Filosofía Digital

“Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas.” Baruch de Spinoza

LA HIDRA DE LA SUPERSTICIÓN, por Voltaire

Categoría: -CONCIENCIA VIGILANTE — May 16, 2008 @ 8:09 pm

“Si Horacio hubiese tenido que combatir la hidra de la superstición, habría escrito para todo el mundo, como yo. Cuando libero al género humano de una bestia feroz que le devora, ¿puede preguntárseme qué pondré en su lugar? Amo al género humano, quisiera verle como yo, libre y feliz, y la superstición es incompatible con la libertad. ¿Dónde encontraríais que la servidumbre pueda hacer la felicidad del pueblo? Me enoja ver que tenéis tan mal concepto de vuestros semejantes. Pues bien, que en todas partes sea el pueblo el que haga sus leyes”.

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Hubiésemos terminado bien si ahí nos hubiésemos detenido, pero al citar un verso de Horacio para elogiar una de sus obras, me dijo que Horacio había sido un gran maestro en cuanto a teatro, que había dado unos preceptos que no envejecerían jamás. A esto le respondí que él [Voltaire] sólo violaba uno, pero como un gran hombre.

-¿Cuál es?

-No escribís contentus paucis lectoribus [”contentándose con pocos lectores”].

La hidra de Lerna, por Gustave Moreau.

-Si Horacio hubiese tenido que combatir la hidra de la superstición, habría escrito para todo el mundo, como yo.

-Me parece que podríais ahorraros combatir lo que nunca podréis destruir.

-Lo que yo no podré terminar otros lo continuarán, y yo tendré siempre la gloria de ser el que empezó.

-Está muy bien; pero supongamos que lográis destruir la superstición, ¿con qué la sustituiríais?

Ésta es buena! Cuando libero al género humano de una bestia feroz que le devora, ¿puede preguntárseme qué pondré en su lugar?

-Es que no le devora; por el contrario, es necesaria para su existencia.

Necesaria para su existencia! Horrible blasfemia a la que el porvenir hará justicia. Amo al género humano, quisiera verle como yo, libre y feliz, y la superstición es incompatible con la libertad. ¿Dónde encontraríais que la servidumbre pueda hacer la felicidad del pueblo?

-¿Entonces vos quisierais la soberanía del pueblo?

Dios me libre! Es necesario un soberano para gobernar las masas.

-En este caso la superstición es necesaria, pues sin ella el pueblo no obedecerá jamás a un hombre revestido con el nombre de monarca.

-Nada de monarca, puesto que esta palabra significa despotismo, al que odio tanto como a la servidumbre.

-Entonces, ¿qué queréis? Si queréis que el gobierno sea uno solo, he de considerarlo como un monarca.

-Quiero que el soberano mande a un pueblo libre, que sea jefe por medio de un pacto que les ligue mutuamente y que le impida cometer ninguna arbitrariedad.

-Addison os dice que ese soberano, ese jefe, no es posible que exista. Soy de la opinión de Hobbes. Entre dos males hay que elegir el menor. Un pueblo sin supersticiones sería un pueblo filósofo. Y los filósofos no quieren obedecer. Un pueblo no puede ser feliz si no está aplastado, pisado y sujeto a una cadena.

-Es horrible, ¡y vos sois pueblo! Si me habéis leído habréis visto cómo he demostrado que la superstición es el enemigo de los reyes.

-¿Si os he leído? Leído y releído, y en especial cuando no soy de vuestra opinión. Vuestra pasión dominante es el amor a la humanidad. Est Ubi peccas. Este amor os ciega. Amad a la humanidad, pero amadla tal cual es. No es susceptible de los beneficios que le queréis prodigar y que la harían más desgraciada y más perversa. Dejadle la bestia que la devora: ama esta bestia. Jamás he reído tanto como viendo a don Quijote defendiéndose de los galeotes a los que, por grandeza de alma, acababa de poner en libertad.

-Me enoja ver que tenéis tan mal concepto de vuestros semejantes. Pero a propósito, ¿os sentís muy libres en Venecia?

-Tanto como lo pueda ser bajo un gobierno aristócrata. La libertad que gozamos puede que no sea tan grande como la que se disfruta en Inglaterra, pero estamos satisfechos.

-¿Incluso bajo los Plomos?

-Mi detención fue un gran acto de despotismo, pero persuadido de que yo había abusado conscientemente de la libertad, encontré a veces que el gobierno había tenido razón al hacerme encerrar sin las formalidades ordinarias.

-No obstante, os habéis escapado.

-Usé de mi derecho, como ellos habían usado del suyo.

Admirable! Pero de ese modo nadie en Venecia puede llamarse libre.

-Esto es posible; pero convenid que, para ser libre, basta con creerse tal.

-Esto es algo con lo que no estaré fácilmente de acuerdo. Vos y yo vemos la libertad desde un punto de vista muy diferente. Los aristócratas, los mismos miembros del gobierno, no son libres entre vosotros; así, por ejemplo, ni siquiera pueden viajar sin permiso.

