LA NIEBLA DEL MIEDO, por Antonio Escohotado
“Librar del miedo al ser humano es mucho más importante que proporcionarle armas o proveerle de medicamentos. El poder y la salud están en quien no siente miedo. Los humanos deben honrarse a sí mismos y considerarse dignos de lo más alto; jamás podrán sobreestimar la potencia del espíritu. Teología pura y dura, pues, en las antípodas del nihilismo. Quien acate la nada como ser sucumbirá a la herida del tiempo, inmerso en una avidez infantil de novedades-baratija que nacen ya caducas, sin perspectivas de crecer él al ritmo de sus propios años. No tiene sentido emboscarse sino para entrar en contacto con lo divino e intemporal que subyace a cada presencia; para bañarse en las fuentes originales de jovialidad y abundancia; y para saber hacer frente a la angustia que como un buitre devora nuestro hígado… La resistencia a cualquier coacción ha de ser, pues, audaz y cauta al mismo tiempo”.
* * * * * *
Una libertad no sólo formal, sino substancial, es el tema de “La emboscadura”, opúsculo del naturalista, filósofo y literato Ernst Jünger. Como algunos sabrán, los nazis lo tacharon de “anarcomarxista”, y los comunistas de “protonazi”, promoviendo un cerco de su persona y su obra que sólo ha comenzado a aflojarse recientemente.
En última instancia, el consejo del miedo es una u otra forma de subordinación, pues sólo reclama soberanía personal quien ha vencido la tentación de vivir aterrado, abierta o secretamente. De ahí que no sea realista esperar ni de la propaganda ni de los gobernantes recetas eficaces contra la hipocondría y el recelo. Mientras pagamos a tanto traficante de seguridad, como rebaños de ovejas custodiados por lobos, podríamos atender un momento a lo sustancial del asunto. Jünger nos lo explica:
“Librar de miedo al ser humano es mucho más importante que proporcionarle armas o proveerle de medicamentos. El poder y la salud están en quien no siente miedo”.
EL MIEDO SE VENCE ACCEDIENDO A LA LIBERTAD
Al sobrentender nosotros que las amenazas preceden siempre a los temores, dejamos que el miedo campe consentidamente por sus respetos, multiplicando vigilantes a un ritmo que carece de proporción alguna con el crecimiento demográfico.
Por mucha riqueza que haya, no se divisa un término a la insolidaridad promotora de crimen, ni mejor seguro que seguir fortaleciendo mecanismos de control y castigo. Según parece, el evidente progreso en muchos órdenes no compensa desfases en socialización, crisis económicas, incultura popular, espantosas megápolis y causas análogas.
Sin perjuicio de todo esto, Jünger trata de ir más al fondo, proponiendo que ningún rearme podrá mitigar las causas del miedo. El temor inconcreto y omnipresente “sólo podrá disminuir cuando el individuo encuentre un nuevo acceso a la libertad”. A caballo entre la metáfora y una crónica textual de su propia vida, ofrece a nuestra consideración la figura del Emboscado.
Si preguntamos quién es tal sujeto, la respuesta dice: alguien que siente y actúa como persona singular soberana. Suena extraño a primera vista, no menos que quizá vago y hasta arriesgado. Para ser exactos suena a muy probablemente delictivo, considerando que nadie llega al Bosque sin “reservarse la decisión” en ciertos campos, campos donde la propaganda urge con gran vehemencia a “delegarla”.
EJERCER SIEMPRE LA SOBERANÍA PERSONAL
El emboscado decide no sólo en medicina, sino en ética y acatamiento a las leyes. Cabría pensar que esto olvida a “los demás” y a la “totalidad”, si no fuera porque supone justamente lo contrario. Reservarse la decisión es exigir que les sea reservada a los demás y a la totalidad, sin otro posible perjudicado que el armador “Leviatán” y su crucero de lujo, el segurísimo “Titanic”, que imponen condiciones discutibles al pasaje.
El emboscado no quiere salir de la coacción como quien se opone a una en nombre de otra, como quien huye hacia algún destierro o como quien anda poseído de misantropía. Bosque no es un lugar geográfico determinado, ni nada finalmente distinto del punto donde pernocta un corazón reñido con cualquier forma de crueldad. También puede decirse que el emboscado jura odio eterno a la crueldad en general, fuere cual fuere su objeto.
A cambio del riesgo, resistir la coacción libera de sentirse aplastado por el aparato. Abrumadoramente poderosa para quienes profesan soberanía nacional en vez de soberanía personal, toda esa maquinaria se revela como simple escenario para el viejo dilema entre ser y no ser.
