LA DEMOCRACIA, por George Santayana
“La democracia social es la democracia de Arcadia, de Suiza y de los pioneros norteamericanos. De esas comunidades se podría decir que poseen asimismo un gobierno democrático, pues todo es en ellas naturalmente democrático. No hay aristocracia, no hay prestigio, sino una inteligente propensión a prestarse ayuda y a realizar en común todo cuanto se haga, no tanto bajo la dirección de un jefe como guiándose por una especie de instinto de colaboración y de contagiosa simpatía. En otras palabras, rige ese gobierno supremamente democrático: la total ausencia de gobierno. La democracia política, por su parte, es un producto tardío y artificial. Surge merced a una gradual extensión de los privilegios aristocráticos, a través de la rebelión contra los abusos y en respuesta a la inquietud experimentada por el pueblo. La democracia social es un ideal ético general, tendente a la igualdad y a la fraternidad humanas, e incompatible en su forma radical con instituciones tales como la familia y la propiedad hereditaria. Por el contrario, el gobierno democrático es un simple medio para alcanzar un fin, un expediente para el mejor y más fácil gobierno de ciertos Estados en determinadas situaciones. No involucra ideales de vida especiales; es una cuestión de política“.
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La palabra democracia puede significar una igualdad social natural en el organismo político o una forma constitucional de gobierno en la que el poder, de manera más o menos directa, reside en manos del pueblo. Lo primero puede denominarse democracia social y lo segundo gobierno democrático. Ambas formas difieren ampliamente, tanto en origen como en principio moral.
LA DEMOCRACIA SOCIAL Y LA DEMOCRACIA POLÍTICA
Genéticamente considerada, la democracia social es algo primitivo, no intencional, propio de las comunidades donde existe una competencia general y ninguna personalidad especialmente señalada. Es la democracia de Arcadia, de Suiza y de los pioneros norteamericanos.
De esas comunidades se podría decir que poseen asimismo un gobierno democrático, pues todo es en ellas naturalmente democrático. No hay aristocracia, no hay prestigio, sino en cambio una inteligente propensión a prestarse ayuda y a realizar en común todo cuanto se haga, no tanto bajo la dirección de un jefe como guiándose por una especie de instinto de colaboración y de contagiosa simpatía. En otras palabras, rige ese gobierno supremamente democrático: la total ausencia de gobierno.
La democracia política, por su parte, es un producto tardío y artificial. Surge merced a una gradual extensión de los privilegios aristocráticos, a través de la rebelión contra los abusos y en respuesta a la inquietud experimentada por el pueblo. El principio en el que se funda no es la falta de personalidades eminentes, sino el descubrimiento de que las eminencias existentes han dejado de ser genuinas y representativas. Esta forma es compatible con un gobierno muy complejo, un gran imperio y una sociedad aristocrática; puede conservar, como ocurre notablemente en Inglaterra y en todas las antiguas repúblicas, muchos vestigios de instituciones más antiguas y menos democráticas.
Pues, en los gobiernos democráticos, el pueblo no ha creado el Estado; se limita meramente a fiscalizarlo. Sus celos y sospechas son aquietadas al asignársele una voz, tal vez tan sólo un veto, en la administración; pero el Estado administrado es una prodigiosa máquina histórica autocreada. Jamás estableció el voto popular la familia, la propiedad privada, las prácticas religiosas o las fronteras internacionales. Las instituciones, los ideales y los administradores pueden ser todos tales como las clases populares no los hubieran podido producir jamás, pero se permite que subsistan estos productos de aristocracia natural mientras no se eleve contra ellos una protesta demasiado imperiosa.
LA DEMOCRACIA SOCIAL, UN IDEAL ÉTICO; LA DEMOCRACIA POLÍTICA, UN SIMPLE MEDIO
Si volvemos nuestra mirada de los orígenes a los ideales, el contraste entre la democracia social y la democracia política no es menos marcado. La democracia social es un ideal ético general, tendente a la igualdad y a la fraternidad humanas, e incompatible en su forma radical con instituciones tales como la familia y la propiedad hereditaria.