-Es verdad, pero ésta es una ley que ellos mismos se han impuesto voluntariamente para conservar su soberanía. ¿Diréis acaso que un habitante de Berna no es libre porque está sujeto a unas leyes suntuarias de las que él mismo ha sido el legislador?

-Pues bien, que en todas partes sea el pueblo el que haga sus leyes.

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GIACOMO CASANOVA, Mi vida y mis amores. Editorial Planeta, 1984.

INTEGRIDAD Y CORRUPCIÓN, por Jiddu Krishnamurti

Categoría: -CONCIENCIA VIGILANTE — May 14, 2008 @ 8:16 pm

“Todas las filosofías son intelectuales y, por consiguiente, no son algo íntegro. Estas filosofías han esclavizado al hombre. Han inventado conceptos de lo que la sociedad debería ser y han sacrificado al hombre a sus conceptos; los ideales de los llamados pensadores han deshumanizado al hombre. La explotación del prójimo, ya sea hombre o mujer, parece ser nuestra forma cotidiana de vida. Nos utilizamos el uno al otro y ambos lo aceptamos. De esta relación peculiar surge la dependencia, con toda su desdicha, confusión y agonía inherentes. Tanto en el ámbito interior como en el externo, el hombre ha sido sumamente pérfido para consigo mismo y para con los demás. ¿Cómo puede haber amor en tales circunstancias?”

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Lo que el hombre le ha hecho al hombre no tienen límites. Lo ha torturado, quemado, matado y explotado de todas las maneras posibles en los ámbitos religioso, político y económico. Ésta ha sido la historia del conflicto entre los hombres: el listo explota al tonto, al ignorante.

LOS IDEALES DE LOS PENSADORES HAN DESHUMANIZADO AL HOMBRE Y CARECEN DE INTEGRIDAD

Todas las filosofías son intelectuales y, por consiguiente, no son algo íntegro. Estas filosofías han esclavizado al hombre. Han inventado conceptos de lo que la sociedad debería ser y han sacrificado al hombre a sus conceptos; los ideales de los llamados pensadores han deshumanizado al hombre.

A Dalí le gustaba, según propia confesión, husmear los olores narcisistas que emanan de cada uno de nuestros cajones...

La explotación del prójimo, ya sea hombre o mujer, parece ser nuestra forma cotidiana de vida. Nos utilizamos el uno al otro y ambos lo aceptamos. De esta relación peculiar surge la dependencia, con toda su desdicha, confusión y agonía inherentes. Tanto en el ámbito interior como en el externo, el hombre ha sido sumamente pérfido para consigo mismo y para con los demás. ¿Cómo puede haber amor en tales circunstancias?

De modo que se vuelve muy importante para el educador sentir total responsabilidad no sólo en su relación personal con el estudiante, sino con toda la humanidad. El educador es la humanidad. Si no se siente totalmente responsable de sí mismo, entonces será incapaz de sentir la pasión de la responsabilidad total que es el amor.

¿Siente usted, como educador, esta responsabilidad? Si no la siente, ¿por qué no? Usted puede sentirse responsable de su propia esposa, de su marido o de sus hijos, y puede desatender o no sentir ninguna responsabilidad para con ninguna otra persona. Pero si en sí mismo se siente completamente responsable, no puede dejar de responsabilizarse de toda la humanidad.

La cuestión de por qué no se siente responsable de otra persona es muy importante. La responsabilidad no es una reacción emocional, ni algo que uno se imponga a sí mismo para sentirse responsable. En tal caso se convierte en un deber y el deber ha perdido el perfume o la belleza de la cualidad interior de la responsabilidad total. Esto no es algo que usted invoque como principio o ideal al que atenerse, como si se tratara de poseer una silla o un reloj.

Una madre puede sentirse responsable de su hijo, sentir que el hijo forma parte de su sangre y de su carne, y así darle todo el cariño y atencióan a ese bebé durante algunos años. ¿Es este instinto maternal responsabilidad? Puede que este apego peculiar al hijo lo hayamos heredado de los primeros animales. Existe en toda la naturaleza, desde el pájaro más diminuto al majestuoso elefante. Nos estamos preguntando si ese instinto es responsabilidad. Si lo fuera, los padres se sentirían responsables de establecer una clase de educación como es debido y un modelo totalmente distinto de sociedad. Se asegurarían de que no hubiera guerras y de que ellos mismos florecieran en la bondad.

Parece, pues, que al  ser humano le trae sin cuidado lo que le pase a su prójimo y que su único compromiso es para consigo mismo. Este compromiso es irresponsabilidad total: sus propias emociones, deseos y apegos personales, su éxito y progreso inevitablemente generarán crueldad, tanto explícita como sutil. Es éste el modo en que obra la verdadera responsabilidad?

