediarlo solo, pero encuentra ayudantes capaces, con cuyo apoyo, si bien no podrá lograrse un nuevo comienzo en un sentido creativo, por lo menos se llevará a cabo una reforma a fondo, cosa que también es digna de elogio.

No está al servicio de reyes y príncipes.
Se propone metas más elevadas.

No todos los hombres están obligados a mezclarse en los asuntos mundanales. Existen también quienes ya han evolucionado interiormente a tal punto que tienen el derecho a dejar que el mundo siga su curso, sin inmiscuirse en la vida política como reformadores.

Mas con ello no quiere decirse que han de asumir una actitud pasiva, inactiva o meramente crítica. Tan solo el trabajo dedicado a las metas más altas de la humanidad, que uno ejecuta sobre su propia persona, da una justificación para semejante estado de retiro. Pues aun cuando el sabio se mantiene apartado del cotidiano trajín, va creando incomparables valores para la humanidad del porvenir.

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RICHARD WILHELM, Comentarios sobre “Ku o El Trabajo en lo Echado a Perder”. I Ching, El Libro de las Mutaciones (1122 a 221 a.C.), Edhasa, Barcelona, 1977.

Republicanismo democrático o universalizar la libertad

Hora de publicación: 11:22 am Clasificado en DEMOTECA y escrito por Andres de Francisco

“Robespierre, uno de los más odiados políticos de todas las derechas habidas, cosa comprensible, y de los más olvidados de casi todas las izquierdas, cosa mucho menos justificable, decía: “La primera ley social es, pues, la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir”. Porque sin esos medios de existencia, no hay esperanza alguna de libertad real para esa muchedumbre de trabajadores sin propiedad, no hay esperanza alguna de democracia. Las libertades liberales sirven de poco a los millones de excluidos de esta sociedad del éxito, a los que buscan empleo sin encontrarlo, a los que se humillan por mantenerlo, a los no llegan a fin de mes o a los que –cada vez más- malviven (o mueren) en condiciones infrahumanas. Los derechos formales, desconectados de los recursos materiales, de las condiciones reales de existencia social, no garantizan la libertad de los muchos. Y el programa del minoritario republicanismo democrático se resume en lo siguiente: universalizar la libertad. Pero la libertad como no dominación, en la sociedad y en el Estado”.

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Desde sus orígenes atenienses, la tradición histórica de la izquierda ha entendido por democracia el gobierno de los pobres, en el bien entendido que el pensamiento político antiguo consideraba “pobres” no a nuestros “sin techo”, a nuestros “pobres de solemnidad” que viven de la limosna ajena y la cristiana caridad, sino a los que no tienen propiedad o si la tienen es escasa, es decir, al trabajador asalariado, al que tiene que trabajar para vivir (precisamente porque carece de rentas de propiedad).

Residuo onírico del pobre desdichado, por Pepe Valera.

Esos “pobres”, en el mundo antiguo pero, más aún, en nuestro mundo actual, son mayoría y, precisamente por eso, por democracia siempre se ha entendido el gobierno de la mayoría. Esta afirmación no tolera la permuta de los factores. Puesto que los pobres son mayoría, la democracia es el gobierno de esta mayoría, pero si los pobres fueran minoría, la democracia seguiría siendo el gobierno de los pobres y, en ese caso, de la minoría.

LA DISTRIBUCIÓN DE LA PROPIEDAD ES EL CRITERIO QUE DEFINE LA NATURALEZA DEL RÉGIMEN POLÍTICO

Esta era la visión (desgraciadamente a veces olvidada) del gran Aristóteles en la obra maestra que es la Política: “Lo que diferencia la democracia y la oligarquía entre sí es la pobreza y la riqueza. Y necesariamente, cuando ejercen el poder en virtud de la riqueza, ya sean pocos o muchos, es una oligarquía, y cuando lo ejercen los pobres, es una democracia.” La distribución de la propiedad es pues el criterio que decide la naturaleza del régimen político. E insistimos: por democracia debe entenderse –y así se ha entendido hasta muy bien entrado el siglo XX- el gobierno de los excluidos de la propiedad, de la riqueza social productiva, de los medios de producción.

