LA SANTIDAD DE LOS ATEOS, por Jesús Nava
“El ateo, antes que contarse cuentos, prefiere afrontar, con sus propios medios, la angustia, el desamparo, la desesperación, la soledad y la libertad. Lo real sólo satisface al que lo acepta. Es lo que se llama la sabiduría, que es la santidad de los ateos.” ANDRÉ COMTE-SPONVILLE
* * * * * *
Sirva esta cita, del Diccionario filosófico de uno de los filósofos franceses actuales más destacados, como excusa y punto de arranque de unas consideraciones sobre el ateísmo. Como soy poco amigo de sutilezas, cuando de asuntos de tanta enjundia se trata, empezaré por decir que, en el artículo sobre el Ateísmo y otros del mencionado autor, encuentro, un poquito por aquí y un poquito por allá, abundancia de sofismas.
Cosa natural, pues quien razona mucho se equivoca más que el que no razona en absoluto, aunque este último comete la peor ofensa que se puede inferir a la razón: no razonar. No obstante, como en todo error, siempre suele haber algo de verdad, intentaremos sacar alguna chispa también de este pedernal.
AGNOSTICISMO Y ATEÍSMO
En esta obra, el autor distingue entre el que no cree que Dios exista (ateísmo negativo) y el que cree que Dios no existe (ateísmo positivo, incluso militante). El primero de estos ateísmos -dice él-, se encuentra muy próximo del agnosticismo. El agnóstico -prosigue- no cree ni deja de creer: duda, se interroga, vacila, o bien se niega a elegir.
No me ocuparé del agnóstico. En mi opinión, es un ateo perezoso que no sabe que lo es. Si “duda, vacila o se niega a elegir”, tiene su inteligencia emparedada entre el escepticismo y la obstinación. Con él no se puede filosofar. No, por lo menos, hasta que logre liberar su voluntad de la indeterminación intelectual y anímica que lo mantiene encasillado en el no sabe/no contesta de la (según el pensador francés) “gran encuesta metafísica”: “¿Cree usted en Dios?”
Confieso que no acabo de ver la diferencia entre las dos formas de ateísmo mencionadas. Entre ambas, no logro atisbar más que una distinción verbal, un juego de palabras, puesto que todos los ateos responden a la “gran pregunta” con un rotundo: No. Hasta Unamuno, excelente escritor, aunque filósofo menor, captó claramente que negar la resurrección de los muertos y afirmar que los muertos no resucitan es equivalente. O, lo que es el caso, negar la existencia de Dios y afirmar su inexistencia, es afirmar lo mismo. Me refiero, claro está, a la “afirmación intelectual”, haciendo caso omiso de la verbal.
PALABRAS, IMAGINACIÓN Y NATURALEZA DE LAS COSAS
Dejémonos, pues, de pamplinas dialécticas. Jugar con las palabras y esconderse tras ellas, es el ejercicio favorito de los que se toman la verdad a pitorreo. El primer deber de un filósofo serio, en cambio, es hablar claro, ser honesto y pensar con lucidez. Permitamos a Spinoza darle un buen tirón de orejas al autor del diccionario:
“Afirmamos, pues, y negamos muchas cosas, porque la naturaleza de las palabras, no la naturaleza de las cosas, permite afirmarlo y negarlo; de ahí que, si ignoramos esta última, será fácil que tomemos algo falso por verdadero”. O sea, que mientras no tengamos una idea clara de Dios y su naturaleza, podemos afirmar y negar de El lo que nos plazca: que existe o que no existe. Pero esas afirmaciones (del creyente) o negaciones (del ateo) no serán otra cosa que meras palabras, sin idea alguna que les corresponda. Algo así como el saludo alegre o el insulto soez de un loro amaestrado.
“Añádase a ello que las palabras están formadas según el capricho y la comprensión del vulgo, y que, por tanto, no son más que signos de las cosas, tal como están en la imaginación y no en el entendimiento”. Palabras e imágenes, penetran a través de los sentidos y son, por lo tanto, de naturaleza física. Pero la idea, en cuanto tal, no consiste en una imagen ni consta de palabras, sino que, en esencia, es la percepción mental que afirma y explica la naturaleza de una cosa. De ahí que, la mayoría de los pensadores, incurren en graves errores filosóficos cuando confunden, o no distinguen con la debida cautela, imágenes, palabras e ideas.