En estas escuelas, tanto el que da como el que recibe son responsables, de manera que jamás pueden complacerse en esta característica peculiar de la separatividad. La separatividad egoísta acaso sea la verdadera raíz de la degeneración de la integridad mental, integridad que es el objeto de nuestro profundo interés. Esto no quiere decir que no haya relación personal, con su afecto, ternura, aliento y apoyo; pero cuando la relación personal adquiere máxima importancia y sólo se responsabiliza de unos cuantos, entonces ha comenzado la debacle.

LA FRAGMENTACIÓN, LA MEDIDA Y LA COMPARACIÓN SON LA CORRUPCIÓN DE LA MENTE Y DE NUESTRO MODO DE VIDA

Todos los seres humanos son conocedores de esta realidad. Esta fragmentación en las relaciones es el factor degenerativo de nuestra vida. Hemos dividido la relación de tal manera que es íntima, con un grupo, con una nación, con determinados conceptos, etc.

Lo que está fragmentado jamás puede abarcar la totalidad de la responsabilidad. Siempre estamos tratando de captar lo más grande desde lo pequeño. Lo mejor no es lo bueno y todo nuestro pensamiento se basa en lo mejor, en el más: pasar los exámenes con mejores notas, conseguir empleos mejores, un status superior, mejores dioses o ideas más nobles.

Lo mejor resulta de la comparación. Los conceptos de la mejor pintura, la mejor técnica, del músico más grande, del de mayor talento, del más hermoso y el más inteligente dependen de dicha comparación. Rara es la vez que contemplamos un cuadro por lo que en sí representa, o a un hombre o a una mujer por lo que son como tales. Siempre está presente esa cualidad de la comparación.

¿Es el amor compararación? ¿Puede uno decir alguna vez que ama a esta persona más que a aquella? Cuando esta comparación existe, ¿es eso amor? Cuando existe este sentimiento del más, que es medida, entonces está operando el pensamiento. El amor no es el movimiento del pensar. Esta medida es comparación. Durante toda la vida se nos incita a comparar.

¿Por qué comparamos? Comparamos por la sencilla razón de que medir es la actividad propia del pensamiento y nuestra forma de vivir. Se nos educa en esta corrupción. Cuando no hay comparación, hay integridad. No se trata de que usted sea fiel a sí mismo, lo cual es una forma de medida, sino que cuando no hay medida en absoluto existe la cualidad de la integridad. La esencia del ego, del yo, es la medida.

Cuando se mide hay fragmentación. Esto debe comprenderse a fondo, no como una idea sino como una realidad. Cuando usted lee esta declaración, puede convertirla en una abstracción, en una idea o un concepto, y esa abstracción es otra forma de medida. Lo que es carece de medida.

Casi todas las palabras que empleamos contienen este sentido de medida, de este modo las palabras influyen en nuestras reacciones y éstas ahondan el sentido de la comparación. La palabra y la reacción están relacionadas entre sí y el arte radica en no dejarse condicionar por la palabra, lo que significa que el lenguaje no nos determina. Use la palabra sin las reacciones psicológicas que suscita.

Como dijimos, lo que nos interesa es comunicarnos entre nosotros respecto a la naturaleza de la degeneración de nuestras mentes y, por ende, de nuestras formas de vida.

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JIDDU KRISHNAMURTI, La integridad [texto abreviado]. Aprender es vivir, Gaia Ediciones, 2008. Traducción: Armando Clavier.

LOS LIBERALES RENEGADOS, por George Orwell

Categoría: -CONCIENCIA VIGILANTE — May 12, 2008 @ 8:36 pm

“Cuando en estos momentos se pide libertad de expresión, de hecho no se pide auténtica libertad. Estoy de acuerdo en que siempre habrá o deberá haber un cierto grado de censura mientras perduren las sociedades organizadas. Pero ‘libertad’, como dice Rosa Luxemburg, es ‘libertad para los demás’. Idéntico principio contienen las palabras de Voltaire: ‘Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo’. Conozco muy bien las razones por la que los intelectuales de nuestro país demuestran su pusilanimidad y su deshonestidad; conozco por experiencia los argumentos con los que pretenden justificarse a sí  mismos. Pero, por eso mismo, sería mejor que cesaran en sus desatinos intentando defender la libertad contra el fascismo. Si la libertad significa algo, es el derecho a decirles a los demás lo que no quieren oír. En la actualidad, los liberales le tienen miedo a la libertad y los intelectuales no vacilan en mancillar la inteligencia.”

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Estoy seguro de que la reacción que provocará mi libro en la mayoría de los intelectuales ingleses será muy simple: “No debió ser publicado”. Naturalmente, estos críticos, muy expertos en el arte de difamar, no lo atacarán en el terreno político, sino en el intelectual. Dirán que es un libro estúpido y tonto y que su edición no ha sido más que un despilfarro de papel. Y yo digo que esto puede ser verdad, pero no “toda la verdad” del asunto. No se puede afirmar que un libro no debe ser editado tan sólo porque sea malo. Después de todo, cada día se imprimen cientos de páginas de basura y nadie le da importancia.

