RAZÓN E IGNORANCIA, por Jesús Nava
“Razón e ignorancia, dos cosas opuestas, influyen en la gran mayoría de la humanidad. La razón se obedece a sí misma, y la ignorancia se somete a todo lo que se le dicte” THOMAS PAINE.
* * * * * *
Dice Thomas Paine, en “Derechos del hombre”, que en aquellos países que tomen la razón como guía de su sistema político los ciudadanos gozarán de la máxima libertad bajo “un gobierno por elección y representación”, es decir: la república democrática.
LA MONARQUÍA Y LA OLIGARQUÍA NO SE BASAN EN LA RAZÓN, SINO EN LA IGNORANCIA
Como, por otro lado, el ejercicio del gobierno requiere capacidades y talentos que no son hereditarios, la monarquía y la aristocracia u oligocracia, con su mecanismo sucesorio basado en la herencia o la endogamia política, respectivamente, no se basan en la razón, sino en la ignorancia; y “cuanto más ignorante sea un país, más adecuado resulta para esa especie de gobierno”.
Pero aún queda, según Paine, un tercer sistema de gobierno al que llama “mixto”; o como a veces se dice “cómicamente”, “un gobierno que tiene de esto, de aquello y un poco de lo otro”.
Un régimen político así de cómico es el que sufrimos en España. Monarquía hereditaria como forma de Estado, por designio de un dictador, y oligarquía de partidos o partitocracia como forma de gobierno, cínicamente definida, por la clase política, como “democracia parlamentaria”. Todo ello, por supuesto, bendecido en su momento, mediante un referéndum tramposo, por un pueblo ignorante y sumiso, amedrentado por cuarenta años de dictadura y engañado por todos los partidos legalizados.
Al apocamiento de la inmensa mayoría de los españoles, que nunca se rebelaron contra la dictadura y, ya muerto el dictador, se conformaron con una salida engañosa en vez de exigir la libertad, se unió la traición de unos políticos oportunistas y corruptos, de izquierdas y de derechas, que pactaron un golpe de Estado constitucional (“los diputados no estaban elegidos expresamente con ese fin, ni estaban dotados de facultades para formar una constitución.” Thomas Paine) y usurparon la soberanía nacional, llegando a un arreglo para repartirse el poder político en proporción a los votos obtenidos en sucesivas elecciones fraudulentas.
La Constitución española de 1.978 miente. Todos los partidos políticos, integrados en el sistema, también. En España no hay democracia. A menos, claro, que entendamos por democracia lo que el socialista Gramsci definía como dictadura más hegemonía. Es decir, en este caso, dictadura de partidos, que se van alternando en el gobierno según obtenga la hegemonía entre los “votantes” ora la derecha, ora la izquierda. Puro teatro que imita burdamente la verdadera alternancia o rotación democrática, pues, al gobernar por consenso entre las facciones de la casta gobernante, los que mandan son siempre los mismos perros con distintos collares.
Aunque los jóvenes, por ignorancia, no lo sepan y los de mi generación, por pura conveniencia, no lo quieran saber, en España se pasó de la autocracia (gobierno de uno solo) a la oligocracia (gobierno de unos pocos), sistema común en casi toda Europa; pero todavía no a la democracia (gobierno de todo el pueblo), “una sociedad -según Spinoza- cuyo poder está en manos de todos y cuyas leyes son sancionadas por el consenso general”.
UNA MONARQUÍA SIN PODERES, EN UN PAÍS CATÓLICO, NO ES CONTRARIA A LA DEMOCRACIA, PERO SÍ ES ANTIDEMOCRÁTICO UN ESTADO TAN MAL CONSTITUIDO COMO EL ESPAÑOL
Una monarquía “moderna” donde el rey o la reina sean figuras meramente simbólicas de la unidad del Estado, aunque sea una antigualla para la razón, no es incompatible con la democracia. Puede, incluso, ser útil en un país católico y supersticioso acostumbrado a la autoridad absoluta del Papa sobre su conciencia. Sí es contrario a la democracia, en cambio, un régimen donde el poder político está tan mal constituido como el español.