¿A QUÉ LLAMAMOS “DIOS”?
“Y si los hombres no tienen de Dios un conocimiento tan claro como el que tienen de las nociones comunes, ello se debe a que no pueden imaginar a Dios como imaginan los cuerpos y a que han unido el nombre Dios a imágenes de cosas que suelen ver: lo que difícilmente pueden los hombres evitar, pues son continuamente afectados por los cuerpos exteriores. Pues, en verdad, la mayor parte de los errores consiste simplemente en que no aplicamos con corrección los nombres a las cosas. Y de ahí surgen la mayor parte de las controversias, a saber, de que los hombres no expresan correctamente su pensamiento, o bien de que interpretan mal el pensamiento ajeno. Pues, en realidad, cuando más se están contradiciendo, o están pensando lo mismo, o están pensando cada uno en una cosa distinta, de modo que lo que estiman ser errores o absurdos del otro, no lo son”.
Apliquemos, pues, con corrección los nombres a las cosas. La mayoría de las controversias surgen casi siempre de un pleito sobre palabras. Desde luego, si alguien llama “Dios” a cualquier fantasía de su cerebro, está “pensando” en algo totalmente diferente a la idea que yo tengo en mente, y así no nos vamos a entender. No usemos el nombre de Dios en vano. Ya que “aunque muchos dicen dudar de la existencia de Dios, en realidad, no poseen de Dios más que el nombre o imaginan algo que llaman Dios, pero eso no concuerda con la naturaleza de Dios, como mostraremos después en su lugar”.
¿Dónde está, pues, la sabiduría del ateo, si confunde -esta es mi tesis-, como cualquier mente vulgar, “la imagen” de Dios, con “la palabra” Dios y “la idea” de Dios; o, al menos, no entiende, como es debido, estas tres cosas? ¿Cómo puede alardear de libertad, si ésta nace del conocimiento de la verdad y él ignora lo esencial? ¿Qué santidad es la suya, basada en la ignorancia, puesto que niega la existencia de lo sagrado y es insensible a su propia eternidad?
EL ATEÍSMO, UN ERROR INTELECTUAL MUY GRAVE
Conste que, al igual que el bondadoso Plutarco, considero que el ateísmo es un error intelectual muy grave, nacido de un falso razonamiento; pero que, salvo que se intente imponer a los demás con insolencia jacobina, daña únicamente a quien se empecina en mantenerlo. “¿Sus razones? Varían, evidentemente según los individuos, pero convergen, la mayoría de las veces, en la negativa a la adoración. El ateo no se hace una idea sufientemente elevada del mundo, de la humanidad ni de sí mismo, como para juzgar verosímil que un Dios haya podido crearlos. La materia representa una causa más plausible. El azar, una excusa más aceptable” (André Comte).
¡Ojalá que sus argumentos fueran otros! Como sus vidas, para ellos mismos, valen poco o nada, la Vida es poco o nada valiosa. Como no consiguen “hacerse una idea elevada” de nada, nada adorable descubren en la Naturaleza. Hasta la ciega materia y el azar caprichoso se les antojan creadores más verosímiles que el Ser infinito y eterno, es decir, Dios. ¡Qué forma tan pueril e insensata de razonar! Intelectualmente perdidos, los ateos se envanecen en sus razonamientos y niegan a Dios, “la evidencia invisible”, según Víctor Hugo, sólo porque ellos, cerrando los ojos al entendimiento, son incapaces de verlo.
LA SUPERSTICIÓN, ENEMIGA DE LA VERDADERA RELIGIÓN
No obstante, aunque la chusma supersticiosa cruja los dientes de rabia, sostendré siempre que ninguna opinión es un crimen, salvo que induzca a cometerlo. Y que el verdadero enemigo de la religión es la superstición, no el ateísmo. Considero menos alejado de la verdad, y menos pernicioso para la religión, al ateo de buena fe que al creyente de mala fe. Todas las supersticiones, en cambio, son dañinas para el que las sigue; pero, sobre todo, peligrosas para los demás. Porque, cuando prenden en corazones tiránicos, fomentan por doquier las más funestas discordias.