EN ESTOS MOMENTOS NO SE PIDE AUTÉNTICA LIBERTAD, PUES ÉSTA ES, ANTE TODO, LIBERTAD PARA LOS DEMÁS.

La intelligentsia británica, al menos en su mayor parte, criticará este libro porque en él se calumnia a su líder y con ello se perjudica la causa del progreso. Si se tratara del caso inverso, nada tendrían que decir aunque sus defectos literarios fueran diez veces más patentes. Por ejemplo, el éxito de las ediciones del Left Book Club durante cinco años demuestra cuán tolerante se puede llegar a ser en cuanto a la chabacanería y a la mala literatura que se edita, siempre y cuando diga lo que ellos quieren oír.

Libertad es, ante todo, libertad para los demás. El que sólo la quiere para sí mismo, no aspira a la libertad auténtica: la democrática.

El tema que se debate aquí es muy sencillo: ¿Merece ser escuchado todo tipo de opinión, por impopular que sea? Plantead esta pregunta en estos términos y casi todos los ingleses sentirán que su deber es responder: “Sí”. Pero dadle una forma concreta y preguntad: ¿Qué os parece si atacamos a Stalin? ¿Tenemos derecho a ser oídos? Y la respuesta más natural será: “No”. En este caso, la pregunta representa un desafío a la opinión ortodoxa reinante y, en consecuencia, el principio de libertad de expresión entra en crisis.

De todo ello resulta que, cuando en estos momentos se pide libertad de expresión, de hecho no se pide auténtica libertad. Estoy de acuerdo en que siempre habrá o deberá haber un cierto grado de censura mientras perduren las sociedades organizadas. Pero “libertad”, como dice Rosa Luxemburg, es “libertad para los demás”. Idéntico principio contienen las palabras de Voltaire: “Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo”. (más…)

UNA LEY MORAL SUPERIOR, por Mª Dolores Martínez

Categoría: -TRIBUNA LIBRE — May 11, 2008 @ 1:48 pm

“Me gustaría comenzar desde cero; sé que es una utopía, pero la imaginación está para expresar utopías, para engrandecer al ser humano y para abrir nuevas vías inexploradas que quizá sean un salvavidas para alguien, en algún momento de su vida. Siempre he considerado la máxima de: “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”, como una ley superior en todos los sentidos. Una ley para poder andar por la vida con la conciencia tranquila, sabiendo cómo actuar en cada momento respecto al prójimo. No es una máxima mojigata, es una máxima para poder construir sociedades armónicas. “

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Si se consigue establecer un estado social en el que cada uno tenga algo que conservar y poco que adquirir, se habrá hecho mucho por la paz del mundo.”

Si queremos crear un cuerpo social armónico, ¿no deberíamos empezar por dejar de ignorar lo que nuestra mano derecha le está haciendo a nuestra mano izquierda? (Foto: Antonio Más Morales)

Me gustaría comenzar desde cero; sé que es una utopía, pero la imaginación está para expresar utopías, para engrandecer al ser humano y para abrir nuevas vías inexploradas que quizá sean un salvavidas para alguien, en algún momento de su vida.

Como decía, me gustaría comenzar desde cero, no sólo a nivel de sociedad humana, sino también a nivel individual, mental y espiritual. En ese estado prestaría especial interés a :

1- Adquirir, inculcar y practicar la honradez como norma de vida y de sociedad.

2- Conservar y respetar, como un tesoro la dignidad esencial como base de cualquier construcción social.

Si bien la segunda no se puede enseñar, la primera sí puede ser inculcada en las mentes y corazones desde pequeños, no sólo con palabras, sino principalmente con el ejemplo. La segunda sería una consecuencia de la primera

Siempre he considerado la máxima “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”, como una ley superior en todos los sentidos. Una ley para poder andar por la vida con la conciencia tranquila, sabiendo cómo actuar en cada momento respecto al prójimo. No es una máxima mojigata, es una máxima para poder construir sociedades armónicas. Cuando se plantea cualquier situación en la que uno debe actuar es muy fácil preguntarse ¿me gustaría que me hiciesen a mi lo que yo hago a esta persona? La respuesta que llega a la conciencia es clara, cien por cien fiable y certera.

Pero me temo que es una máxima que hay que enseñar con la Lógica de un ser evolucionado. Porque primitiva e instintivamente deseamos ponernos por encima del prójimo y si para ello hay que aplastarle eso se hace sin mirar las consecuencias. Y con la lógica de un ser primitivo, todo lo que es honrado es sinónimo de estupidez.

Actualmente nuestras sociedades se rigen por normas primitivas e instintivas, de ahí las desigualdades, los crímenes, los abusos a los débiles, las guerras y demás vergüenzas que entretejen y son la base de una sociedad, aún más enferma si cabe, para futuras generaciones.