No separa los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, ni pone más límites a la tendencia que tiene cada uno a entrometerse en el ámbito de los otros dos que simples “barreras de papel”, situación que abre la puerta de par en par a la corrupción política y los abusos de poder.
Los ciudadanos no eligen -ni controlan- ninguno de los tres poderes del Estado: el parlamento nombra el gobierno y el poder judicial, y los parlamentarios son escogidos por sus respectivos jefes de partido para figurar en las listas que éstos confeccionan. De ahí el divorcio inevitable entre la clase política y la sociedad civil.
Los partidos y los sindicatos son mantenidos por el Estado, por lo que de representantes de la sociedad civil o de los trabajadores, como deberían ser, se transforman en meros profesionales de la política o funcionarios orgánicos que ponen las arcas y las instituciones públicas al servicio de sus intereses privados.
Y, por si fuera poco, el poder del Estado es casi ilimitado, pues osa intervenir incluso en aquellas áreas que, como decía Stuart Mill, son sagradas e incumben exclusivamente a los particulares.
Decía Spinoza -y comparto su certeza- que “una razón clara es infalible” y dice lo mismo a todos los hombres. A mí me dice, dos cosas:
Una, expresada en el dramático llamamiento de un profeta de la antigüedad a su nación: “Pueblo mío, los que te guían te engañan y tuercen el curso de tus caminos”.
Otra, para terminar, así como empezamos, con palabras de Paine: “Quienes esperan cosechar las bendiciones de la libertad deben, como hombres, soportar las fatigas de defenderlas”.
¿Qué te dice la razón a ti?
FD, 11/12/2005
10 comentarios »
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February 7th, 2006 @ 4:22 pm
Pues que espero que el pago por todos esos errores no sea demasiado grande, tanto como para volver a ciertas épocas pretéritas.
February 13th, 2006 @ 6:02 pm
Felicitaciones por tus comentarios a los que he llegado a través de Francisco Rubiales.
Comparto tus pensamientos y creo son válidos para muchos países que en la actualidad están teniendo problemas respecto de la ” democracia” que creen tener. Si me permites, voy a difundir tus planteamientos en Chile.
Un abrazo,
Rodrigo González Fernández
February 13th, 2006 @ 11:59 pm
Gracias a ti, Rodrigo.
Las ideas son fruto del entendimiento, que no es propiedad de ningún particular, y no son, por lo tanto patentables. Así que puedes hacer de las que se publiquen en Filosofía Digital el uso que estimes oportuno.
Un cordial saludo.
October 9th, 2007 @ 1:24 pm
Jesús, haces bien en recordar lo evidente aunque pueda parecer la postura reiterativa de profeta loco. La ceguera mental es el más acusado de nuestros males modernos, muy por encima de la nicotina, el alcohol, las drogas, el paro, el acné, los accidentes de tráfico, los terroristas o cualquier otro burladero para mantenernos apartados de lo esencial. Persevera.
October 9th, 2007 @ 11:10 pm
Gracias, Carlos Luis, perseveraremos. He recuperado el hilo de mi discurso cuando empecé a publicar en Filosofía Digital mis análisis políticos elementales. Después de dos intentos fallidos para organizar un movimiento por la democracia en España, necesito recobrar mi primer impulso y volver a los principios que me inspiraron a emprender tal aventura sin ser nadie en el panorama cultural y político español.
Durante un año he escrito más de cincuenta artículos sobre política y democracia, especialmente en un blog colectivo, y varios cientos de comentarios, fruto del debate, y hasta de la polémica. Los rescataré, aunque sólo sea para mí mismo, y para no quedarme con la sensación de haber estado perdiendo el tiempo al tratar de congregar y organizar a los demócratas que pudiera localizar en Internet (primer paso), para lanzar juntos un movimiento ciudadano real dispuesto a hacer algo por la democracia (segundo paso), empezando por la difusión del espíritu democrático por todas las provincias de España y la fundación de asambleas locales en cada ciudad donde fuere posible (tercer paso).
