NO QUISIERA SER UN FILÓSOFO, por George Santayana
“El pensamiento nunca está seguro de sus contactos con la realidad; la acción tiene que intervenir, para hacer inocua la retórica del pensamiento y saludables sus emociones. No quisiera ser un filósofo, si lo que esto significa es ser un profeta portador de un mensaje. Y es ahora cuando la multiplicación del mecanismo se ha convertido en una pesadilla, los omnipresentes anuncios en una plaga, el supercrecido proletariado en arenas movedizas bajo los pies del capital, y la jerarquía de los empleos en un retorno a una especie de esclavitud. Esta tragedia del comercialismo es apreciable en Europa. El mundo contemporáneo ha vuelto las espaldas a la tentativa, e incluso al deseo, de vivir razonablemente.”
* * * * * *
El que seamos mortales tiene sus compensaciones: una de ellas es el que todos los males son transitorios, la otra el que es posible que lleguen tiempos mejores.
El afirmar que la guerra es abono para el desarrollo del valor y de la virtud es lo mismo que afirmar que el libertinaje fomenta el amor.
La sociedad es como el aire, necesario para respirar, pero insuficiente para vivir del mismo.
Cuál ha de ser la religión de un hombre determinado es un accidente histórico, ni más ni menos que el idioma que está llamado a hablar.
La moda es una cosa bárbara, porque produce novedades sin razón e imitaciones sin beneficio alguno.
¿Son esos que llamamos museos -y que resultan mausoleos en los que se amontonan los restos de un arte muerto- lugares en los que las musas tuvieron el propósito de habitar? Nosotros no conservamos en vitrinas las monedas que son en el mundo de circulación corriente. El arte vivo no produce curiosidades de coleccionistas, sino cosas necesarias espirituales destinadas a ser difundidas.
La ciencia sólo difiere del conocimiento común en su alcance, no en su naturaleza.
La risa constituye la defensa adecuada contra los daños que nacen de la simple vanidad y engaño voluntario de sí mismo, contra el palabrerío mediante el cual el hombre se convence a sí mismo de que él es la finalidad y el vértice del universo.
Como la principal ilusión del cuerpo animal es defenderse y propagarse a toda costa, así la principal y más duradera ilusión del espíritu es la ilusión de su propia importancia.
No hay nada que tenga tanta fuerza para recomendarnos cualquier opinión o costumbre como el que nos digan que es lo ultimísimo, que la están adoptando todos, y que ha llegado ya a ser universal en los círculos dirigentes.
Confieso que me inspira escasa confianza el análisis que Mr. Russell hace de los hechos, lo mismo físicos que históricos; lo encuentro, en cambio, admirable cuando se mofa de lo actual y juguetea con lo inactual.
No estoy seguro que el axioma liberal, “la mayor felicidad del mayor número” no haya perdido todo lo que de justo o de generoso había en su intención, y de que no signifique actualmente la máxima ociosidad de la parte máxima de la población.
La “verdad” pragmática es la justificación relativa y provisional de la ficción; y el pragmatismo no es en modo alguno una teoría de la verdad, sino una teoría de la teoría, cuando la teoría sirve de instrumento.
América es un país joven con mentalidad vieja.
El yo, particularmente el de los filósofos, es una nebulosa de palabras.
No tengo hacha que afilar, sólo tengo que aguzar mis pensamientos.
Toda Norteamérica es como una sola pradera barrida por un huracán universal. Aunque siempre se tuvo a sí misma en un sentido eminente por el país de la libertad -incluso cuando todo ella estaba llena de esclavos- no hay país alguno en el que los habitantes vivan sometidos a coerciones más irresistibles.
El pensamiento nunca está seguro de sus contactos con la realidad; la acción tiene que intervenir, para hacer inocua la retórica del pensamiento y saludables sus emociones.
