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"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

DEMOCRACIA O EL GOBIERNO DE LOS POBRES, por A. de Francisco (I)

Archivado en: -MUNDO LIBRE — August 29, 2010 @ 8:50 pm

“Si hoy preguntáramos al azar qué se entiende por democracia, seguramente se nos contestaría con cuestiones de procedimiento: reglas de mayorías, elecciones periódicas, competición entre partidos, etc. El mundo contemporáneo, en buena medida, ha olvidado el significado político de la democracia. A saber: un régimen político de clase, como todos en última instancia, en el que los muchos pobres libres gobernaban, es decir, controlaban los enormes recursos del Estado para defender políticamente sus intereses sociales y económicos. Entre los antiguos griegos, el pobre no pide en la calle sino que trabaja con sus manos a cambio de un jornal. Vive en su modesta casa y con el dinero que le reporta su trabajo alimenta a su familia, a su prole. No es rico, sino pobre. Estos muchos pobres libres eran los braceros y los pequeños campesinos, los artesanos y los pequeños comerciantes, los peones y jornaleros, y los muchos proletarios que vivían directa o indirectamente del mar: armadores, transportistas, marineros, remeros, … Todas estas gentes sin alcurnia ni refinamiento, sin propiedad ni riqueza, fueron la base social de la democracia ateniense. La democracia fue, así, ese insólito régimen en el que los trabajadores asalariados, los despreciados thetikoy de Aristóteles, gozaron de supremacía política.”

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Si hoy preguntáramos al azar qué se entiende por democracia, seguramente se nos contestaría con cuestiones de procedimiento: reglas de mayorías, elecciones periódicas, competición entre partidos, etc. Por esa vía no daríamos más que una respuesta superficial. Muchos recurrirían al socorrido “gobierno del pueblo” sin seguramente sospechar la rica semántica que esconde el cliché.

LA DEMOCRACIA O UN RÉGIMEN POLÍTICO DONDE LOS MUCHOS POBRES LIBRES GOBERNABAN

El mundo contemporáneo, en buena medida, ha olvidado ese horizonte de significado político de la democracia. Sin embargo, hasta hace relativamente poco, incluso durante la primera mitad del siglo XX, todavía se entendía por democracia lo que siempre se había entendido desde su creación en la Atenas del siglo V a. C., lo que entendió Aristóteles, cuya Política sigue siendo la referencia obligada tanto de los detractores como de los defensores de la democracia. A saber: un régimen político de clase, como todos en última instancia, en el que los muchos pobres libres gobernaban, es decir, controlaban los enormes recursos del Estado para defender políticamente sus intereses sociales y económicos.

Cuando hoy hablamos de “pobre” solemos imaginarnos a alguien deshauciado que vive de la limosna y no tiene techo bajo el que refugiarse. El mundo griego antiguo entiende otra cosa por “pobre”. En efecto, el aporos, que así se llamaba, no pide en la calle sino que trabaja con sus manos a cambio de un jornal. Vive en su modesta casa y con el dinero que le reporta su trabajo alimenta a su familia, a su prole. No es rico, sino pobre.

Ahora bien, pese a su pobreza, hablamos de un hombre libre y no esclavo. Estos muchos aporoi libres eran los braceros y los pequeños campesinos, los artesanos y los pequeños comerciantes, los peones y jornaleros, y los muchos proletarii que vivían directa o indirectamente del mar: armadores, transportistas, marineros, remeros, … Todas estas gentes sin alcurnia ni refinamiento, sin propiedad ni riqueza, fueron la base social de la democracia ateniense. La democracia fue, así, ese insólito régimen en el que los trabajadores asalariados, los despreciados thetikoy de Aristóteles, gozaron de supremacía política.

Para el mundo antiguo, y durante siglos de pensamiento político, lo contrario de democracia no era dictadura, como se piensa hoy en día, sino oligarquía, es decir, el gobierno de los pocos ricos. Es la propiedad y su distribución lo que define al régimen político. Por eso los regímenes tienen base social y raíz económica, porque no son socialmente neutrales, sino que favorecen a unos grupos y clases de propiedad, y discriminan a otros.