Por el contrario, el gobierno democrático es un simple medio para alcanzar un fin, un expediente para el mejor y más fácil gobierno de ciertos Estados en determinadas situaciones. No involucra ideales de vida especiales; es una cuestión de política; a saber, si los intereses generales resultarán mejor servidos concediendo a todos los hombres (y a todas las mujeres) una participación igual en las elecciones.
Pues la democracia política, al surgir en Estados extensos y complejos, debe ser necesariamente un gobierno por representación, y los asuntos que verdaderamente se someten al pueblo sólo pueden ser cuestiones muy amplias de política general o de confianza en los dirigentes partidarios.
Todo gobierno justo persigue el bien general; la elección entre formas aristocráticas y democráticas atañe únicamente a los medios que se elijan para tal fin. Muy bien puede una organización particular adaptarse mejor a un lugar y una época determinada, en tanto que otra se adapta a otros. Todo depende de que se cuente o no con personalidades eminentes. La teoría democrática es claramente errónea si supone que la eminencia no es naturalmente representativa. La eminencia es sintética y representa lo que sintetiza. Una eminencia no representativa no implicaría excelencia, sino únicamente extravagancia o notoriedad.
Pero algo que se aproxime a tan verdadera excelencia es tan raro como grande, y se puede disculpar a una sociedad democrática, naturalmente celosa de la grandeza, que no espera hallar una verdadera grandeza, ni comprenda siquiera en qué consiste ésta. Un gobierno no se torna representativo o justo por el expediente mecánico de elegir a sus miembros mediante el sufragio universal. Sólo se torna representativo cuando encarna en su política, sea por instinto o a causa de una elevada inteligencia, los intereses conscientes e inconscientes del pueblo.
EL VALOR DE LA CIVILIZACIÓN PUEDE SER CUESTIONADO
La civilización, aunque estamos acostumbrados a pronunciar la palabra con cierta unción, es algo cuyo valor puede ser cuestionado. Una manera de defender el ideal democrático es negar que la civilización sea un bien. Por cierto que, en algún sentido, la democracia social es esencialmente una reversión a una vida más sencilla, más arcádica e idílica de la que ha fomentado la aristocracia. La igualdad se alcanza más fácilmente en una era patriarcal que en una era de actividades concentradas e intensas. Las posesiones, los ideales y los elementos tal vez sean menos numerosos en una comunidad sencilla, pero son más fácilmente compartidos y unen a los hombres con lazos morales e imaginativos en lugar de dividirlos, como lo hacen todas las maneras extremadamente complicadas de vivir o de pensar.
Un pueblo rural, que habite un país escasamente poblado, puede disfrutar de las cosas indispensables a la vida, y entre esas cosas indispensables tal vez se cuenten no sólo el pan y ropas para cubrirse, que todo el mundo consigue de alguna manera, aun en nuestra sociedad, sino esa comunal religión, poesía y fraternidad de que tan frecuentemente carecen los pobres civilizados.
Si la democracia social triunfara y se orientara en ese sentido, comenzaría por disminuir notablemente la cantidad de trabajo que se realiza en el mundo. Todos los instrumentos de lujo, muchos instrumentos de vano conocimiento y arte, se dejarían de producir. Podríamos ver nuevamente en desuso los medios de comunicación, tan maravillosamente desarrollados en los últimos tiempos; los cascos de grandes vapores enmoheciéndose en las radas; los puentes de ferrocarril derrumbándose y los túneles atascados; en tanto que se extendería sobre la tierra una población rural, con algunas manufacturas necesarias y perfeccionadas, abandonando a la ruina las grandes ciudades, que se calificarían de sedes de babilónica servidumbre y locura.
Tales anticipaciones pueden parecer fantásticas, y desde luego no es probable que se dé en el próximo futuro una reacción semejante contra el progreso material, puesto que, por ahora, la marea del comercialismo y de la población sigue subiendo en todas partes; pero ¿qué hombre de pensamiento supone que estas tendencias serán eternas y que el presente experimento en civilización es el último que ha de ver el mundo?
