DECÁLOGO DE PRINCIPIOS DE LA ALCD

Filed at 2:48 am under Ideario by Manuel Lissén

En la ALCD…

1. No tenemos un concepto estático ni purista de la democracia. La democracia es el sistema de gobierno orientado hacia el pueblo, que garantiza la justicia para todo el pueblo, y donde el pueblo es soberano y protagonista de la vida pública.

2. Luchamos por la libertad y la democracia allá donde sea necesario, empezando por nuestro país: España, donde, después de 30 años de espejismo democrático, urge una reforma integral del sistema, una reforma que traiga un régimen verdaderamente democrático, que debe partir del pueblo, y donde el pueblo – todo él – debe ser el único portavoz de sus opiniones (nadie más, mucho menos nosotros, como asociación).

3. No tenemos grandes palabras elocuentes ni teorías magníficas para describir nuestros objetivos. Nuestra causa es despertar la conciencia crítica del pueblo y aunar todas las voluntades democráticas. Somos gente libre, deseosa de tender lazos entre ellos para hacer real este objetivo común, y como gente libre y como ciudadanos sencillos, no imponemos nuestras ideas, ni exigimos abnegación ni exclusividad, no damos lecciones democráticas a nadie, ni actuamos con hermetismo, escondiéndonos de la luz pública, hablando en clave o faltando a la verdad. Quien quiera sumarse, que esté dispuesto a aprender con nosotros de quienes realmente tienen algo que decir, que son los grandes pensadores de la historia, y que esté dispuesto a hablar y a que le oigan hasta los jóvenes más rebeldes y los viejos más recalcitrantes.

4. No creemos en la gloria, ni en la honra, ni en el apellido, ni en la fama; no nos valen más la brillantez de los académicos que el esfuerzo de los trabajadores. Entre nosotros no hay líderes ni jefes ni obligaciones de ningún tipo.

5. La pertenencia a la ALCD se debe considerar un acto de responsabilidad democrática. Al no ser un círculo de opinión ni un partido político, las personas que la integren no tienen por qué coincidir en carácter, gustos, ideas, ideología, aficiones, orientaciones, etc. Ni siquiera tienen la obligación de hacerse amigos (aunque merece la pena intentarlo). Nuestro compromiso prioritario y común es la Democracia. Dejando a un lado nuestras diferencias y enfatizando nuestro espíritu libre, la convivencia natural de cada uno dentro de la Asociación queda a su libre albedrío.

6. La ALCD existe en la forma en que sus miembros la desean y conciben. La ALCD no viene a inventar una legitimidad nueva, ni necesita de nadie que legitime lo que hace, porque esta asociación sólo quiere despertar la llama de la dignidad que cada ciudadano lleva en su interior y para ello ni necesitamos una sede ni datos fiscales ni una jerarquía. Para participar en esta asociación sólo es necesario hacer explícita una adhesión a su ideario, pero, aún sin esto, alabamos y apoyamos todo esfuerzo, tanto individual como colectivo, a favor de la auténtica democracia. Por eso, esta asociación no necesita una batuta que elimine las notas discordantes, ni un metrónomo que marque el ritmo al que tenemos que avanzar. Somos un grupo cuya fuerza radica en la iniciativa de sus miembros y en su voluntad de colaborar, de aprender unos de otros y de seguir creciendo para hacer más efectiva nuestra lucha por la democracia.

7. No somos sino la avanzadilla de lo que vendrá después. En nuestros lazos de amistad está nuestra fuerza; por eso, cuantas más voces se sumen a nuestra crítica del ambiente político hipócrita y viciado de nuestros días, y cuantas más personas seamos capaces de reunir para hablar sobre democracia y para actuar a favor de la verdadera libertad, más nos acercaremos – con satisfacción – a nuestro propio final.

8. No nos reúne la lealtad en torno a nadie, no nos agrupa la compasión frente a la injusticia, ni nos mantiene unidos la complacencia en nuestra labor; no nos engañamos frente a la crudeza del mundo ni nos arruga la tiranía de los poderosos. Nosotros no queremos cambiar el mundo por cuenta ajena; nosotros estamos cambiando para hacer realidad nuestro sueño, porque no actuamos como los políticos, que dicen para luego no hacer, sino que venimos a presentar lo que hacemos, y a todo el que quiera le ofrecemos nuestras mismas herramientas para que nos ayuden en esta empresa.

9. Valoramos en su medida adecuada las tres fases de nuestra labor, pues sabemos que no podemos dejar de ver y juzgar para actuar, y que no podemos hacerlo sino a la manera de los demócratas. Por eso, en nuestra asociación, no podemos sino esforzarnos por ser cercanos, tenaces, valientes y libres.

