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"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

RELIGIONES DIABÓLICAS Y ESPÍRITUS MALIGNOS, por Jesús Nava

Archivado en: -CATECISMO FILOSÓFICO — October 10, 2009 @ 1:44 pm

“El amor siempre nos permite distinguir con claridad el trigo religioso de la cizaña supersticiosa. Las personas realmente religiosas son benignas y pacíficas. No adoran a Dios en los templos, sino en espíritu y en verdad. Se han sacudido las cadenas sacerdotales y deciden por sí mismos lo que es justo. No persiguen ni lapidan a las adúlteras, ni a los homosexuales, ni a los ladrones, ni a los blasfemos, pues no sólo no los condenan, sino que ni siquiera los juzgan. No someten a las mujeres, las aman. No adoctrinan a los niños, los ayudan a hacerse hombres y mujeres íntegros. Desprecian las riquezas, que siempre son injustas. Trabajan con sus manos para tener qué compartir con el que padece necesidad. No abandonan jamás a los suyos en la vejez, la enfermedad o la pobreza, pues no podrían convivir con tamaña ingratitud. Se sienten más dichosos al dar que al recibir. Y si sufrieran la desventura de tener que gobernar a otros hombres, lo harían como simples servidores, nunca como dominadores”.

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El último sermón que prediqué, hace ya muchos años, ante unos cientos de protestantes de varias denominaciones y unos doce pastores, lo titulé “El amor: misterio y ministerio”, e intenté trasmitir a los presentes la necesidad de que el Evangelio, para conseguir alguna influencia en el mundo moderno, debería volver a ser, tal como Cristo lo quiso, un mensaje de amor, alegría y libertad para toda la humanidad, aunque para ello hubiere que purgarlo de todas las supersticiones y dogmas absurdos que se le añadieron a lo largo de siglos hasta hacerlo irreconocible.

CUALQUIERA QUE CONSIDERA UN SERVICIO DIVINO MATAR AL PRÓJIMO NO CONOCE A DIOS

Sabiendo muy bien a qué público me dirigía, recordé aquellas palabras finales de Jesús a sus discípulos más íntimos, advirtiéndoles de las persecuciones que les sobrevendrían: “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen ni al Padre ni a mí” (Juan 16:2-3).

Cuadro que representa la ejecución de Servet ordenada por Calvino.

A renglón seguido, tratándose de protestantes, no les hablé de la criminal Inquisición católica, de triste memoria, sino de LuteroCalvino, como ejemplo de supuestos “varones de Dios” que, aunque fueran eminencias teológicas y líderes natos, nunca conocieron a Dios ni tuvieron el espíritu o mente de Cristo, pues de otra forma ni el dictador de Ginebra hubiera ordenado la muerte de Miguel Servet ni el monje agustino la de los campesinos alemanes.

De la maldad de Calvino poco puedo decir, como no sea que, al igual que Jefferson, considero que “su religión era maligna”, su dios un tirano y él mismo, en la práctica, un ateo. Pero de Lutero tal vez muchos desconozcan sus escritos políticos donde se pueden hallar soflamas como esta, contra la rebelión del campesinado alemán: “Quien pueda ha de abatir, degollar o apuñalar al rebelde, en público o en privado, y ha de pensar que no puede existir nada más venenoso, nocivo y diabólico que un rebelde; ha de matarlo igual que hay que matar a un perro rabioso; si tú no lo abates, te abatirá a ti y a todo el país contigo”. Y añadió un poco más adelante: “El que pueda, que apuñale, raje, estrangule; y si mueres en esa acción, bienaventurado tú, pues jamás alcanzarás una muerte más dichosa. Mueres en la obediencia a la palabra y al mandato de Dios” (1). 

Abatir, degollar, apuñalar, rajar, en público o en privado”, “no hay nada más venenoso, nocivo o diabólico que un rebelde”, “y si mueres en esa acción, bienaventurado tú, pues jamás alcanzarás una muerte más dichosa”, ¿no son las mismas abyectas invectivas y promesas con que se jalea hoy a los “soldados de Alá” para inducirles a matar infieles?