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DEDICATORIA: “Para Antonio García-Trevijano, con respeto y admiración, estas palabras del que él considera, no sin razón, el mejor filósofo español. Nuestros caminos convergieron, por un tiempo, en la búsqueda de la democracia; pero ahora divergen, porque nuestros ideales son diferentes. La democracia política, que para él es un fin, constituye para mí un simple medio al servicio de un ideal moral: la democracia social. Y los fines morales deben determinar los medios políticos.” Oliver, 22/06/2006.
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GEORGE SANTAYANA, La vida de la razón o fases del progreso humano, Tecnos, 2005. [Filosofía Digital, 22/06/2006]
15 comentarios »
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June 22nd, 2006 @ 7:45 pm
Oliver:
Desconocía tus divergencias con D.Antonio,deben ser recientes, ya que fué através de tu página como contacté de nuevo con mi admirado D.Antonio y su ilusionante proyecto de República Constitucional.
Por favor explicame si estoy eqivocado.
Gracias.
June 22nd, 2006 @ 8:21 pm
Estimado M.M.:
Reciente es nuestro contacto, por teléfono y correo electrónico. Hemos hablado mucho. Al planear la acción política por la Democracia han ido surgiendo discrepancias sobre las formas y estrategias desarrolladas o previstas.
Es su teoría de la República y su Movimiento. Tiene derecho a sacarlos adelante como estime oportuno. No seré un obstáculo en su camino. Me hago a un lado, eso es todo. No puedo asumir ni aceptar ciertas cosas sin previa discusión democrática. Yo sigo una causa, no a un hombre. Por mucho que lo respete y admire.
Pero ya sea delante, detrás o al lado, seguiré apoyando a cualquiera que luche por la libertad.
Un saludo.
June 22nd, 2006 @ 8:37 pm
Oliver: Agradezco tu comentario, lamento esta situación, efectivament se ha de seguir una causa, no un hombre.Espero que se produzca un acercamiento, por el bien del proyecto republicano.Seguiré siendo fiel visitante a tu página y a tus comentarios, y a los de D. Antonio.Dado que carezco de vuestra formación vuestros artículos me ayudan a clarificar la situaciones que padecemos y mantener la alerta frente a los que reparten gato por liebre en este país.Gracias
June 23rd, 2006 @ 4:15 pm
Me da la sensación que esto me afecta de pleno.
Empezaba a encontrarme cómodo en el papel de contrapeso, pero tras esta confirmación, no sé.
En cualquier caso, seguiremos peleando por la libertad y la justicia. Creo que esta separación o divergencia, acabará por convertirse en convergencia.
El tiempo lo dirá
Un cordial saludo
Linus
August 24th, 2006 @ 12:10 am
Perdona Oliver, en su día pasé por alto este magnífico artículo, supongo que por la “otra” noticia, que me atrajo en aquel momento más la atención.
Un saludo
August 24th, 2006 @ 1:29 am
Me alegro de que te haya gustado. Estoy de acuerdo en que es un magnífico artículo de Santayana. Aclara perfectamente la diferencia entre democracia política y democracia social, y la superioridad moral de la segunda sobre la primera. Esta es la democracia que yo defiendo y que me entusiasma: la de Arcadia, Suiza y la de los pioneros norteamericanos. También explica lo que debe entenderse por un gobierno representativo. En fin, una perla.
Un cordial saludo.
October 11th, 2006 @ 10:27 pm
[...] – La democracia, por Santayana – Más allá de la democracia, por Esperanza Guisán [...]
September 29th, 2007 @ 8:30 pm
[...] La vida de la razón o fases del progreso humano, Tecnos, 2005. Texto publicado originalmente en Filosofía Digital [...]
August 12th, 2010 @ 5:47 am
Me recuerda a Kropoptkin (” El apoyo mutuo”). ¿Dónde reside el gobierno de una planta? En cada una de sus partes.
Donde quiera que crezca, una flor siempre será una flor. Igual que el Ser Humano.