Comentario publicado en AMOR AL CAMBIO Y MIEDO A LAS REVOLUCIONES

AMOR AL CAMBIO Y TEMOR A LAS REVOLUCIONES, por Alexis de Tocqueville

Categoría: -MUNDO LIBRE — May 10, 2008 @ 9:32 pm

“Si se consigue establecer un estado social en el que cada uno tenga algo que conservar y poco que adquirir, se habrá hecho mucho por la paz del mundo. Entre los dos extremos de las sociedades democráticas, hay una muchedumbre innumerable de hombres casi iguales, que sin ser precisamente ricos o pobres, poseen suficientes bienes como para desear el orden, pero no como para despertar la envidia.  Así se da en los hombres más libertad para cambiar y menos interés en el cambio. No sólo los ciudadanos de las democracias no desean naturalmente las revoluciones, sino que las temen. Será inútil hablarles de los intereses y derechos del género humano; su pequeña empresa doméstica absorbe por el momento todos sus pensamientos y les hace desear que las agitaciones públicas se pospongan. Esto no sólo les impide hacer revoluciones, sino hasta desearlas. El ardor que ponen en sus pequeños intereses apaga de antemano el que podrían sentir por los grandes. Aman el cambio, pero temen las revoluciones.”

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Casi todas las revoluciones que han cambiado la faz de los pueblos persiguieron consagrar o destruir la desigualdad. Si descartamos las causas secundarias que han producido las grandes agitaciones humanas, casi siempre encontraremos la igualdad. O han sido los pobres, que han querido arrebatar los bienes a los ricos, o los ricos, que han pretendido sujetar a los pobres. Así pues, si se consigue establecer un estado social en el que cada uno tenga algo que conservar y poco que adquirir, se habrá hecho mucho por la paz del mundo.

EN LAS SOCIEDADES DEMOCRÁTICAS, LOS CIUDADANOS NO SÓLO NO DESEAN REVOLUCIONES, SINO QUE LAS TEMEN

No ignoro que en un gran pueblo democrático siempre hay ciudadanos muy pobres y ciudadanos muy ricos; pero los pobres, en lugar de formar la inmensa mayoría de la nación como sucede en las sociedades aristocráticas, son pocos, y la ley no los mantiene atados a la mesa con los lazos de una miseria irremediable y hereditaria.

Cuadro: Revolución, de Kosch. Los habitantes de pueblos democráticos, aman los cambios superficiales, pero temen las revoluciones intelectuales o políticas.

Los ricos son, por su parte, escasos y poco poderosos; no gozan de privilegios que atraigan las miradas; su riqueza misma, no estando ya ligada a la tierra ni representada por ella, es incorpórea y como invisible. Del mismo modo que ya no existe una casta de pobres, tampoco la hay de ricos; éstos surgen cada día del seno de la multitud, a la que retornan sin cesar. No forman, pues, una clase aparte a la que se pueda fácilmente definir y despojar; y además, como se liga por infinidad de lazos secretos a la masa de sus conciudadanos, el pueblo no puede atacarlos sin herirse a sí mismo.

Entre estos dos extremos de las sociedades democráticas, hay una muchedumbre innumerable de hombres casi iguales, que sin ser precisamente ricos o pobres, poseen suficientes bienes como para desear el orden, pero no como para despertar la envidia. Éstos se oponen naturalmente a los movimientos violentos; su firmeza mantiene en reposo todo lo que se encuentra por encima y por debajo de ellos, y consolida las bases del cuerpo social. Así se da en los hombres más libertad para cambiar y menos interés en el cambio. No sólo los ciudadanos de las democracias no desean naturalmente las revoluciones, sino que las temen. […]

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LA SOCIEDAD ES UNA BENDICIÓN, PERO EL GOBIERNO ES UN VERDUGO, por Thomas Paine

Categoría: -MUNDO LIBRE — May 9, 2008 @ 5:47 pm

“La sociedad es obra de nuestras necesidades, y el gobierno de nuestra perversión; la primera promueve nuestra felicidad positivamente al unir nuestros afectos; el último negativamente, al refrenar nuestros vicios. Una favorece la cooperación; el otro crea distinciones. La primera es un patrón, el último un verdugo. La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario, y en su peor condición intolerable; porque, cuando sufrimos o somos expuestos por causa de un gobierno a las mismas miserias que podríamos esperar de un país sin gobierno, nuestra infelicidad se ve aumentada al considerar que nosotros mismos nos proveemos de los medios que nos hacen sufrir. El gobierno, como el vestido, es el ropaje de la pérdida de la inocencia. Si los impulsos de la conciencia fueran claros, uniformes e irresistiblemente establecidos, el hombre no necesitaría de legislador. Pero, no siendo éste el caso, encuentra necesario delegar una parte de su propiedad a fin de conseguir los medios para proteger el resto. Consecuentemente, siendo la seguridad el verdadero fin y objeto del gobierno, se sigue indudablemente que la forma de gobierno más idónea para nuestra seguridad, cualquiera que sea, de menor costo y mayor beneficio, es preferible a ninguna otra.”

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Algunos escritores han confundido de tal manera la sociedad con el gobierno que han hecho escasa o ninguna distinción entre ambas, a pesar de que no sólo son diferentes, sino que tienen orígenes distintos.

