CALVINO ERA ATEO, COSA QUE YO NUNCA SERÉ, por Thomas Jefferson
“Jamás podré coincidir con Calvino cuando se refiere a su Dios. El era, en verdad, ateo, cosa que yo nunca seré, o más bien, su religión era diabólica. A decir verdad, creo que todas las sectas cristianas cooperan mucho con el ateísmo con ese su dogma general de que sin revelación no habría pruebas suficientes de la existencia de Dios. Yo sostengo, por el contrario (sin recurrir a la revelación) que cuando observamos el universo, es imposible que la mente humana no perciba y sienta, en sus partes generales o particulares, la convicción de un designio, una destreza consumada y un poder infinito en cada átomo que lo compone”.
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Jamás podré coincidir con Calvino cuando se refiere a su Dios. El era, en verdad, ateo, cosa que yo nunca seré, o más bien, su religión era diabólica. Si algún hombre ha rendido culto a un Dios falso, ese hombre fue él.
LAS SECTAS CRISTIANAS COOPERAN MUCHO CON EL ATEÍSMO
El ser descrito en sus cinco puntos no es el Dios que vos y yo reconocemos y adoramos, el Creador y benévolo Gobernador del mundo; sino un demonio de espíritu maligno. Sería más perdonable no creer en ningún Dios que blasfemar de Él con los atroces atributos de Calvino.
A decir verdad, creo que todas las sectas cristianas cooperan mucho con el ateísmo con ese su dogma general de que sin revelación no habría pruebas suficientes de la existencia de Dios. Parece que actualmente sólo es cristiana una sexta parte de la humanidad; ¡entonces, los otros cinco sextos, que no creen en la revelación judía y cristiana, no tienen conocimiento de la existencia de Dios!
Esto otorga un gain de causa [da la razón, otorga la victoria] total a los discípulos de Ocellus, Timeo, Spinoza, Diderot, D’Holbach. El argumento en que se apoyan, considerándolo triunfal e irrebatible, es que en toda hipótesis de una cosmogonía hay que reconocer la eterna preexistencia de algo; y, conforme a una regla de buena filosofía, nunca deben emplearse dos principios para resolver una dificultad cuando uno solo es suficiente.
Dicen entonces que es más simple creer de una vez en la eterna preexistencia del mundo, tal como es ahora y quizá siga siendo para siempre por el principio de reproducción que vemos y atestiguamos, que creer en la eterna preexistencia de una causa ulterior, o Creador del mundo, un Ser al que ni vemos ni conocemos, cuya forma, sustancia y modo, o lugar de existencia, o de acción, no percibimos por ningún sentido, ni ningún poder de la mente nos permite delinear o comprender.
Yo sostengo, por el contrario (sin recurrir a la revelación) que cuando observamos el universo, es imposible que la mente humana no perciba y sienta, en sus partes generales o particulares, la convicción de un designio, una destreza consumada y un poder infinito en cada átomo que lo compone.
HAY UN DESIGNIO, UNA DESTREZA CONSUMADA Y UN PODER INFINITO EN CADA ÁTOMO DEL UNIVERSO
Los movimientos de los cuerpos celestes, tan exactamente mantenidos en su curso por el equilibrio de fuerzas centrífugas y centrípetas; la estructura misma de nuestro globo, con su distribución de tierra, agua y atmósfera; los cuerpos animales y vegetales, examinados en sus más diminutas partículas; los insectos, meros átomos de la vida y sin embargo tan perfectamente organizados como el hombre o el mamut; las sustancias minerales, su generación y usos; es imposible, digo, que la mente humana no crea que hay en ello designio, causa y efecto, remontándose hasta una causa última, un Fabricante de todas las cosas a partir de la materia y el movimiento, su Preservador y Regulador mientras se les permite que existan en su forma actual y se generan en formas nuevas y distintas.
Vemos también pruebas evidentes de la necesidad de un superintendente que mantenga el universo en su orden y su curso. Han desaparecido estrellas bien conocidas y han aparecido otras nuevas; los cometas, en sus cursos incalculables, pueden chocar con soles y planetas y necesitar una renovación conforme a leyes distintas; algunas razas de animales se han extinguido; y, si no hubiera un poder restaurador, todas las existencias podrían extinguirse sucesivamente, una por una, hasta que todo quedara reducido a un caos informe.
Tan irresistibles son estas pruebas de la existencia de un Agente inteligente y poderoso que, del número infinito de hombres que han existido a lo largo del tiempo, una proporción de un millón por uno, como mínimo, han creído en la hipótesis de una eterna preexistencia de un Creador antes que en un universo que existe por sí mismo.
Este sentimiento unánime lo hace, sin duda, más probable que el de los pocos de la otra hipótesis. Algunos de los primeros cristianos, ciertamente, creyeron en la preexistencia coeterna del Creador y del mundo, sin cambiar su relación de causa y efecto. [...] [Carta a John Adams, Monticello, 11 de abril de 1823]
THOMAS JEFFERSON, Autobiografía y otros escritos, Editorial Tecnos, 1987. Traducción de A. Escohotado y M. Sáenz de Heredia.
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August 19th, 2007 @ 6:17 pm
A medida que voy leyendo la selección de documentos y cartas de Jefferson incluidos en “Autobiografía y otros escritos”, y publicados por Tecnos, más crece mi admiración por este demócrata radical y más me reconozco en su filosofía política.
Si ahora publico este fragmento sobre religión de una de sus cartas a John Adams es para mostrar cuán falsa es la acusación de ateísmo que arrojaron sobre él y lo absurdo de los temores, cuando llegó a la Presidencia de los Estados Unidos, de las ancianas pietistas que escondían sus Biblias porque había ganado “El Ateo”.