Democracia, pues, fue aquel régimen político que emancipó a las clases subalternas de la sociedad, a las clases trabajadoras, tradicionalmente excluidas por las oligarquías del gobierno de la cosa pública y aun de la misma sociedad civil. La tradición de izquierda, y el marxismo genuino no es excepción, engancha precisamente con esa tradición emancipadora: cuando Marx acuña el concepto de “dictadura del proletariado” no está pensando más que en un régimen de autodeterminación política de las clases trabajadoras. Que eso se terminara convirtiendo en la dictadura, primero de un partido único, y luego de un solo hombre, es ya la historia de la traición a una idea y a una praxis política. Leer más »

Una revolución de mentes y corazones

Hora de publicación: 4:43 pm Clasificado en Pensamiento y escrito por Vaclav Havel

“Me pregunta usted por mi credo político. Me opongo a toda idea fija, porque considero las ideas fijas como uno de los fenómenos comunes más peligrosos. Y por tanto me opongo también al fundamentalismo y dogmatismo de mercado, por lo que me merezco entre los “amargados” el sambenito de izquierdista. La ley del beneficio no garantiza nada coherente por sí mismo. O bien consigo convencer a la ciudadanía de que mi opinión minoritaria tiene sentido y me gano su confianza, o bien seguiré mis propios criterios y no me ofenderé. Aún podría formular mi “credo” de una manera distinta: creo que el orden moral es superior al orden legal, político y económico, y que estos órdenes deberían surgir de aquél y no buscar tretas para ver cómo pueden prescindir de su imperativo. Y que este orden moral tiene su anclaje metafísico en lo infinito y la eternidad. Aún hoy creo y sigo creyendo de forma aún más apremiante que hace falta una revolución de mentes y corazones, una especie de despertar general del ser humano y la salida del declive de una civilización autodestructiva”. 

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-Ya hemos hablado de los llamados políticos apolíticos. El primero en usar el término, que yo sepa, fue el presidente Masaryk, quien en su etapa se refería a los diversos tipos de iniciativas cívicas o públicas en beneficio del prójimo. Ya ha explicado usted muchas veces en qué circunstancias y cuándo usó esta expresión. Sin embargo, aún se le reprocha su “política apolítica”. Evidentemente, con eso se entiende una especie de ensoñación irrealizable, la invención de algo nuevo, poca confianza en los partidos políticos y los procedimientos corrientes, una especie de moralización y quién sabe qué más. ¿Podría resumir en unas cuantas frases su credo político?

Václav Havel

La cuestión es a qué se refieren todos esos procedimientos corrientes. Tengo la desagradable sensación de que en el fondo se trata de una ideologización de la mediocridad, de lo prosaico, de la banalidad. Es como si el ideal del comportamiento corriente fuera la adaptación a lo establecido, sea cual sea, porque el hecho de que la mayoría tienda a aceptarlo significa que es bueno en sí mismo. Al mismo tiempo, se trata de un rechazo al pensamiento independiente y sobre todo a la voluntad de sacrificar algo por unos ideales o arriesgar lo que sea.

El comportamiento mayoritario durante la “normalización” de los años setenta y ochenta, es decir, cuando la gente fingía que estaba de acuerdo con el sistema a cambio de poder disfrutar de su pequeña felicidad doméstica, se convierte aquí en ideal, y todo lo que se desvíe de esta fórmula es objeto de burla. De ahí que se rechazara a los disidentes. Ellos no se comportaban como la mayoría, estaban dispuestos a decir en voz alta la verdad y de ese modo mantener la continuidad del pensamiento libre, sin especular con el éxito sino arriesgándose al sacrifico y la pérdida. ¡Y esta desviación respecto del comportamiento normal no se perdona!

Me pregunta usted por mi credo político. Me opongo a toda idea fija, porque considero las ideas fijas como uno de los fenómenos comunes más peligrosos. Y por tanto me opongo también al fundamentalismo y dogmatismo de mercado, por lo que me merezco entre los “amargados” el sambenito de izquierdista. La ley del beneficio no garantiza nada coherente por sí mismo. Y si digo todo esto es porque el dogmatismo de mercado es parte de la ideología de lo estándar de la que hablábamos.

Pero yo no sé por qué debería, en virtud de una imposición superior, escoger a una mujer corriente, un piso corriente, acumular dinero y artículos de forma corriente y pensar de manera corriente. Y no sé por qué como político debería estar obligado a enarbolar la bandera de lo corriente. O bien consigo convencer a la ciudadanía de que mi opinión minoritaria tiene sentido y me gano su confianza, o bien seguiré mis propios criterios y no me ofenderé. Leer más »

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