Filosofía Digital

“Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas.” Baruch de Spinoza

PSICOLOGÍA “SIN ALMA”, por Carl G. Jung

Categoría: -PSICOLOGÍA CON ALMA — July 2, 2009 @ 5:59 pm

“En la segunda mitad del siglo XIX se asiste al nacimiento de una psicología “sin alma”. No se puede jugar con el espíritu de la época, pues constituye una religión, más aún, una confesión o un credo, cuya irracionalidad no deja nada que desear; tiene, además, la molesta cualidad de querer pasar por el criterio supremo de toda verdad y la pretensión de detentar el privilegio del sentido común. El espíritu de la época escapa a las categorías de la razón humana. Es una inclinación sentimental que, por motivos inconscientes, actúa con una soberana fuerza de sugestión sobre todos los espíritus débiles y los arrastra. Pensar así es popular; y, por tanto, decente, razonable, científico y normal”.

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Mientras que la Edad Media, la Antigüedad e incluso la humanidad entera desde sus primeros balbuceos vivieron en la convicción de un alma sustancial, en la segunda mitad del siglo XIX se asiste al nacimiento de una psicología “sin alma”.

CON EL AUGE DEL MATERIALISMO, LA CONCIENCIA SE ENSANCHÓ, PERO DEJÓ DE CRECER EN ALTURA

Bajo la influencia del materialismo científico, todo lo que no puede verse con los ojos ni aprehenderse con las manos se pone en duda y, hasta sospechoso de metafísico, se vuelve comprometedor. Desde ese momento sólo es “científico” y, por consiguiente, admisible, lo que es manifiestamente material o lo que puede ser deducido de causas accesibles para los sentidos. Tal trastocamiento se había iniciado mucho antes, en una lenta gestación, muy anterior al materialismo.

Cuando la era gótica, que se había alzado con un impulso unánime hacia el cielo, aunque apoyándose en una base geográfica y en una concepción del mundo estrechamente circunscritas, se derrumbó, quebrantada por la catástrofe espiritual de la Reforma, la ascensión vertical del espíritu europeo se vio frenada por la expansión horizontal de la conciencia moderna. La conciencia no se desarrolló ya en altura, sino que ganó en extensión geográfica e intelectualmente. Fue la época de los grandes descubrimientos y del ensanchamiento empírico de nuestras nociones del mundo.

La creencia en la sustancialidad del espíritu cedió, poco a poco, ante una afirmación cada vez más intransigente de la sustancialidad del mundo físico, hasta que, al fin -tras una agonía de casi cuatro siglos-, los representantes más avanzados de la conciencia europea, los pensadores y los sabios, consideraron el espíritu como totalmente dependiente de la materia y de las causas materiales.

Sería un error, sin duda, imputar a la filosofía y a las ciencias naturales una inversión tan total. Siempre hubo numerosos filósofos y hombres de ciencia inteligentes que no dejaron de protestar, gracias a una suprema intuición y con toda la profundidad de su pensamiento, contra esta inversión irracional de las concepciones; pero les era difícil imponerse, perdían popularidad y su resistencia resultaba impotente para vencer la preferencia sentimental y universal que -como una marea de fondo- llevó al orden físico hasta el pináculo.

No se crea que transformaciones tan considerables en el seno de la concepción de las cosas pueden ser el fruto de reflexiones racionales; pues ¿existen acaso especulaciones racionales capaces de probar o de negar alternativamente el espíritu o la materia? Estos dos conceptos (cuyo conocimiento cabe esperar de todo contemporáneo culto) no son sino símbolos notables de factores desconocidos, cuya existencia es proclamada o abolida según los humores, los temperamentos individuales y los altibajos del espíritu de la época.

Nada impide a la especulación intelectual ver en la psique un fenómeno bioquímico complejo, reduciéndola así, en último término, a un juego de electrones, o, por el contrario, decretar que es vida espiritual la aparente ausencia de toda norma que reina en el centro del átomo. (más…)

EL ALMA HUMANA BUSCA UNA META, por Carl G. Jung

Categoría: -PSICOLOGÍA CON ALMA — July 1, 2009 @ 7:58 pm

“Con el tratamiento de la neurosis, se empieza a abordar un problema que va mucho más allá de lo puramente médico y que es imposible solucionar con la única contribución de la medicina. Existe en el alma un proceso, por decirlo así, independiente de las circunstancias exteriores y que busca una meta. El arte requiere de todo el hombre. Pues bien, es este hombre total el que se busca. Tanto los esfuerzos del médico como la búsqueda del paciente apuntan hacia ese hombre “total” oculto, no manifiesto todavía, que es al mismo tiempo el más grande y el futuro. Pero, por desgracia, el auténtico camino que lleva a la totalidad está integrado por rodeos y caminos equivocados condicionados por el destino. Es este camino donde tienen lugar las experiencias  que se acostumbra a calificar de “difícilmente accesibles”. Su insuficiencia estriba en que son costosas: exige aquello a que más se teme, concretamente la totalidad, algo que está continuamente en boca de todos y con la que se puede teorizar hasta el infinito; pero a la que en la realidad de la vida se rehuye con los máximos rodeos”.

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Lo que voy a exponer en relación con la esencia del alma humana son fundamentalmente observaciones en seres humanos. Se ha reprochado a estas observaciones que se trata de experiencias desconocidas y difíciles de comprender, respectivamente.

EL ALMA HUMANA ES EL CAMPO MÁS OSCURO Y MISTERIOSO CON QUE TROPIEZA NUESTRA EXPERIENCIA

Es un hecho curioso, con el cual se tropieza una y otra vez, que absolutamente todos, incluso los profanos más incompetentes, creen estar enterados por completo de lo que es la psicología, como si la psique fuera precisamente el campo que disfrutara del más general de los conocimientos.

Los laberintos del alma I, de Pancorvo.

Pero cualquiera que conozca de verdad el alma humana estará de acuerdo conmigo si digo que este campo es el más oscuro y misterioso con que tropieza nuestra experiencia. Jamás se acaba de aprender en este campo. En mi actividad práctica, no transcurre casi ningún día sin que me encuentre con algo nuevo e inesperado.

