LIBERTAD ¿PARA QUIÉN?
-Comentario-
No quiero discutir el tema de la igualdad porque ya lo hemos tocado aquí y no pensamos igual. Otra cosa, no te admito, ni que siquiera insinúes lo que somos o no capaces de hacer en la calle algunos, cuando no me conoces ni de vista. Tercera cuestión, tampoco permito que te intentes apropiar del significado -que tú le das, distinto al que le doy yo- a la palabra democracia. Incluir en ella la igualdad, aparte de demagógico, es ideológico; por una razón muy sencilla, para llegar a esa supuesta igualdad hay muchos caminos, los comunistas proponen el suyo, los socialistas tenían otro, hay otros que no quieren igualdad, etc…de ahí las distintas ideologías.
Nosotros proponemos libertad política para todos. Y libertad política es que podamos elegir y deponer a nuestros gobernantes libremente. ¿Hay alguien que esté en contra de eso? Pues eso es por lo que luchamos, ¡y se puede conseguir!
Lo tuyo, la igualdad, dices que es posible tenerla algún día…pues si tienes la fórmula que la consiga y -más importante- la garantice, me encantaría conocerla. Nosotros sí tenemos la Teoría que garantiza la libertad de TODOS para elegir y deponer a nuestros representantes. Te ruego me contestes a este último párrafo, e intenta no enrollarte demasiado con otras cosas… si puede ser.
-Respuesta-
En realidad no estaba pensando en ti cuando dije que muchos son leones en Internet y gallinas en la calle. En efecto, no te conozco de nada, y no es mi costumbre juzgar el coraje de los desconocidos.
Creo no enrollarme demasiado si repito, con Tocqueville, Montesquieu, Jefferson o Paine, que quien no ama la igualdad ni lucha por ella, ni ama ni quiere la democracia. ¿Cómo se puede garantizar la igualdad? Pues, por ley, por supuesto; del mismo modo que la propiedad, y la vida sencilla y sobria. Y el único sistema que garantiza la libertad, la equidad y la justicia para todos es la democracia integral, es decir, formal y material, política y social, de derecho y de hecho.
Tú lo dices, vosotros tenéis la teoría que garantiza la libre elección de representantes y la separación de poderes. ¿Y qué? Por supuesto que comparto ese objetivo. Pero siempre y cuando vaya PRECEDIDO de una democracia real en la base, entendida al estilo de los atenienses, como autogobierno de la sociedad por sí misma hasta donde sea posible, y por medio de representantes allí donde no pueda estar presente. Votar y elegir es un juego que no compromete a nada. “Incluso votar por lo justo es no hacer nada por ello” (Thoreau). ¡Qué idea tan pobre, seca y avellanada tenéis de la libertad!
Dejar la democracia social al albur de las ideologías es volver a la misma historia de siempre: a las guerras civiles, si las diferencias sociales son escandalosas, o a la opresión de la mayoría indefensa (sobre todo allí donde hay un ejército permanente) por una minoría de espabilados y acaudalados, o que asaltarán la caja de caudales de la nación en cuanto tengan la llave. Y eso no lo evitará una nueva ley electoral, con elecciones uninominales y con mandato imperativo. Lee, por favor, a Andrés de Francisco, donde resalta el hecho de que el sistema representativo, con sufragio universal e igualdad de derechos políticos, fue usado siempre por las oligarquías, nunca por las democracias.
Hasta que llegó la revolución americana, que injertó -como diría Paine- el sistema representativo en la democracia social preexistente en América, la que tanto deslumbró a Tocqueville, y que tan bien describió y analizó. Esa es la razón por la que la revolución americana fue una lucha por la independencia y la libertad, porque la igualdad democrática ya estaba firmemente asentada en las mentes de los pioneros y en la vida municipal de las colonias.
La “dulce igualdad”, como la llamaba Jefferson, fue el punto de partida de la búsqueda de la “amada libertad”. ¡Qué orgulloso estaba este campeón de la libertad del pueblo de que nadie vería en todo el Estado a un solo mendigo! La democracia americana fue una democracia de propietarios, pero ¿cómo conseguir una democracia para proletarios o asalariados? Ese es el desafío en países desarrollados como España. Para la mayor parte del mundo el reto es conseguir un poco de pan para la cena. ¿Los alimentaréis vosotros con teorías sobre la representatividad, elecciones uninominales y separación de poderes?
Hablar de libertad política, al estilo con que lo hacéis vosotros, es una abstracción intelectual, una teoría sin sustancia y una burla para las clases más modestas. Porque, si insistís en ese punto, seréis liberales, pero no demócratas. No lo digo yo, lo dicen todos los tratadistas de la democracia, incluyendo a los que no eran demócratas. Sin soberanía popular, igualdad ante la ley y autogobierno no hay democracia. Y si crees que esto es ideológico, sea: la democracia social, no la meramente política, es mi ideología.
Un cordial saludo.
FD, 23/02/2008.
Comentario y respuesta en EL DESPOTISMO Y LA CORRUPCIÓN SE EXTIRPAN CON REFORMAS O REVOLUCIONES
3 comentarios »
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February 24th, 2008 @ 9:13 pm
Vamos por partes Jesús: yo lucho también por la igualdad de mil maneras; nuestro movimiento habla de la igualdad en el punto uno de su declaración de principios y valores .