Porque nuestra casa era la de la izquierda no la de la derecha. Ambas eran producto de aquella “economía del productor” que empezaba a prevalecer en Estados Unidos y que comienza por crear los artículos y procura después estimular su demanda, economía que ha inundado el país de artículos alimenticios de desayuno, jabones de afeitar, poetas y profesores de filosofía.
No tuvimos nosotros la culpa de haber nacido. ¿La tenemos de creer lo que creemos?
En mi filosofía, la razón no es sino una armonía entre impulsos irracionales.
Así como Emerson dijo: “Si Dios está en todas partes, está aquí”, el moderno cristiano debería decir: “Si el cielo no está aquí, no está en ninguna parte”. Conclusión que en cierto sentido estaría yo dispuesto a aceptar, sólo que no lo llamaría cristianismo, sino contento un tanto epicúreo en ser un accidente en un accidente.
La existencia no tiene base, es esencialmente gratuita; porque si yo creyese ver una base para la existencia, tendría que buscar una base para esa base, y así hasta el infinito.
No fuimos hechos de espíritu puro sino de polvo de la tierra. Los movimientos de ese polvo, una vez organizado, producen nuestras sensaciones, con nuestra fe consiguiente en ellos; creemos porque actuamos, no actuamos porque creemos.
La publicidad constituye el sustitutivo moderno de la argumentación, y su función consiste en hacer aparecer como mejor el artículo.
No miramos a nuestro alrededor porque amamos la verdad, sino que amamos la verdad porque miramos a nuestro alrededor.
No hay que maravillarse de que las mentes espirituales tengan que acudir a los sobrenatural; incluso son pocas las que tienen el valor suficiente para aceptar a la Naturaleza tal como es y para construir su casa espiritual sobre la dura roca de la verdad.
Desde el punto de vista de los orígenes, el reino de la materia es la matriz y la fuente de todo; es la Naturaleza, la esfera del génesis, la madre universal. No puede la verdad imponernos el grado de aprecio en que deberíamos tenerla; ése es un problema de preferencias y no de motivos.
No quisiera ser un filósofo, si lo que esto significa es ser un profeta portador de un mensaje.
El patriotismo, como los gobiernos que lo irradian, puede convertirse en un vicio.
Y es ahora cuando la multiplicación del mecanismo se ha convertido en una pesadilla, los omnipresentes anuncios en una plaga, el supercrecido proletariado en arenas movedizas bajo los pies del capital, y la jerarquía de los empleos en un retorno a una especie de esclavitud. Esta tragedia del comercialismo es apreciable en Europa; en América todavía parece zumbar invisible tras el horizonte.
El mundo contemporáneo ha vuelto las espaldas a la tentativa, e incluso al deseo, de vivir razonablemente. Las dos grandes guerras -dos hasta ahora- del siglo veinte, fueron aventuras de irracionalismo entusiástico. Las inspiraron ambiciones innecesarias e impracticables.
* * *
GEORGE SANTAYANA, Átomos de pensamientos. Antología realizada por Ira Cardiff en 1950. Aguilar, 1956. Traducción de Amando Lázaro Ros. [FD, 08/02/2008]
6 comentarios »
RSS feed for comments on this post. TrackBack URI
Deje su comentario.
Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

February 8th, 2008 @ 7:52 pm
Me han llamado la atención esta frases:
“El pensamiento nunca está seguro de sus contactos con la realidad; la acción tiene que intervenir, para hacer inocua la retórica del pensamiento y saludables sus emociones.” ¿Cómo es posible poner en acción los pensamientos si posiblemente son percepciones de un futuro lejano? ¿Cómo podría haber hecho realidad Julio Verne sus novelas en el siglo en que fueron escritas? Sin embargo siglos después han dejado de ser ciencia ficción para convertirse en realidades normales.