LA SOCIEDAD ES UNA BENDICIÓN, PERO EL GOBIERNO, INCLUSO EN SU MEJOR ESTADO, NO ES SINO UN MAL NECESARIO

La sociedad es obra de nuestras necesidades, y el gobierno de nuestra perversión; la primera promueve nuestra felicidad positivamente al unir nuestros afectos; el último negativamente, al refrenar nuestros vicios. Una favorece la cooperación; el otro crea distinciones. La primera es un patrón, el último un verdugo.

El gobierno, como el vestido, es el ropaje de la pérdida de la inocencia. Si los impulsos de la conciencia fueran claros, uniformes e irresistiblemente establecidos, el hombre no necesitaría de legislador.

La sociedad en cada estado es una bendición, pero el gobierno, incluso en su mejor estado, no es sino un mal necesario, y en su peor condición intolerable; porque, cuando sufrimos o somos expuestos por causa de un gobierno a las mismas miserias que podríamos esperar de un país sin gobierno, nuestra infelicidad se ve aumentada al considerar que nosotros mismos nos proveemos de los medios que nos hacen sufrir.

El gobierno, como el vestido, es el ropaje de la pérdida de la inocencia; los palacios de los reyes están construidos sobre las ruinas de las arquerías del paraíso. Si los impulsos de la conciencia fueran claros, uniformes e irresistiblemente establecidos, el hombre no necesitaría de legislador. Pero, no siendo éste el caso, encuentra necesario delegar una parte de su propiedad a fin de conseguir los medios para proteger el resto, y está inducido a hacerlo por la misma prudencia que en cualquier caso le aconseja elegir el menor de dos males. Consecuentemente, siendo la seguridad el verdadero fin y objeto del gobierno, se sigue indudablemente que la forma de gobierno más idónea para nuestra seguridad, cualquiera que sea, de menor costo y mayor beneficio, es preferible a ninguna otra. […]

TEXTO COMPLETO EN MUNDO LIBRE DIGITAL

NO CREEMOS EN NINGUNO DE LOS IDEALES DE ESTA ÉPOCA, por Hermann Hesse

Categoría: -CONCIENCIA VIGILANTE — May 7, 2008 @ 4:55 pm

“De manera alguna me arrogo la pretensión de tener razón. Pero, en nuestro instante universal, considero que no es perjudicial, sino bueno y correcto, sacudir al hombre común de hoy en día por la fe fanática que le merecen el nivel del progreso alcanzado, sus máquinas, su modernismo ávido de placeres y su aversión a las obligaciones. Sufro bajo la miseria de nuestra época, pero no me considero llamado a guiar a los demás para escapar de ella; estoy dispuesto a recorrerla, como a través de un infierno, con la esperanza de hallar en el más allá una nueva inocencia y una vida más digna. Pero no estoy en condiciones de entregar ese más allá por un ahora y un aquí. Necesita y exige un conductor quien es incapaz de responsabilizarse y de pensar por sí mismo. Mi papel no puede ser el de sacerdote, pues detrás de mí no hay iglesia alguna, y aun cuando he tratado de dar consejo a millares de personas en cartas e indicaciones, nunca lo hice como conductor, sino siempre como compañero de sufrimientos, como hermano algo mayor.”

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Distinguido doctor Jordan:

Ha llegado a mi poder su carta abierta, encabezada con el epígrafe “La misión del poeta”, y halló eco en mí, pues es cordial y bien intencionada, y aun cuando supongo que es usted un católico militante, de manera alguna la siento como una manifestación partidista. Creo que no lograremos entendernos sobre algunos puntos, pues nuestros orígenes son harto diferentes; pero, en cambio, creo responder a otros que juzgo importantes y, aun cuando las respuestas no le satisfagan, reconocerá usted su sinceridad.

EXHORTO CONTRA EL OPTIMISMO ENGAÑOSO, Y CONTRA LA AVERSIÓN DE LOS PUEBLOS Y DE LOS INDIVIDUOS A ASUMIR SU RESPONSABILIDAD

Aun cuando lo hago a disgusto, debo recordarle, ante todo, que su conocimiento acerca de mi trabajo literario es muy fragmentario y su carta abierta se refiere a una parte aislada, no medular de mi labor: a mis ocasionales artículos periodísticos. En algunos de esos artículos descubre usted expresado un pesimismo que en última instancia encuentra irresponsable, y lo comprendo.

Los siete sabios chinos.

Desde mi punto de vista, estos artículos ocasionales que se sirven a sabiendas y deliberadamente de esa forma que se llama “folletín”, representan en primer lugar una parte intrascendente de mi trabajo y, en segundo lugar, esas manifestaciones ocasionales, algo triviales, a menudo coloreadas de ironía, tienen para mí un significado común: a saber, la lucha contra aquello que en nuestra publicidad llamo optimismo engañoso.