Prefiero retirarme a meditar en el desierto (”no soy profeta ni hijo de profeta”, como decía Amós), o en la soledad de Internet, que viene a ser lo mismo, a la espera de que el pueblo tome conciencia de su esclavitud, antes que tratar de motivar a intelectuales que, como los filósofos y poetas, parecen estar condenados a hablar o a escribir siempre y no hacer nada. Reflexionar y conversar es hacer filosofía. Pero hablar de política no es hacer política, del mismo modo que hablar del amor no es hacer el amor.
Sólo quiero emplear en la reflexión política el tiempo que necesito para perfilar los grandes principios de la democracia (con la ayuda e inspiración de los clásicos, pero en solitario, porque no hay precedentes en España de un discurso democrático bien fundado) y hablar con otros únicamente de lo que están dispuestos a hacer.
Pero no osaré decir que los españoles tienen miedo a la libertad, mientras no se les haya presentado -y la hayan rechazado- una verdadera alternativa democrática a la actual oligocracia de partidos. Pues tenía razón Thomas Paine cuando le decía a su amigo el Marqués de Lafayette que “la humanidad siempre está lo bastante madura como para comprender su propio interés, siempre que se le exponga de manera clara a su comprensión, y ello de forma que no cree sospechas de egoísmo ni ofenda por suponer demasiado. Cuando deseamos reformar no debemos reprochar”.
Lo que yo crea que debo hacer, lo haré. Y el que quiera, cuando llegue el momento, que se adhiera libremente, si lo considera oportuno. De momento, para mí, es como volver a empezar.
Un saludo.
December 8th, 2009 @ 7:05 pm
“La Constitución española de 1.978 miente”.
Querido Jesús N., no sabes como lamento discrepar de tus muy fundados criterios. Se trata de una discrepancia puntual (la frase que encabeza este comentario), que sin embargo, se me antoja esencial. Espero estar equivocado y que tal discrepancia no sea más que accesoria.
Me explico: En mi opinión, el Valor de una Constitución no reside tanto en la organización del Estado, como en el respeto, protección y promoción de los Derechos Humanos,de los Derechos Fundamentales del Hombre, de los Ciudadanos, si lo prefieres.
Y nuestra Constitución contiene un catálogo adecuado de tales Derechos. Contiene también los instrumentos para su protección y promoción.
Desde ese punto de vista (esencial), pues, aprecio en mucho nuestra Constitución.
Otra cosa es la práctica. O dicho de otro modo, la práctica de los Canallas que copan las instituciones.
Con la actual Constitución es posible (incluso sencillo) lograr una sociedad Libre y Responsable.
El problema, pues, no es la Constitución, sino su puesta en práctica.
Una salida fácil sería culpar de nuestras desgracias a la clase política. Pero no creo que ello sea así.
No digo que “nuestros” políticos no merezcan el más duro de los castigos, la más sonada pita, el desprecio y el olvido. Lo merecen. Y más.
Pero no son ellos, querido amigo, los responsables. Los responsables somos nosotros, los ciudadanos, en tus propias palabras, el responsable es ese “pueblo ignorante y sumiso, amedrentado”.
Pero, incluso en estos terribles momentos, hay lugar para el optimismo. Somos muchos quienes, gracias al trabajo de personas como tu, empezamos a despertar del letargo en el que la comodidad y el temor nos ha instalado. Creo que se acerca el momento de los grandes cambios. Solo espero que sean para bien.
Y lo serán, siempre que la ruptura no tenga lugar violentamente. Y en esa ruptura no violenta, percibo nuestra Constitución mucho más como herramienta para el logro de un futuro mejor, que como arma en contra de ese mejor porvenir.
No me imagino como, en este momento, podríamos disponer de una mejor herramienta para nuestros fines de Justicia. Solo hemos de exigir, de manera inflexible -y aquí sí, incluso violentamente- el respeto a los Derechos Fundamentales que nuestra Constitución garantiza.
Una vez fortalecidos en nuestros Derechos CONSTITUCIONALES, tiempo habrá para mejorarla.
Un fuerte abrazo.