Cierto que mis experiencias no son trivialidades que estén a flor de piel, pero están en una proximidad accesible para cualquier psicoterapeuta que se ocupe de este campo especial. Por ello, me parece absurdo, cuando menos, que se me reproche en cierto modo el desconocimiento de las experiencias participadas. No me considero responsable de la insuficiencia del saber profano en materia de psicología.

En el proceso analítico, o sea, en el enfrentamiento dialéctico entre el consciente y el inconsciente, existe una evolución, un progreso hacia una meta o un fin, cuya naturaleza, difícilmente descifrable, ha acaparado mi atención durante muchos años. En todas las fases posibles de la evolución, los tratamientos psíquicos llegan a un final; pero sin que, al alcanzarle, se tenga la impresión de haber conseguido con él una meta.

Las terminaciones temporales, típicas, tienen lugar: 1) después de recibir un buen consejo; 2) después de una confesión más o menos completa, pero, en cualquier caso, suficiente; 3) tras el reconocimiento de un contenido desconocido hasta el momento, pero esencial, cuya conciencia lleva anejo un nuevo impulso vital o de actividad; 4) tras conseguir una nueva adaptación racional a circunstancias ambientales, quizá difíciles o desacostumbradas; 5) tras conseguir desprenderse de la psique infantil después de un largo trabajo; 6) tras la desaparición de síntomas atormentadores; 7) después de producirse un cambio positivo en el destino, como exámenes, noviazgo, matrimonio, separación, cambio de profesión, etc.; 8) después del redescubrimiento de pertenecer a una confesión religiosa o después de la conversión; 9) tras comenzar el establecimiento de una filosofía práctica de la vida (¡”Filosofía”, en el sentido de la Antigüedad!). (más…)

LA PERCEPCIÓN PURA, CAMINO DE TERAPIA EMOCIONAL, por Denise Desjardins

Categoría: -PSICOLOGÍA CON ALMA — July 1, 2009 @ 6:42 pm

“Si el hombre lograra reemplazar el juicio por la comprensión, los prejuicios y las creencias por la percepción pura, la emoción por el sentimiento y el pensamiento por la visión justa, ¡cuánto podríamos esperar de él! ¿Y por qué no el estado último del que nos dan testimonio los Sabios? Sin ninguna duda se trata de una transformación radical mediante la cual el intelecto, a condición de estar ejercitado, se volverá la herramienta indispensable. Es él quien nos podrá liberar de las proyecciones y deformaciones emocionales, él quien, bien utilizado, nos permitirá estar en contacto directo con la realidad tanto exterior como interior, favoreciendo así el paso de la emoción al sentimiento. Pero por más eficaz y penetrante que sea, el intelecto sigue siendo ‘una máquina destinada a ver las cosas y servirse de ellas’. Sólo habrá desempeñado su misión si nos conduce al corazón y nos guía hacia el sentimiento de unidad donde quien ve y lo que es visto dejan de estar separados y se convierten en uno.”

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Un trabajo con la emoción, tanto si se beneficia como si no de una introspección, no puede ser eficaz sin que paralelamente se emprenda una tentativa de apertura (aunque sea en concepto de prueba, puesto que es precisamente ahí donde surgen las emociones más agudas), por una parte hacia las situaciones cotidianas, es decir, esforzarse en verlas tal como son y, por otra, hacia el prójimo, a fin de que se vuelva realmente mi prójimo, tan próximo que ya no estoy separado de él.

LA PURIFICACIÓN SÓLO ES POSIBLE SI LLEGA AL CORAZÓN

De no ser así, la atención prestada a las emociones que experimentamos sólo servirá para alimentarlas, luego para darles más impacto, y nos encontraremos que para este viaje no se necesitan alforjas, y seguiremos absorbidos por emociones omnipotentes e hipnóticamente sometidos a su repetición. Asimismo, las múltiples técnicas de purificación sólo demostrarán su eficacia en la medida que éstas conduzcan al corazón.

La purificación emocional no vuelve insípida la vida: le da un sabor más intenso

Desde este punto de vista, abstengámonos de creer que la ausencia de emociones nos conducirá a una insipidez apagada y triste, a una existencia desprovista de sabor.

Tanto nuestras situaciones existenciales como nuestras percepciones van, al contrario, a adquirir una densidad y una agudeza más vivas, una coloración más brillante, por el hecho de que serán vistas tal como son, sin estar ya deformadas por las emociones ni por las proyecciones del pasado.

LA TERAPIA EMOCIONAL ES IMPOSIBLE SIN LA VERDAD

Imposible separar esta terapia emocional de una enseñanza más vasta que es camino de verdad. Camino arduo sin duda, a veces escarpado, tan abrupto como la propia verdad, paradójicamente calificado por Swâmi Prajnânpad de “simple y fácil, pero también duro, difícil y cruel”. Cruel, puesto que exige abandonar las propias ilusiones, mentiras, esperas exageradas, todas aquellas cosas que nos separan de lo real. Simple: nada hay que añadir a lo que es. Está en nosotros esta verdad, nítida, inmediata, desprovista de pasado, haciendo inútil la idea de porvenir, lista para surgir fuera del desfile de los pensamientos, huidiza en cuanto la agarramos, incomprensible cuando a ella nos oponemos.

Dejemos, pues, de oponernos. Ya conocemos la estrategia: basta con decir sí. Simplísima estrategia, mas cuán difícil. Decir sí, sin duda, pero con conocimiento de causa.

Si el hombre lograra reemplazar el juicio por la comprensión, los prejuicios y las creencias por la percepción pura, la emoción por el sentimiento y el pensamiento por la visión justa, ¡cuánto podríamos esperar de él! ¿Y por qué no el estado último del que nos dan testimonio los Sabios?

SI EL HOMBRE SE TRANSFORMARA, ¡CUÁNTO PODRÍAMOS ESPERAR DE ÉL!

Sin ninguna duda se trata de una transformación radical mediante la cual el intelecto, a condición de estar ejercitado, se volverá la herramienta indispensable. Es él quien nos podrá liberar de las proyecciones y deformaciones emocionales, él quien, bien utilizado, nos permitirá estar en contacto directo con la realidad tanto exterior como interior, favoreciendo así el paso de la emoción al sentimiento.