Cuando recuerdo, de tanto en tanto, que el hombre es un producto muy amenazado y peligroso, cuando por momentos destaco lo deficiente y trágico de la humanidad, precisamente allí donde estamos acostumbrados a tomar las cosas a la ligera y a la vanidad (en el periódico), ésta es una parte pequeña en magnitud e importancia, pero a pesar de todo consciente y responsable, de mi actividad: la lucha contra la religión europea-americana adoptada por el hombre moderno y soberano que ha logrado llegar hasta este nivel.

Si recuerdo con especial énfasis el carácter dudoso de la Humanidad, es como un grito de guerra contra la pueril, pero muy peligrosa vanidad del hombre de la masa, carente de fe y de discernimiento en su ligereza, su arrogancia, su falta de humildad, de duda, de responsabilidad. Las palabras de este tipo, que he pronunciado, no van dirigidas a la Humanidad, sino a la época, a los lectores de periódicos, a una masa cuyo peligro, según mi convicción, no consiste en falta de fe en sí misma y en la propia grandeza.

A menudo, también he ligado a esta advertencia general respecto a la futilidad de este híbrido humano, la exhortación inmediata respecto a los acontecimientos de nuestra historia reciente, a la ignorancia y la insensatez grandilocuente con la que marchamos a la guerra, a la aversión de los pueblos como de los individuos de buscar en sí mismos la responsabilidad compartida. (más…)

LA EDUCACIÓN MODERNA, UN PELIGRO PARA LA LIBERTAD, por Jiddu Krishnamurti

Categoría: -CONCIENCIA VIGILANTE — May 5, 2008 @ 5:44 pm

“Como la mayor parte de nuestra educación consiste en la adquisición de conocimientos, nos está volviendo cada vez más mecánicos; nuestras mentes funcionan siguiendo cauces estrechos, ya estemos adquiriendo conocimientos científicos, filosóficos, religiosos, empresariales o tecnológicos. Todo esto conduce a un estilo mecánico de vida, a una estandarización mental; y así, poco a poco el Estado, incluso un Estado democrático, dicta e impone lo que deberíamos ser. Esto se ha convertido en un peligro para la libertad. La libertad es una cuestión muy compleja, y comprender su complejidad precisa del florecimiento de la mente. El florecimiento implica libertad. Una planta requiere libertad para crecer. El florecimiento de la mente sólo puede tener lugar cuando hay una percepción clara, objetiva e impersonal, cuando sobre la mente no pesa ninguna imposiciónÉsta es nuestra labor y responsabilidad como educadores.”

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La sociedad, la cultura en la que vivimos, exige que el estudiante se oriente hacia la consecución de un empleo y de seguridad física. Ésta ha sido la presión constante de todas las sociedades: primero la carrera y luego todo lo demás. O sea, primero el dinero, y luego los complejos aspectos de nuestra vida diaria.

El florecimiento implica libertad. Una planta requiere libertad para crecer. La buena educación tiene una única meta: ayudar a que las mentes florezcan libremente.

Nosotros estamos tratando de invertir este proceso porque el hombre no puede ser feliz solamente con dinero. Cuando el dinero se convierte en el factor dominante de la vida, existe un desequilibrio en nuestra actividad cotidiana.

Quisiera que todos los educadores comprendieran esto muy seriamente y vivieran su plena significación. Si el educador comprende la importancia de esto y en su propia vida lo pone en el lugar que le corresponde, entonces puede ayudar al estudiante, a quien los padres y la sociedad obligan a convertir la carrera en lo más importante. Quisiera recalcar este punto: que en estas escuelas se debe mantener en todo momento un modo de vida que cultive la integridad del ser humano.

Como la mayor parte de nuestra educación consiste en la adquisición de conocimientos, nos está volviendo cada vez más mecánicos; nuestras mentes funcionan siguiendo cauces estrechos, ya estemos adquiriendo conocimientos científicos, filosóficos, religiosos, empresariales o tecnológicos.

Nuestra forma de vida, tanto en el hogar como fuera de él, y nuestra especialización en una carrera específica, están volviendo nuestras mentes cada vez más estrechas, limitadas e incompletas. Todo esto conduce a un estilo mecánico de vida, a una estandarización mental; y así, poco a poco el Estado, incluso un Estado democrático, dicta e impone lo que deberíamos ser.

Naturalmente, la mayoría de las personas reflexivas se da cuenta de esto, pero por desgracia parece aceptarlo y soportarlo. Esto se ha convertido en un peligro para la libertad.

La libertad es una cuestión muy compleja, y comprender su complejidad precisa del florecimiento de la mente. Dependiendo de su cultura, de su educación, experiencia y superstición religiosa -o sea, de su condicionamiento-, cada cual definirá dicho florecimiento de forma diferente. Aquí nosotros no estamos tratando con opiniones o prejuicios, sino con una comprensión no verbal de las implicaciones y consecuencias del florecimiento de la mente.