No necesitamos Gobierno. Solo Libertad. Pero no Libertad para equivocarnos. Necesitamos esa Libertad que surge de la ausencia de temor, y nos permite, en lugar de elegir, dejarnos FLUIR. Ese es el camino que conduce al Amor, a la FELICIDAD.
Muchas gracias por el post, y un fuerte abrazo, querido amigo.
August 13th, 2010 @ 1:05 am
Jesús Díaz Formoso
La Libertad es el valor supremo de la humanidad, que vehicula todo acto y contenido de cualquier vida, muy superior al de la propia vida. Solo disponen de ella aquellos que la merecen mediante su defensa a ultranza. Solo la desarrollan y disfrutan aquellos capaces de racionalizarla en su propia autodisciplina gestionada por su libre albedrío, de forma que la honre y le de el esplendor obtenido del esfuerzo en el autocontrol y el recato inherente al decoro en la ética, y a la honorabilidad en el valor y la moral que permita construir a cada individuo su mejor futuro, desde el rigor en el debido reconocimiento y respeto al derecho ajeno.
Nada que ver con el libertinaje del hedonismo parasitario ni del nihilismo inoculado en el fanatismo mediático y en la desculturización de los diferentes planes de “educación”.
Saludos
August 13th, 2010 @ 1:14 am
Sobre el artículo de Santayana, no concibo clasificación ni diferentes etiquetados que ni juntos ni por separado, permitan definir la expresión ‘democracia’. Solo concibo como democracia, una nación que se autogobierna y que en todo momento ostenta y dispone de su poder soberano que la define como nación libre. No hay democracia social, ni política, ni cristiana, ni ninguna otra que necesite alias alguno. Solo existe democracia. Sin más. Cualquier añadido oculta o contiene la trampa o el tocomocho, que termina prostituyéndola o larvándola hasta acabar en gusanera de muladar, como la actual calamidad a manos de zp y del cobarde servilismo nacional.
Considero imprescindible al estado y al gobierno, pero como servidumbre neta, sin ningún poder. Solo lealtad inquebrantable a la nación a la que sirven y aptitud y eficacia en los servicios que están obligados a prestar, en cantidad, calidad y puntualidad con la que la nación se los demande y pague. Ahí empieza y ahí acaba la labor institucional de nuestro estado y su uso por parte de nuestros servidores. Nunca podrán tomarse atribuciones no solicitadas, por los ciudadanos, en forma y procedimientos establecidos, ni podrá sobrepasar bajo ningún concepto el poder soberano, debidamente blindado y articulado en una Constitución que impone deberes y garantiza derechos, para todos y cada uno de los ciudadanos.
A partir de ahí solo será democracia si todo se cumple bajo el control directo del ciudadano sobre los actos del ejecutivo, y la independencia de la administración de justicia, en el riguroso amparo a todo derecho y el riguroso castigo al delito, en la absoluta igualdad ante ella.
Una democracia política no pasa de ser un grupete de mafias, expoliando y manoseando a una nación como a borregos. A la vista está.
Una democracia como tal democracia, se basa en sí misma en la justicia social como eje de su razón de ser. Pero hay grandes diferentes entre darle consideración de democracia social, como costra envolvente que reduce la justicia a algo secundario, como puerta abierta a todo embaucador, embustero y traidor sin escrúpulos, como zp; o considerarla democracia desde la justicia hacia afuera, como garante de todo derecho de todo ciudadano individuo o colectivo, y como mecanismo democrático supervisor de todo proceso y procedimiento social o político con sus necesarias incidencias en la vida nacional.
Sólo hay una democracia y sólo hay una justicia. Ambas habilitan los espacios a la libertad y al derecho y se los achican a vividores y criminales. Las demás, todas las demás, facilitan encumbrar a los trepas y parásitos hasta organizar el crimen en el estado, persiguen la libertad, violan los derechos, masacran a la justicia y expolian los méritos obtenidos del esfuerzo y virtudes ajenas.