“I. Porque los seres humanos no nacen iguales en capacidad física y mental, ni en condición social, la Sociedad y el Estado deben garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades.”
Pero, repito, hoy en día no hay ningún pensamiento, corriente, ideología, filosofía o teoría que me garantice que todos los hombres vamos a ser iguales. Los hombres, como dice nuestro primer principio, somos todos distintos desde que nacemos, y no voy a estar yo nunca en contra de que se luche por la igualdad desde la perspectiva que quieras. Pero eso es muy distinto a que alguien presente una Teoría que haga eso posible. Los intentos anteriores por conseguir esa igualdad (comunismo, totalitarismos…), como sabes, la historia demuestra que han fracasado, y de manera estrepitosa. Te lo vuelvo a repetir, ¿conoces tú la manera de conseguir esa igualdad, fundamentándola en una Teoría?… nosotros no. Lo que si tenemos es la Teoría para conseguir la libertad de todos, y por eso no podemos incluir en nuestra Teoría de la democracia la lucha por la igualdad, PORQUE HOY EN DÍA NO HAY NADIE EN EL PLANETA CAPAZ DE CONSEGUIR AUNAR EN UNA TEORÍA LIBERTAD E IGUALDAD.
Porque dices que la igualdad se puede garantizar por ley, ¿qué ley?, ¿cual es su enunciado? La ley actual dice que todos los españoles somos iguales (hace gracia, pero lo dice); la que ustedes proponen es distinta? Piensas que todos seremos iguales porque lo ponga en un papel. En este punto es donde quiero que me especifiques cual es vuestra postura, y te vuelvo a repetir:me encantaría que me dijeses qué ley es esa que defiendes y cuales son los mecanismos para garantizar la igualdad…soy todo oídos.
Saludos
Feb 24, 9:26 AM — Blog de la ALCD — Libertad ¿para quién?
February 24th, 2008 @ 10:16 pm
Verás, Isidro, el principio que citas es de una contradicción absoluta. Si los seres humanos no son sustancialmente iguales ni nacen con los mismos derechos inherentes e inalienables, entre los que se cuenta el derecho natural a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, ¿por qué la Sociedad y el Estado deberían garantizar la igualdad de derechos y de oportunidades? ¿No estarían obrando contra natura?
La contradicción radica en que el autor pretende extraer, para la Sociedad y el Estado, un imperativo categórico (la sociedad debe igualar a los hombres en derechos) a partir de un principio metafísico falso (que no son iguales). Sí, aunque te extrañe, la política y la ética se apoyan en una metafísica. Y cuando se oculta es casi siempre por motivos inconfesables.
No hace falta ser tan rebuscado ni inconsistente. La Declaración de Independencia de Jefferson me parece mucho mejor fundada:
“Tenemos las siguientes verdades por evidentes en sí mismas: todos los hombres son creados iguales; que su creador les ha otorgado derechos inherentes e inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos cuyos poderes legítimos emanan del consentimiento de los gobernados; que cuando una forma cualquiera de gobierno pone en peligro esos fines, el pueblo tiene derecho a alterarla o abolirla y a instituir nuevo gobierno, fundamentándolo en los principios, y organizando sus poderes en la forma que, a su juicio, le ofrezcan más posibilidades de alcanzar su seguridad y felicidad”.
Ahí tienes, expresadas en pocas palabras, las respuestas a tus preguntas. La garantía para los derechos iguales de todos, incluyendo, por supuesto, el de la libertad, descansa en un gobierno cuya legitimidad emana de la voluntad y consentimiento de los gobernados, principio establecido, por derecho y de hecho, únicamente por una república democrática, donde el pueblo es soberano y los pobres legislan. Y, donde, por supuesto, el ejecutivo, aunque esté separado, esté subordinado al legislativo.
No hace falta ninguna teoría para conseguir que la humanidad pueda alcanzar toda la felicidad de que sea capaz. Basta con una democracia participativa y deliberativa (extendida a nivel nacional, continental o mundial con un sistema representativo controlado de cerca por el pueblo). Ni yo me he apoderado, como dices, del significado de la palabra democracia, sino tu mentor político, que se atreve a sentenciar, dogmáticamente, que su “república constitucional” es la democracia. Yo sigo usando el término en el mismo sentido que Montesquieu, Tocqueville o Jefferson, ¿qué digo?, en el sentido mismo que le dio Aristóteles, poco sospechoso de demócrata: “A saber: un régimen político de clase, como todos en última instancia, en el que los muchos pobres libres gobernaban, es decir, controlaban los enormes recursos del Estado para defender políticamente sus intereses sociales y económicos.” (Andrés de Francisco).
Dices que mi idea de democracia es ideológica, y tienes razón, si por ideología se entiende una visión justa y humana del hombre en sociedad. Pero la teoría política de tu maestro es ideológica en el peor sentido del término; pues, al separar la igualdad de condiciones de la igualdad de derechos u oportunidades, apuesta por una democracia formal o burguesa, donde los muchos pobres, sin libertad real, seguirán explotados por las oligarquías financieras o políticas. Eso sí con “libertad para elegir y deponer a sus gobernantes” (sic). ¡Hermosa liberación!