El filósofo y sacerdote de Delfos lo expresó muy bien, al decir: “Yo preferiría que los hombres dijeran de mí que no he nacido en absoluto y que Plutarco no existe, a que digan que Plutarco es un hombre inseguro, inconstante, propenso a la cólera, vengativo en cosas accidentales y apesadumbrado por bagatelas”. Por desgracia, esta es la mísera imagen que tienen la mayoría de los creyentes, en casi todas las religiones, del Ser infinito y eterno. Así favorece la superstición, mal que le pese, y aunque no sirva en absoluto de excusa para el incrédulo, la expansión del ateísmo.
El ateo honesto, que no lo es por arrogancia, sino porque se niega a que le acunen con cuentos, si aspira a la verdad con ardiente valentía, quiéralo o no, se encontrará, tarde o temprano, luchando con Dios a brazo partido; y, asiéndose a El, no consentirá en dejarle, hasta que le revele su esencia y su misterio; y cuando, inevitablemente, salga derrotado en esa lid (pero la derrota será su victoria), se levantará, tal vez como Jacob, cojo; pero con el rostro sereno, el espíritu libre y el corazón puro.
Entonces – y sólo entonces-, habrá alcanzado la sabiduría, será santo y ya nunca más estará solo.
[FD, 04/01/2006 a las 03:23 a.m.]
“Mi propósito es encontrar la verdad, no refutar a otro como si se tratara de un adversario.” CICERÓN
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April 21st, 2006 @ 6:01 pm
Refutar falacias con falacias no me parece una práctica apetecible, sin dudas. Este párrafo realmente brilla por su autoinmolación:
“Hasta la ciega materia y el azar caprichoso se les antojan creadores más verosímiles que el Ser infinito y eterno, es decir, Dios. ¡Qué forma tan pueril e insensata de razonar! Intelectualmente perdidos, los ateos se envanecen en sus razonamientos y niegan a Dios, la evidencia invisible, según Victor Hugo, sólo porque ellos, cerrando los ojos al entendimiento, son incapaces de verlo”.
No sería deseable que dejaras pasar más tiempo para dar a conocer cómo es ese Dios que sos capaz de ver (puesto que sólo los ateos no ven), sobre todo atendiendo a que es, justamente, una “evidencia invisible”. Resultaría un hallazgo asombroso. Me pregunto, ¿qué clase de materia es la que lo compone? Invisible y visible a la vez: un desafío para nuestras retinas.
Con respecto a la “evidencia”, tenía entendido que es algo de lo que no se puede dudar. Digamos: que la Tierra es redonda. ¿Sucede lo mismo con Dios? Obviemos que le imputá¡s a los ateos cierta ceguera, pero, ¿es así? ¿Acaso es Dios evidente? Que no te ciegue, aquí, la fe. Coincidiré¡s en que no lo es, y no por nada se han ofrecido tantas teologías, contradictorias acaso entre sí, en pos de demostrar lo que costó mucho tiempo construir.
Vamos a estar de acuerdo en que sería muy bonito que tuviéramos un Dios, pero ello no es una prueba de que lo haya. Yo, en cambio, no me creería eso de que una victoria es una derrota y que encontrar que Dios no existe es confirmar su existencia, frases que podrían ejercer de resumen a tu escrito y que, porque cuesta ver las vigas en los ojos propios, no se incluyen en el rosario de sofismas que parecía ibas a ofrecer como un servicio al lector.
April 22nd, 2006 @ 9:54 pm
Estimado Fernando:
No entiendo por qué el párrafo al que aludes “brilla por su autoinmolación”. Una cosa te aseguro: no entenderás nada de lo que digo, si antes no te desprendes de tus prejuicios.