Pero por más eficaz y penetrante que sea, el intelecto sigue siendo “una máquina destinada a ver las cosas y servirse de ellas”. Sólo habrá desempeñado su misión si nos conduce al corazón y nos guía hacia el sentimiento de unidad donde quien ve y lo que es visto dejan de estar separados y se convierten en uno.

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DENISE DESJARDINS, Breve tratado de la emoción, José J. de Olañeta, Editor, 1997. [FD, 20/07/2006]

AMOR Y CONCORDIA, por Jesús Nava

Categoría: -FILOSOFÍA CORDIAL — June 30, 2009 @ 6:58 pm

-Comentario-

Aunque nacemos águilas, al final casi todos vivimos y morimos como aves de corral. Siempre hay caminos diferentes a escoger, el de la espiritualidad infinita lleva a la soledad en nuestros tiempos y enla sociedad actual. El de la trivialidad lleva al éxito social. Cada cual elige el suyo.

Ya ni siquiera estoy segura de que la educación de nuestra sociedad pueda ser un motor para cambiar los paradigmas actuales y dar a la vida el sentido profundo que tiene. Personalmente, todos los días muero en la soledad y renazco en la esperanza. En medio de la vida ordinaria normal, intento conectar con la profundidad e infinitud de la vida, de los seres, del universo. Sé que nuestra presencia en este planeta no es para consumir y después morir.

Quiero entender qué me dice el Universo a diario a través de la creación, quiero saber qué puedo hacer para ayudar a la inteligencia infinita en su labor, quiero ser útil a la vida. Quiero leer en el corazón de mis hermanos humanos y del resto de los seres vivos de este mundo sólo para ayudarles. Quiero leer en su alma y después anotar lo que percibo en mi mente, en mi alma y en mi propio corazón. Cuando se agote mi tiempo de estancia en la tierra me gustaría haber aprendido por lo menos esta lección y dejar tras de mi una estela de honradez, de lucidez, de alegría compartida. Quizá sea eso lo que espera el Universo de mí y mi única labor por hacer en esta tierra.

En fin… Quiero expresar con lo anterior que, aún viviendo como “mediocres aves sociales de corral”, por las circunstancias, podemos interiormente ser y actuar como águilas de alma infinita y libre, colaborando con la Vida profunda y conectando con el Infinito…

-Respuesta-

Centré mi respuesta a tu primer comentario en lo que concernía al artículo de Amiel, y pensé en dejar para otro momento la referencia a ese poso de tristeza que me pareció percibir entre líneas. Discúlpame, por favor, si me equivoco.

Tenía preparado el artículo de Czeslaw Milosz, y he decidido adelantar su edición para que lo leas en cuanto puedas. El fondo histórico del fragmento tiene poca importancia (aunque se refiere a una época terrible en los países del Este europeo), pero la conclusión final es maravillosa:

Ni el tiempo, ni la historia del género humano, son ilusorios. Negarles existencia sería hundirse en la calma de la derrota y sacar de la propia derrota una ley general. Nada resuelve la voluntad sin la piedad, ni la piedad sin la voluntad. Si una sola persona pudiera bastar para salvar la condición humana, recogería la sangre en una cuba procurando no perder ni una sola gota, pero no para llegar a la conclusión de que todo ha pasado ya y transformar poco a poco su gemido en una sonrisa de indiferencia. No, al contrario: conservaría el don de la cólera y de la fe inquebrantable. A pesar de todo, al hombre le quedan medios de lograr la calma.”

Es cierto que cada uno de nosotros, añade, “se fija una tarea y mientras la realiza comprende que es una tarea insignificante perdida en la multitud de preocupaciones y esfuerzos humanos. Pero cuando su pluma queda parada en el aire esperando resolver un problema, todos los que alguna vez se han servido del pensamiento y del lenguaje a través de los siglos, se hallan junto a este hombre, el cual nota inconscientemente esa estimulante presencia. Y esta fusión con ellos le proporciona la calma.”

Nunca estamos solos cuando pensamos, escribimos, o simplemente sentimos con una cierta profundidad. Esa inteligencia infinita de la que hablas constituye un fondo inagotable, no solo de ideas, sino de libertad, serenidad y dicha. En seguir sus indicaciones, claras para quien no es sordo a la voz de lo eterno, radica todo nuestro deber. En perfeccionar nuestro ser, en una constante metamorfosis ascendente y una espiritualización progresiva, está nuestra tarea. Entonces, he ahí el prodigio, la piedad por nuestros semejantes y la voluntad de transmitirles los tesoros encontrados, fluyen generosamente con entera naturalidad de ese océano divino que nos desborda el corazón. Y el deseo de ayudar a los demás ya no es una manía.

Así pues: “¿Quién podría ser tan arrogante como para saber cuáles son los actos que se unen y sostienen mutuamente y cuáles los que caerán en el ridículo y en el olvido fuera de lo que merece llamarse un patrimonio? En vez de insistir en esto, más vale que nos impongamos la única norma importante: mantenernos libres de tristeza y de indiferencia.”

La tristeza nos disminuye por dentro y la indiferencia nos distancia de todo lo que hay fuera. En cambio, en la alegría y la serenidad del espíritu nunca estamos solos, ni tristes, porque el universo entero es nuestro: nada nos falta. Y, a través de la comunión universal, nos fundimos en un sentimiento indescriptible con toda la creación, en especial con aquella parte suya con la que tenemos más cosas en común: la Humanidad. A este sentimiento de fusión y efusión del espíritu se le suele distinguir, entre otras infinitas formas, como Amor, Dicha, Libertad, Sabiduría o Sentido. Para alcanzarlo hay que cultivar a fondo la metafísica y la ética filosóficas, o hablando en plata, la religión y la moralidad.

Otros medios muy diferentes tendremos que usar si queremos fomentar la concordia social, es decir, el acuerdo básico de los corazones, de modo que un país se mueva como un solo cuerpo con una misma voluntad. Aquí se necesitan la justicia, la igualdad y la honestidad pública. Por lo tanto, el camino para llegar a la concordia depende básicamente de la política y la educación. “Es decir, que hay que poner tales fundamentos al Estado, que de ahí se siga, no que la mayoría procure vivir sabiamente (pues esto es imposible), sino que se guíen por aquellos sentimientos que llevan consigo la mayor utilidad del Estado. [...] Pues, como los malos sentimientos arrastran a los hombres en distintas direcciones, sólo cuando éstos desean lo honesto, o lo que al menos lo parece, pueden ser guiados como por una sola mente.” (Spinoza)

Pero todas estas afirmaciones dispersas deben ser demostradas con rigor y sistemáticamente, hasta donde sea posible. Por lo que me he decidido a iniciar una nueva sección en FD, en la que pienso abordar estos asuntos filosóficos con un cierto orden. Cuento con las aportaciones de cuantos habéis demostrado no sólo sensibilidad sino inquietud por la filosofía perenne.

