LA ÚNICA RESPUESTA INTELIGENTE, por Jesús Nava
-Comentario-
En 1939, G. Devereux, etnopsiquiatra hoy bien conocido, propuso una teoría sociológica de la esquizofrenia. En su opinión, existía una relación directa entre desorganización cultural y probabilidad de convertirse en esquizofrénico. La civilización occidental, según él, no puede ser aprehendida de manera sintética por el individuo, lo que provoca dificultades de orientación y favorece la psicosis.
El hombre desorientado, incapaz de asociarse a un conjunto cultural coherente (en su contenido y su proyecto, procede a “extrapolaciones rápidas” que le llevan hacia un pensamiento abstracto que se aparta progresivamente de lo real. El esquizofrénico sería por tanto, un sujeto más particularmente marcado, en un medio enfermo en su conjunto. El esquizofrénico considera la extrapolación como el solo medio de comprender el mundo.
La civilización moderna no sufre tanto por la dictadura y las revoluciones como por una forma de esquizofrenia sociopoliticaeconómica debida a una falta de realismo y a precipitadas extrapolaciones. Ninguna estadística precisa muestra un aumento manifiesto de la esquizofrenia desde comienzos de siglo. Por el contrario, la patología psicosomática y neurótica parece cada vez más frecuente.
(El escrito de arriba es producto del ensayo de Jean Brousta “La esquizofrenia” editorial Herder 1.979.)
-Respuesta-
En Medicina, como en cualquier arte -de ciencia tiene poco-, hay teorías y escuelas para todos los gustos. Respecto a los trastornos de la conducta, o enfermedades mentales, se ha dicho -y se dice- de todo: desde que no existen -como predica Thomas Szasz- hasta que son de origen genético, ambiental, etc. Lo que ocurre, a mi entender, es que ninguna enfermedad tiene “una sola causa”, sino incontables, pues todas son el resultado de innumerables factores concurrentes: genéticos, ambientales, sociales, biográficos, etc.
La mente humana está condicionada por la educación y la cultura, y está fragmentada por naturaleza. La sociedad acentúa las contradicciones y la incoherencia entre los fragmentos. Puede llevar a un ser humano, especialmente vulnerable, a la locura. Y también puede, cuando es razonable y humana, ayudar a integrar esos pedazos de conciencia confusa, favoreciendo el desarrollo y maduración de una personalidad equilibrada.
Nuestra mente necesita orden. El desorden y la incongruencia intelectual o afectiva, la desespera y la saca literalmente de quicio: se desquicia, se vuelve loca. El orden exterior, cuando es lógico, justo, equitativo, acogedor y humanitario, nos ayuda a ensamblar mejor nuestro cerebro y a que nuestra mente se aclare. El desorden, en cambio, agrava la fragmentación.
Pero deberíamos atender menos al mundo exterior, siempre caótico y conflictivo, y más al interno, a la razón y a la intuición, al corazón en suma: potencia de la mente para ver las cosas claras y ordenar nuestros pensamientos y afectos.
Desde afuera, poco se puede hacer por los espíritus más débiles: crear una sociedad que los arrope y estimule. Pero los más afortunados deberían sacar mejor partido de la dote innata de inteligencia que han recibido. Porque sólo ella es capaz de poner un orden “natural” en nuestras vidas.
El que espere que la sociedad le solucione sus problemas espirituales o afectivos, está perdido. Ahí dentro, no fuera, está la respuesta. La única respuesta “inteligente”.
Comentario y respuesta en EL HOMBRE TRAICIONADO
1 comentario »
RSS feed for comments on this post. TrackBack URI
Deje su comentario.
Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

October 28th, 2007 @ 8:57 pm
Muy Interesante, gracias.