Todos los ateos que he conocido hacéis lo mismo: tomáis la “imagen” de Dios que tienen los creyentes de tal o cual religión, o inventáis otra, y la negáis. Léeme bien, por favor: de los dioses populares soy tan ateo o más que vosotros. Hay suficiente material en mi blog, aunque todavía es muy exiguo, como para que esto quede claro.
Los creyentes “creen” en dioses “personales”, más humanos que divinos. Y vosotros negáis su existencia. Yo también. Pero no cometo lo que yo entiendo que constituye vuestro principal error: tiráis al niño por el desagüe junto con el agua sucia de la bañera. Yo salvo al niño, una vez limpio de toda suciedad. El niño es real, amigo, aunque tú lo veas cubierto de roña. Sólo que tú lo ves y lo desprecias antes de estar limpio.
Así pues, yo no estoy enredado en “imágenes”, ni tampoco en palabras. Y a veces tengo la impresión de que los ateos no hacéis otra cosa. Dios, para mí -como para Kierkegaard, por ejemplo- es una idea, no una palabra. Pero una idea no es una imagen, ni consta de palabras, ni se capta con argumentos lógicos.
Una idea es una forma determinada del entendimiento racional o intuitivo. Y si me apuras, la razón, que tanto adoráis los racionalistas, aunque nos da un conocimiento cierto y verdadero de “cómo” son las cosas, no nos dice jamás “qué” son. En una palabra, la razón no nos da cuenta de la esencia de nada. Eso sólo lo puede hacer la intuición, género supremo de conocimiento y máximo poder de la mente para ver lo “invisible”.
¿Entiendes ahora lo que quiere decir “evidencia invisible”? Es una paradoja verbal, pero una afirmación magistral de Hugo: algo que no es “visible” para el ojo humano, pero cuyo conocimiento es absolutamente cierto, aunque sólo sea perceptible para el entendimiento.
En efecto, “evidencia” es aquello de lo que el entendimiento “está cierto”, aunque el mundo entero pueda dudar de ello. Y cualquiera que lo “entiende” lo “ve” tan claro y evidente como cualquier otro que también lo entienda. Porque el entendimiento no es tuyo ni mío (como la imaginación y la opinión): es el mismo en todos los hombres.
Llamo “ciego” al ateo respecto a la existencia de lo Eterno, como llamamos al daltónico “ciego para ciertos colores”: no “ve” la diferencia (no distingue) entre el verde y el rojo. Discutir con él de la teoría de colores o intentar demostrarle que le falta esa visión clara y distinta es tan ridículo como intentar convencer a un ateo de que Dios existe. Si no lo ve, para él no existe. Pero eso no quiere decir que lo que él afirme sea verdad, ni lo que digo yo, falso.
Tienes razón: aún no he descrito la naturaleza de Dios con detalle. Hasta ahora sólo me he centrado en su existencia; pero no en la naturaleza de su existencia. Por eso, a los impacientes, les remito al primer capítulo de la Ética de Spinoza.
En cuanto a que no entiendes cómo una derrota puede ser a la postre una gran victoria, será porque te cuesta entender las paradojas; o porque no has leído a Sócrates cuando afirma a un interlocutor que el que pierde en una discusión racional es el que gana, porque sale del error y la ignorancia.
Para terminar: no me ciega ninguna fe, aunque la que tuve en mi juventud casi estorbó más que ayudó a mi entendimiento de las cosas eternas. No obstante, no odio las religiones ni soy anticlerical. Esta actitud me resulta tan ajena como la de un adulto que odiara su infancia porque ha dejado de ser niño, pensar como niño y juzgar como niño. Yo me alegro infinitamente de haber entendido ciertas cosas, ¡por fin!
Gracias por tu comentario. Un saludo. Oliver.
April 29th, 2006 @ 7:46 pm
Oliver: gracias por tu respuesta. No voy a dejar de decirte que, como panteísta, me caés mejor que si fueras un teísta a secas. Lo cual no significa que no compartás algunos de sus vicios. Yo también admiro a Spinoza y ése puede ser un buen motivo para una charla sin disputas que podrían poner en peligro nuestras paciencias.