Recibe un muy cordial saludo.

Comentario y respuesta en LA LIBERTAD DE ESPÍRITU Y EL CIUDADANO DE CORRAL

LIBRES DE TRISTEZA Y DE INDIFERENCIA, por Czeslaw Milosz

Categoría: -CONCIENCIA VIGILANTE — June 29, 2009 @ 8:39 pm

“Ni el tiempo ni la historia del género humano son ilusorios. Negarles existencia sería hundirse en la calma de la derrota y sacar de la propia derrota una ley general. Nada resuelve la voluntad sin la piedad, ni la piedad sin la voluntad. Si una sola persona pudiera bastar para salvar la condición humana, recogería la sangre en una cuba procurando no perder ni una sola gota, pero no para llegar a la conclusión de que todo ha pasado ya y transformar poco a poco su gemido en una sonrisa de indiferencia. No, al contrario: conservaría el don de la cólera y de la fe inquebrantable. No se trataba de palabras. A pesar de todo, al hombre le quedan medios de lograr la calma. Se fija una tarea y mientras la realiza comprende que es una tarea insignificante perdida en la multitud de preocupaciones y esfuerzos humanos. Pero cuando su pluma queda parada en el aire esperando resolver un problema, todos los que alguna vez se han servido del pensamiento y del lenguaje a través de los siglos, se hallan junto a este hombre, el cual nota inconscientemente esa estimulante presencia. Y esta fusión con ellos le proporciona la calma. ¿Quién podría ser tan arrogante como para saber cuáles son los actos que se unen y sostienen mutuamente y cuáles los que caerán en el ridículo y en el olvido fuera de lo que merece llamarse un patrimonio? En vez de insistir en esto, más vale que nos impongamos la única norma importante: mantenernos libres de tristeza y de indiferencia.”

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“…no pensaban vivir lo suficiente para que les llegara el momento de rendir cuentas.”

NI EL TIEMPO NI LA HISTORIA DEL GÉNERO HUMANO SON ILUSORIOS: NEGARLES EXISTENCIA SERÍA HUNDIRSE EN LA CALMA DE LA DERROTA Y SACAR DE LA PROPIA DERROTA UNA LEY GENERAL

El viento rizaba los bordes de las cuartillas sobre la mesa. Gil procuraba imaginarse aquellos hombres que padecieron una epidemia de peste, la cual, después de todo, había tenido poca importancia en las crónicas del pasado. Cedía a la mayor tentación del historiador: el deseo de volver a crear, empleando en ello toda la fuerza imaginativa; el gesto de las manos de una mujer ateniense que se lamenta; la expresión que toma el rostro de un padre ante su hijo muerto; la forma única, individual, de los dedos que levantan una copa de vino… En efecto, cuando se logra dar vida de nuevo a todo eso, puede decirse que el tiempo ha sido abolido. Quedará entonces por captar la gran simultaneidad de las innumerables existencias humanas que fueron y que serán, transmitiéndose una a otra la misma queja.

Pero ni el tiempo ni la historia del género humano son ilusorios. Negarles existencia sería hundirse en la calma de la derrota y sacar de la propia derrota una ley general. Nada resuelve la voluntad sin la piedad, ni la piedad sin la voluntad. Si una sola persona pudiera bastar para salvar la condición humana, recogería la sangre en una cuba procurando no perder ni una sola gota, pero no para llegar a la conclusión de que todo ha pasado ya y transformar poco a poco su gemido en una sonrisa de indiferencia. No, al contrario: conservaría el don de la cólera y de la fe inquebrantable.

No se trataba de palabras. Los obreros de la ciudad se callaban, pero la huelga de hambre que habían hecho algunos recientemente, seguida de detenciones en masa, tenía su raíz en una obstinada certidumbre, expresada sólo en parte, la fórmula con que protesta desde siempre el pueblo: “No es justo.”

Gil temía recibir cualquier día, como muchos otros considerados improductivos, la orden de abandonar la ciudad, lo cual le privaría de la biblioteca universitaria, llevándole a alguna aldea olvidada entre los cenagosos caminos. Pero aún más temía perder (una vez fuera de esta ciudad fría que se repoblaba de fábricas y donde el aislamiento del profesor era total) ese último fondo común que constituye la vida de una masa humana. Sí, mejor o peor, era en esta masa que había aprendido a callarse… y no solo a callarse, sino a repetir los slogans ordenados, donde se mantenía el conocimiento de lo que es justo y lo que es injusto. Estos hombres, los polacos hoy esclavizados, se habrán convertido algún día en los verdaderos amos de las minas, las fundiciones y de toda la industria sin creerse dueños de la verdad absoluta. Aunque Gil no fuera propiamente uno de estos, en Varsovia por lo menos estaba junto a ellos.

¿QUIÉN PODRÍA SER TAN ARROGANTE COMO PARA SABER QUÉ ACTOS SE UNEN Y SOSTIENEN MUTUAMENTE, Y CUÁLES CAERÁN EN EL RIDÍCULO Y EN EL OLVIDO? MÁS VALE MANTENERNOS LIBRES DE TRISTEZA Y DE INDIFERENCIA

Fue a la cocina y se hizo un poco de té. Lo bebió mientras leía el periódico. Últimamente había aprendido a descifrar la manera soviética de dar las noticias e incluso adivinaba, a través de los largos discursos rebosantes de optimismo oficial, qué peligros amenazaban. Las noticias más importantes (como, por ejemplo, la detención del secretario general del Partido, víctima de su programa: “Un camino nacional hacia el socialismo”) no las daba la Prensa. Sin embargo, con un poco de práctica y según el orden y el tono de los comunicados y las breves alusiones a ciertas “dificultades”, se podía reconstruir con bastante claridad la situación; sobre todo basándose en los procesos.

