IDEAL Y PARTIDO, por Jean Grenier
“Nuestro ideal es fuerte en la medida en que podemos considerarlo como parte integrante de nuestro ser. Además, es cierto que no lo elegimos, sino que él nos elige. Herencia, educación, medio, época nos determinan; somos responsables de muy poco. Transformar la propiedad, renunciar a toda conquista y a toda colonización, hacer del trabajo un derecho y un deber, ¿por qué no? Pero molesta mucho si exigen por ello que se crea en el progreso, en la razón y en la ciencia, en el sentido que los hombres del siglo XIX dieron a esas palabras. La difusión de la enseñanza no va siempre a la par con el progreso de la cultura. Las masas son cada vez más ilustradas, pero las luces son cada vez más débiles. Las ideas cortas y simplistas tienen más éxito que las otras. Los hombres cultos tienen cada vez menos contemporáneos. Por poco que ponga en tela de juicio ciertas ideas generales y optimistas (demasiado generales y optimistas), usted pasa por un bebedor de sangre. Una vez más, no negamos que el espíritu revolucionario del marxismo no haya suscitado grandes hombres y grandes cosas; todo lo contrario. Nuestro cometido consiste simplemente en demostrar su insuficiencia teórica. Negamos su validez como dogma.”
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Nuestro ideal es fuerte en la medida en que podemos considerarlo como parte integrante de nuestro ser. Además, es cierto que no lo elegimos, sino que él nos elige. Herencia, educación, medio, época nos determinan; somos responsables de muy poco.
POLÍTICA Y METAFÍSICA
¿Puede estarse convencido de la necesidad y beneficencia de lo que se llama grosso modo “el socialismo”? Sí. ¿Por ello tendrá uno que ser marxista? No. ¿Puede admitirse una política de extrema izquierda? Sí. Por ello, ¿tendrá que admitirse la “metafísica” de la extrema izquierda? No.
Transformar la propiedad, renunciar a toda conquista y a toda colonización, hacer del trabajo un derecho y un deber, ¿por qué no? Pero molesta mucho si exigen por ello que se crea en el progreso, en la razón y en la ciencia, en el sentido que los hombres del siglo XIX dieron a esas palabras.
Antes, conviene disociar ideas, con el fin de asociar los corazones. He aquí algunas disociaciones:
La difusión de la enseñanza no va siempre a la par con el progreso de la cultura. Las masas son cada vez más ilustradas, pero las luces son cada vez más débiles. Las ideas cortas y simplistas tienen más éxito que las otras. Los hombres cultos tienen cada vez menos contemporáneos. Por poco que ponga en tela de juicio ciertas ideas generales y optimistas (demasiado generales y optimistas), usted pasa por un bebedor de sangre.
Una vez más, no negamos que el espíritu revolucionario del marxismo no haya suscitado grandes hombres y grandes cosas; todo lo contrario. Nuestro cometido consiste simplemente en demostrar su insuficiencia teórica. Negamos su validez como dogma.
Desarrollaba en mi mente estas ideas, cuando se me ocurrió entrar a una imprenta donde estaban componiendo un libro mío. Dos tipógrafos me preguntaron “cuáles eran mis ideas”. “Estoy con ustedes”, les dije. Uno de ellos prosiguió: “¿Por qué, usted, intelectual, no hace política? ¿Por qué no figura en las organizaciones?”. Y yo: “Porque no creo en lo que ustedes creen, o en lo que se les manda creer”.
¿POR QUÉ NO ME INSCRIBO EN EL PARTIDO MARXISTA?
Si me inscribo en el partido, también tengo que aceptar proposiciones como ésta:
1. “La religión y la filosofía se componen de reliquias –lo que llamaríamos hoy en día estupideces- que vienen de la prehistoria… La historia de las ciencias es la eliminación progresiva de estas estupideces” (Engels).
2. “No hace falta mucha sagacidad para constatar que el materialismo, en sus teorías de la bondad original y de las iguales dotes de inteligencia en los hombres, del poder absoluto de la experiencia, de la costumbre, de la educación, de la influencia de las circunstancias exteriores en el hombre, de la gran importancia de la industria, de los mismos derechos al goce, etcétera, está necesariamente vinculado al comunismo y al socialismo” (Marx).
3. He de creer que el pensamiento es el producto del cerebro, que “el mundo material, perceptible por los sentidos, del que formamos parte nosotros mismos, es la única realidad; y que nuestra conciencia y nuestro pensamiento, con todo lo trascendentes que nos parezcan, no son sino los productos de un órgano material, corporal: el cerebro. La materia no es un producto del espíritu, sino que el espíritu mismo es el producto superior de la materia” (Engels, resumiendo y alabando a Feuerbach).
4. He de creer, por encima de todo y antes que nada, pues esto es la piedra angular del materialismo histórico, que “el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general” (Marx). Ahora bien, todavía vemos hoy en día ejemplos evidentes de la relación inversa. Fuese Dios, o cualquier otro ideal, podríamos hallar muchos casos más en los que, contrariamente a la célebre fórmula de Marx, es la conciencia de los hombres la que determina su ser y no el ser social el que determina su conciencia.
¿Quiere decir esto que la doctrina de Karl Marx no tiene importancia? Evidentemente no, ya que aclaró hechos también incontestables. Pero protestamos contra el abuso que se está haciendo de esa doctrina, aplicándola a terrenos donde no se encuentra a sus anchas.
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JEAN GRENIER, Sobre el espíritu de ortodoxia, 1936. Monte Avila Editores, 1969. Versión castellana: Pierre de Place. [FD, 29/06/2006]
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August 14th, 2006 @ 1:11 pm
[...] Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido por meros “Ídolos del Foro” (1); carece de un “dentro”, de una intimidad suya, inexorable e inalienable, de un “yo” que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. [...]
October 19th, 2007 @ 7:56 am
[...] respuesta sólo puede proceder de un filósofo ignorante o de un político cínico. Si fue verdad que Lenin sintió, según reivindicación de su mujer, [...]