Quizá podamos seguir el consejo de mi apreciado Borges: olvidar las diferencias y acentuar las afinidades. Antes del armisticio, arrojo mi lanza atea, no para herir, sino para que quede hendida en la tierra como seña de que hay allí un territorio que debo defender:
En un mundo occidental encantado por los espectros religiosos, pero acuciado por la onda expansiva del conocimiento científico, resulta cada vez menos infrecuente tropezar con otra raza de creencias, menos supersticiosas acaso que los teísmos populares, aunque no menos ilusorias. El panteísmo es una de esas prácticas. No el panteísmo de los científicos, ajenos quizá a lo que la filosofía aún tiene de gaseoso, y consistente en una mera pasión devocional por el objeto de su estudio.
No, me refiero al panteísmo que remite a la tradición de Giordano Bruno primero, y de Spinoza luego, reprimido como religión desde su nacimiento, aunque no como filosofía, en buena parte merced a la brillantez de este último.
No será éste el intento por rebatir un sistema filosófico tan excelso. Será sólo una denuncia superficial de sus contradicciones. Aludamos primero a lo que sus impulsores consideran como la vía que lleva al conocimiento: la intuición. La intuición permite (oh, mística, llena eres de rostros) a estos sutiles herederos del fetichismo total, alcanzar lo que está vedado a los incautos «ciegos» que sólo con la fe miran o ¡con la razón!: ora los creyentes, ora los ateos. Menuda encarnación del gnosticismo la que salta a su inmediato suicidio en tamaña propuesta.
Que sólo unos elegidos puedan intuir y acceder a la idea-Dios suena a clamorosa petición de principio. Sin embargo, aquí está el lúcido Spinoza, luchando con su lucidez por pulir como si de un lente se tratara lo que sólo es una hoja de un árbol caída: «Si los hombres no tienen de Dios un conocimiento tan claro como el que tienen de las nociones comunes, ello se debe a que no pueden imaginar a Dios como imaginan los cuerpos y a que han unido al nombre de Dios imágenes de las cosas que suelen ver: lo que difícilmente pueden los hombres evitar, pues son continuamente afectados por cuerpos exteriores. Pues, en verdad, la mayor parte de los errores consisten simplemente en que no aplicamos con corrección los nombres a las cosas. [ ]. Por lo cual [ ] no se puede decir que cometen error; sin embargo, parecen cometerlo, porque creemos que tienen en la mente los mismos números que están en el papel. [ ] Y de aquí surgen la mayor parte de las controversias, a saber, de que los hombres no expresan correctamente su pensamiento, o bien de que interpretan mal el pensamiento ajeno. Pues, en realidad, cuando más se están contradiciendo, o están pensando lo mismo, o están pensando cada uno en una cosa distinta, de modo que lo que estiman ser errores o absurdos del otro, no lo son» (Ética 2-Prop. 47-Esc., cursivas mías).
Con inestimable diafanidad, el filósofo neerlandés, el racionalista encomiable, el materialista sui generis, recae en su mayor pecado: el resbalón por la pendiente de lo irracional. ¿Es acaso otra cosa esa referencia a una «incorrección del pensamiento», a un acceso a Dios «sin su afección» (a pesar de que antes haya dicho que «el conocimiento del efecto depende del conocimiento de la causa, y lo implica»)?
Por eso en estos fieles, la evasiva es construida con premura, y advierten a sus detractores que eso que tanto es nombrado como «Dios» no es lo que debe entenderse como «Dios». Que, errando como bobos, estos críticos entienden por «Dios» nada menos que la imagen que «los creyentes» tienen de «Dios». ¡Como si no fuera una práctica respetable asumir el uso más difundido de las palabras, a menos que estemos advertidos previamente de que va a ampliarse, reducirse o trasvasarse esa palabra hacia nuevas reformulaciones!
Pero, a pesar de todo, antes o después, llegarán incluso a llamarse ateos (cf. supra) estos creyentes sofisticados, sólo porque en los dioses vulgares no creen, como si fuera un detalle menor el no entender el ateísmo: es que no se puede ser ateo de unos dioses y no de otros. Hay que serlo de todos, los habidos y por haber, porque de lo ficticio no puede salir lo real.