A partir de aquí, uno abandona el fraude llamado infalibilidad científica para entrar en teología. La parafernalia tecnológica obtiene -como lo demás- su apoyo en dos ramas de la realidad última, una designada de antiguo como “lo sagrado y eterno”, otra la que algunos llaman “humanidad” en sentido fuerte.
EL CORAJE DE LA VERDAD
Cualquiera de las ramas lleva a aquella alocución de Hegel pidiendo el coraje de la verdad: los humanos deben honrarse a sí mismos y considerarse dignos de lo más alto; jamás podrán sobreestimar la potencia del espíritu.
Teología pura y dura, pues, en las antípodas del nihilismo. Quien acate la nada como ser sucumbirá a la herida del tiempo, inmerso en una avidez infantil de novedades-baratija que nacen ya caducas, sin perspectivas de crecer él al ritmo de sus propios años.
No tiene sentido emboscarse sino para entrar en contacto con lo divino e intemporal que subyace a cada presencia; para bañarse en las fuentes originales de jovialidad y abundancia; y para saber hacer frente a la angustia que como un buitre devora nuestro hígado…
La resistencia a cualquier coacción ha de ser, pues, audaz y cauta al mismo tiempo. Una franqueza abierta con los albaceas del Leviatán sería “entregar al tirano la lista de los últimos hombres”. Como añade Jünger:
“Vivimos en unos tiempos en que resulta difícil distinguir la guerra de la paz. Los matices han borrado las fronteras que separan el servicio militar del crimen… También actúa como agravante el hecho de que falten aristócratas del espíritu, y todos los poderosos hayan ido ascendiendo por los escalones de los partidos. Esta circunstancia disminuye desde el principio las dotes para ejecutar actos orientados hacia la totalidad, es decir, acuerdos de paz, juicios, fiestas, donaciones y acrecentamientos. Antes por el contrario, las fuerzas quieren vivir “de” la totalidad; no son capaces de mantenerla y aumentarla mediante una riqueza interior, mediante el ser”.
AUDACIA Y CAUTELA
Al emboscado le queda no renunciar al ser propio, que es la “humanidad” en sentido estricto. Los medios para lograrlo -las armas empleadas- son asunto suyo y sólo suyo. A veces serán las mismas del que quiere perpetuar la violencia, y en ese sentido vale la pena leer dos párrafos de “La emboscadura”:
“En la antigua Islandia, por ejemplo, hubiera sido imposible un ataque a la inviolabilidad del domicilio en las formas en que ocurrió, como mera medida administrativa, en el Berlín de 1.933, en medio de una población de millones de almas. Merece ser citado, como excepción honrosa, el caso de un joven socialdemócrata que en el pasillo de su apartamento abatió a tiros a media docena de los denominados “policías auxiliares”. Aquel hombre continuaba siendo partícipe de la libertad substancial, de la antigua libertad germánica que sus adversarios ensalzaban en teoría. Naturalmente, el mencionado joven no había aprendido eso en el programa de su partido…”
“En el supuesto de que hubiera sido posible contar en cada una de las calles de Berlín con “uno” de esos casos, con uno solo, de otra manera habrían ido las cosas. Los períodos prolongados de calma favorecen ciertas ilusiones ópticas. Una de ellas es la suposición de que la inviolabilidad del domicilio se funda en la Constitución, se encuentra asegurada por ella. En realidad, la inviolabilidad del domicilio se basa en el padre de familia que aparece en la puerta de la casa, acompañado de sus hijos y empuñando un hacha en la mano”.
Pero otras veces se servirá de armas mucho más devastadoras, las armas de la lucidez, la dignidad y la benevolencia. Con ellas no sólo frenará el progreso de la nada, travestida como pasión de poderío sobre otros. Podrá participar directamente en el sostén del mundo, pues el mundo se renueva a horas intempestivas, cuando los desolladores y políticos duermen.
Con lucidez, dignidad y benevolencia el emboscado oficia el más antiguo, repetido y venerable de los milagros: ayudar realmente a algún prójimo.
* * *
ANTONIO ESCOHOTADO, El espíritu de comedia, Anagrama, 1991. [FD, 09/07/2006]
11 comentarios »
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January 4th, 2007 @ 2:04 am
[...] La pregunta básica en estos remolinos dice así: ¿es posible librar del miedo al ser humano? Tal cosa es mucho más importante que proporcionarle armas o proveerle de medicamentos. El poder y la salud están en quien no siente miedo. [...]
