Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

LOS ETERNOS FINGIDORES, por Jesús Nava

Archivado en: -LA SAGRADA BATALLA — February 24, 2009 @ 8:45 pm

“¡Cuántos debe haber en el mundo que se espantan de otros porque no se ven a sí mismos!”

* * * * * * 

Dedico este post a todos los hipócritas hideputas del mundo, que fingen interesarse más por el prójimo que por ellos mismos.

A los politicastros, que prometen y no cumplen, siempre dispuestos a dárselo todo al pueblo menos la libertad que le roban.

A los leguleyos, que complican y corrompen el derecho -hecha la ley, hecha la trampa- para que, casualmente, los picapleitos y ellos puedan vivir del cuento.

El hipócrita es un actor para quien el mundo es su escenario particular y que puede acabar creyéndose el personaje que finge ser ante los demás.

A los medicastros, pedantes matasanos de enfermos tan imaginarios como sus pretendidos -y nunca demostrados- poderes curativos.

A los intelectualoides, necios documentados que opinan de todo sin saber de nada.

A los ricachos, cuya pobreza de espíritu resulta mil veces más escandalosa que el cúmulo de bienes que atesoran.

A los pobretones, que piensan que por tener poco son más virtuosos y que serían menos codiciosos si poseyeran más.

A los religiosos, que dicen y no hacen, predican pero no dan trigo, enseñan a otros y no se enseñan a sí mismos.

A los ateos, que son más listos que Dios y, a poco que puedan, reeditarán el mundo, sin erratas ni defectos, aunque con sus renglones rectos todo lo escriban torcido.

A los socialistas de todos los partidos, que quieren redistribuir las riquezas de los demás, mientras ellos se labran su pequeña fortunita.

A los reaccionarios de todas las ideologías, a quienes todo lo nuevo les da miedo, y de ahí deducen que tiene que ser malo.

A los revolucionarios de boquilla, que pretenden crear un hombre nuevo y regenerar el mundo, aun cuando desconocen cómo podrían renovarse ellos mismos.

A los filosofastros, amantes fugaces de un conocimiento sin sustancia, cuya única certeza es, al parecer, que nada es cierto.

A los bocazas impertinentes y a los discutidores impenitentes, siempre prestos a decir algo antes de que tengan algo que decir.

A los enamoriscados, que aman la belleza en otro y exigen ser amados aunque sean feos.

A los egoístas, analfabetos sentimentales, que como la sanguijuela dicen: ¡Dame, dame!, y nunca se sacian de recibir ni saben decir ¡basta!

A todos aquellos, en fin, que se espantan de otros porque no se ven a sí mismos.

FD, 08/06/2007

“Vamos a dar la sagrada batalla. Para nosotros la batalla es la discusión filosófica.” ALFRED DE VIGNY

5 comentarios »

  1. Margarita:

    Es cierto, opino casi lo mismo pero solo me atrevo a un casi, porque he reconocido algo de “fingidora” en mí. ¿De verdad está usted fuera de todas esas descripciones?

    La pregunta no es tanto porque dude de la posibilidad, como por la búsqueda de una confirmación de que es posible llegar a ese estado, al que desde luego aspiro aunque no consigo: atea, filosofastra, revolucionaria de boquilla, pobretones…

  2. Jesús Nava:

    Margarita:

    No te serviría de nada que dijera, por modestia verdadera o falsa, que yo también tengo un toque de hipocresía, pues mal de muchos consuelo de tontos. Pero no, no soy un hipócrita. Lo cual, por otra parte, no tiene mérito alguno, pues es mi manera de ser, es decir, soy honesto por necesidad.

    Además, el hipócrita es, en el fondo, estúpido, pues desperdicia las energías que podría usar para decir la verdad, y vivir en ella, en mantener una fachada de respetabilidad imposible para alguien que piensa mal, es decir, que tiene malas intenciones y obra de mala fe. Como dice Victor Hugo en Los trabajadores del mar (edición de 1866), “el pasar por hombre honrado es duro. Mantener siempre en equilibrio el pensar mal y el hablar bien, ¡qué trabajo!”

