HACIA LA ETERNIDAD, PASO A PASO, por Jesús Nava
-Comentario-
“Algo eterno en nosotros que, por no haber nacido nunca, jamás perecerá”. ¿Cuál es el camino?, ¿puede ser “la atención sin elección” de la que habla Krishnamurti (entre otros): atender ecuánimemente a todos los contenidos de la conciencia? A esto es a lo más que llego. Si tú, con tu experiencia, puedes concretar un poco más, te lo agradecería.
-Respuesta-
En efecto, la atención sin elección, es decir, sin deseos determinados, que desvíen esa lectura atenta que debemos hacer, no tanto del contenido como del funcionamiento de nuestra conciencia, es el primer paso para adentrarnos, más allá de nuestra mente ordinaria, que es imaginación y memoria, hacia algo eterno que está en nosotros y que, como la misma naturaleza eterna de la que forma parte, ni nace ni muere.
Ese es el camino: prestar una atención constante y rigurosa, muy difícil de conseguir, para acostumbrarse a reflexionar y meditar desde el punto de vista de esa “perspectiva de eternidad” esencial que nos constituye. La meditación nos permitirá así ver el mundo y a nosotros mismos con el entendimiento infinito y eterno de Dios, que es la verdad misma, o sea, verdadera inteligencia y supremo amor.
En llegar a percibir nuestra íntima unión con el/lo Eterno y sentirnos “atados por las amables cadenas de su amor” consiste la verdadera libertad, la auténtica felicidad y nuestra salvación verdadera. Todo lo demás, incluyendo la ciencia, la cultura y la política, sirven para hacer más habitable y más amable este mundo en que vivimos, cuando aprendemos a hacer de ellas un uso razonable.
El camino, de este modo, se convierte en método: comprender el poder y las propiedades del entendimiento, para ir captando las ideas verdaderas de todo cuanto nos afecta de veras.
Esto hay que hacerlo paso a paso, con paciencia y perseverancia. Esperamos poder mostrarlo en este modesto blog, en un lenguaje accesible a todo el mundo, en cuanto acabemos de perfilar nuestro proyecto político democrático.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en LA CONFUSIÓN POR LO ETERNO
3 comentarios »
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January 6th, 2008 @ 11:15 pm
Muchas gracias por la respuesta, ya que, personalmente, me ha resultado muy interesante la matización de que, para ir más allá de nuestro entendimiento ordinario es importante el atender no tanto al contenido de la conciencia como al funcionamiento de ésta. Veo que la práctica de esta actitud de observación, que debe ser compasiva-creo yo-, de este torpe y confuso animalito programado que a la mayoría de nosotros parece que nos ha tocado habitar, parece ser una fuente de mayor naturalidad y ecuanimidad. Continuaremos practicando. Saludos.
January 7th, 2008 @ 12:28 pm
Gracias a ti, Jorge, por continuar prestando atención a los movimientos de nuestra propia conciencia, “programada” por la experiencia y la cultura como una vulgar computadora, porque “cuanto más busca cada hombre su propia utilidad, tanto más útiles son los hombres mutuamente” (Spinoza). Sólo el que está libre de condicionamientos externos puede ayudar a otros a liberarse de ellos.
La observación atenta de la realidad, especialmente, de esa realidad interior que es nuestra propia mente o conciencia, no “debe” ser compasiva, “es”, por su propia naturaleza, compasiva, es decir, afectiva. La mayoría de los filósofos confunden la razón con una determinada lógica del pensamiento, y la lógica ya se sabe que es fría y distante, por ser abstracta y superficial, y no llegar nunca al corazón de las cosas. Pero la razón, en buena filosofía, no es un conjunto de razonamientos, sino una “percepción del orden” en la naturaleza, es decir, una visión clara y adecuada de las cosas contempladas.
Cuando la razón o reflexión se aplica a nuestra propia mente, entendemos claramente cómo la memoria sigue el orden con que el cerebro registra las experiencias y que, por lo tanto, el contenido de nuestra conciencia no explica la realidad de nada (únicamente la implica), sino únicamente el modo en que se nos van presentando las cosas (sin orden ni concierto, respecto al orden y conexión verdadero de la naturaleza). Por eso, el estado natural de la mente es la fragmentación, la confusión y el condicionamiento.
Pero, el entendimiento, además de comprender el “desorden” intrínseco de la imaginación y la memoria (género ínfimo de conocimiento), capta con total claridad (conocimiento verdadero y adecuado), desde una “cierta perspectiva de eternidad”, el orden natural de causa y efecto, junto con las concordancias, diferencias y oposiciones entre las cosas. Por lo tanto, ve lo que hay de común (necesidades, emociones, temores, etc.) entre todos los seres humanos, y eso produce un sentimiento de generosidad y afecto hacia los que no sólo son semejantes nuestros, sino partícipes de la misma naturaleza humana.
Por eso, la razón o entendimiento racional es afectivo y afectuoso. Y cuanto más “entendido” o sabio es el hombre, más afectuoso se muestra hacia el prójimo, pues “no obra por impulso, sino con humanidad y benignidad, y es del todo consecuente consigo mismo” (Spinoza). En el corazón de la sabiduría hasta los gorrioncillos podrían anidar confiados.
Un cordial saludo.
January 9th, 2008 @ 4:57 pm
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