October 23rd, 2007 @ 9:26 pm
[...] Le recomiendo que lea el artículo “La niebla del miedo”, de Antonio Escohotado, que acabo de [...]
August 2nd, 2009 @ 6:34 pm
Liberar a alguien de algo -ya sea del miedo, ya sea de cualquier otra cosa- es la tarea más grandiosa que un ser humano puede hacer por sus semejantes. No se libera más que a quienes viven sujetos a servidumbre. Los que están libres del miedo y no dependen de la esperanza, son realmente libres, y, naturalmente, no necesitan ser liberados. Aunque es seguro que, si llegan alcanzar tan dichoso estado, por simple sentido de humanidad, harán algo para ayudar a otros a liberarse igualmente.
Aquí no se habla del miedo o la ansiedad, como reacción de alarma o estrés, frente a peligros o amenazas reales, que es un mecanismo biológico de supervivencia muy útil, sino de ese “temor inconcreto y omnipresente”, tan característico del hombre civilizado -que responde, casi siempre, a amenazas irreales, imaginarias o inventadas por la propia civilización-, y que “sólo podrá disminuir cuando el individuo encuentre un nuevo acceso a la libertad”.
Afirmar que el hombre moderno está muerto de miedo no es una verdad absoluta ni se deriva de ninguna moralidad previa; es una verdad de hecho, bien conocida por los profesionales de la medicina, la psicología o la sociología. Si alguien, que no ha sentido nunca dolor de cabeza, afirma que tal dolencia no existe, está universalizando su experiencia particular e ignora la experiencia del resto de la humanidad.
Un cordial saludo.
August 3rd, 2009 @ 3:09 am
Juanjo, ¿Y si no tienes razón?
No encuentro razón que me lleve a dejar de considerar al VALOR como recurso infinitamente superior al MIEDO.
No entenderás nada de lo que digo si no tomas en consideración el concepto de RESPONSABILIDAD que surge del Libre Albedrío (no hablo de la exigida en base al Contrato Social, sino de la Responsabilidad Plena y Estricta, AUTOIMPUESTA.
Saludos
August 3rd, 2009 @ 10:11 am
Estimado Juanjo:
Estoy de acuerdo en que el miedo es una reacción emocional sana y equilibrada, útil para sobrevivir, sobre todo en estado de naturaleza, donde los peligros -reales, muy reales- nos acechan por todas partes. Y también reconozco al miedo natural, como al dolor, una utilidad vital, incluso ética, en cuanto que delimita o pone un límite al placer o la alegría, que pueden ser excesivos.
Pero, en cualquier caso, estoy hablando de un miedo racional; y las fobias, como esos miedos inconcretos y omnipresentes en el alma de nuestros contemporáneos, son irracionales (el pánico, las fobias, las paranoias, la angustia, etc., no son sino miedos intensos y fuera de razón que nos dominan). En fin, que reconozco un valor relativo al miedo sensato (valiente no es el que nunca siente miedo, sino el que, viendo el peligro, es capaz de superarlo y actuar como razonablemente le conviene), pero también afirmo que el miedo nos disminuye, es una emoción reactiva y triste, y no es propia de un hombre libre ni de la razón en su ejercicio.
Es importante recordar que el miedo es una herramienta que han usado con gran rentabilidad todas las supersticiones, sean las religiosas, sea la superstición moderna del Estado providencia. El miedo, reverente o infame, hacia los poderes religiosos o políticos es el estado habitual de todos los pueblos del mundo.
Y como creo que los que obedecen por miedo no serán nunca felices, ni prestan una obediencia sincera y libre a las leyes y normas comunes de la sociedad, mi divisa filosófica y política ha sido siempre la de Amiel: “Liberación gradual y sin límites; libertad creciente, total; apoteosis ascendente del hombre, querida por Dios y ayudada por él, y esto, para todos.” Porque las fatalidades convencionales, las barreras humanas, también en mí -como le ocurría al filósofo ginebrino- sublevan mi respeto por el hombre y por su libertad.
Un cordial saludo.
August 3rd, 2009 @ 7:39 pm
Estimado Juanjo:
Yo también creo que todo, en este mundo, incluyendo nuestra voluntad, está determinado por causas. No sé si esa opinión debe ser llamada determinismo, porque a veces pienso que muchos lo confunden con el fatalismo.