El asunto que muchos de estos panteístas, idealistas ad hoc, no podrán resolver ante los ateos que protestan con lo empírico, es: ¿tiene ese Ser Eterno, ese universo divino, ese Deus sive natura, una conciencia? ¿Tiene volición e inteligencia? Y ¿cómo lo sabe? De esa respuesta saldrá una distinción que atenderá a la honestidad: si es negativa, los que responden no serán más que panteístas científicos (como los agnósticos, ateos prácticos). Si positiva, serán más bien panenteístas o hasta pampsiquistas, y acarrearán los exactos cargos que ¡ellos mismos! imputan a los creyentes: el teísmo, la forma de «Dios personal» oculta tras la máscara de un Dios como aquél. Montaje de una versión adaptada de la misma farsa, acaso más atractiva, según el talento del régisseur (Spinoza, maestro). Nada más.
«Ciego» es capaz de llamar el panteísta al ateo, pues dice que tiene el Dios ante sus narices y no puede verlo. Pero entonces es vidente y un nigromante este nuevo ungido, pues invoca la «evidencia invisible» de Victor Hugo, y sin embargo insiste en que su «Dios es real»: ¿por qué es tan esquivo, entonces? Si allí estuviera no podría ser negado ni por los ciegos, como no podemos negar la gravedad aunque sólo miremos los objetos caer.
Por último, y porque acaso algo le deben, no desprecian estos sabios intuitivos y santos laicos la religión. Eso dicen. Amantes de la paradoja -por ver en ella no su ironía refutadora sino su decorado de inasibilidad detrás del cual se escondería eso que proyectan como un Deseo-, estos creyentes vergonzantes quizá «no odian lo religioso como no odian la infancia porque hayan dejado de ser niños». Escuálida comparación. Lo que el ateo denuncia es cierta obcecada tendencia a seguir poniendo los dientes debajo de la almohada. Nadie impugna la niñez excepto cuando se la practica pelo en pecho, todavía.
Porque no deja de ser cierto lo que dice el errático André Comte-Sponville: «El ateo, antes que contarse cuentos, prefiere afrontar con sus propios medios la angustia, el desamparo, la desesperación, la soledad y la libertad. Lo real sólo satisface al que lo acepta». Claro: no se trata de que, como dicen los panteístas y fideístas varios, los ateos no quieran ver. Se trata de todo lo que los creyentes no pueden probar.
May 29th, 2006 @ 12:39 am
Estimado Fernando:
No he dejado de contestar a tu último mensaje por desidia o indiferencia, sino porque el poco tiempo libre que me deja mi trabajo lo he ocupado en atender a la gestación y nacimiento en Internet del “Movimiento Ciudadano por la República Constitucional”.
Hace poco releía “La emboscadura” de Ernst Jünger y subrayé, entre otros, un párrafo donde expresaba el deseo de que alguien escribiera un “Pequeño catecismo para ateos”. He tenido en barbecho esa idea y, hoy, al escribirte, me he decidido a iniciar una sección en FD con ese nombre o parecido. Estaré encantado de ir contestando a todas tus objeciones -si puedo y sé-, pues, como dice Jünger, “un ateo fuerte causa siempre un efecto más grato que el hombre común con su indiferentismo”.
Gracias por tus aportaciones, de verdad. ¿Seguiremos en contacto? En cualquier caso, leo tu bitácora sobre el ateísmo.
Un saludo. Oliver.
June 17th, 2006 @ 8:21 pm
OLIVER:
Desde que puse Filosofía Digital entre los blogs recomendados de mi bitácora, dejé de visitarte. Perdón por la descortesía. Es un blog recomendable.
He buscado la sección de la que me hablás en tu mensaje y no la he hallado. Me gustaría leerla, aunque no sé si podría estar a la altura de las respuestas a tus objeciones, en serio. Aunque podríamos hacer el intento. Ya hay algunas en el texto precedente, así que sería un buen comienzo. Te agradezco por todo y felicitaciones por el nuevo diseño de tu sitio. El otro ya impresionaba por su belleza, y éste no le va en zaga.