Jefferson fue siempre un campeón en la lucha por los derechos naturales del hombre y del ciudadano, lo que incluía la defensa a ultranza de la libertad de religión y de pensamiento. Nunca los intereses de los pietistas protestantes americanos estuvieron mejor defendidos que cuando gobernó este filósofo deísta y político republicano de Virginia.
Aunque discrepo de su metafísica (yo no soy ateo, pero tampoco deísta), comparto totalmente su apreciación sobre Calvino. Aun siendo protestante, siempre consideré al dictador de Ginebra un monstruo que concibió a sus veintiséis años un dios tan monstruoso como su propia alma de tirano y homicida. No hay excusa posible para quienes se declaran calvinistas. En cambio, les bastaría con ser simplemente cristianos.
August 19th, 2007 @ 7:56 pm
Hola Jesús, creía que habías desaparecido. Me algra ver que sigues con tu apasionada inquietud de la formación de los EUA.
Respecto a lo de ateo, he comprobado como existe una gran confusión en su definición. En la wikipedia dan varias opciones, pero en general, se piensa que es ateo, ¡el que no se confiensa seguidor o practicante de niguna religión en concreto!
Es decir, no se concibe una creencia personal, que consiste en admirar las maravillas de la creación y los insondables misterios que esconden, que no requiere la adoración de imágenes o simbolos de cualquier tipo, ni el seguimiento de dogmas estrictos.
Saludos
August 20th, 2007 @ 12:33 am
No, hombre, no he desaparecido, ya ves. Es sólo que, de vez en cuando, hago un alto en el camino y me replanteo todo, hasta asegurarme de que mi brújula espiritual sigue señalando hacia el norte y de que no me he salido del camino. Es lo que he estado haciendo después del primer encuentro de nuestra ALCD, en Sevilla.
Me apasiona Jefferson, entre todos los padres fundadores de los Estados Unidos, porque fue el único demócrata radical del grupo. No me extraña, ahora que lo voy conociendo un poco, que Tocqueville le declarara “el más grande demócrata de todos los tiempos”. Lo fue, sin duda. Y creo que, siguiendo la pista de lo que él llamó “el experimento americano”, para intentar construir una nación libre y democrática, sin ninguna garantía de éxito, podremos inspirarnos para hacer de una nación como España -que ya existe desde hace siglos- un pueblo igualmente grande y feliz.
Respecto al ateísmo, en efecto, hay tantas modalidades como definiciones de Dios. Cada cual tiene la suya. Pero yo diría que quien afirma la existencia de una Naturaleza infinita y eterna, causa inmanente de todas las cosas, y distinta aunque no distante de ellas, no puede ser tachado de ateo, ni tampoco presumir de serlo. Por más que niegue los dioses imaginarios de los creyentes y se mantenga al margen del folclore religioso de cultos, ceremonias y dogmas.
La certeza de la eternidad de la vida y el sentimiento de que hay en nosotros algo igualmente eterno, es para mí religión. Y a la sustancia de la vida y del universo, la llamo Dios. Como tú bien dices, la gente ha perdido su capacidad de asombro ante el prodigio de la naturaleza infinita que se prodiga en infinitas formas, de infinitos modos. Creen, ¡eso sí que me resulta asombroso!, que su propia inteligencia, aunque sea escasa, es fruto de una Naturaleza estúpida.
Pero, en fin, como decía Madariaga, el ateo es como un edificio incompleto al que le falta un piso. Precisamente aquel que mejor perspectiva y claridad de visión permite tener de la vida y de uno mismo. El ateo, lo siento, es ciego para lo esencial, y así va por la vida, con la mirada perdida, sin jamás poder divisar un horizonte de eternidad. ¡Lástima! Porque la pérdida es irreparable.
Un cordial saludo.
August 22nd, 2007 @ 12:12 pm
Dices: “El ateo, lo siento, es ciego para lo esencial, y así va por la vida, con la mirada perdida, sin jamás poder divisar un horizonte de eternidad. ¡Lástima! Porque la pérdida es irreparable.”
Si la pérdida del horizonte es para toda la eternidad, que ímporta la lástima de dejar el “Ser”.
“Ser” solo tiene sentido humano en la temporalidad de la existencia.
August 22nd, 2007 @ 6:03 pm
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August 23rd, 2007 @ 1:14 am
¡Cómo no va a importar, amigo, ser ciego en un mundo de videntes! El que nace ciego, y ciego permanece, nunca será consciente de lo que se pierde, y tal vez sea mejor así. Pero el que habiendo sido curado de la ceguera, ahora ve, ese no cabrá en sí de dicha, aunque su gozo esté enturbiado levemente por la tristeza de saber que muchos aún permanecen en aquel su primitivo estado, privados de luz.
Naturalmente, me refiero al sentido de la vista que más importa: el espiritual, pues para ver a Dios y contemplar las cosas eternas no hacen falta ojos, sino entendimiento.
La “existencia” es temporal, ciertamente, pues habitamos cuerpos mortales, que tarde o temprano cederán su aliento. Pero la flecha del tiempo sólo da sentido al movimiento. El verdadero sentido de la vida sólo se alcanza cuando sentimos y experimentamos que nuestra “esencia” es eterna.
Por eso, si nos creemos criaturas del Tiempo, en vez de hijos del Eterno, pasaremos nuestra breve y miserable existencia, frustrados y amargados, sin averiguar jamás el verdadero sabor de la vida. Y ¿a qué sabe la vida? La vida -diría Alain- sabe a felicidad, como la fresa sabe a fresa. ¿No es una lástima morir sin haber vivido?
Un saludo cordial.
September 28th, 2007 @ 1:51 am
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