Cuando los campesinos alemanes, capitaneados por el visionario Thomas Müntzer, fueron aplastados en la batalla de Frankenhausen, Lutero fue tachado de “adulador de príncipes” por haber animado a los señores a usar toda su fuerza contra el pueblo llano. Recalcitrante, se ratificó en su crueldad inhumana con estas palabras: “Lo que entonces escribí lo vuelvo a escribir ahora: que nadie tenga misericordia de los campesinos contumaces, obstinados y obcecados, que no se dejan decir nada; el que pueda, y como pueda, que les pegue, los hiera, los degüelle, los muela a palos, como a perros rabiosos… Con el puño hay que contestar a estos bocazas, que les salte la sangre de las narices… Hubo que abrirles las orejas con balas de arcabuz y las cabezas saltaron por los aires; para tal alumno tal palmeta. Quien no quiere escuchar la palabra de Dios por las buenas, escuchará al verdugo con la hoja” (2). ¡Qué lenguaje tan edificante en un teólogo! ¡Qué corazón tan sensible en un reformador! ¿Quién era aquí el perro rabioso, el obstinado y el obcecado? Máxime cuando las reclamaciones de los “rebeldes”, meros trabajadores del campo, eran tan naturales como legítimas.

ESA CLOACA DE PASIONES QUE ES EL ALMA DEL HOMBRE ES EL AUTÉNTICO INFIERNO DONDE ANIDAN TODOS SUS DEMONIOS

Así pues, seamos o no religiosos, los que no somos espiritualistas, y por lo tanto no creemos, como el apóstol Pablo, que el aire esté lleno de diablos y espíritus, nos vemos obligados a reconocer que, de hecho, existen religiones diabólicas y espíritus malignos. ¿Cómo puede ser esto? Pues que, como diría Spinoza, “nosotros no tenemos, como otros, necesidad de suponer la existencia de los demonios para hallar las causas del odio, la envidia, la ira y otras pasiones similares, puesto que hemos encontrado suficientes sin tales ficciones” (Tratado Breve, xxv).

En efecto, esa “cloaca de pasiones” que es el alma del hombre, constituye el verdadero y auténtico infierno, donde habitan todos sus demonios: el odio, la ira, la envidia, la arrogancia, el egoísmo y otros malos sentimientos de la misma ralea. 

No hay odio más cruel y profundo que el odio religioso, aunque el odio ideológico le vaya inmediatamente a la zaga y compita con él por el primer puesto. Oír hablar hoy, llenos de rencor, a ciertos extremistas musulmanes, nos produce una sensación entre penosa e indignante; pero el mundo occidental, de tradición cristiana, sea católica o protestante, no debería olvidar jamás que sus líderes religiosos y políticos, durante siglos, usaron contra el  “moro infiel” el mismo lenguaje incendiario, despótico y homicida. Y la espada sanguinaria acompañaba al discurso, siempre que podía, y podía casi siempre.

El lenguaje empleado por Lutero para inducir a degollar a los campesinos alemanes rebeldes nada tiene que envidiar al empleado por los fanáticos soldados de Alá.

El odio es un mal sentimiento, lleno de energía emocional destructiva, que se incrementa con un odio recíproco. Y jamás será derrotado por las abstracciones intelectuales del ateísmo, el agnosticismo o el racionalismo, porque carecen de fuerza espiritual o moral que oponerle. El odio sólo puede ser vencido -aunque no siempre- por la generosidad del amor. Un amor que nos permite distinguir con claridad el trigo religioso de la cizaña supersticiosa. 

Las personas realmente religiosas son benignas y pacíficas. No adoran a Dios en los templos, sino en espíritu y en verdad. Se han sacudido las cadenas sacerdotales y deciden por sí mismos lo que es justo. No persiguen ni lapidan a las adúlteras, ni a los homosexuales, ni a los ladrones, ni a los blasfemos, pues no sólo no los condenan, sino que ni siquiera los juzgan. No someten a las mujeres, las aman. No adoctrinan a los niños, los ayudan a hacerse hombres y mujeres íntegros. Desprecian las riquezas, que siempre son injustas. Trabajan con sus manos para tener qué compartir con el que padece necesidad. No abandonan jamás a los suyos en la vejez, la enfermedad o la pobreza, pues no podrían convivir con tamaña ingratitud. Se sienten más dichosos al dar que al recibir. Y si sufrieran la desventura de tener que gobernar a otros hombres, lo harían como simples servidores, nunca como dominadores.