December 8th, 2009 @ 7:25 pm
Ramón Fernández Durán: “El Estado desaparece pero, al mismo tiempo, se hace más fuerte en lo represivo mientras abandona funciones sociales”.
Exactamente. Es lo que está pasando. Y no es conforme a nuestra Constitución. Pero lo toleramos.
*?¡¡%&!++!! (taco), es que incluso muchos lo defienden. Es el Miedo y su corolario, la Ignorancia.
Un pueblo cobarde merece padecer la dictadura. Y, prueba de ello es lo que está sucediendo. Merecemos lo que tenemos.
Para tener lo que deseamos, hemos de vencer el miedo. Sin ese paso, no hay más ni mejor futuro que el de ese Estado paternal, autoritario, arbitrario, injusto y cruel que padecemos.
Pero, afortunadamente, habitualmente, en el problema está la solución: la situación no mejorará por si misma. Solo empeorará. Y ese empeoramiento hará surgir la victoria sobre el miedo. Los padecimientos no pueden sobrepasar un límite, el propio de la naturaleza humana. Pasado ese límite (más que cercano, hoy en día), el Miedo pierde todo sentido, pues el futuro de quiendecida enfrentarse a la afrenta a la humanidad, no podrá ser peor que el presente del aquietamiento.
Saludos. Y optimismo en la desgracia. Sufriremos, sí. Pero venceremos. Aunque algunos de nosotros no lo lleguemos a ver.
December 11th, 2009 @ 10:16 pm
Estimado Jesús Díaz:
Creo, en efecto, que nuestra discrepancia sobre el grado de estima que nos merece la Constitución Española de 1978, es esencial. Yo no sólo no la estimo democrática, sino que la cosidero totalmente oligárquica, y, por lo tanto, antidemocrática.
¿Desde cuándo democracia es que el destino político de una nación esté en manos de unos pocos? ¿Quién legisla en España, quien ejecuta las leyes y quién juzga? Hasta Montesquieu y Tocqueville, que no eran demócratas, aunque tampoco enemigos de la democracia, reconocían que allí donde el poder de legislar y de controlar los asuntos públicos no estaba en manos de “todo el pueblo”, no había democracia, sino aristocracia u oligarquía.
Thomas Paine, por otra parte, explicó en sus Derechos del Hombre que el único poder constituyente legítimo es el pueblo o la nación que se da a sí mismo una Constitución, a la que se sujeta voluntariamente, y que, al mismo tiempo, sirve para elegir, sujetar y controlar a sus representantes en los tres poderes del Estado. Pero no fue el pueblo español, a través de representantes libremente escogidos para la ocasión, quien elaboró el texto constitucional de 1978, sino, como diría Rajoy, “unos cuantos señores reunidos”. Y no son los ciudadanos los que deciden en absoluto si les parecen bien las decisiones de su gobierno, sino el gobierno el que obra a su antojo.
Como además los tres poderes del Estado están en las mismas manos, las del partido ganador, y esa es, según el mismo Montesquieu, la definición misma de despotismo, pues eso: en España no sólo no tenemos democracia, sino que tenemos un despotismo de hecho, y carecemos, por tanto, incluso de libertad política.
Que la Constitución contenga un listado de los Derechos Humanos, no significa nada, si el poder de hacer que se respeten no está en manos de los ciudadanos, sino de sus gobernantes. Y no hay que olvidar que el derecho fundamental que debe salvaguardar una Constitución democrática es el de un pueblo a gobernarse a sí mismo.
Los textos que he publicado de Jefferson, Paine, Montesquieu, Tocqueville, y otros, no dejan lugar a dudas: en España no hay democracia ni libertad colectiva, y su Constitución es una barrera infranqueable a la participación del pueblo español en la gestión y fiscalización de sus propios asuntos públicos.
Lo que no obsta, querido amigo, para que te mande, como siempre, un fuerte abrazo, pues la amistad está, como es natural, por encima de cualquier opinión política, siempre relativa y sujeta a revisión.