La primera página estaba ocupada por un gran proceso de “traidores a la Patria e innobles lacayos del imperialismo”. Gil admiraba siempre la minuciosidad con que eran preparados estos procesos. Creía que las fechas, incidentes, y encuentros de unas personas con otras eran por lo general exactos. El arte soviético consistía en elaborar de tal forma estos datos, que, una vez realizados, los hechos más inocentes y casuales acabaran formando la imagen de un crimen. Como dijo un poeta malicioso: “Haz crecer una mentira de un granito de verdad. No seas de los que mienten olvidando la realidad.” [...]

A pesar de todo, al hombre le quedan medios de lograr la calma. Se fija una tarea y mientras la realiza comprende que es una tarea insignificante perdida en la multitud de preocupaciones y esfuerzos humanos. Pero cuando su pluma queda parada en el aire esperando resolver un problema de interpretación o de sintaxis, todos los que alguna vez se han servido del pensamiento y del lenguaje a través de los siglos, se hallan junto a este hombre, el cual nota inconscientemente esa estimulante presencia. Y esta fusión con ellos le proporciona la calma.

¿Quién podría ser tan arrogante como para saber cuáles son los actos que se unen y sostienen mutuamente y cuáles los que caerán en el ridículo y en el olvido fuera de lo que merece llamarse un patrimonio? En vez de insistir en esto, más vale que nos impongamos la única norma importante: mantenernos libres de tristeza y de indiferencia.

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CZESLAW MILOSZ, Premio Nobel 1980. El poder cambia de manos, Orbis 1983. Traducción de Rafael Vázquez Zamora.

EL GOBIERNO REPRESENTATIVO ES LA LIBERTAD, por Thomas Paine

Categoría: -MUNDO LIBRE — June 29, 2009 @ 4:24 pm

“Debido a la ausencia de una Constitución en Inglaterra que modere y regule el impulso salvaje del poder, muchas de las leyes son irracionales y tiránicas, y su administración es vaga y problemática. Se descuidan las cuestiones nacionales, y por lo que respecta al derecho normal, apenas si existe tal cosa. Hoy día, los gobiernos actúan como si temieran despertar una sola reflexión en el hombre. Llevan a éste blandamente al sepulcro de los precedentes con objeto de embotar sus facultades y apartar su atención del escenario de las revoluciones. ¿Por qué se ha de pagar de forma extravagante a hombres que tienen tan poco que hacer? Si todo lo que puede suceder tiene ya un precedente, ha terminado la legislación. El gobierno no es más que una asociación nacional, y el objetivo de esa asociación es el bien de todos, tanto individual como colectivamente. Todo hombre desea dedicarse a su ocupación y gozar de los frutos de su trabajo y de su propiedad en paz y seguridad, y con el menor gasto posible. Cuando se logran esas cosas, se logran todos los objetivos para los que se debe establecer un gobierno. Pero cualquiera que sea la forma en que se ordenen las distintas partes de una constitución, existe un principio general que distingue a la libertad de la esclavitud, y es que todo gobierno hereditario sobre un pueblo es para éste una forma de esclavitud, y el gobierno representativo es la libertad.”

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Debido a la ausencia de una Constitución en Inglaterra que modere y regule el impulso salvaje del poder, muchas de las leyes son irracionales y tiránicas, y su administración es vaga y problemática.

Parece que la atención del gobierno de Inglaterra (pues prefiero darle ese nombre que el de gobierno inglés), desde su vinculación política con Alemania, ha estado tan completamente centrada y absorbida por los asuntos exteriores y por los medios de recaudar contribuciones que no parece existir para ningún otro propósito. Se descuidan las cuestiones nacionales, y por lo que respecta al derecho normal, apenas si existe tal cosa.

HOY DÍA, LOS GOBIERNOS ACTÚAN COMO SI TEMIERAN DESPERTAR UNA SOLA REFLEXIÓN EN EL HOMBRE; SU OBJETIVO ES EMBOTAR SUS FACULTADES Y APARTAR SU ATENCIÓN DEL ESCENARIO DE LAS REVOLUCIONES

Hoy día, casi todos los casos han de fallarse conforme a algún precedente, tanto si este precedente es bueno como si es malo, o si es correcto aplicarlo como si no, y la práctica se ha generalizado tanto como para inspirar sospechas de que obedece a una política más profunda de lo que aparece a primera vista.

Desde la revolución de América, y más aún desde la de Francia, esta prédica de las doctrinas de los precedentes, extraída de tiempos y circunstancias anteriores a esos acontecimientos, ha sido la práctica estudiada del gobierno inglés. La mayor parte de esos precedentes se funda en principios y opiniones que son lo contrario de lo que deberían ser, y cuanto mayor sea la distancia en el tiempo de la que se extraen, más se debe sospechar de ellos. Pero, al relacionar esos precedentes con una reverencia supersticiosa por las cosas antiguas, al igual que los monjes muestran reliquias y las califican de sagradas, la mayor parte de la humanidad se ve engañada y cae en la trampa.

Hoy día, los gobiernos actúan como si temieran despertar una sola reflexión en el hombre. Llevan a éste blandamente al sepulcro de los precedentes con objeto de embotar sus facultades y apartar su atención del escenario de las revoluciones. Creen que está adquiriendo conocimientos con más rapidez de lo que ellos desean, y su política de los precedentes es el barómetro de sus temores. El papado político, al igual que el papado eclesiástico antiguo, ya está pasado, y está acelerando su propio mutis. La astrosa reliquia y el precedente anticuado, el monje y el monarca, se pudrirán juntos.

El gobierno por precedentes, sin consideración alguna del principio del precedente, es uno de los sistemas más viles que puedan establecerse. En muchos casos, el precedente debería funcionar como advertencia, y no como ejemplo, y debe evitarse, en lugar de imitarse, pero en lugar de esto, se toman los precedentes en bloque y se hacen pasar de golpe por constitución y por ley.