El miedo psicológico es una pasión, es decir, un puro y simple padecer, signo de impotencia o debilidad; no hay, pues, virtud (potencia) alguna en él. Pues, “la verdadera virtud no es otra cosa que vivir según la guía de la razón, y la impotencia consiste solamente en el hecho de que el hombre se deja llevar por las cosas exteriores, y resulta determinado por ellas a hacer lo que la ordinaria disposición de esas cosas exteriores exige, pero no lo que exige su propia naturaleza, considerada en sí sola”. En cambio, cuando un hombre está determinado por las leyes de su constitución más íntima y natural, es humana y necesariamente libre.
De ahí que, añade Spinoza en otro lugar, “ningún ser divino ni nadie que no sea un envidioso, puede deleitarse con mi impotencia y mi desgracia, ni tener por virtuosos las lágrimas, los sollozos, el miedo y otras cosas por el estilo, que son señales de un ánimo impotente…”
La causa principal, pues, de nuestros miedos y temores, es nuestra debilidad e impotencia, no nuestra ignorancia. Es decir, depende más que nada de nosotros, pues para los miedosos y timoratos cualquier cosa puede ser causa accidental y objeto mismo de temor.
Por mi parte, lejos de condicionar “por lo bajo” lo que es o no propio del hombre, pongo ante los ojos de todos, -por encima de ellos, aunque a una altura accesible para la naturaleza humana- un modelo ideal de hombre, cuya naturaleza es mucho más firme y perfecta que la suya, y a cuya estatura nada le impide acercarse, como no sea su indiferencia, su molicie o su debilidad de espíritu.
Pero tampoco se me ocurriría sostener que todos los hombres son igualmente libres o felices. La verdadera libertad está al final de un camino sumamente difícil, y pocos son los que la alcanzan. Por lo tanto, no digo que sea fácil ser libre o feliz: para la mayoría es imposible, pero es posible para los que se entregan en cuerpo y alma a la tarea.
O como sentenciaría Spinoza al final de su Ética, con mucha más autoridad y experiencia en el tema que yo: “Si la vía que conduce a ese logro parece muy ardua, es posible hallarla, sin embargo. Y arduo, ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra. En efecto: si la salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera conseguirse sin gran trabajo, ¿como podría suceder que casi todos la desdeñen? Pero todo lo excelso es tan difícil como raro.”
Aunque, para no desanimar a nadie, viene pintiparada esta exhortación del gran Horacio, contenido en una de sus epístolas, que acabo de publicar: “El que empieza algo ya tiene conseguida la mitad. Atrévete a ser sabio; empieza ya.”
Un cordial saludo.
August 4th, 2009 @ 8:52 pm
Estimado Juanjo:
Mi respeto hacia ti me impide contradecirte, pero también me obliga a poner de manifiesto aquellas cosas en las que disentimos. Por ejemplo, nuestros respectivos conceptos de la libertad, el miedo, la alegría, la virtud, la salvación, el conocimiento de uno mismo, etc., difieren considerablemente.
Yo no admito el libre albedrío, en el sentido habitual del término, porque la voluntad, como todas las cosas naturales, sean físicas o espirituales, están determinadas por tales o cuales causas a actuar de tal o cual manera. Pero, aunque la voluntad no sea libre, el hombre sí puede serlo. Cuando nuestra voluntad está determinada a querer por causas exteriores a nosotros mismos, somos esclavos de esas causas; pero si, por el contrario, está determinada por el entendimiento, entonces somos libres de coacciones exteriores, hacemos solamente las cosas que sabemos son primordiales en la vida, somos la causa eficiente de nuestras acciones y no obedecemos a nadie más que a nosotros mismos.
Pero como es cierto que nuestra naturaleza esencial nos viene dada, y nos dicta nuestras necesidades, decimos que, en cuanto seguimos las leyes de nuestra naturaleza íntima, somos necesariamente libres; pero libres, al fin y al cabo. Nuestra voluntad y nuestros actos están, pues, determinados siempre; pero la verdadera libertad o independencia consiste en vivir bajo la guía del entendimiento, y la esclavitud o dependencia radica en dejarnos llevar por las pasiones que producen en nosotros las cosas exteriores.
