CREENCIAS Y PRINCIPIOS, por Jesús Nava
-Comentario-
Apuesto algo a que con este (estupendo) artículo te has desahogado un montón. Me alegro. Me refería a la implicación personal en los conceptos que explicas, que intuyo forman parte de las algunas decisiones importantes que has tenido que dar en tu andadura como ser humano, y que al contarla aquí, desahogas en cierta medida tal vez alguna carga emocional acumulada. Algo normal, vamos.
Pero sobre todo el último párrafo es que que define el punto actual, el de la necesidad de renovación en España, y el que desembocó en su día en la ALCD. Punto al cuál, «milagrosamente», hemos coincidido varias personas, y al menos yo, pero seguro que somos más, me congratulo de caminar juntos en esa aventura.
Saludos.
-Respuesta-
Seguramente tienes razón, aunque el artículo me lo sugirió la entrevista de Dawkins al musulmán del vídeo, justo después de publicar el artículo de Jefferson en el que empieza mencionando la “maligna religión” de Calvino.
No obstante, en “Catecismo filosófico” -sección que he tenido, al igual que las otras, muy abandonada durante el último año, para ocuparme de filosofía política-, hablaré de religión, y de religiones.
El verdadero desahogo fue el día que solté el discurso, que fue perfectamente premeditado. Las únicas felicitaciones las obtuve de uno de los pastores presentes, al que le pregunté: “¿Estás seguro de que te ha gustado lo que he dicho?”, y me contestó que sí (tal vez fuera sincero); y de un amigo periodista, agnóstico, que me dijo: “Otro sermón como éste y hasta yo me haría cristiano”. Sonreí, y sólo acerté a decirle: “No se trata de eso, hombre”, pues en realidad sólo pretendía que los protestantes “evangélicos” se convirtieran al Evangelio, y volvieran “a su primer amor”. En fin, jerga de protestantes.
Capté bien el sentido de tu primer comentario, porque sé que eres muy perceptivo y sabes leer entre líneas. En efecto, he vertido en este post sentimientos e ideas con las que siempre estuve -y sigo estando- firmemente comprometido. Porque las creencias, que no son más que opiniones, pueden y deben cambiar a medida que progresamos en conocimiento, pero los principios, cuando son auténticos, tienen su raíz en nuestra forma de ser, y no podemos renunciar a ellos sin traicionarnos a nosotros mismos.
Cuando era cristiano y predicador sentía como ahora; ahora que no lo soy, sigo sintiendo como entonces. Me refiero, por supuesto, a los sentimientos profundos del corazón, no a las seductoras, pero inseguras, sugerencias de la imaginación.
No hay nada de extraordinario, pues, en que algunas personas, de tan distintas trayectorias y experiencias, hayamos coincidido en nuestro propósito de regeneración para el país, porque así funcionan las cosas: no elegimos nuestro destino, sino que él nos elige a nosotros; ni elegimos a nuestros amigos, pues los encontramos por afinidad electiva.
Yo también me alegro de compartir contigo esta aventura y me siento orgulloso de poder contarte entre mis amigos.
Un abrazo.
Comentario y respuesta en RELIGIONES DIABÓLICAS Y ESPÍRITUS MALIGNOS
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