December 12th, 2009 @ 12:25 am
Querido Jesús N., suscribo todo cuanto dices, incluído este párrafo:
“Que la Constitución contenga un listado de los Derechos Humanos, no significa nada, si el poder de hacer que se respeten no está en manos de los ciudadanos, sino de sus gobernantes. Y no hay que olvidar que el derecho fundamental que debe salvaguardar una Constitución democrática es el de un pueblo a gobernarse a sí mismo”.
Lo que planteo, no lo estimo en colisión con tu postura que, insisto, comparto plenamente.
Mi “conformidad” con el texto constitucional va por otros derroteros: Imaginando la situación en el caso de que no tuviesemos ese Listado de Derechos Fundamentales con Rango Constitucional, no puedo sino alegrarme de su existencia. Y mucho.
Y digo -me refiero a la Constitución y al catálogo de Derechos en ella contenida- existencia, que no vigencia.
En efecto, el respeto a los Derechos Fundamentales es inexistente; la actual vigencia de esos derechos, es una FARSA. Son más parecidos a la Caridad que a un Derecho. Dependemos de la buena voluntad del aplicador. Y respecto al Legislador orgánico, mejor no hablar. Dan verdadero ASCO. Nuestras Cortes Generales estánllenas a rebosar de RATONES. No llegan ni a Ratas.
Sabes bien, querido amigo, que eso es lo que pienso, escribo, y diré donde sea necesario, gritandolo incluso. No es por falta de valor.
Pero no puedo evitar agradecer que la existencia de los Derechos Humanos (Fundamentales) tenga RANGO CONSTITUCIONAL. Porque, gracias a ello, LA LEGITIMIDAD ESTÁ DE NUESTRO LADO.
Lo que intento -con mal tino- transmitir es que, conforme al Texto Constitucional, ESTAMOS DIRIGIDOS POR GOLPISTAS (No solo en cuanto al “proceso” constituyente, sino también tras el mismo, y hasta ahora).
En la elaboración de nuestra Constitución, los franquistas, católicos y otros fundamentalistas (en especial el Capital, y los Fundamentalistas “de mercado”) tuvieron que incluir estos Derechos. No les habríamos permitido no haberlo hecho.
Entonces, los españoles les intimidábamos en algún grado. No es el caso actualmente vivido. A la gente le dan igual sus Derechos, ni los conocen.
En estas circunstancias, querido amigo, el actual, creo que, desgraciadamente, el el mejor texto constitucional que tenemos a nuestro alcance. Su reforma sería para peor. Que digo, para mucho peor.
Creo que el primer paso para recuperar nuestra Dignidad como Pueblo y como Individuos, es el recuperar la vigencia de nuestros Derechos Fundamentales. Y la Constitución actual, en este primer paso al menos, nos ampara.
Este es el sentido de mi defensa de nuestra Constitución.
Sé que puedo aparentar conformismo. Creo que no es así. Únicamente busco LA MANERA DE RECUPERAR NUESTRA DIGNIDAD, de manera EFECTIVA y práctica. Sin eso, no hay nada.
Es el principio. No nos lo podemos saltar más que con una Revolución.
Y, si no somos capaces de lograr que nuestros conciudadanos exijan la efectividad de sus Derechos Constitucionales (al amparo de la legitimidad vigente; incluso, como es el caso, aun siendo tal legitimidad de nuestra Constitución solo aparente), ¿que sentido tiene promover una revolución?
Como mucho, tendríamos una discusión. Y poco concurrida.
Así están las cosas. No me gustan. Pero de intentar cambiarlas, primero, que sea para mejor, segundo, que sea por medio de una estrategia viable, y tercero y más importante, que sea un deseo mayoritario de los españoles.
Un fuerte abrazo.
December 12th, 2009 @ 1:22 pm
No creo, amigo mío, que el deseo de libertad vaya a ser mayoritario en España, ni el mundo, jamás. Y, no obstante, es por la libertad de toda la tierra, empezando por la mía, por la que trabajo, a base de obstinación, de forma casi anónima, esperanzado contra toda esperanza, pues mi divisa actual (tal vez inicie una nueva sección en Filosofía Digital bajo ese lema) es la de Amiel: “Las fatalidades convencionales, las barreras humanas sublevan mi respeto por el hombre, y por su libertad. Liberación gradual y sin límites; libertad creciente, total; apoteosis ascendente del hombre, querida por Dios y ayudada por él; y esto para todos, tal es mi divisa actual”.