“De todas maneras, la potencia humana es sumamente limitada, y la potencia de las causas exteriores la supera infinitamente. Por ello no tenemos la potestad absoluta de amoldar según nuestra conveniencia las cosas exteriores a nosotros. Sin embargo, sobrellevaremos con serenidad los acontecimientos contrarios a la exigencia de la reglas de nuestra utilidad, si somos conscientes de haber cumplido con nuestro deber, y de que nuestra potencia no ha sido lo bastante fuerte como para evitarlos, y de que somos una parte de la naturaleza total, cuyo orden seguimos.” (Spinoza)
Por tanto, “no se trata de engañarse con optimismos falsos”, como tú muy bien dices, pero tampoco, añado yo, de resignarnos a un fatalismo inexorable que nos privaría de la libertad de crecer y perfeccionarnos hasta donde nos sea, individual y colectivamente, posible. Porque aunque nuestra fuerza está limitada por el resto de la naturaleza, no carecemos de un cierto y determinado poder para hacer lo que debemos.
Por último, a tu pregunta “¿Quién desea el esfuerzo por sí mismo, si no hay una compensación detrás?”, no encuentro mejor respuesta que la última proposición de la Ética de Spinoza: “La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma…” Ciertamente, los hombres, por su debilidad, necesitan estímulos para obrar bien, pero los “incentivos de la virtud más bien son signos de esclavitud que de libertad, pues es a los esclavos y no a los libres a quienes se otorgan premios por su virtud”. Y, finalmente, como puntualizó a uno de sus corresponsales, “quien obra movido por el temor a un castigo”, o la esperanza de un premio, “no obra en modo alguno por amor ni abraza en absoluto la virtud.”
Un cordial saludo.
August 5th, 2009 @ 1:41 am
Hay estudios, experimentos, que demuestran que nuestra consciencia no participa en la toma de decisiones; cuando somos conscientes de lo que queremos hacer, la decisión ya estaba tomada. Por eso, podemos querer lo que hacemos; pero no, hacer lo que queramos.
No niego el concepto cotidiano de libertad; cuando una naturaleza no está condicionada para poder desarrollarse como tal naturaleza, y despliega su potencialidad, decimos que se mueve en libertad. Pero, en un sentido profundo, filosófico, existencial…, no se resiste, tal afirmación. Si un artefacto funciona bien, de acuerdo con su programación, sin ningún impedimento; no se nos ocurre decir que es libre. Si la cuestión está en la consciencia, por qué no hablamos de ella y no de libertad.
“Cuando uno hace lo que cree que debe, es libre”. “Cuando uno actúa por una recompensa, es esclavo…”. ¿Qué es un obrero?, ¿libre, esclavo?, supongo que si dice que trabaja porque es su deber, será libre; pero si dice que lo hace por la nómina que le dan a fin de mes, será un esclavo, aunque con dicha nómina pueda sacar adelante a su familia.
Te aseguro, Jesús Nava, que yo no me resigno; pero mi actitud, no es más que un posicionamiento, una pose (sentida, sincera; pero pose), pues ni voy a cambiar el mundo ni lo pretendo.
Tratar de conocer nuestra potencialidad nos puede ayudar a desarrollarnos. Pienso que la mayoría de la gente estamos en ello y, sin embargo, aún así, el mundo está un poco imposible… Seguramente, nuestras naturalezas, todavía un poquito primarias, necesiten un poco más de rodaje; unos cuantos millones de años, por lo menos… Y cuando seamos capaces de convivir (lo que hoy entendemos por eso) la realidad seguirá siendo la misma básicamente: una interacción de fuerzas enfrentadas, produciendo una realidad cada vez más compleja. La gente, unas veces se sentirá feliz, otras no; habrá quien se sienta desgraciada. La percepción, será muy similar a la que hoy tenemos.
¿Que mi mirada es pesimista?, ciertamente; pero te aseguro que no me resigno, trato de vivir con tanta intensidad como cualquier optimista. Eso sí, trato de no engañarme.
Un saludo.
August 5th, 2009 @ 5:03 am
Es su dominio de las Pasiones lo que hace Humano al Hombre. El Miedo no existe en sí mismo. Es una actitud frente a la realidad: la afronto (en las mejores condiciones posibles), la ignoro o me dedico a intentar esquivarla.
La realidad no cambia por tu ignorancia.
Tampoco es posible evitar la realidad.
Solo cabe afrontarla. Es esa decisión la que, en los temerosos y gregarios, dá existencia al miedo.
El dolor es un aviso. El miedo al dolor es una enfermedad distinta a la que causa el dolor.
Uno no es Libre porque hace lo que quiere. Es Libre porque acepta plenamente la Responsabilidad -aún inicialmente incierta- de sus actos.
La pregunta no es si podemos lograr que los Seres Humanos sean Libres, sino si los Seres Humanos han de ser libres.