Ahí es donde estamos. Parece que aún nos podemos degradar mucho más, dadas las facilidades que les damos al crimen organizado en nuestro estado, en su único objetivo de exprimirnos como a ganado. Así es como nos ven. Así es como nos tratan. Así es como actuamos.
Así se guisa y se come zp su “democracia política-social” de claro corte fascista corporativa, con acusada tendencia nazi. La justicia ni está, ni se le espera.
Un abrazo Jesús.
August 16th, 2010 @ 6:22 pm
Estimado Clandestino:
Estoy de acuerdo contigo en que no le hacen falta adjetivos al sustantivo democracia, pero sólo en una sociedad donde la naturaleza real de las cosas determina los nombres que se les aplican, y los nombres no deciden lo que esas cosas son.
Y como estoy realmente harto de oír llamar “democracia” a esta oligarquía de partidos, o al parlamentarismo liberal de otros países, tengo que apoyarme, para defender mi idea de la libertad democrática, en aquellos autores que denunciaron la farsa de llamar a las cosas por nombres que no les corresponden.
Entre todos los artículos, propios y ajenos, publicados aquí, creo que ha quedado meridianamente clara la diferencia entre una democracia digna de tal nombre y los demás regímenes políticos.
En síntesis, en mi modesta opinión, hay democracia únicamente allí donde el pueblo, es decir, todos los ciudadanos, legislan, juzgan y gobiernan directamente, participando en debates y tomas de decisión, hasta donde es posible, y mediante delegados nombrados para la ocasión o por un tiempo muy limitado (“donde acaba la elección anual, empieza la tiranía”. Jefferson), en aquellos asuntos en los que es imposible que el pueblo esté “presente”, o para los que no es competente, pero con capacidad de juzgar políticamente a todo el que lo “represente”.
Esta idea de democracia no la asimilan, ni la asumen, ni los propios pueblos que dicen aspirar a ella. Por eso, como dijo Rousseau la corrupción de un pueblo no radica sólo en dejarse expoliar y gobernar por un puñado de políticos profesionales, sino por renunciar a la tarea que le incumbe de autogobernarse, si de veras quiere ser libre. Pero pagar para que otros juzguen, luchen y legislen en nuestro lugar es el camino directo hacia nuestra extrema corrupción social y política. Un pueblo que se limita a votar -ni siquiera a elegir- a sus amos cada cuatro años, no es un pueblo libre, por muy farruco que se ponga, sino una recua de ganado.
Pero agua pasada no mueve molino, y no quiero ser reiterativo. Nunca pretendí limitarme a hablar de filosofía política, sino perfilar un ideal y proponerme alcanzarlo con la ayuda de otros, no muchos. Aunque, como sabes, quise asociar a un puñado de hombres y mujeres por la libertad y la democracia, al margen de los partidos, cuya miopía política sólo es comparable a su corrupción, y como el proyecto no ha cuajado, doy por bueno que mi proyecto era malo.
Por lo tanto, cambio de tercio, y, sin menospreciar las cosas temporales, a las que tantos cuidados prodigan la mayoría, volveré a ocuparme de las eternas, a las que casi nadie presta la menor atención, y que son sin embargo las que a mi me tienen embelesado. Ese fue el motivo principal que me impulsó a crear mi Filosofía Digital.
Así que, como dijo Servet, conmigo me llevo mi libertad, pero seguiré filosofando en este pequeño y discreto jardín creado en la selva de Internet para regocijo mutuo de todos los amigos de la verdad, entre los que te cuento, que aquí quieran congregarse.
Un cordial saludo.
August 18th, 2010 @ 5:22 pm
Jesús.-
Era innecesaria tu generosa y detallada explicación. Ambos sabemos de qué lado cojeamos tomando como cojera, desentonar en el alineamiento del pensamiento único. Como podemos comprobar las víctimas del fascismo son calificadas de fascistas por los fascistas. Decir la verdad nos deja fuera de la normalidad. Nos convierte en los raros, en los únicos que circulamos por la vida en “dirección contraria”.