Los filósofos son visionarios sociales, sienten y piensan un mundo que es imposible materializar en la propia época en la que viven, pero gracias a sus mentes prodigiosas se está empezando a manifestar una realidad venidera, saludable y necesaria para la evolución social de la humanidad y la vida en todas sus manifestaciones. (Jesucristo fue un gran filósofo incomprendido en su tiempo).
Desde aquí quiero dar las gracias a todos los filósofos pasados, presentes (gracias señor Nava) y futuros, porque gracias a sus maravillosas mentes puedo intuir un futuro esperanzador y una realidad digna de ser recreada.
“La principal y más duradera ilusión del espíritu es la ilusión de su propia importancia.” Si fuéramos conscientes de la realidad de esa afirmación posiblemente no nos creeríamos por encima, ni por debajo de nada ni nadie, sino que caminaríamos como hermanos, como iguales, intentando apoyarnos los unos en los otros. No habría jefes ni súbditos, solo compañeros de camino. Donde todos tendríamos la importancia de no tener ninguna importancia y la valía de reconocer sabernos necesarios todos a la par.
Pero es difícil de conseguir, ¡cuántas veces nos menospreciamos a nosotros mismos comparándonos con otros a los que consideramos mejores y viceversa ! El enemigo no siempre es el otro, sino el propio y soberbio diablo interior.
Quizá el sentido de esta vida sea solo conseguir la superación personal. O quizás el sentido de esta vida es que no tiene sentido…
Saludos cordiales
February 10th, 2008 @ 7:51 pm
La antología de aforismos de Santayana, realizada por Ira Cardiff en 1950, no me parece representativa del ingenio filosófico de este español universal. A decir verdad, me parece detectar, aquí y allá, un poso de escepticismo, incluso de cinismo, que no me agrada. Pero, al parecer, es así como pensaba Santayana, tal vez un filósofo un poco irregular en su brillantez intelectual, y que nunca ideó, que yo sepa, un sistema propio. Pero le tengo admiración y respeto.
Diferente es el caso de Jesucristo, un hombre de fuego, todo corazón y pureza, al que amo con amor inalterable, pues, en mi adolescencia, me enseñó que sólo el amor nos justifica y nos salva. Atribuyo, en cambio, a un error de tu afecto que me incluyas entre los filósofos; a menos que pienses, como yo, que todos cuantos reflexionamos, filosofamos. También tú.
Volviendo a Santayana, decir, por ejemplo, que “la existencia no tiene base, es esencialmente gratuita; porque si yo creyese ver una base para la existencia, tendría que buscar una base para esa base, y así hasta el infinito”, me parece una ordinariez filosófica impropia de un verdadero pensador. El no podía ignorar que la Causa es incausada y que no tiene sentido, por tanto, remontarse en una cadena de causas hasta el infinito.
Y por referirme a los dos fragmentos que comentas, Mª Dolores, te diré, en primer lugar, que un pensamiento que no está cierto de sus contactos con la realidad es un pensamiento de tercera categoría, inseguro y que no ha rozado siquiera la certeza del conocimiento verdadero. Una idea verdadera no necesita materializarse para ser verdad, pues eso significaría confundir la esencia eterna de las cosas con su existencia temporal, y atribuir realidad únicamente a las cosas que existen en el espacio-tiempo, precisamente las menos reales de todas. Mi amor siempre sería verdadero, aunque no encontrara a nadie en el mundo a quien poder expresarlo.
Más que hablar de ideas posibles e imposibles, sería más correcto hablar de ideas verdaderas o falsas. Las verdaderas son posibles, pues sólo faltan las causas intermedias que determinen su existencia fuera del entendimiento; las falsas, en cambio, son imposibles, porque implican una contradición en sí mismas o con las leyes naturales. Las ideas de Julio Verne y las de Leonardo de Vinci eran, en lo esencial, verdaderas ya en su tiempo, pero tuvieron que esperar a que las condiciones materiales las hicieran posibles y las dotaran de existencia real fuera de las mentes de sus creadores.