La democracia antigua no fue un régimen ni mucho menos perfecto, el cual sólo existe en la cabeza del filósofo, pero bien puede decirse que rescató de su condición subalterna -en la sociedad y en el Estado- a los que no tenían otra cosa que su capacidad para producir, su fuerza de trabajo; a los que los gobiernos de los linajes o la riqueza, aristocracias o plutocracias, habían encerrado en el bios poietikos -esto es, en la esfera  de la  producción- y en una privacidad apolítica y sometida.

A ellos les dio las herramientas necesarias para acceder al bios praktikos, esto es, a la esfera pública de la libertad civil. Entre ellas una fundamental, la isegoria, esto es, la igualdad de palabra en la Asamblea, sin la cual, obviamente, es imposible opinar, hacer propuestas, aportar razones, expresar el desacuerdo, en definitiva, deliberar y decidir sobre lo que la polis debe hacer, sobre la mejor ley, sobre a lo que a todos conviene.

LA OLIGARQUÍA ES POSIBLE INCLUSO  CON SUFRAGIO UNIVERSAL E IGUALDAD DE DERECHOS POLÍTICOS

Una democracia deliberativa, como la ateniense, es impensable sin isegoria. En términos políticos, esta igualdad de palabra era más importante para la democracia que la igualdad ante la ley, es decir, la isonomia. Es fácil entender por qué: se puede ser igual ante una ley hecha por otros. En otras palabras, puede haber una oligarkia isonomos, como ya vimos en el capítulo anterior (1). Pero hacer la ley implica hablar, discutir, proponer y decidir en la asamblea, en la cámara legislativa. Por eso, como escribe Finley, el término isegoria “era a veces empleado por los escritores griegos como sinónimo de “democracia”.

Pero la democracia les dio a los pobres más cosas aparte de la palabra. Les abrió asimismo el acceso a las magistraturas y así, ejerciendo el poder ejecutivo, tuvieron la oportunidad de acumular experiencia política, de ensayar y errar, de aprender, de ganar en prudencia. Les dio la posibilidad de gobernar y ser gobernados por turno, como hombres libres. Pero no les hizo propietarios.

Preparada a principios del siglo VI por la tiranía de Pisístrato y prefigurada por las reformas constitucionales de Clístenes en el 560 a.C., y finalmente consolidada y radicalizada por Efialtes y Pericles a mediados del siglo V, la democracia radical antigua fue un complicado sistema de autogobierno popular, repleto de eficaces mecanismos de control político y autodefensa constitucional: el sorteo, la rotación en los cargos, la rendición de cuentas, la brevedad de los mandatos, el graphe paranomon … (2)

Gracias a esos mecanismos, pudieron las gentes del común, tradicionalmente excluidas de la agenda política, defender sus intereses y necesidades seguramente mejor que en ningún otro régimen político. Por todo ello, la democracia hizo libres a esas gentes, libres de la dominación de los poderosos ricos y nobles, libres también para decidir sobre su destino colectivo.

La antigua democracia griega hizo libres a los trabajadores, libres de la dominación de los poderosos ricos y nobles, libres también para decidir sobre su destino colectivo.

Aunque no les hizo propietarios, pues, la democracia ateniense supuso la hegemonía política de los trabajadores libres, de los ciudadanos pobres, de los que vivían de su trabajo y ganaban un jornal. Demokratia significó así la quiebra de la alianza histórica -e históricamente dominante- entre la espada y el dinero, entre riqueza y poder político, entre monopolio económico y control de los recursos públicos del Estado.

EL TRONCO PRINCIPAL DEL REPUBLICANISMO HISTÓRICO NO FUE NUNCA DEMOCRÁTICO, SINO OLIGÁRQUICO

Esa es la esencia política de la democracia. Cabe añadir que ésta, la democracia, es la esencia programática de la izquierda. Y a través de inciertos vericuetos, sobreponiéndose a frecuentes fracasos, asomando con timidez o vigorosamente reinstaurada aunque, a la postre, siempre vencida, la democracia llega hasta el mundo moderno, y su presencia o latencia, la esperanza que despierta o la amenaza que esconde -depende de la óptica de clase desde la que se mire-, lo acaban marcando.

Sin embargo, el tronco principal del republicanismo, antiguo y moderno, ya lo he dicho, no fue democrático, desde Aristóteles al Madison de los Papeles Federalistas, desde Cicerón a Guicciardini, desde Gianotti a Harrington, desde Bruni a John Adams, desde Tucídides a Kant. La gran tradición republicana de la libertad positiva y de la virtud cívica, la que pone los cimientos constitucionales del mundo moderno, no  buscó en la democracia el modelo de politeia, sino en Esparta, Roma y Venecia, ejemplos todas ellas de oligarquía.