    Pero no me hago ilusiones, puesto que no padecer el detestable mal de la hipocresía, no garantiza que no se posean otros muchos defectos. Es muy cierto que, aunque uno “carezca” de hipocresía, hacen falta muchas más cualidades “positivas” para ser virtuoso. “Y si la verdadera virtud es la que se ignora a sí misma” (Nietzsche), si fuera virtuoso de veras, no lo sabría.

    El hipócrita juzga y condena a otros por lo que él mismo hace; aunque, por supuesto, en secreto. Es más, pretende mejorar el mundo antes de hacerse bueno a sí mismo. Por eso, decía Chuang Tzu, reformistas y altruistas, gobernantes y filántropos, que “no conocen la vergüenza ni saben lo que es ruborizarse”, son las dos pestes más graves cuyo azote viene sufriendo el género humano.

    No nos conocemos a nosotros mismos sino en la acción y en la relación. Como digo con frecuencia a mis jóvenes alumnos, no sabremos cómo somos realmente hasta que las circunstancias pongan a prueba nuestro carácter.

    Uno es “humilde” sólo cuando le han susurrado al oído “eres un líder”, y se ha negado, escandalizado, a mandar sobre otros, aunque ellos mismos se lo pidieran con insistencia.

    Uno es “justo” cuando, forzado a dirimir en un juzgado -¡qué vergüenza para dos que se han amado no saber entenderse!- qué es suyo y qué de la otra parte, se niega a mentir recíprocamente, aunque sea para retener lo que legítimamente le pertenece, y dice la verdad que le perjudica.

    Uno es “religioso” cuando renuncia a convencer a los demás, o a ser un ejemplo para ellos, y se limita a vivir sumergido en el mar sereno de la eternidad, incitando así a muchos, sin pretenderlo, a que hagan lo mismo.

    Uno es “sociable” -que no socialista- cuando se siente administrador de todo lo que le viene a la mano, sin creerse propietario de nada, y lo comparte liberalmente con el que tiene más necesidad.

    Uno es “casto” cuando da la bienvenida a esa “pequeña castidad” que se presenta de improviso -como decía Nietzsche- y, ofreciendo a tal huésped amor y hospitalidad, la invita a que siga con él todo el tiempo que guste.

    Uno es “pobre” cuando, aunque no tenga en propiedad ni una almohada sobre la que reclinar su cabeza, gusta de la vida sencilla -esa “pequeña pobreza”- y sabe disfrutar con gratitud de todos los placeres que la vida le ofrece, entre los cuales, los mejores son gratis.

    Uno es “rico” cuando, habiendo gastado todo su tiempo en encontrar la verdad, en vez de perseguir obscenas riquezas, por fin la halla, y con dicha incontenible se dedica a sembrarla a voleo y a enriquecer al mundo con su alegría.

    Uno “ama” de veras no cuando da lo que otros le piden, sino cuando despierta el amor en ellos de forma que nunca más tengan que mendigar cariño, pues el Amor -la verdad de la vida- nos hace verdaderamente libres.

    En fin… ¿Que si se puede llegar a ese estado? Por supuesto. Pero cuando llegues, no lo sabrás. Simplemente, estarás.

    Un cordial saludo.

  3. Filosofía Digital » EL AMOR -LA VERDAD DE LA VIDA- NOS HACE VERDADERAMENTE LIBRES:

    [...] Comentario y respuesta en  A LOS ETERNOS FINGIDORES [...]

  4. Mª Dolores:

    Gracias de nuevo, Don Jesús.

  5. Filosofía Digital » LA VIDA ES BREVE: ¡DESECHEMOS LA MÁSCARA!, por Jesús Nava:

    [...] De ahí que necesitemos adquirir esa naturaleza extraordinaria que mediante la meditación podemos alcanzar todos, y que puede cambiar nuestra vida ordinaria en un gozo perpetuo. Por supuesto, para eso debemos despojarnos de la careta y el personaje que pretendemos ser, y descubrir lo que realmente somos. La vida es breve. ¿Vamos a desperdiciarla sonriendo en falso y viviendo de apariencias, como los pobres hipócritas? [...]

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