EL NUEVO EVANGELIO DE LA LIBERTAD Y LA FRATERNIDAD NO EXIGE EL SACRIFICIO DE LA INTELIGENCIA O LA RAZÓN

Por el contrario, el que posee -o es poseído por- un espíritu maligno y lleva la guerra en el alma, que no se engañe a sí mismo, pues no es un servidor del bien, sino un esclavo del mal. Y la religión del tal es rastrera, animal, diabólica, una coartada para los perversos sentimientos que alberga en su negro corazón.

Pero si, frente a las hordas de los últimos bárbaros, Occidente pretende difundir por el mundo los principios de la libertad, que empiece por liberarse a sí mismo de sus propios grilletes. Sólo la verdad nos hace libres. Pero no una verdad trascendente, administrada por curas, pastores, rabinos o ayatolás, sino la verdad inmanente que anida en la naturaleza misma de las cosas y, sobre todo, en el fondo del alma humana.

La católica España, martillo de herejes, cuna de la Inquisición, inventora del jesuitismo y del nacionalcatolicismo, más papista que el papa, es tal vez el primer país de la Europa poscristiana que necesita una revolución espiritual, moral, cultural, social y hasta política, no basada precisamente en su antigua fe judeocristiana, ya marchita y anacrónica, sino en los derechos naturales del hombre y del ciudadano, que después de la revoluciones americana y francesa, se han convertido -como dijo Thomas Paine- en “algo tan nuevo y tan trascendentalmente sin igual, en el mundo europeo, que el nombre de revolución disminuye su carácter, pues se eleva hasta una regeneración del hombre”.

He aquí una buena noticia, un nuevo evangelio que, mientras sepa mantenerse al margen de fanatismos de toda laya, será capaz de suscitar en todos los hombres y mujeres del mundo sus mejores sentimientos y sus más nobles ideales, y que para ser creído no exige el sacrificio de la inteligencia o la razón, sino únicamente el del egoísmo individualista, la envidia estéril y el odio homicida.

Las cosas son así: el que quiera mejorar el mundo que empiece por mejorarse a sí mismo; porque, de lo contrario, aunque los dioses depositaran graciosamente la verdad en sus manos, acabaría por corromperla y convertirla en ortodoxia, ideología o superstición al servicio de la doma del hombre. Tal como dijo Rousseau: “Todo es perfecto cuando sale de las manos de Dios, pero todo degenera en las manos del hombre… Mezcla y confunde los climas, los elementos y las estaciones, mutila su perro, su caballo y su esclavo; lo turba y lo desfigura todo; ama la deformidad, lo monstruoso; no quiere nada tal como ha salido de la naturaleza, ni al mismo hombre, a quien doma a su capricho, como a los árboles de su huerto”. 

Trabajemos, pues, por regenerar al hombre degenerado, y a todo aquello cuya naturaleza ha desfigurado al tocarlo.

FD, 22/08/2007

* *

NOTAS.- (1) Contra las bandas ladronas y asesinas de los campesinos (1525). Escritos políticos de Martín Lutero, Tecnos, 1990. (2) Carta sobre el duro librito contra los campesinos (1525), o.c. 

9 comentarios »

  1. Lino:

    Hola Jesús. Apuesto algo a que con este (estupendo) artículo te has desahogado un montón. Me alegro.

    Saludos

  2. Lino:

    Aquí estoy de nuevo.

    En el comentario anterior me refería a la implicación personal en los conceptos que explicas, que intuyo forman parte de las algunas decisiones importantes que has tenido que dar en tu andadura como ser humano, y que al contarla aquí, desahogas en cierta medida tal vez alguna carga emocional acumulada. Algo normal, vamos.

    Pero sobre todo el último párrafo es que que define el punto actual, el de la necesidad de renovación en España, y el que desembocó en su día en la ALCD.

    Punto al cuál, «milagrosamente», hemos coincidido varias personas, y al menos yo, pero seguro que somos más, me congratulo de caminar juntos en esa aventura.

