LA BELLEZA QUE SALVA, por Jesús Nava
“La verdad es la que está implicada en todas las cosas; y no todo lo que llamamos bello es también bueno o verdadero. En fin: la verdad es la que salva, no la belleza. Sólo se salvan los que en el mundo ven un concreto discurso de ideas, o, mejor todavía, el visible vestido de la potencia y de la grandeza de Dios. La percepción de la verdad esencial -y la libertad espiritual que produce- es la auténtica felicidad y la única salvación posible. Aunque sea, como todo lo excelente, un tanto inaccesible, y tan rara de encontrar como difícil de alcanzar.”
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Hoy me referiré a la afirmación contenida en el título de una obra: La belleza que salva, escrita por Mª Antonia Labrada, profesora de la Universidad de Navarra, comentando la “Carta a los artistas” de Juan Pablo II, al que así rinde homenaje, en el primer aniversario de su muerte.
La belleza, aunque lo diga el Papa o lo juren los artistas, no salva en absoluto. No es nada, si está sola: simple esteticismo. Si, en cambio, se convierte en vehículo sensible para la expresión de la inteligencia formal, inmanente a las cosas representadas, se convierte en arte.
Entonces, sí, la belleza, además de producir una sensación placentera, despierta en nosotros una emoción inteligente que -como ocurre al contemplar las variopintas formas que adquiere la naturaleza- no siempre está exenta de una cierta melancolía. Pero nada más. Y no es poco.
Quien no diferencia el placer y la alegría que nos producen las cosas que están fuera de nosotros, de la felicidad y el júbilo que sólo nuestro espíritu puede producir, lo confunde todo y acabará defraudado, por el placer y por la belleza.
Esa belleza que, según Rodin, está en todas las cosas -pero sólo si sabemos verla- depende por completo de la inteligencia y sensibilidad del que mira: es el arte de ver, a través de las figuras que crea, las infinitas formas que reviste la vida. Y , como decía Heráclito, “la armonía no manifiesta es muy superior a la manifiesta”.
Si es así, el sentimiento que se experimenta cuando se capta la cara oculta de las cosas, más allá de su aparente belleza, creo que merece otro nombre, ya que es más una percepción intelectual que sensorial, más conocimiento que estética.
La verdad es la que está implicada en todas las cosas; y no todo lo que llamamos bello es también bueno o verdadero. En fin: la verdad es la que salva, no la belleza.
El cuerpo y los sentidos -ya sea la vista, el oído o el tacto- no pueden, por naturaleza, hacernos percibir otra cosa que meras sensaciones físicas, agradables o desagradables. Por eso, afirmo con Papini, que:
“Sólo se salvan los que en el mundo ven un concreto discurso de ideas, o, mejor todavía, el visible vestido de la potencia y de la grandeza de Dios. Pero quien, como Keats, sólo siente en la hierba una almohada, y en el canto del ruiseñor la nostalgia del fin; en las flores, un adorno para el campo; en el cielo, un fondo para el temblor de las estrellas, y, en el fruto, una forma colorada y una pulpa para morder, no puede ir muy lejos”.
La percepción de la verdad esencial -y la libertad espiritual que produce- es la auténtica felicidad y la única salvación posible. Aunque sea, como todo lo excelente, un tanto inaccesible, y tan rara de encontrar como difícil de alcanzar.
FD, 09/04/2006
“Vamos a dar la sagrada batalla. Para nosotros la batalla es la discusión filosófica.” ALFRED DE VIGNY
3 comentarios »
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January 23rd, 2007 @ 8:50 am
Y DE QUÉ NOS SALVA? ES QUE HAY QUE SALVARSE DE ALGO?
February 5th, 2009 @ 10:31 pm
La vida es algo más que sentir. En eso estoy conforme.
Pero en esta cita….
“Sólo se salvan los que en el mundo ven…”
Que alguien me diga dónde está la cola de los que se salvan porque yo no la he encontrado aún.
Saludos para todos y felicidades por el blog.
February 6th, 2009 @ 11:35 am
Estimados amigos:
La filosofía es la esperanza arriesgada (insensata, diría la mayoría), que albergan unos pocos, de encontrar una salida cuando se navega por un mar de dudas o se zozobra en el océano de las pasiones que nos zarandean y nos arrojan sin piedad contra los acantilados de la vida.
Dar con el rumbo que nos conduzca a tierra firme (la certeza filosófica) o encontrar el faro que nos guíe hacia la felicidad (una alegría continua y suprema), eso es la salvación.
Quien no tiene dudas, ni inquietudes, ni problemas respecto a las cosas fundamentales de la vida, no la necesita. Quien no sufre la tiranía de las pasiones, y no ansía sacudirse su yugo, tampoco. Y quien no es consciente de la ignorancia en que yace, incluso sobre lo más esencial o primordial, menos aún.
En fin, la filosofía -en cuanto que es el modo de ver las cosas con la máxima claridad posible, y sentirlas como son en realidad- es la vía de salvación para el que teniendo problemas y preguntas aún no ha encontrado la solución ni las respuestas.
Muchas gracias y un cordial saludo.