Saludos.
P.D.: Lo de “catecismo para ateos” me parece no sólo una frase de ironía endeble sino también de ignorancia establecida. Algo equivalente a la respuesta célebre de Buñuel, aquélla de que “gracias a Dios soy ateo”. La paradoja, el absurdo, funciona como broma, pero no tiene contenido o no calma la sed debido a su escasa profundidad. La doctrina atea, si es que la tiene el ateísmo, es aplicable en el sentido primigenio de esa palabra (doctrina, digo) y no en el peyorativo que hoy pueda poseer, una vez más “gracias” a la religión. Veamos si puedo demostrarse que no soy dogmático.
June 18th, 2006 @ 5:26 pm
Estimado Fernando:
Gracias por tus palabras. Aún no he iniciado esa sección de la que te hablé, por eso no la encuentras. No sé cómo plantearla, la verdad. Últimamente me he ocupado casi exclusivamente de política y no he encontrado el tiempo necesario para la reflexión serena, la suprema forma de acción, aunque muchos crean que no actúan hasta que se mueven físicamente.
Voy a hablar de religión, desde luego. Pero lo del “catecismo para ateos” no me satisface a mí tampoco. Entre otras cosas, porque un “catecismo filosófico” lo necesitan mucho más los creyentes y supersticiosos que los ateos. Tengo que definir el área y darle un título, aunque eso es lo de menos, acorde con el previsible contenido.
No quiero decir algo hasta que tenga algo que decir. Pero, en breve, espero decidirme.
Seguiremos en contacto. Tengo enlazada, aquí también, tu “Razón atea”. Un cordial saludo.
June 22nd, 2006 @ 4:01 pm
OLIVER:
Muchas gracias. Si puedo ayudarte en algo, no dudés en consultarme.
Un saludo.
December 17th, 2009 @ 7:54 am
Una pregunta para el señor Oliver: si usted defiende una idea que no consta de palabras ni se capta con argumentos logicos ¿que es lo que esta usted profesando con tanto esmero? ¿Acaso una idea, un ideal indescriptible e ilogico? ¿que es lo que interpreta usted con su capacidad de “entender ciertas cosas”? ¿Cual es la altura sobrehumana en la que habita su capacidad intelectual de la que tanto le agrada jactarse? Un espiritu que conserva caracteristicas infantiles como, por ejemplo, la ingenuidad en su caso, tiene terminantemente prohibido el acceso a temas que requieren de cierta madurez intelectual…y mucho menos pronunciarse en disputas sobre al posibilidad de la existencia de Dios
Atte. Walter Claus
December 17th, 2009 @ 8:26 am
“el que pierde en una discusión racional es el que gana, porque sale del error y la ignorancia”. Socrates. De acuerdo pero…¿quien el juez que dictamima quien pierde en una discusion racional? ¿otro “racional”, como usted acaso? ¿cual es la naturaleza de eso a lo que a usted lo tiene tan “enamorado”? Es usted demasiado capaz, por eso se esconde detras de las palabras y , lamento diagnosticarlo, esta “infectado” por el “germen de la fe”. No pierda mas el tiempo y encuentrese a usted mismo, no deposite su esperanza ni su brillante intelecto en otra cosa que no sea usted; utilize su fobia a la nada, su “miedo a estar solo”, natural en espiritus ingenuos, en algo que realmente le ayude; ahora bien, si esta conviccion que usted demuestra se ajusta, y evidentemente lo hace, a su metodo de supervivencia y le produce gozo alguno, al menos intelectualente, pues bien, no es menester que llegue hasta donde nosotros hemos llegado, y puede estar seguro que fue por caminos dificiles y probablemente despues de liberarnos de algunas cadenas, las “cadenas del alma”, nuestra emancipacion fue lograda gracias a que nos fugamos de las prisiones mas subterraneas que puedan existir, las “carceles para pensamientos”. Walter Claus
December 17th, 2009 @ 11:24 pm
Estimado Walter:
Iba a tratar de aclarar mi postura, pero releyendo sus dos comentarios me doy cuenta de que yo -ingenuo e infantil, sin madurez intelectual suficiente, incapaz de soportar la soledad, atacado del virus de la fe, escondido tras las palabras, y a pesar de autoelevarme a una altura sobrehumana en la que habita mi capacidad intelectual, y de la que, al parecer, tanto me agrada jactarme [sic]- no puedo ni siquiera intentar alcanzar la elevación de sus conceptos filosóficos, que, por cierto, aún no he visto.