    Saludos

  3. Jesús Nava:

    Seguramente tienes razón, Lino, aunque el artículo me lo sugirió la entrevista de Dawkins al musulmán del vídeo, justo después de publicar el artículo de Jefferson en el que empieza mencionando la “maligna religión” de Calvino.

    No obstante, en “Catecismo filosófico” -sección que he tenido, al igual que las otras, muy abandonada durante el último año, para ocuparme de filosofía política-, hablaré de religión, y de religiones.

    El verdadero desahogo fue el día que solté el discurso, que fue perfectamente premeditado. Las únicas felicitaciones las obtuve de uno de los pastores presentes, al que le pregunté: “¿Estás seguro de que te ha gustado lo que he dicho?”, y me contestó que sí (tal vez fuera sincero); y de un amigo periodista, agnóstico, que me dijo: “Otro sermón como éste y hasta yo me haría cristiano”. Sonreí y sólo acerté a decirle: “No se trata de eso, hombre”, pues en realidad sólo pretendía que los protestantes “evangélicos” se convirtieran al Evangelio, y volvieran “a su primer amor”. En fin, jerga de protestantes.

    Gracias por tu comentario y un abrazo.

  4. Jesús Nava:

    Capté bien el sentido de tu primer comentario, Lino, porque sé que eres muy perceptivo y sabes leer entre líneas. En efecto, he vertido en este post sentimientos e ideas con las que siempre estuve -y sigo estando- firmemente comprometido. Porque las creencias, que no son más que opiniones, pueden y deben cambiar a medida que progresamos en conocimiento, pero los principios, cuando son auténticos, tienen su raíz en nuestra forma de ser, y no podemos renunciar a ellos sin traicionarnos a nosotros mismos. Cuando era cristiano y predicador sentía como ahora; ahora que no lo soy, sigo sintiendo como entonces. Me refiero, por supuesto, a los sentimientos profundos del corazón, no a las seductoras, pero inseguras, sugerencias de la imaginación.

    No hay nada de extraordinario, pues, en que algunas personas, de tan distintas trayectorias y experiencias, hayamos coincidido en nuestro propósito de regeneración para el país, porque así funcionan las cosas: no elegimos nuestro destino, sino que él nos elige a nosotros; ni elegimos a nuestros amigos, pues los encontramos por afinidad electiva.

    Yo también me alegro de compartir contigo esta aventura y me siento orgulloso de poder contarte entre mis amigos.

    Otro abrazo.

  5. Filosofía Digital » CREENCIAS Y PRINCIPIOS:

    [...] Comentario y respuesta en RELIGIONES DIABÓLICAS Y ESPÍRITUS MALIGNOS [...]

  6. Jorge:

    Necesito una respuesta. Hace tiempo yo vi algo extrano vi por el cristal un senor alto cun una capa negra y un sobrero negro. Y no se ve la cara de esa persona. Mi hermana y mi primas o an visto. Ayer mi hermana fue a la iglesia un muchacho estaba hablando de esa persona que el a visto. Por favo dirme quie es esa persona.

  7. Jesús Nava:

    Por favor, Jorge, vete al médico y cuéntaselo.

    Un cordial saludo.

  8. niniveth alarcon torres:

    YO siempre voy a agradecer a alguien que se preocupa por los demás; si dios lo ve todo, sé que él, más que nadie, sabe lo que le sucede a cada persona de este mundo, ya que somos su producto. Pienso que las cosas se salieron de donde tenían que estar; por lo tanto, esto esta mal, y la verdad no sé a dónde vamos a llegar. Espero que dios venga pronto; por lo tanto yo hago lo que puedo por los que me aman, y por mis hijos para que sean buenas personas.

  9. victor:

    El mundo espiritual existe, por lo tanto es real.
    Asi como el aire, las ondas electromagneticas que las podemos sentir pero no ver.
    El Dios Supremo es el que nos gobierna, con su amor infinito hacia nosotros nos proporciona todo lo que deseamos; pero es el ser humano con su egoismo, con su maldad, con su intolerancia y con su desprecio hacia los demas seres ,es quien a creado este caos en el cual se encuentra este mundo.
    Somos tan egoistas que pensamos que somos los unicos que existimos en este inmenso universo.

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