Una vez respondida esta cuestión, será posible construir un “esquema” (incluso normativo) de esa sociedad que la organice.
Pero antes aún, hemos de desterrar el Miedo. No es imposible. Ni siquiera difícil. Mucho más cuando los peores temores se hacen realidad, como está sucediendo en estos atribulados días.
Recurriendo a Pasternak, hasta Komarovsky habría deseado -aún consciente de su destino- ser Zhivago. No pudo, porque le faltaba valor (o le sobraba temor).
Saludos.
August 5th, 2009 @ 5:43 am
No puedo aceptar al ser humano como meramente Gregario (y menos como Gregario “por naturaleza”). Quizás otra posibilidad surja del entendimiento de ser parte de un TODO.
En cualquier caso, una sociedad sin miedo, una sociedad de Hombres Libres, es incompatible, desde mi punto de vista, con una mayoría gregaria (asustada).
La diferencia es fundamental (aunque poco visible): El gregario se somete al grupo; el Hombre Libre considera la autoridad de las opiniones ajenas: medita sobre ellas críticamente y solo las adopta cuando las ha aceptado (autoridad como valor de una opinión por el valor intelectual de la idea en si misma; incluso también en consideración a la confianza o solvencia que le merece el autor).
En un mundo regido por la AUTORIDAD, no es necesario “inventar” la POTESTAD (como fuerza de imponer una decisión).
….
Creo que quienes buscan ser liberados por otro son esclavos dispuestos a cambiar de amo. No más.
Si no quieres ser esclavo, sencillamente, NO LO SEAS. Se tú mismo. Haz aquéllo que sabes que debes hacer, sin temor a las consecuencias que te deparen tales actos.
Es la ausencia de temor lo que nos libera de la esclavitud, dándonos libertad.
Desde luego, la consciencia no se completa en tanto, sintiéndote como parte de un todo, no te veas impelido a “iluminar” la Caverna”, a alumbrar a los demás.
Y es que no habrá verdadera libertad entanto no seamos todos libres.
No hay que vencer a nadie más que a uno mismo. Y esa Luz, la podrás esparcir con tus actos. Por eso, hemos de hacer que nuestros actos sean conformes a nuestra naturaleza, NO A NUESTRO EGO. A partir de ahí, todo es posible, e imparable su extensión.
Suerte y Valor.
August 5th, 2009 @ 6:01 am
Ha sido una constante: Los líderes no aportan argumentos, sino instrucciones. No ofrecen sus ideas; las imponen. Quieren ser el Califa en lugar del Califa.
Si somos uno, es desde DENTRO de cada uno. Pero, desde “fuera”, somos muchos Individuos.
Y, como individuos, no podemos más que enfermar si nos negamos a mirar hacia dentro de nosotros mismos.
Miedo a lo incierto: Pero, ¿Que hay más incierto, hoy por hoy, que nuestro futuro inmediato?
Es Cobardía. Huída de la realidad. Propio de la Sociedad que padecemos. Pero NO ES UN MAL INCURABLE.
…
En otro orden de cosas, al hilo de un post anterior, también me pregunto ¿Cual es la base Ontológica sobre la que desarrollar una (u otra) doctrina política? ¿Cuál es el alcance del Contrato Social?
Si al final todo se reduce a “unos pocos mandan, los demás obedecen”, algo está funcionando mal. Algo ha funcionado mal por milenios. Empecemos desde el principio: ¿A que fin se dirige el Contrato Social?
¿Solo está guiado por el Miedo y la Esperanza? Entonces, de cualquier manera, seremos esclavos.
Pero, si está guiado hacia la realización en Libertad de la Naturaleza Humana, de cada individuo en sí mismo y como parte del Todo, el punto de partida de la Sociedad Civil no puede seguir siendo Jerárquico.
A partir de esas respuestas, será posible plantearse el siguiente escalón (de una larga escalinata), que muy bien podría ser el tratamiento de la utilización del Poder Coactivo Estatal (mediante el uso, en último término, de violencia Institucional) ¿Se justifica? Y si fuere así –personalmente, creo que no es justificable, por lo que es necesario encontrar alternativas al sistema Premio-Castigo-, ¿cómo se ejerce?
Esto nos lleva, de nuevo, a la necesidad de responder a la pregunta anterior: ¿Qué buscamos como grupo social?
Cierto es que el momento no es proclive al optimismo. y que unos momentos son menos propicios que otros.
Saludos.