EL DELEITE DE UNA VIDA INFINITA, por Rabindranaz Tagore
“En cualquier sitio donde tú me lleves, tú eres tú mismo, el único compañero de mi vida infinita, tú, que estás atando siempre mi corazón, con lazos de alegría, a lo ignorado. La libertad no está para mí en la renunciación. Yo siento su abrazo en infinitos lazos deleitables. No, nunca cerraré las puertas de mis sentidos. Los deleites de mi vista, de mi oído y de mi tacto, soportarán tu deleite. Todas mis ilusiones arderán en fiesta de alegría, y todos mis deseos madurarán en frutos de amor”.
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ESTÁS ATANDO SIEMPRE MI CORAZÓN CON LAZOS DE ALEGRÍA
Tú me has traído amigos que no me conocían. Tú me has hecho sitio en casas que me eran extrañas. Tú me has acercado lo distante y me has hermanado con lo desconocido.
Mi corazón se me inquieta si tengo que dejar mi albergue acostumbrado. Olvido que lo antiguo está en lo nuevo, que en lo nuevo vives también tú.
En el nacimiento y en la muerte, en este mundo o en otro, en cualquier sitio donde tú me lleves, tú eres tú mismo, el único compañero de mi vida infinita, tú, que estás atando siempre mi corazón, con lazos de alegría, a lo ignorado.
Pero cuando se te conoce, nadie es extranjero, ninguna puerta está cerrada. ¡Señor, concédeme esto que te pido: que yo no pierda nunca la felicidad de encontrar lo único en este juego de lo diverso!
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DAME FUERZA
Mi oración, Dios mío, es esta:
Hiere, hiere la raíz de la miseria en mi corazón.
Dame fuerza para llevar ligero mis alegrías y mis pesares.
Dame fuerza para que mi amor dé frutos útiles.
Dame fuerza para no renegar nunca del pobre, ni doblar mi rodilla al poder del insolente.
Dame fuerza para levantar mi pensamiento sobre la pequeñez cotidiana.
Dame, en fin, fuerza para rendir mi fuerza, enamorado, a tu voluntad.
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TU MUNDO TEJE PALABRAS EN MI PENSAMIENTO
¿Qué divina bebida quieres tú, Dios mío, de esta rebosante copa de mi vida?
Poeta mío, ¿te encanta ver la creación con mis ojos; oír, silencioso, en los umbrales de mis oídos, tu propia armonía eterna?
Tu mundo teje palabras en mi pensamiento, y tu alegría las hace más melodiosas. Te me das, enamorado, y luego sientes toda tu propia dulzura en mí.
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TU CULTO NO EMPOBRECE EN NADA EL MUNDO
Los regalos que nos das colman nuestras necesidades, y, sin embargo, vuelven a ti sin perder nada.
El río cumple su trabajo cotidiano, corriendo entre campos y aldeas; pero su corriente incesante serpentea hacia ti para lavarte los pies.
La flor endulza el aire con su aroma; pero su último servicio es ofrecerse a ti.
Tu culto no empobrece en nada el mundo.
Las palabras del poeta dan a cada hombre el sentido que ellos quieren; pero su sentido definitivo va hacia ti.
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LA LIBERTAD NO ESTÁ PARA MÍ EN LA RENUNCIACIÓN
La libertad no está para mí en la renunciación. Yo siento su abrazo en infinitos lazos deleitables.
Siempre estás tú escanciándome, llenándome este vaso de barro, hasta arriba, con el fresco brebaje de tu vino multicolor, de mil aromas.
Mi mundo encenderá sus cien distintas lámparas en tu fuego, y las pondrá ante el altar de tu templo.
No, nunca cerraré las puertas de mis sentidos. Los deleites de mi vista, de mi oído y de mi tacto, soportarán tu deleite.
Todas mis ilusiones arderán en fiesta de alegría, y todos mis deseos madurarán en frutos de amor.
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¿SE PIERDE EL TIEMPO ALGUNA VEZ?
¡Cuántos días ociosos he sentido pena por el tiempo perdido! Pero ¿ha sido perdido alguna vez, Señor? ¿No has tenido tú mi vida, cada instante, en tus manos?
Escondido en el corazón de las cosas, tú nutres las semillas y las tornas en brotes, y los capullos en flores, y las flores en frutos.
Estaba yo dormitando, rendido, en mi lecho ocioso, y pensaba que no hacía cosa alguna. Cuando desperté, en la mañana, vi mi jardín lleno de flores maravillosas.
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EL TIEMPO ES INFINITO EN TUS MANOS, TÚ SABES ESPERAR
El tiempo es infinito en tus manos, Dios mío. ¿Quién podrá contar tus minutos?
Pasan días y noches, se abren los años y luego se mustian, como flores. Tú sabes esperar.
Tus siglos vienen, uno tras otro, perfeccionando la florecilla del campo.
Pero nosotros no podemos perder nuestro tiempo, y tenemos que echarnos de cabeza a nuestras ocasiones. ¡Somos demasiado pobres para llegar tarde!
Y así, el tiempo se va mientras yo se lo estoy dando a los otros que, irritados, lo reclaman. Y así tu altar está sin una sola ofrenda.
Por la tarde, me apresuro temeroso, no vaya a estar cerrado tu portal. Pero siempre llego a tiempo.
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RABINDRANAZ TAGORE, Ofrenda lírica. Obra escogida, Aguilar, 1981. Traducción de Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez. [FD, 12/07/2007]
3 comentarios »
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July 12th, 2007 @ 8:24 am
Magnífico!!!
Gracias.
July 19th, 2007 @ 9:50 pm
Y ahora, no necesito más que volver a este blog que habla de Amor, de sabiduría, de calma, de cultura con todos los Hombres Grandes que se expresan aquí.
Gracias por todo lo que usted propone en esta página: Filosofía Digital.
En este momento de mi vida es lo que necesito:lecturas que me ayuden a sobrevivir.
Con mi amistad muy fuerte.
July 30th, 2007 @ 5:39 pm
Gracias por tan hermosa entrega.
El tiempo de Dios es perfecto. Está incluido en mi lista de sitios preferidos. Saludos. Raiza