Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

UNA CABEZA CLARA Y UN CORAZÓN ENÉRGICO, por Ernst Jünger

Archivado en: -CONCIENCIA VIGILANTE — November 14, 2009 @ 7:56 pm

“El lugar de la libertad es completamente distinto de la mera oposición; también es diferente del lugar que la huida puede brindar. Hay unos medios diferentes del “no” que uno escribe en el círculo predispuesto para ello en la papeleta de voto. Desde luego, dada la situación a que se ha llegado, tal vez esté capacitado para la emboscadura, nada más que uno solo entre cien. Pero de lo que aquí se trata no es de relaciones numéricas. Cuando se incendia un teatro basta una cabeza clara, basta un corazón enérgico para contener el pánico de millares de personas que amenazan con aplastarse unas a otras y que se entregan a una angustia propia de animales.”

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La simple necesidad que la gente siente de absorber varias veces al día noticias es ya un signo de angustia; la imaginación gira y gira, y de esa manera va creciendo y paralizándose. A lo que se asemejan todas esas antenas que hay en las ciudades gigantescas es al cabello erizado. Constituyen una invitación a establecer contacto con demonios.

TODO PUEDE CONVERTIRSE EN OBJETO DE MIEDO, NO SÓLO EL PODER POLÍTICO

El gran mecanismo político no es lo único que mueve a sentir ese miedo. Hay además una cantidad innumerable de angustias particulares. Ellas traen consigo la incertidumbre y ésta deposita siempre su esperanza en médicos, en salvadores, en taumaturgos. Todo puede convertirse, efectivamente, en objeto de miedo.

El gran mecanismo político no es lo único que mueve a sentir miedo. Hay además una cantidad innumerable de angustias particulares que traen consigo la incertidumbre. ¿Es posible librarse del miedo?

La pregunta básica en estos remolinos dice así: ¿es posible librar del miedo al ser humano? Tal cosa es mucho más importante que proporcionarle armas o proveerle de medicamentos. El poder y la salud están en quien no siente miedo.

Es tan estrecha la conexión que hay entre el miedo y los peligros amenazadores que resulta muy difícil decir cuál de esos poderes es el que engendra al otro. El miedo es más importante; de ahí que haya que empezar por él si se quiere desatar el nudo.

Es menester prevenir de lo contrario, es decir, del intento de comenzar por los peligros que nos amenazan. Si tratáramos de hacernos más peligrosos que aquellos a quienes tememos no contribuiríamos a la solución. Es la relación clásica que se da entre los rojos y los blancos, entre los rojos y los rojos, y tal vez, mañana, entre los blancos y los negros.

El terror es semejante a un fuego que se dispone a devorar el mundo entero. A la vez se multiplica el miedo. Quien pone fin al terror se legitima como llamado a ejercer el dominio. Y quien pone fin al terror es el mismo que antes ha vencido al miedo.

Ahora hay dos caminos; o expresado con otras palabras: ahora queda restablecida la libre decisión. Aun en el supuesto de la peor de las catástrofes, siempre subsiste una diferencia, como la que se da entre la luz y las tinieblas.

ÚNICAMENTE POR SÍ SOLO SE PUEDE ELEGIR UN DESTINO

En el primer caso, el de la luz, el camino va ascendiendo hacia reinos que están en las alturas, hacia la muerte en sacrificio o hacia el destino de quien sucumbe con las armas en la mano; en el segundo caso, el de las tinieblas, el camino desciende hacia los hondones de los campos de esclavos y los mataderos, donde unos hombres primitivos se asocian criminalmente con la técnica. En este último caso no hay destino, lo único que hay son números.

O bien poseer un destino propio o bien tener el valor de un número: ésa es la disyuntiva que hoy nos viene impuesta a todos y cada uno de nosotros, impuesta ciertamente a la fuerza; pero el decidirse por lo uno o por lo otro es algo que cada cual ha de hacer por sí solo. La persona singular es hoy exactamente igual de soberana que en cualquier otro período de la historia y aun es probable que sea más fuerte que nunca.