O bien la doctrina de los precedentes es una política para mantener al hombre en un estado de ignorancia, o bien es una confesión práctica de que la sabiduría degenera en los gobiernos a medida que los gobiernos van haciéndose viejos, y no pueden sino renquear son ayuda de los bastones y las muletas de los precedentes. ¿Cómo es que las mismas personas que estarían orgullosas de que se las considere más sabias que sus predecesores no aparecen al mismo tiempo sino como los fantasmas de una sabiduría desaparecida? ¡De qué forma tan extraña se trata a la antigüedad! Para unos fines se habla de ella como un tiempo de tinieblas y de ignorancia, y para otros se la pone como faro del mundo.

Si ha de seguirse la doctrina de los precedentes, no es necesario que los gastos de gobierno sigan siendo los mismos. ¿Por qué se ha de pagar de forma extravagante a hombres que tienen tan poco que hacer? Si todo lo que puede suceder tiene ya un precedente, ha terminado la legislación, y el precedente, al igual que un diccionario, es el que determina cada caso. Por ende, o bien el gobierno ha llegado a su senectud, y es preciso renovarlo, o bien ya se han dado todas las ocasiones para que ejercite su sabiduría.

Hoy día advertimos en toda Europa, y particularmente en Inglaterra, el curioso fenómeno de una nación que mira en una dirección y el gobierno en la opuesta: una hacia adelante y el otro hacia atrás. Si los gobiernos van a continuar conforme al precedente, mientras las naciones continúan mejorando, habrán de llegar por último a una separación definitiva, y cuanto antes, y de forma más civilizada, determinen este aspecto, mejor. (más…)

LA LIBERTAD ESPIRITUAL Y EL CIUDADANO DE CORRAL, por Amiel

Categoría: -CONCIENCIA VIGILANTE — June 26, 2009 @ 8:34 pm

“La fuerza se mide por su efecto, y los hombres por sus obras; el talento es sólo una promesa, y no es el mérito. La gloria corona y premia las victorias ganadas, pero no las esperadas. El genio latente es pura presunción. Todo lo que puede ser debe llegar, y lo que no llega es porque no era nada. Si bien en moral la intención es esencial, en política, en literatura, lo que importa es la acción. Me gusta la vida libre, general, de amplios horizontes, y en nuestra existencia burguesa ordinaria hay mil ataduras liliputienses que rebajan el alma. Se vive por sus raíces inferiores, y uno se ve forzado a ocuparse en innumerables pequeñeces. No es mi vanidad la que reclama, sino mi dignidad. Lo que reprocho a nuestra vida ordinaria es la trivialidad, la pequeñez; sumidos en el tiempo, en el detalle, en la minucia, en el cálculo, olvidamos nuestra alma, nuestra vida inmortal, nuestra espiritualidad infinita; nos empequeñecemos, nos debilitamos, nos envilecemos. El águila se vuelve gallina; el pájaro fiero, libre, aventurero, se vuelve tímido y grosero ciudadano de corral. Nos volvemos capones. La poesía, el arte, el entusiasmo, el genio, el sacrificio, pasan muy por encima de nuestras cabezas, y nosotros pastamos inclinados hacia el suelo. Nuestro lugar se vuelve reducido, en lugar de ensancharse. La vida burguesa nos empobrece; la pobreza es una esclavitud; yo quiero la libertad espiritual, la dignidad humana.”

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EL GENIO LATENTE ES PURA PRESUNCIÓN; TODO LO QUE PUEDE SER DEBE LLEGAR, Y LO QUE NO LLEGA ES PORQUE NO ERA NADA

Cada mañana me despierto con la cabeza algo cansada; sueño tremendamente, y la otra noche, por ejemplo, he leído en sueños no sé cuántos folletos y disertaciones, muy serias y bastante difíciles. Pero apenas me hube despertado, el recuerdo de todo ello se volatilizó, y sólo recordaba esta sentencia: “Los espíritus originales tienen un sello, pero el sello no basta, y les hace falta demostrarlo. Es decir, que la originalidad virtual no es nada sin su aplicación efectiva; que el talento necesita el apoyo de la voluntad y de la habilidad; que la capacidad sin la ambición, el genio sin la energía y la aptitud sin la audacia no llevan a nada ni cuentan para nada.

La fuerza se mide por su efecto, y los hombres por sus obras; el talento es sólo una promesa, y no es el mérito. La gloria corona y premia las victorias ganadas, pero no las esperadas. El genio latente es pura presunción. Todo lo que puede ser debe llegar, y lo que no llega es porque no era nada. Si bien en moral la intención es esencial, en política, en literatura, lo que importa es la acción. En la esfera divina, querer es poder; en la esfera humana, querer es poco, hay que poder. ¿Y cómo probar que se puede? Haciendo.

Demuestra lo que puedes, haciéndolo tú mismo (Chenier).

SUMIDOS EN EL TIEMPO, EN LA MINUCIA, EN EL CÁLCULO, OLVIDAMOS NUESTRA ESPIRITUALIDAD INFINITA Y NOS ENVILECEMOS; NOS VOLVEMOS TÍMIDOS Y GROSEROS CIUDADANOS DE CORRAL 

Entre estas mujeres cultivadas, y en medio de esta vida escogida, me encuentro nuevamente en mi medio, en mi elemento natural. Es un círculo de gente en el que me encantaría vivir. No me gusta el fasto y el brillo, sino el recogimiento, la distinción, la educación, la elegancia. La vulgaridad de los detalles, del lenguaje, de las costumbres, la mezquindad molesta me hieren. Me gusta la vida libre, general, de amplios horizontes, y en nuestra existencia burguesa ordinaria hay mil ataduras liliputienses que rebajan el alma.

Se vive por sus raíces inferiores, y uno se ve forzado a ocuparse en innumerables pequeñeces. No es mi vanidad la que reclama, sino mi dignidad. Lo que reprocho a nuestra vida ordinaria es la trivialidad, la pequeñez; sumidos en el tiempo, en el detalle, en la minucia, en el cálculo, olvidamos nuestra alma, nuestra vida inmortal, nuestra espiritualidad infinita; nos empequeñecemos, nos debilitamos, nos envilecemos.

El águila se vuelve gallina; el pájaro fiero, libre, aventurero, se vuelve tímido y grosero ciudadano de corral. Nos volvemos capones. La poesía, el arte, el entusiasmo, el genio, el sacrificio, pasan muy por encima de nuestras cabezas, y nosotros pastamos inclinados hacia el suelo. Nuestro lugar se vuelve reducido, en lugar de ensancharse. La vida burguesa nos empobrece; la pobreza es una esclavitud; yo quiero la libertad espiritual, la dignidad humana. Y como la encuentro en un círculo, tiendo hacia él. Es muy sencillo.