Frente a la democracia radical, el republicanismo optó por el modelo aristotélico-polibiano de las constituciones mixtas y, ya a las puertas revolucionarias del mundo moderno, por el del gobierno representativo, este último no como forma de gobierno popular adaptada a las condiciones del Estado-nación moderno -como han pretendido algunos, Robert Dahl entre ellos- sino como alternativa al propio gobierno popular.

Con Aristóteles a la cabeza, el pensamiento político clásico y el grueso del republicanismo histórico operaron con dos dicotomías básicas: oligarquía versus democracia y tiranía versus politeia (república). La primera captaba la esencia de la democracia: la segunda permitía combatirla. El republicanismo rechazó y combatió la democracia por considerarla una tiranía de los muchos, y lo hizo en nombre de tres cosas entrelazadas, esto es, en nombre de la libertad, de la propiedad y de la virtud.

La gran tradición de la libertad y de la virtud no fue democrática, no aceptó la plena libertad de los muchos pobres ni los creyó capaces de virtud. El resto del capítulo lo dedicamos a analizar estos argumentos antidemocráticos del republicanismo.

NOTAS DEL AUTOR.- (1) Ni el sufragio universal garantiza la plena igualdad política ni elimina las fronteras internas con las que la ciudadanía se estratifica y segmenta. Los hechos demostraron que la isonomía, la igualdad de derechos civiles y políticos, no es lo mismo que democracia. Tan sólo es una condición necesaria, mas nunca suficiente. En otras palabras, puede haber perfectamente una élite en el poder, una oligarquía, mantenida no ya pese a la perfecta igualdad de derechos políticos sino incluso gracias a ella. Existe, pues, la posibilidad de una oligarquía isonómica (o. c., pág.112). (2) El graphe paranomon era una causa pública que cualquier ciudadano podía iniciar contra cualquier rethor (u orador) que planteara ante la Asamblea una medida considerada anticonstitucional, aun cuando ya hubiera sido aprobada por la misma Asamblea. En ese caso, el psephisma o decreto era inmediatamente suspendido hasta que la causa fuera atendida por el Tribunal Popular. Como escribe Elster, “todos los sistemas necesitan instrumentos para hacer controlables a los individuos por sus acciones. El sistema ateniense era inusual  en la medida en que también los hizo controlables por sus propuestas“.

* * *

ANDRÉS DE FRANCISCO, Ciudadanía y democracia, capítulo IV, La “república” de los ricos contra la “democracia” de los pobres (1ª parte). Catarata, 2007. FD, 24/10/2007.

7 comentarios »

  1. Jesús Nava:

    A la luz de este artículo, ¿se entiende mejor ahora lo que quería decir de ciertos sedicentes republicanos y seudodemócratas, cuando los denunciaba como abogados de una república oligárquica? Si un partido político por la democracia, nacido de la sociedad civil, y que reúne a una minoría de ciudadanos/as afines y motivados, no puede organizarse y funcionar democráticamente, olvidémonos de conseguir la democracia para un pueblo o un país entero.

    De ahí que mi objetivo a corto plazo sea constituir ese partido demócrata y democrático, y dirigirme a los ciudadanos, los únicos con los que pienso pactar los términos, los medios y las estrategias con que podremos alcanzar la libertad democrática.

    No es preciso, en absoluto, entrar en la lid electoral ni participar de las prebendas del sistema. La desobediencia civil organizada, será inmensamente más eficaz, aunque exigirá enormes sacrificios personales.

    Luchar por la democracia no es como jugar a la petanca, no es divertido. Veremos de lo que son capaces todos esos puristas y puritanos que ya han descalificado mi proyecto antes de alumbrarlo. Porque no solicitaremos la democratización del sistema, la exigiremos a cara de perro. Y los perros del poder no sólo ladran, muerden.

    El pueblo llano será nuestro electorado, la calle será nuestra urna. Pero para llegar a eso habrá que averiguar antes cuántos españoles valientes y honestos están dispuestos a dejar de hablar de democracia y pelear por ella. Por eso queremos asociarlos políticamente, con caras, nombres y apellidos.

    Salud y democracia.