10. Entendemos que nuestra lucha no puede excluir a nadie, o de lo contrario estaríamos dejando fuera del pueblo a sus propios integrantes. Desde nuestra sencillez, tratamos con honradez, con aplomo y de un modo pacífico, de luchar por la soberanía del pueblo, azuzando a los usurpadores del poder, a quienes, día sí y día también, violentan los derechos de los ciudadanos y venden el destino de las personas que – ingenuas o ignorantes – ven pasar la vida y sufren sus calamidades sin comprender hasta qué punto han sido despojadas de su dignidad, alejadas de su posición en el mundo e, incluso, les ha sido arrebatado su derecho a ser libres y tratar en lo posible de buscar la felicidad y participar de la convivencia.

Un saludo, ciudadanos.

M. L. (02/03/07)

13 comentarios en “DECÁLOGO DE PRINCIPIOS DE LA ALCD”


Publicado por
Jesús Nava
March 2nd, 2007
at 3:01 am

Es el momento, querido Manuel, de publicar tu magnífico decálogo de principios. Aun cuando está expuesto, como tú mismo has manifestado, a las correcciones que los demás miembros de la ALCD estimen oportunas, por mi parte diría de él lo que Juan Ramón Jiménez del verso (cito de memoria): “¡No le toques ya más, que así es la rosa!”.

Felicidades y enhorabuena por tu inspiración, joven amigo y entrañable compañero.


Trackback from
meneame.net
March 2nd, 2007
at 11:22 pm

ALCD, una asociación que busca luchar por una verdadera democracia…

La ALCD es una asociación de ciudadanos unidos informalmente con la única idea de denunciar los defectos de nuestro sistema político y luchar por una verdadera democracia. El enlace lleva a su decálogo. También se puede visitar su ideario y objeti…


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Lino Moinelo
March 3rd, 2007
at 6:17 pm

Magífico, emocionanante, preciso y al mismo tiempo, flexible. Capáz de albergar a personas de toda índole, que es de lo que se trata.

… pero …

Hasta hora hemos coincidido ciudadanos con cierta homogeneidad, excepto en un caso reciente, con el que no se ha conectado. Tal vez habría que definir algo así:

11. La pertenencia a la ALCD es un acto de responsabilidad democrática. No se trata de un club de fans, ni de un club de patinaje, es decir, que las personas en el no tienen porque coincidir, en caracter, gustos, forma de ser, ideas, ideologías (por supuesto), aficiones, orientaciones, etc. No tienen porque convertirse en amigos fratenales (aunque merece la pena intentarlo), ni caerse bien tan siquiera. Así que los miembros buscarán la foma de dejar a un lado todos estos conceptos momentaneamente, sin renunciar a su individualidad, para trabajar juntos por el objetivo común. La democracia.

o algo, así

Un saludo


Publicado por
Lino Moinelo
March 3rd, 2007
at 8:03 pm

11. La pertenencia a la ALCD se debe intentar considerar como un acto de responsabilidad democrática. No se trata de un club de fans, ni de un club de patinaje, es decir, que las personas en el no tienen porque coincidir, en caracter, gustos, forma de ser, ideas, ideologías (por supuesto), aficiones, orientaciones, etc. No tienen porque convertirse en amigos fratenales (aunque merece la pena intentarlo), ni caerse bien tan siquiera. Así que, sin estipular un tiempo para lograrlo, los miembros buscarán la forma de dejar a un lado todos estos conceptos momentaneamente, sin renunciar a su individualidad, para trabajar juntos por el objetivo común: La democracia. No obstante, si a pesar de todo no se lograse una compatiblidad mínima en la asociación, será el miembro en cuestión el que decida su futuro en la misma.

He matizado algunas cosillas. De todas formas, no es más que una reflexión.

Se me ha olvidado decir que veo en el decálogo, un resumen de lo dicho en conjunto por los miembros de la ALCD en nuestras intervenciones y artículos. Por eso creo que hay que pensar en más gente que pueda venir, distinta a nosotros (que no somos tan homogéneos como he dicho antes)

Un saludo


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Manuel Lissén
March 4th, 2007
at 2:23 pm

Lo he metido dentro del punto 5. Creo que abundaba en lo mismo, haciéndolo más explícito.

Gracias Lino.