Hace un poco alguien negaba una realidad objetiva, en su evidencia visual y palpable. Algo así como si reconoces la blancura de un objeto totalmente blanco, a lo que tu interlocutor te responde tajante, ‘pues yo pienso que no es blanco’. No fué una broma. Creyó poder salir de rositas de un atolladero, del que no estaba dispuesto a reconocer su valor a la verdad.
Fin de la cuestión. Relativismo pesoista en estado puro. Simplemente creyó que podría esquivar la realidad ideologizándila. Y eso sobre una verdad absoluta e irrevocable. Algo totalmente blanco solo puede ser algo totalmente blanco. Si el objeto hubiera tenido la más mínima mota de color, nunca me hubiera permitido defender su blancura. Entre llamarle grosero o despreciarlo con mi silencio mientras me marchaba sin decirle adios, opté por lo segundo.
Así están las cosas. No obstante los que no sabemos hacer otra cosa solo podemos seguir soportando la insolidaridad y la descalificación agresiva o morder el polvo nutriéndonos de la basura con la que suplantan al maná.
Personalmente me aclimato al esfuerzo baldío de Sísifo y me fajo en mi erre que erre. Para ello es indispensable despojar a la verdad de todo aquello que la macule, aunque sea mínimamente. La verdad solo debe ser verdad. La democracia solo debe ser democracia. La ley debe ser ley por justa. La justicia solo debe ser justicia. El derecho solo debe ser derecho. Así podremos engranar un estado de derecho garantizado por una democracia cuyas leyes instrumenten a la justicia para prestar el debido amparo al derecho.
Cada adjetivo, alias o mota de color, supone un poro por donde fluirá la suciedad relativista que contamine toda la manzana.
Una manzana es una manzana siempre. Pero si en lugar de disfrutarla limpia y lavada, la tenemos adherida a una rama llena de hojas, será una rama con hojas, que tal vez tenga una manzana o tal vez no.
Si limpiamos el follaje que sirve de camuflaje a las interpretaciones espurias de los parásitos, mantendremos la verdad limpia en el resplandor de su propia transparencia, donde nadie podrá negarla y donde cualquier mácula es automáticamente detectada y reconocida.
Un abrazo
August 19th, 2010 @ 4:17 am
Estimados contertulios, muchas gracias por vuestros comentarios, todos muy enriquecedores.
Me gustaría apuntar unas cuestiones que, aún a riesgo de errar en mi apreciación, considero de interés al hilo del tema tratado aqui.
Así, distingo -tanto desde el ámbito de la Filosofía, como desde el político- LA LIBERTAD de las Libertades.
LIBERTAD es -en mi opinión, siempre sujeta a revisión- actuar desde la aceptación de la propia Responsabilidad y, por tanto, en ausencia de Temor; que no sea el Miedo el que guía nuestros actos.
Las Libertades son otra cosa. Ni siquiera se relacionan de Género a Especie con LA LIBERTAD. Son los INSTRUMENTOS de que nos hemos venido dotando -con peor o mejor fortuna- para afrontar nuestros miedos. Miedo a la muerte. Miedo al Dolor. Miedo a los otros … (esto es, los mismos miedos que impulsaron a nuestros ancestros a constituirse en grupos sociales).
Las Libertades son las GARANTÍAS de ese actuar responsable en ausencia de temor, que es LA LIBERTAD. Hoy por hoy -de nuevo, en mi opinión- ese INSTRUMENTO reside fundamentalmente en los DERECHOS HUMANOS.
Y ese valioso -y siempre perfectible- Instrumento está siendo atacado desde todos los ámbitos del Poder. Es la misma vieja lucha del Poder -un Poder más allá de las propias Instituciones y Estados- contra el Hombre.
Recuperar esas Garantías es recuperar la efectividad de los Derechos Humanos. Y, a partir de ahí, volver a dirigirnos hacia una Sociedad Justa y Solidaria.
