LA SANTIDAD DE LOS ATEOS, por Jesús Nava
“El ateo, antes que contarse cuentos, prefiere afrontar, con sus propios medios, la angustia, el desamparo, la desesperación, la soledad y la libertad. Lo real sólo satisface al que lo acepta. Es lo que se llama la sabiduría, que es la santidad de los ateos.” ANDRÉ COMTE-SPONVILLE
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Sirva esta cita, del Diccionario filosófico de uno de los filósofos franceses actuales más destacados, como excusa y punto de arranque de unas consideraciones sobre el ateísmo. Como soy poco amigo de sutilezas, cuando de asuntos de tanta enjundia se trata, empezaré por decir que, en el artículo sobre el Ateísmo y otros del mencionado autor, encuentro, un poquito por aquí y un poquito por allá, abundancia de sofismas.
Cosa natural, pues quien razona mucho se equivoca más que el que no razona en absoluto, aunque este último comete la peor ofensa que se puede inferir a la razón: no razonar. No obstante, como en todo error, siempre suele haber algo de verdad, intentaremos sacar alguna chispa también de este pedernal.
AGNOSTICISMO Y ATEÍSMO
En esta obra, el autor distingue entre el que no cree que Dios exista (ateísmo negativo) y el que cree que Dios no existe (ateísmo positivo, incluso militante). El primero de estos ateísmos -dice él-, se encuentra muy próximo del agnosticismo. El agnóstico -prosigue- no cree ni deja de creer: duda, se interroga, vacila, o bien se niega a elegir.
No me ocuparé del agnóstico. En mi opinión, es un ateo perezoso que no sabe que lo es. Si “duda, vacila o se niega a elegir”, tiene su inteligencia emparedada entre el escepticismo y la obstinación. Con él no se puede filosofar. No, por lo menos, hasta que logre liberar su voluntad de la indeterminación intelectual y anímica que lo mantiene encasillado en el no sabe/no contesta de la (según el pensador francés) “gran encuesta metafísica”: “¿Cree usted en Dios?”
Confieso que no acabo de ver la diferencia entre las dos formas de ateísmo mencionadas. Entre ambas, no logro atisbar más que una distinción verbal, un juego de palabras, puesto que todos los ateos responden a la “gran pregunta” con un rotundo: No. Hasta Unamuno, excelente escritor, aunque filósofo menor, captó claramente que negar la resurrección de los muertos y afirmar que los muertos no resucitan es equivalente. O, lo que es el caso, negar la existencia de Dios y afirmar su inexistencia, es afirmar lo mismo. Me refiero, claro está, a la “afirmación intelectual”, haciendo caso omiso de la verbal. (más…)







![La democracia es un régimen político de clase en el que los muchos pobres libres gobiernan, es decir, controlan los enormes recursos del Estado. Aunque no sean propietarios. [Cuadro: Y aún dicen que el pescado es caro, de Joaquín Sorolla.]](http://www.filosofiadigital.com/wp-content/uploads/2010/08/Y-aun-dicen-que-el-pescado-es-caro-Joaquín-Sorolla-FDc.jpg)