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HENRI-FREDERIC AMIEL, escritor y filósofo suizo (1821-1881). Diario íntimo, 1839-1850. Edaf, 1974. Traducción: Gonzalo Torrente Malvido.

EL HOMBRE QUE DIVISÓ LA LIBERTAD, por J. López Pacheco

Categoría: -CONCIENCIA VIGILANTE — June 23, 2009 @ 5:19 pm

“La humanidad es un camino en marcha que lleva a la felicidad suprema, la cual es posible en este mundo. Yo me hallo en las primeras filas” (A. Chéjov).

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La obsesión de Chéjov, se podría resumir del siguiente modo: vivimos una vida sórdida, que se nos va tragando; nosotros estamos ya sacrificados, no gozaremos de una vida mejor, pero nuestro sacrificio tiene que valer, es indudable que servirá para que esa vida mejor surja algún día sobre la tierra.

Debemos trabajar, debemos procurar ir abandonando estas costumbres y estas ideas que nos destruyen, que manchan nuestra dignidad de seres humanos; estamos en la obligación de tener esperanza, de creer que la felicidad -no la utópica Felicidad, con mayúscula, que algunos confunden con el limbo- es posible en este mundo; debemos tenerla y propagarla. Sobre todo, debemos trabajar, porque, sea como sea la vida futura, si es mejor, tendrá que estar basada sobre el trabajo, sobre el respeto al trabajo.

EL AMOR AL HOMBRE Y LOS INTELECTUALES DECADENTES

Junto a esto, el amor al hombre, a la Naturaleza; la crítica de los intelectuales decadentes, de los falsos intelectuales, de “esos que, bajo el disfraz de un profesor, de un mago sabio, ocultan su falta de talento, su torpeza, su tremenda falta de corazón”; el arrepentimiento y la rabia por haberse dejado engañar con falsas ideas que solo sirven para esclavizar a los hombres.

Antón Chejov

La denuncia de la falta de piedad, del desprecio por el hombre y sus fuerzas maravillosas, por la Naturaleza; la denuncia del “demonio de la destrucción”; la repulsa por la ociosidad y el hastío, que llegan a hacerse contagiosos; el odio a la rutina… Solo la belleza puede proporcionar un descanso, un oasis en medio de la sequedad de semejante vida; pero hasta ella está corrompida por la ociosidad, por las costumbres sucias: “En el hombre todo tiene que ser bello: el rostro, la vestimenta, el alma y los pensamientos” (”Tío Vania”, acto II).

La fe está aumentada, tiene una vida más firme: “Dentro de doscientos, trescientos años, la vida en la tierra será increíblemente hermosa, asombrosa. El hombre necesita una vida así, y si por ahora no existe, su deber es presentirla, esperar, soñar, prepararse para ella; para eso tiene que ver y saber más de lo que vieron o supieron su padre y su abuelo” (”Tres hermanas”, acto I).

EL PESIMISMO DE UN ALMA MÍSTICA NACIONAL

Chéjov se opone a la teoría pesimista sobre el pueblo ruso, en cuanto no atribuye su abulia ni sus arrebatos irracionales a estados místicos más o menos turbios, a una especie de alma mística nacional que pesa sobre cada acto de cada hombre.

El dolor, como elemento purificador, apenas aparece en su obra. Sobre la obra de Dostoyevski, el gran místico del sufrimiento, Chéjov se limitaba a decir: “Está bien, pero esta falta de modestia es presuntuosa”. Poco a poco fue abandonando las doctrinas de Tolstoi, cuya influencia puede apreciarse al comienzo de su obra. “La razón y la justicia me dicen que la electricidad y el vapor son mejores para la humanidad que la castidad y el vegetarianismo” (Carta a Suvorin, 24 de marzo de 1.894).

El no podía conformarse con una aceptación de la situación vergonzosa en que se encontraba el hombre ruso. Y mucho menos podía cantarla, considerarla innata e inevitable. “Cuando se escucha a un hombre culto de aquí, civil o militar, siempre está cansado de luchar con la mujer, cansado de luchar con la casa, cansado de luchar con la propiedad, cansado de luchar con los caballos… Al hombre ruso le es propio en sumo grado un elevado modo de pensar; pero, dígame, ¿por qué vuela tan bajo en la vida? ¿Por qué?” (”Tres hermanas”, acto II).

LA VULGARIDAD DE LOS INDIVIDUOS Y SUS INSTITUCIONES

Su obra entera es la contestación a esta pregunta, y solo un hombre que se preocupó de contestarla pudo llegar a tener la esperanza y a expresarla como él lo hizo, cuando apenas si estaba permitido el hacerlo: “No hacen más que comer, beber, dormir; después…, nacen otros que también comen, beben, duermen y, para no embotarse de tedio, dan variedad a su vida con bajas calumnias, con vodka, con naipes, con pleitos. Y las mujeres engañan a sus maridos, y los maridos mienten, fingen no ver, no oír nada, y una influencia irresistiblemente vulgar pesa sobre los niños, y la chispa divina se apaga en ellos y se convierten en miserables, parecidos entre sí, como los cadáveres, igual que sus padres y sus madres…”

El presente es abominable; pero, en cambio, cuando pienso en el futuro, ¡qué bien me siento! Tan ligero, tan libre…, y a lo lejos, despunta una luz, diviso la libertad…” (”Tres hermanas”, acto IV). Chéjov ha ido ganando en observación psicológica, ha ido aplicando su ternura hasta que llega a ser como una atmósfera que llena toda la escena.

Sin embargo, no es menos la denuncia que hace de su sociedad; lo que ocurre es que, progresivamente, ha ido dejando de acusar a los individuos para hacerlo a las instituciones. Como hombres, todos pueden tener una justificación; como miembros de una sociedad a cuya podredumbre han contribuido, no. Paralelamente ha ido creciendo también la esperanza. Ya no hay titubeos al expresarla.

