LA MEMORIA Y EL ODIO, por Jesús Nava
-Comentario-
Discrepo en cuanto al asunto de que no odiar a quien te odia, no nombrar lo que se pierde te haga un hombre. Esas dos partes son propias de la naturaleza humana, el odio y el recuerdo de tiempos mejores.
El resto del poema me parece muy acertado.
-Respuesta-
Es verdad que el odio, el egoísmo y el rencor son tan humanos como el amor, la generosidad y el perdón. Pero también lo es que el hombre moralmente superior, es decir, el que adopta y sigue una conducta más racional y sabia, no es esclavo de ningún mal sentimiento, pues tiene como regla de sus actos el “hacer el bien y alegrarse”.
El odio y el resentimiento son emociones reactivas y tristes, o sea: malas, de los espiritualmente débiles, que no tienen cabida en el corazón activo, alegre y bueno de los espíritus fuertes o generosos. O como diría Spinoza: “Quien quiere vengar las ofensas mediante un odio recíproco vive, sin duda, miserablemente. Quien, por el contrario, procura vencer el odio con el amor lucha con alegría y confianza, resiste con igual facilidad a muchos hombres que a uno solo, y apenas necesita la ayuda de la suerte. Si vence, sus vencidos están alegres, pues su derrota se produce no por defecto de fuerza, sino por aumento de ella.”
En efecto, ¿qué sabiduría hay en envenenarse con el odio, qué alegría en sentir rencor o qué placer en acariciar la áspera venganza? En realidad, “el varón de ánimo fuerte no odia a nadie, no se irrita contra nadie, a nadie envidia, contra nadie se indigna, no siente desprecio por nadie y no experimenta la menor soberbia” (Spinoza).
Por otro lado, vivir de recuerdos es intentar revivir inútilmente el pasado que se fue, y que no volverá; o sea, menospreciar el presente, que es real, y dejar pasar de largo la vida con todos sus goces permanentes. También es verdad que es muy humano buscar la gratificación de la memoria, pero sólo cuando nuestra vida actual es triste e insatisfactoria.
Porque si gozamos de lo que la vida nos trae cada día, vivimos tan absortos en esa felicidad eterna que discurre en el tiempo, de instante en instante, que no tenemos tiempo para volver la vista atrás, como no sea para contemplar regocijados, en un momento de descuido, el camino recorrido y la dicha aprovechada.
Un cordial saludo.
Comentario y respuesta en SERÁS LO QUE SE DICE UN HOMBRE
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