España está mal constituida, y tengo muy claro, como dijo Spinoza ya en el siglo XVII, que el que en un país haya concordia o discordia entre los ciudadanos, respeto o transgresión de las leyes, y un mayor o menor grado de felicidad general, depende enteramente de su Constitución política.
Y, como él, yo también llamo a las leyes -cuando son fruto de la deliberación de la nación, extraída del debate y la reflexión colectivos, en busca del bien de todos- DERECHO COMÚN O LIBERTAD. Porque fuera del derecho común, no hay libertad alguna (por eso no soy anarquista), ni tampoco cuando unos pocos legislan en nombre de todos para imponerles sus leyes, y su justicia de clase, a los muchos (por eso no soy conservador, ni liberal o neoliberal, ni marxista), ni creo que el estatismo y estatalismo, ora centralista, ora autonomista, sea compatible con la libertad y el autogobierno de la sociedad (por eso no soy ni nacionalista ni socialista).
Entonces ¿qué? Pues soy demócrata, simplemente, y propugno o propongo una democracia social (que no es lo mismo que la socialdemocracia), no meramente política, formal o burguesa, que se base en un pacto de los ciudadanos entre sí, dirigida a la instauración de la justicia y la equidad para todos, es decir, la persecución de la idea justa de libertad: la democrática.
Considero que, aunque los Derechos Humanos figuren en una Constitución, no servirá de nada si los ciudadanos no pueden o no están dispuestos a fiscalizar y exigir su cumplimiento. Sin democracia, es decir, sin autogobierno de la sociedad, los Derechos Humanos no son más que un brindis al sol. Y enfrentarse individualmente al Estado, un suicidio civil. “Porque la libertad de un Estado que no está afincada en bases suficientemente firmes, nunca es defendida sin peligro” (Spinoza).
Esta es mi filosofía política, y mi objetivo para todos. Porque, aunque, como decía Servet en una de sus obras, el día que me muera, me llevaré mi libertad conmigo, no dejo de reconocer que, mientras viva en el mundo, gozaré de mucha más libertad en una sociedad libre que en medio de un pueblo de esclavos, donde se encuentra uno -tú lo sabes bien-, muy solo. Pues ya lo dijo Spinoza: “Aquella sociedad, cuya paz depende de la inercia de unos súbditos que se comportan como ganado, porque sólo saben actuar como esclavos, merece más bien el nombre de soledad que de sociedad.”
Como ya he dicho en otras ocasiones, no sé de qué otra manera se puede esperar avanzar hacia ese objetivo que asociando políticamente a los verdaderos demócratas (no a los conservadores, ni a los liberales, ni a los anarquistas, ni a los socialistas o comunistas, que anteponen sus ideologías e intereses respectivos al interés común de la libertad) para empezar a desarrollar una pedagogía democrática por todo el país. Pero, puesto que nadie comparte mi punto de vista, doy por bueno que mi proyecto es malo.
Seguiré, no obstante, viviendo y proclamando mi ideal, que es la verdad de mi vida; él se encargará de hacer con los demás el trabajo de persuasión que le compete: es su cometido.
Las ideas verdaderas tienen una enorme fuerza revolucionaria para la colectividad y para transformar la ética individual. Sólo necesitan pueblos e individuos que las acojan para darles vida. Si en las almas de los hombres y mujeres de hoy, ocupadas con tantas trivialidades, no queda sitio para la verdad, ya llegará el día de los corazones sedientos de libertad. Tal vez haya que esperar a que la parte pobre de la humanidad, se enriquezca; y, cuando todos estén ahítos de cosas materiales, puede ser que caigan en la cuenta de que también tienen un alma, y que no sólo de pan vive el hombre.
Entre tanto, los que hemos alcanzado un cierto grado de libertad, sigamos siendo libres; porque, en cualquier país donde vivamos, podemos seguir siéndolo.
Un fuerte abrazo.