Retornemos a la imagen de las elecciones. Como vimos, el proceso electoral se ha trasformado en un concierto automático que viene dictaminado por quienes lo organizan. La persona singular puede ser forzada, será forzada a participar en él. Lo que ella ha de saber es que todas las posiciones que pueda llegar a ocupar dentro de ese campo son igualmente vanas.

El lugar de la libertad es completamente distinto de la mera oposición; también es diferente del lugar que la huida puede brindar. “Bosque” es el nombre que hemos dado al lugar de la libertad. En él hay otros medios, unos medios diferentes del “no” que uno escribe en el círculo predispuesto para ello en la papeleta de voto.

Todos podemos ser libres si nos desprendemos de la máscara del miedo, que oculta la jovialidad, reflejo luminoso de la libertad.

Desde luego, hemos visto que, dada la situación a que se ha llegado, tal vez esté capacitado para irse al bosque, para la emboscadura, nada más que uno solo entre cien. Pero de lo que aquí se trata no es de relaciones numéricas. Cuando se incendia un teatro basta una cabeza clara, basta un corazón enérgico para contener el pánico de millares de personas que amenazan con aplastarse unas a otras y que se entregan a una angustia propia de animales.

Cuando aquí hablamos de la “persona singular” estamos refiriéndonos al “ser humano”, al “hombre” tal cual, pero desprovisto del regusto añadido que esa palabra ha ido adquiriendo en el transcurso de los dos últimos siglos. Estamos refiriéndonos a la persona libre, tal como fue creada por Dios.

TODOS PODEMOS SER LIBRES, SI NOS ARRANCAMOS LA MÁSCARA DEL MIEDO

Ese hombre no representa una excepción, no es una minoría selecta. Antes al contrario, se halla oculto en el interior de todos y cada uno de nosotros; las diferencias que aquí aparecen son únicamente el resultado de la diferencia de grado en que el ser humano haya sido capaz de hacer realidad la libertad que le ha sido otorgada. Para eso es preciso prestarle ayuda, y se le ha de prestar con el pensamiento, con el conocimiento, con la amistad, con el amor.

Es posible dar al ritmo superior de la historia la interpretación siguiente: el ser humano se redescubre a sí mismo periódicamente. Siempre hay poderes que intentan colocarle sus máscaras propias, poderes que unas veces son totémicos, y otras mágicos, y otras técnicos. Entonces aumenta la rigidez; y al aumentar la rigidez, crece también el miedo. Las artes se petrifican, el dogma se absolutiza.

Pero desde los tiempos más remotos viene repitiéndose una y otra vez el mismo espectáculo: el hombre se quita la máscara y a ese acto sigue la jovialidad, la cual es el reflejo luminoso de la libertad.

Sometidos como estamos a la fascinación de potentes ilusiones ópticas, nos hemos habituado a ver en el ser humano un simple grano de arena, si se lo compara con sus máquinas y con sus aparatos. Ahora bien, los aparatos son, y no dejarán de ser, decorados de teatro colocados por la imaginación inferior.

El ser humano es quien ha fabricado tales decorados y él es quien puede desmontarlos o bien darles un sentido nuevo. Es posible hacer saltar las cadenas de la técnica; y quien puede hacerlo es la persona singular.

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ERNST JÜNGER, La emboscadura, 1983. Tusquets Editores, 1988. Traducción de Andrés Sánchez Pascual. [FD, 04/01/2007]

5 comentarios »

  1. andrea:

    es bonita pero deberia por mas informacion de ella con que fue creada, con que significada fuecreada

  2. nicole:

    a mi parecer es una de las mejores máscaras. ¡Felicitaciones! Tienen que seguir creando máscaras como estas.

  3. JHOANNA LIZBETH:

    ES MUY INTERESANTE PERO DEBERIA SER MAS AMPLIA

  4. tonta:

    estas imagenes no dan miedo

  5. Filosofía Digital » DEMOCRACIA ¿PARA QUÉ?, por Oliver del Valle:

    [...] más perfecto entre todos los regímenes posibles, porque es el único que libera a los hombres del miedo y les permite vivir en concordia, con el máximo de libertad y [...]

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