NO SE MUERE DEL TODO CUANDO SE MUERE

Su pueblo y la Humanidad pueden sentirse orgullosos de que haya existido. No se equivocó él cuando pensó que no se muere del todo cuando se muere. Su fuerza de vidente, casi profética, partió de la realidad y a la realidad volvió.

Nos gusta terminar este prólogo con unas palabras suyas (“El jardín de los cerezos“, acto IV), llenas de fe en el hombre y en la vida, que podían serle aplicadas a él con toda justicia:

La humanidad es un camino en marcha que lleva a la felicidad suprema, la cual es posible en este mundo. Yo me hallo en las primeras filas”.

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ANTON CHÉJOV, Teatro completo, prólogo de Jesús López Pacheco, Aguilar, 1979. [FD, 15/06/2006]

 

IDEAL, TRASCENDENCIA Y LIBERTAD, por H. F. Amiel

Categoría: -CATECISMO FILOSÓFICO — June 18, 2009 @ 12:56 pm

“El deber de cada ser consiste en lo que éste puede; el ideal es sencillamente la verdad de cada vida, y no le es en absoluto superior. El ideal es la verdadera trascendencia; está antes y dentro de cada ser. El hombre religioso no llena toda la esencia del hombre, aunque sea su núcleo; el ideal humano no es más profundo, pero es más amplio que Cristo religioso. El hombre ideal es igual a la humanidad; pero cada individuo continente en principio del hombre ideal es, realmente, en principio y en germen, la humanidad. Si el ideal es la verdadera trascendencia, la trascendencia será pues inmanente, dado que cada ser lleva su ideal en sí, y no fuera de sí; lo descubre lo reconoce, pero no lo inventa ni lo encuentra. ¿Dónde comienza la libertad? No es primitiva, ni dada. Es un devenir. La libertad está contenida en la necesidad, como el globo terrestre en el cielo, como los peces en el océano. No podemos detener la vida que transcurre en nosotros, ni la sangre que late, ni el organismo que envejece, ni el juego de los pensamientos y de las facultades, ni la historia que nos arrastra. Estamos inmersos en la corriente divina. Nuestra libertad intelectual consiste en dominar el cambio y el tiempo, encaminándolos a la eternidad, y nuestra libertad moral en restringir cada vez más las oscilaciones de lo posible y de lo arbitrario, a recomendar el bien y a identificar con él nuestra voluntad, es decir, a vivir la vida eterna. E inmersos en Dios, nuestra grandeza consiste en comprender al hombre y en querer al hombre.”

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El deber de cada ser consiste en lo que éste puede; el ideal es sencillamente la verdad de cada vida, y no le es en absoluto superior. El ideal es la verdadera trascendencia; está antes y dentro de cada ser. El hombre religioso no llena toda la esencia del hombre, aunque sea su núcleo; el ideal humano no es más profundo, pero es más amplio que Cristo religioso. Cristo es el hombre-principio; pero el principio desarrollado es más que el principio germen, aunque no contenga nada más. El hombre ideal es Cristo desarrollado. Cristo es el embrión del mundo nuevo, divino, espiritual, del mundo de la gracia o del Espíritu Santo; lo contiene en principio.

El hombre ideal es igual a la humanidad; pero cada individuo continente en principio del hombre ideal es, realmente, en principio y en germen, la humanidad. El individuo es en idéntica medida, la especie en uno de sus momentos y un momento de la especie. La especie es el desarrollo en grande de un individuo en la misma medida que el individuo es una de las caras de la especie. Una y otro son recíprocamente continente y contenido. Realistas y nominalistas tienen razón a la vez, pues con igual justicia puede negarse la especie (como fantástica) que el individuo (como nulo).

Si el ideal fuese la verdad, el arte que realiza el ideal sería más verdadero que la naturaleza. Esto es justo, pero, por otra parte, descompone el ideal, y es superior en un aspecto para ser inferior en todos los demás. Por ejemplo, el escultor de talento modela hombres más verdaderos, sólo de forma, que los que miran su estatua. Aísla la forma, y la creada por él es, en cuanto ideal, más verdadera que la natural. Pero la forma visible es sólo un elemento del hombre. Y en consecuencia, la naturaleza está más cerca del ideal que el arte, pues éste se le aproxima más en ciertas partes aisladas. Un hombre vivo cualquiera está más cerca de ser un hombre (ideal) que el Apolo de Belvédère.

Si el ideal es la verdadera trascendencia, la trascendencia será pues inmanente, dado que cada ser lleva su ideal en sí, y no fuera de sí; lo descubre lo reconoce, pero no lo inventa ni lo encuentra. El ideal es, pero no existe. Depende de la existencia, y atrae a él la existencia. La existencia es más que el ideal que no existe, pero menos que el ideal que le muestra que aún no está realizado.

¿Acaso el ideal del mundo es Dios? ¿Lo es, y no existe? Y un Dios inferior, puesto que está en oposición con el mundo. Lo absoluto concilia a Dios con el mundo, y establece un Dios cuyo ser consiste en existir, que es en sí mismo su propio ideal, es decir: trascendente-inmanente, o más bien ni lo uno ni lo otro; que se antinomiza para la creación trascendiendo e inmaniendo, trascendiendo en cuanto fin que resplandece ante la creación, e inmaniendo en cuanto fuerza que la empuja y la lleva. Pero ¿y la libertad?

¿Dónde comienza la libertad? No es primitiva, ni dada. Es un devenir. La libertad está contenida en la necesidad, como el globo terrestre en el cielo, como los peces en el océano. No podemos detener la vida que transcurre en nosotros, ni la sangre que late, ni el organismo que envejece, ni el juego de los pensamientos y de las facultades, ni la historia que nos arrastra. Estamos inmersos en la corriente divina. Nuestra libertad intelectual consiste en dominar el cambio y el tiempo, encaminándolos a la eternidad, y nuestra libertad moral en restringir cada vez más las oscilaciones de lo posible y de lo arbitrario, a recomendar el bien y a identificar con él nuestra voluntad, es decir, a vivir la vida eterna. E inmersos en Dios, nuestra grandeza consiste en comprender al hombre y en querer al hombre.

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HENRI-FREDERIC AMIEL, escritor y filósofo suizo (1821-1881). Diario íntimo, 1839-1850. Edaf, 1974. Traducción: Gonzalo Torrente Malvido.