Conozco a un aristócrata en cuanto habla de la gente sencilla. Y cuando afirma que el pueblo no será jamás soberano, sé que ese es su deseo íntimo; y cuando dice que el autogobierno del pueblo es demagógico, es porque lo teme. Pero, dejemos que el pueblo ejerza su soberanía y veremos quién lo hace mejor, pues, como puntualiza A. de Francisco, “la democracia les dio a los pobres más cosas aparte de la palabra. Les abrió asimismo el acceso a las magistraturas y así, ejerciendo el poder ejecutivo, tuvieron la oportunidad de acumular experiencia política, de ensayar y errar, de aprender, de ganar en prudencia. Les dio la posibilidad de gobernar y ser gobernados por turno, como hombres libres. Pero no les hizo propietarios.”
La democracia que yo defiendo, en cambio, les haría igualmente copropietarios o usufructuarios de los medios de subsistencia básicos (suelo, vivienda, etc.), administradores de todos los bienes de propiedad pública o común y copartícipes en la gestión de las grandes empresas. Las máquinas y los robots no deben servir para enriquecer a unos pocos, sino para reducir progresivamente la jornada laboral, y descargar a todos los trabajadores de tareas penosas, ingratas, insalubres y humillantes. En una verdadera democracia todos seremos servidores y todos seremos señores. O, para que se me entienda mejor: seremos iguales. Igualmente libres, igualmente felices e igualmente… diferentes.
La soberanía del pueblo y la democracia social fueron un hecho en la América de los pioneros (Tocqueville y Santayana). Para que pueblos como el nuestro pudieran alcanzarlos bastaría con que lo desearan. Pero “los hombres marchan por dos caminos distintos hacia la servidumbre: El amor al bienestar los induce a desentenderse del gobierno y los somete a una dependencia cada vez mayor de los gobernantes” (Tocqueville).
He ahí el verdadero desafío para los demócratas: cómo sacar a nuestro pueblo de la servidumbre. Porque en última instancia la libertad y la igualdad sólo pueden sustentarse en la voluntad de un pueblo dispuesto a autogobernarse. Reducir la libertad política a elegir y deponer a nuestros gobernantes, en un pueblo acostumbrado a la esclavitud, es una broma de mal gusto. Insisto.
Elaborar teorías sólo sirve para autojustificar la propia inacción e indecisión. Las teorías puras no son más que puras teorías y en algunos intelectuales una simple manía.
Un cordial saludo.
August 14th, 2010 @ 3:43 am
Libertad e igualdad no son una teoría. Son derechos naturales e inalienables.
Todos los seres humanos nacen con derecho a su libertad, a la igualdad ante la ley y al resto de derechos fundamentales articulados en la Declaración Universal de DD.HH, ratificada por la gran mayoría de los estados del mundo.
Es en nuestras diferencias y niveles de aptitudes y pluralidad en actitudes, donde se diversifican las virtudes o carencias y las ambiciones o renuncias, donde cada cual encuentra su camino y obtiene otros derechos individuales o colectivos, legítimamente adquiridos, donde cada uno se siente mejor y más feliz. Unos lucharán por unos objetivos económicos. Otros intelectuales. Otros culturales. Otros simplemente lúdicos. Cada cual tiene derecho a elegir su forma de vivir su vida, bien haciéndola feliz, o bien destrozándola, sin más limitaciones que el respeto por el derecho ajeno.
Nadie debe poder adulterar ni prostituir eso. Y eso solo lo puede garantizar el autogobierno mediante el estado de derecho estrechamente vigilado por los mecanismos democráticos articulados y dispuestos para tal fin.
Ninguna democracia sobrevivirá, si se enajena del rigor de la ley que instrumente a la justicia para el debido amparo y coexistencia del derecho de todos (Entendiendo ley como tal por justa, y no justa por ser ley). De todos los derechos de todos y cada uno de los ciudadanos. Tanto derechos naturales como legítimamente adquiridos. Sean individuales o colectivos.
La democracia tiene que estar necesariamente enajenada de toda influencia ideológica y de interpretaciones políticas. Es control y vigía de lo justo. Controla las garantías del estado de derecho, pero sobre todo impone justicia. Ninguna democracia lo es si no garantiza la justicia ni ampara los derechos. Tiene que garantizar el derecho de todos a sobrevivir por sus propios medios, sin obstruir a nadie y sin privilegiar a nadie, facilitando que cada cual se eleve a los niveles máximos que le impulsen sus cualidades y méritos, volcando todo el peso de la ley sobre parásitos y anarconegreros. Nadie facultado para producir, tiene derecho a vivir del esfuerzo ajeno. Nadie. La democracia es solo democracia. Donde hay justicia, sobra lo de ‘política’ y sobra lo de ‘social’. Lo justo ampara al derecho. Lo justo y el derecho ni son ni se nutren de caridad; ni son compatibles con el mangoneo diplomático desde la política.
Saludos