Publicado por
Jesús Nava
March 4th, 2007
at 5:11 pm

Manuel y Lino:

Me parece bien el añadido que habéis hecho al punto cinco, pero tal vez quede demasiado largo. Os propongo resumir el añadido de la siguiente forma, que creo respeta la intención de Lino:

“La pertenencia a la ALCD se debe considerar un acto de responsabilidad democrática. Al no ser un círculo de opinión ni un partido político, las personas que la integren no tienen por qué coincidir en carácter, gustos, ideas, ideología, aficiones, orientaciones, etc. Ni siquiera tienen la obligación de hacerse amigos (aunque merece la pena intentarlo). Nuestro compromiso prioritario y común es la Democracia. Dejando a un lado nuestras diferencias y enfatizando nuestro espíritu libre, la convivencia natural de cada uno dentro de la Asociación queda a su libre albedrío”.

Lo someto a vuestra consideración, desde luego, especialmente de Lino. ¿Qué os parece?

Saludos cordiales.


Publicado por
Lino Moinelo
March 5th, 2007
at 12:49 am

Hola

Gracias a todos por considerar mi aportación. Poco después de dejar el comentario, me di cuenta de que si se añadía un punto más, ya no sería un decalogo (je)

Pensé, pues se incluye en algun otro punto. Efectivamente , Manuel, el punto 5 es el adecuado, claro, pero queda largo. Así que el resumen de Jesús me parece muy correcto.

Ta agradezco Manuel el que hayas puesto mi texto prácticamente integro, pero es verdad que para el estilo del decalogo, tal vez sea mejor el resumen propuesto. Mi intención era proponer una idea para debatirla entre nosotros, antes de añadirla definitivamente.

Un cordial saludo


Publicado por
guardiani di faro
March 5th, 2007
at 11:27 pm

Con el debido respeto por el trabajo de quien se ha tomado el trabajo de redactar el decálogo, debo decir que debería de pulirse bastante: se habla de libertad ¿qué libertad? de expresión, asociación, de pensamiento, politica… No conozco ningún pueblo que haya sido soberano, ni creo que pueda haberlo. Hay que evitar retórica del tipo “sodomizan los derechos de los ciudadanos “.
Hace falta mayor rigor terminológico político y jurídico sin peder el gusto literario.

Un saludo.


Publicado por
Manuel Lissén
March 6th, 2007
at 12:11 am

Encantado, guardiani. ¿Podría especificar en qué artículo está lo de la libertad? Si se refiere al artículo segundo, para mí está claro que la causa de la ALCD es la libertad política. Respecto a lo segundo, obviamente está usted pidiendo algo más que un pulido. Veamos: ¿cree usted que, según su visión, no hay pueblos soberanos pero DEBERÍA haberlos? Y con respecto a lo último, la expresión no es mía, sino que ha sido tomada de otro compañero y no ha molestado a ningún compañero hasta el momento. Respeto su sensibilidad y estoy dispuesto a debatir cualquier alternativa.

Con respecto al rigor, no puedo exigirme más de lo que doy. Si tiene usted alguna sugerencia, estaré encantado de tomarla en consideración.

En cualquier caso, me interesa su paso adelante al respecto de la declaración. ¿Necesita verla corregida para asumirla, ya la ha asumido pero necesita verla corregida para hacerlo explícito, o su interés es más turístico?

Un saludo y gracias por escribir.


Publicado por
Manuel Lissén
March 6th, 2007
at 2:55 am

Encantado, guardiani. ¿Podría especificar en qué artículo está lo de la libertad? Si se refiere al artículo segundo, para mí está claro que la causa de la ALCD es la libertad política. Respecto a lo segundo, obviamente está usted pidiendo algo más que un pulido. Veamos: ¿cree usted que, según su visión, no hay pueblos soberanos pero DEBERÍA haberlos? De no ser así, deberíamos tener una discusión específica sobre este asunto. Y con respecto a lo último, la expresión no es mía, sino que ha sido tomada de otro compañero y no ha molestado a nadie hasta el momento. Respeto su sensibilidad y estoy dispuesto a debatir cualquier alternativa.

Con respecto al rigor, no puedo exigirme más de lo que doy. Si tiene usted alguna sugerencia, estaré encantado de tomarla en consideración.

En cualquier caso, me interesa su paso adelante al respecto de la declaración. ¿Necesita verla corregida para asumirla, ya la ha asumido pero necesita verla corregida para afirmarse, o su interés es puramente intelectual?

Un saludo y gracias por escribir.