Ese siguiente paso, … se me antoja lejano. Antes tenemos que afrontar la ingente labor de restituirnos en el efectivo disfrute de nuestros Derechos Fundamentales. Pero, aunque solo sea por soñar … soñaré en alto una sociedad en la que a cada uno se le exija en función de su capacidad, y en la que cada cual reciba en función de sus necesidades. Esa Sociedad de la que hablaron tantos y en la que todos hemos soñado. Una Sociedad Sin Miedo. O lo que es igual: Una Sociedad regida por el Amor, por ese goce de dar que no espera recompensa alguna, cuyo fin es únicamente la misma acción de dar, recompensada en si misma por su Belleza.
Dejaré de soñar para volver a la realidad de nuestro Estado-Global-NeoCapitalista-Especulativo, que por su absoluta injusticia, por la crueldad inhumana de sus ejecutores, solo se puede basar en la fuerza. EN LA VIOLENCIA. En la Amenaza. En el Miedo.
Como cualquier otra Dictadura, como cualquier otra forma de Gobierno en el que unos pocos imponen su voluntad, -su Ego- a la generalidad de los ciudadanos (pese a su interés, no incidiré acerca de las evidentes cuestiones Políticas esenciales para nuestro bienestar, cuyas decisiones son tomadas por cauces absolutamente ajenos a la ciudadanía).
Es donde estamos: en un entorno social regido por el Miedo. MIEDO A PERDER, PRECISAMENTE, AQUELLO QUE NUESTROS DERECHOS FUNDAMENTALES HAN DE GARANTIZAR -Sistema de Salud universal, vivienda digna, trabajo, educación, medio ambiente adecuado, Libertad de Expresión e Información, …
Recuperando la efectividad de nuestros Derechos Fundamentales (que, al menos por el momento, nuestra Constitución afirma Garantizar) empezaremos a vencer el Miedo que nos atenaza.
Es ese Miedo el que impide LA LIBERTAD. Una vez desterrado, poco gobierno será necesario. Ni conveniente. Somos Seres Humanos. Como y donde quiera que hayamos crecido, siempre lo seremos. Y es dentro de cada uno de nosotros donde están las respuestas que buscamos fuera.
Un abrazo.
August 19th, 2010 @ 5:08 am
Querido Jesús,
Sí. Probablemente estabas errado al pretender una unidad entre quienes se perciben distintos, siendo iguales. Distintos en lo accesorio. Iguales en lo esencial.
No lo lamentes. Te ha enriquecido. Te ha llevado a experimentar. Eso es solo fruto del Valor que nos proporciona la certeza de hacer, no lo mejor para uno u otros, sino lo debido. Eso es Libertad. Un absoluto. No coyuntural. ¡¡Enhorabuena!!
Hace algún tiempo nos regalaste con un texto de Thoreau que venía a decirnos que lo bien hecho es siempre un bien; lo es en si mismo.
No creo en la Política. No me refiero a “los políticos” sino a la Política. Al menos no veo solución en lo político. La veo en lo social. En una Sociedad Civil, ahora convaleciente, empachada de ocio y egoísmo. Temerosa agrupación de individuos aislados, enfermos y sumamente infelices. Ateridos por el temor abstracto inducido “desde arriba”, renunciamos a vivir con la esperanza de seguir vivos. Zombies ante el televisor.
Gracias por seguir despertando nuestra Consciencia. Sí, amigo mío, es desde la Filosofía que despertará la Sociedad Civil. Cuando recuperemos el valor, volverá a interesarme la Política. No antes.
Ahora opto por la Desobediencia Civil y la absoluta No Colaboración con los Poderes. Y sigo prefiriendo dar que recibir. Así también intento vencer a mis deseos, en los que reconozco la fuente de la que manan todos mis miedos, el verdadero yugo que nos esclaviza y nos inclina hacia los “valores” Materiales (esos que al fin nos han llevado a dar a las personas el carácter de cosas, de medios). Para ellos, solo somos un “valor” Marginal. De nuestra “utilidad” para el mantenimiento de la estructura que nos domina hasta esclavizarnos, depende el “valor” de cada vida Humana en esta sociedad aterradora e inhumana.
Filosofía Digital es la certera elección. El resto, no depende de nosotros, sino de todos. Muchas gracias.