Así que, dejémoslo. Pero, ¿seguro que se ha librado de las cadenas del alma y ha logrado escapar de la cárcel de sus pensamientos? Porque, francamente, usted no hace preguntas ni emite juicios, los escupe. Y esa conducta no me parece compatible con un espíritu libre.
Gracias por su aportación y un cordial saludo.
December 18th, 2009 @ 6:37 am
Apreciado librepensador: le agradezco de sobremanera sus replicas tan sutiles y cargadas de esta agudeza intelectual que usted practica, las cuales, de todas maneras, no resultan demasiado necesarias en estos casos puesto que lo que se busca son hechos y no palabras. No es tampoco necesario que aclare mi postura, ya que esta olgadamente definida, usted condimentela a su gusto, mas si considero oportuno hacer una pretenciosa aclaracion: quizas en parte porque este mal expresado, quizas por una erronea interpretacion de su parte, lo cierto es que cuado me refiero a que logre fugarme de la carcel de los pensamientos, estoy diciendo, para concluir, de pensamientos como el suyo, absolutamente, sostengo, infantiles. En lo referido a que mis preguntas y juicios no son emitidos sino mas bien escupidos, esto es para mi un elogio realmente, puesto que a la vista esta que ha sabido interpretarme de modo correcto, aunque, por otra parte, lo que no ha sabido es evacuar aun mis dudas referidas a sus conceptos filosoficos. Me elogiaria aun mas si lo hiciera. Doy por sentado que tambien entendera el termino “filosofia a martillazos”, el cual nos remite, indudablemente, al genio de Nietzsche(con esto intento, humildemente, exponer mi etica). De mas esta decir que, para ciertos pensamientos, ciertas alturas; quizas no la suya. Resulta claro, al leer la “defensa” de su postura que a mayor “altura” menor oxigeno. Buen hombre usted esta para otras cosas, para lo bello y agradable que tiene la vida, la devocion y la entrega fueron diseñadas a la medida de su espiritu ¿o debo decir alma? Es usted un indiscutido merecedor del “mas alla”, deje el “mas aca” en buenas manos. Por cierto, estas buenas manos quedan a la espera de una defensa racional sobre su etica; seguramente usted, empujado por su capacidad y conviccion, hallara las palabras correctas para que yo me permita interpretar su ingenuidad como alguna otra cosa un tanto mas adulta. Se que estoy exigiendo demasiado al pretender que usted, o algun otro, se “ponga los guantes” para defender el titulo de “campeon de la ilusion” pero !vamos¡ !no se frustre¡ tiene todo mi apoyo, despues de todo yo tambien fui un niño alguna vez…
Atte. Walter Claus.
December 20th, 2009 @ 11:03 am
Quiero regalar esta canción a los hombres y mujeres inocentes, esos que habiendo llegado a lo más alto , aun se asombran ante la Belleza y el Misterio de un Amanecer.
Y a aquellos que habiendo llegado a lo más alto, sufren en su escéptica soledad también quiero regalarles esta canción.
Con todo mi afecto.
http://www.youtube.com/watch?v=Q-JV2TSb7_U&feature=related
May 23rd, 2010 @ 6:22 pm
Soy creyente y por elección CATOLICA, en mi país somos católicos un 80 % Y ES POR QUE ESTAMOS A MERCED DE LA PROVIDENCIA EN MEDIO DE EL MUNDO y tenemos la FE sencilla de la gente que vivimos la verdad.
Queridos del mundo y del Creador me impresiona TANTO SU FE… SIGAN PENSANDO Y SERAN MAESTROS.