  2. Lino:

    Hola Jesús

    Pero para llegar a eso habrá que averiguar antes cuántos españoles valientes y honestos están dispuestos a dejar de hablar de democracia y pelear por ella>/i>

    Recuerdo que deciamos lo mismo cuando empezabamos con la ALCD. Así que creo que este es el problema de verdad, cuanta gente desea la democracia, cuanta gente es consciente de que no la hay. Si se intenta llegar a ella con un partido o una asociación me parece que es secundario.

    Saludos

  3. Jesús Nava:

    Así es, Lino. De hecho, las asociaciones ciudadanas por la democracia y un partido demócrata, sirven a los mismos objetivos. Como ya he dicho, pienso que la diferencia es de eficacia y de eficiencia de los esfuerzos. Y que, en el caso del partido, las mismas personas que trabajan por difundir en la sociedad la idea de la democracia, serán las que tendrán que asumir las responsabilidades de guiar al pueblo hacia su autogobierno.

    Creo también que las asociaciones ciudadanas deberían preguntarse quién se beneficiará de sus esfuerzos. La asociación creada por Pío Moa en Internet fue un intento fallido, según su propia confesión, y además llegó a la conclusión de que los beneficiados por su trabajo estaban siendo “los señoritos del PP”. Los mismos que se aprovechan de la lucha de las víctimas del terrorismo.

    Por último, no es justo para los ciudadanos que ofrezcamos como alternativa a un régimen de poder una asociación cultural o, por toda estrategia, la abstención electoral. Sería como quedarse frente al muro de Berlín esperando a que se caiga, mientras nos reunimos en tertulias para hablar de lo buena que será la democracia venidera y tratando de convocar a más personas para hablar de ello. Porque ¿cómo vendrá y quién la traerá? El “muro de la vergüenza” que separa a los ciudadanos del poder político no caerá milagrosamente como las murallas de Jericó, manifestándose a su alrededor, tocando las trompetas o conminando a los okupas del poder para que se rindan. Tampoco a martillazos. Repito: se necesitan arietes, catapultas y torres para derribarlo. Y manos suficientes para manejarlos. Al menos, así es como yo lo siento.

    Saludos cordiales.

  4. Lino:

    Puede que tengas razón, en todo caso en una asociación podemos debatir acerca de como pueden ser esas herramientas que traigan la democracia, valorarlas y comprobar si van en el buen camino.

    Saludos

  5. Carlos Luís:

    Gracias de nuevo por este texto. Tan aclarador de conceptos clásicos,muchas veces evocados, pocas con precisión. Lamentablemente la sociedad actual es mucho más compleja que aquellas que dieron luz a la Democracia. Acarreamos un pesado bagaje histórico, histérico, sociológico, ideológico, económico, industrial…etc. Siento que hemos perdido nuestra naturaleza sencilla volcados en mundos artificiales. Estos han tomado naturaleza de carácter y nos conducen a un mundo pequeño y fatal. Aún así queremos creer que vivimos en la mejor posibilidad y nos negamos el dominio sobre nuestro futuro.¿Es más fuerte un sistema que el individuo?.No somos células, ni piezas de una moto. Somos humanos y como humanos tenemos el deber de conducirnos hacia un sistema superior, no de simples propiedades emergentes o sinergias, sino de conciliación entre sistema y unidad.

    En relación al tema de la oligarquías democraticas coincido contigo. Pero tiene su explicación, su razón y su momento. Básicamente la oligarquía opera por economía y eficiencia, da igual si hablamos de tiranía o democracia. Es más sencillo instruir un grupo para que determine el mundo común,
    que propagar el conocimiento necesario, a tal efecto, a todos los elementos interesados. Esto me hace pensar en política, o cualquier otro asunto, como algo leve en un mundo instruido. Algo pesado en un mundo ignorante. La oligarquía, un atajo para quienes no creen en el único futuro, el hombre.

  6. Mundo Libre Digital » DEMOCRACIA: EL GOBIERNO DE LOS POBRES, por Andrés de Francisco (I):

    [...] contra la “democracia” de los pobres (1ª parte). Catarata, 2007. [Publicado originalmente en Filosofía Digital, [...]

  7. Filosofía Digital » LIBERTAD ¿PARA QUIÉN?:

    [...] una nueva ley electoral, con elecciones uninominales y con mandato imperativo. Lee, por favor, a Andrés de Francisco, donde resalta el hecho de que el sistema representativo fue usado siempre por las oligarquías, [...]

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