Publicado por
Jesús Nava
March 6th, 2007
at 5:42 pm

Estimado “guardiani”:

Se entiende, por el contexto, que la libertad de que se habla es la democrática, o sea, política. Yo también pediría a nuestro amigo Manuel Lissén que corrija la expresión “sodomizar”, muy castiza y sin ánimo de ofender, por supuesto, pero que no cuadra en una declaración de principios. También propongo que se redacte, en el punto primero, “justicia PARA [sobre] todo el pueblo”, así como la sustitución de la hipérbole de los “recién nacidos” (nos podrían acusar, Manuel, de asaltacunas; es broma), por algo que abarque a las edades extremas de la vida, algo así como: “hasta los jóvenes más rebeldes y los viejos más recalcitrantes”. De paso hacemos una mención expresa a la juventud, que bien la merece. En fin, sé que me contradigo, al solicitar correcciones a tu texto cuando yo mismo te pedí, Manuel, que como en el caso del poema de Juan Ramón Jiménez, no lo tocaras más.

Pero es que, estimado “guardiani”, se trata de una declaración de principios, no de un ideario, y si precisamente me encantó es porque expresa una serie de pensamientos con corazón que me atrevería a describir como poesía política. Este muchacho ha inventado un nuevo género literario. Tratamos de despertar entre los españoles el “sentimiento” aletargado del ideal político y social de la democracia. Las leyes y la plasmación jurídica en una constitución democrática vendrá después de un largo debate en la sociedad donde los expertos podrán hacer sugerencias a granel sobre cómo instaurar la soberanía popular en el Estado, conservando y garantizando al máximo las libertades individuales.

Por eso, prefiero que se quede sola la palabra “libertad” en el primer punto. Que cada cual piense lo que quiera, con tal que piense en la libertad. Sinceramente, aunque los juristas no son partidarios de hacerlo, no me importaría, sino al contrario, que en la primera Constitución democrática que tengamos en España (no liberal ni monárquica ni republicana, sino democrática) se invoque desde el principio la inspiración de la sagrada causa de la libertad (así, sin más) y el derecho a la felicidad (más que el de propiedad). Ni siquiera me importaría que se recuperara aquello de: “Los españoles serán buenos y benéficos”, de la constitución de Cádiz, o esto otro: “Todos los españoles tienen el derecho y el deber de trabajar”.

Sólo con una Constitución, comprensible para el pueblo, que sirva no sólo para estructurar la libertad en las instituciones del Estado, sino también para alentar en el corazón de los españoles el amor por la libertad y el sentido de la responsabilidad, podremos albergar la esperanza de que la democracia, por fin, eche raíces en España. ¿Por qué no? Así fue en los Estados Unidos, en sus orígenes, tal como lo describió Thomas Paine, pues el pueblo gustaba de llevar un ejemplar de su Constitución en el bolsillo y citarla o consultarla a cada paso, como la Biblia política del Estado. ¿Llegaremos a ver cómo los españoles llevan en el bolsillo una Constitución en vez del catecismo o el Manifiesto Comunista? No lo sé. Pero no es otro el ideal que me mueve a participar en esta modesta asociación y a soñar esperanzadamente con un gran río de libertad que bañe algún día la tierra reseca de nuestro sufrido país.

Pero hay algo en lo discrepo de usted. Me refiero a su afirmación de que nunca ha visto un pueblo que sea soberano. Le remito a los artículos de Tocqueville enlazados en DEMOTECA y a mi artículo: “La democracia, soberanía del pueblo, es posible también en España”. Espero con placer su comentario para seguir con este intercambio de puntos de vista.

Salud y libertad.


Publicado por
Manuel Lissén
March 6th, 2007
at 11:53 pm

Gracias compañero. Me gusta que os vayáis mojando en el texto; lo aprecio sinceramente. Me abrumas con eso del género literario. En el mejor de los casos, quien lo ha redescubierto has sido tú en FD; yo no he hecho más que dejar salir la experiencia de trabajo de más de un mes con vosotros y los anhelos que me mueven. Por los comentarios generales, entiendo que sintoniza con vuestros sentimientos y por eso es muy necesario que vayamos haciendo de este taco de madera una talla labrada con vuestras manos libres y sensibles.

Tomo nota de las propuestas que habéis hecho. La palabra de la polémica ha sido sustituida; gracias Lino por la sugerencia, me parece perfecta. Jesús, lo de la juventud me parece de ley, muy buena idea. Sobre lo del cambio de preposición, comprendo que el cambio de sentido que conlleva es a mejor, pero he tenido que reformar la frase para que no sonara mal. A ver qué te parece.

Con los versos de Juan Ramón me has recordado la maravillosa novela de Saint-Exupéry, en el pasaje donde dice:
“(…) He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. (…)
- El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea importante.
(…)
- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…”

Un saludo.


Publicado por
Manuel Lissén
March 12th, 2007
at 12:08 pm

Ha pasado bastante tiempo sin una respuesta. ¿Damos el decálogo por cerrado?

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