Respecto a que “la principal y más duradera ilusión del espíritu es la ilusión de su propia importancia”, estoy de acuerdo siempre que no quiera decir que el espíritu no pueda alcanzar la certeza absoluta de su propia eternidad esencial, y se refiera, más bien, tal como tú oportunamente señalas, a la mera arrogancia del narcisista y a la autoimportancia que se otorga el egoísta, vicios que el modesto y generoso compañero de sus semejantes desconoce.
No obstante, no creo que la igualdad democrática de derechos, oportunidades y condiciones, nos convierta a todos en seres sin importancia, ni siquiera igualmente importantes o necesarios. Ese sería un mundo tan estéril, triste y pálido como un tórrido desierto en el que ni siquiera se hallaría, de tanto en tanto, un reconfortante oasis.
Más bien concibo la democracia como un inmenso jardín donde el pleno desarrollo y crecimiento de cada flor sea la condición y el fundamento del libre desarrollo de todas las flores. Y donde, por supuesto, ningún jardinero tendrá derecho a podar a las que, por gracia de la naturaleza, descuellen sobre otras, ni éstas a ahogar a las más pequeñas. En ser cada uno fiel a sí mismo radica la garantía democrática para ser originales, creativos e igualmente diferentes.
La vida, amiga mía, no tiene significado ni propósito, pero está preñada de sentido. Un sentido que yace enterrado en nuestro propio corazón bajo montañas de decepciones y prejuicios. Ni siquiera hay que cavar. Basta con limpiar nuestro pozo espiritual, y de su manantial subterráneo brotarán ríos de agua viva. Porque hasta en el interior de un desierto siempre hay algún oasis.
Un cordial saludo.
February 11th, 2008 @ 8:40 am
Ya lo dijo el señor Saint Exupéry, a través de su “Principito’: Lo más hermoso del desierto es que en algún lugar esconde agua” (o algo así , lo ley hace muchísimos años, cuando era joven).
Por otro lado le diré que le doy las gracias por su respuesta, que siempre me sorprende. Que si me necesita cuente conmigo, aunque le advierto que soy un poco como “el lobo estepario” (leí al señor Hesse cuando era muy joven, cualquier día volveré a leerlo ), en los días en que la tristeza me supera subo a un lugar muy alto aúllo al viento, esperando que mi aullido tenga respuesta, y aunque normalmente solo responde el eco, primera vez en toda mi existencia he sentido otro eco distinto.
Espero que sepa usted que estoy aquí aunque no escriba. He descubierto por fin un eco lejano.. que oxigena el ambiente tan enrarecido de esta oscura y material época en la que nos ha tocado vivir.
Seguiremos en contacto, si así lo quiere usted. Muy agradecida por su respuesta y por sus cálidas palabras, que se agradecen como el mayor de los tesoros.
Un cordial saludo
February 11th, 2008 @ 9:24 am
[...] Comentario y respuesta en NO QUISIERA SER UN FILÓSOFO [...]
February 12th, 2008 @ 10:21 pm
En efecto, Mª Dolores, he consultado mi vieja edición de El Principito (regalo de Alberto, un compañero de estudios universitarios en Oviedo del curso 1974-1975), y tenía subrayada la frase a la que aludes:
“Lo que embellece al desierto -dijo el principito- es que esconde un pozo en cualquier parte…”
Se ve que, a pesar de los años transcurridos, mi espíritu no ha envejecido, pues comprendo claramente, tan bien o mejor que entonces, la queja final de la obrita, cuando el aviador, tras interrogarse sobre si el cordero se habrá comido o no la rosa del principito, añade: “¡Y ninguna persona mayor comprenderá jamás que tenga tanta importancia!”
Tú y yo sí lo entendemos, ¿verdad? Aunque nos estemos haciendo mayores.
Un cordial saludo.
February 13th, 2008 @ 5:59 pm
Verdad, señor Nava, verdad…
Un abrazo