Este florecimiento consiste en el desarrollo y cultivo integral de nuestras mentes, corazones y bienestar físico; o sea, en poseer una armonía completa desprovista de toda oposición y contradicción. El florecimiento de la mente sólo puede tener lugar cuando hay una percepción clara, objetiva e impersonal, cuando sobre la mente no pesa ninguna imposición.

No es una cuestión de lo que hay que pensar, sino de cómo pensar claramente. A lo largo de los siglos, mediante la propaganda y demás se nos ha alentado en el qué pensar. En esto consiste la mayor parte de la educación moderna y no en la investigación de toda la dinámica del pensamiento. El florecimiento implica libertad. Una planta requiere libertad para crecer.

En cada carta trataremos del despertar del corazón, que no es algo sentimental, romántico o imaginario, sino la bondad que nace del afecto y del amor; y sobre el cultivo del cuerpo, la alimentación correcta y el ejercicio adecuado, todo lo cual acabará generando una sensibilidad profunda.

Cuando la mente, el corazón y el cuerpo se hallan en completa armonía, entonces el florecimiento adviene de forma natural, con facilidad y excelencia. Ésta es nuestra labor y responsabilidad como educadores.

La docencia es la mayor de las profesiones que hay en la vida.

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JIDDU KRISHNAMURTI, La educación integral. Cartas a las escuelas, Gaia Ediciones, 2007. Traducción: Armando Clavier. Revisión: Javier Gómez Rodríguez.

¿CUÁL ES LA MEJOR FORMA DE GOBIERNO?, por Thomas Paine

Categoría: -MUNDO LIBRE — May 3, 2008 @ 9:59 pm

“El gobierno, conforme al antiguo sistema, es una toma del poder, para el engrandecimiento de sí mismo; conforme al nuevo, es una delegación del poder en beneficio común de una sociedad. El primero se mantiene mediante un sistema de guerra; el segundo promueve un sistema de paz, como auténtico medio de enriquecer a una nación. El uno fomenta los prejuicios nacionales; el otro promueve la sociedad universal, como medio de comercio universal. El uno mide su prosperidad por la cantidad de tributos que extrae, el otro demuestra su excelencia por la pequeña cantidad de impuestos que requiere. Todo gobierno que no actúe conforme a los principios de una república, o dicho en otros términos, que no convierta a la ‘res-publica’ en un objetivo pleno y exclusivo, no es un buen gobierno. El gobierno republicano no es otra cosa que el gobierno establecido y aplicado en beneficio del público, tanto individual como colectivamente. No guarda forzosamente relación con ninguna forma determinada, pero acompaña con la mayor naturalidad a la forma representativa, como mejor idea para lograr los fines para los cuales la nación corre con los gastos de sufragarlo”.

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Nada puede parecer más contradictorio que los principios conforme a los cuales se iniciaron los gobiernos antiguos y la condición a la cual la sociedad, la civilización y el comercio pueden llevar a la humanidad.

TODO GOBIERNO HEREDITARIO, EN TODO O EN PARTE, ES TIRÁNICO POR NATURALEZA

El gobierno, conforme al antiguo sistema, es una toma del poder, para el engrandecimiento de sí mismo; conforme al nuevo, es una delegación del poder en beneficio común de una sociedad. El primero se mantiene mediante un sistema de guerra; el segundo promueve un sistema de paz, como auténtico medio de enriquecer a una nación. El uno fomenta los prejuicios nacionales; el otro promueve la sociedad universal, como medio de comercio universal. El uno mide su prosperidad por la cantidad de tributos que extrae, el otro demuestra su excelencia por la pequeña cantidad de impuestos que requiere.

Las meninas, de Velázquez. La sucesión hereditaria pone a la monarquía bajo el aspecto más ridículo, al representarla como un cargo que cualquier niño o idiota puede desempeñar.

El Sr. Burke ha hablado de Whigs antiguos y nuevos. Si le agrada entretenerse con nombres y distinciones pueriles, no seré yo quien le prive de ello. No es a él, sino al abate de Sieyès a quien dedico este capítulo.

Si bien cabría demostrar que el sistema de gobierno al que ahora se llama NUEVO es el más antiguo en principio de cuantos han existido, por fundarse en los Derechos del Hombre inherentes; no obstante, como la tiranía y la espada han suspendido el ejercicio de esos derechos desde hace muchos siglos, en aras de la claridad vale más llamarlo nuevo que reivindicar el derecho de llamarlo antiguo.

La primera distinción general entre estos dos sistemas es que el que ahora se llama antiguo es hereditario, en todo o en parte, y el nuevo es totalmente representativo. Repudia todo gobierno hereditario. Primero: por ser un engaño a la humanidad. Segundo: por ser inadecuado para los fines para los que es necesario el gobierno.

Todo gobierno hereditario es tiránico por naturaleza. Una corona hereditaria, o un trono hereditario, o el nombre fantasioso que se le dé a estas cosas, no tiene más explicación plausible que la de que la humanidad es una propiedad heredable. Heredar un gobierno es heredar personas, como si fueran vacas u ovejas. […]

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