EL HOMBRE TRAICIONADO, por Gilbert C. Rapaille
“Psiquiatra.- ¿Pero cree usted que debe estar de acuerdo con lo que piensa la mayor parte de la gente que le rodea? Paciente.- Es que, cuando yo no estoy de acuerdo, me llevan al hospital”.
* * * * * *
Parece que nuestro mundo científico occidental está particularmente enfermo. Cuando observamos nuestra ciencia, desde un punto de vista etnológico, ¿qué descubrimos?
Para ser científico hay que ser objetivo. Este es seguramente el elemento más importante. A continuación, es preciso experimentar, “repetir”, lo cual quiere decir “verificar” las experiencias. Ser objetivo quiere decir que se tenga un “objeto” que estudiar; muy a menudo la base del estudio es la observación directa.
LA OBJETIVIDAD CIENTÍFICA CONVIERTE AL HOMBRE EN COSA
Mantenemos, pues, un comportamiento (del que nosotros mismos estamos alienados) de posesión, de distanciamiento mediante la mirada (que evita el tocar), de transformación de lo que se estudia en cosa, en objeto.
Nuestro propósito aquí no es considerar si tal comportamiento es eficaz en física o en química. Pero, por el contrario, nos parece fundamental el darnos cuenta de que, en las ciencias llamadas humanas, parientes pobres de las ciencias llamadas naturales, los que se autocalifican de científicos hacen todo lo posible para adoptar al máximo ese comportamiento de “cosificación”.
Así nos encontramos con ciencias humanas que ya no se interesan por lo humano, por el ser, sino que, por el contrario, intentan transformar el ser en cosa, intentan despersonalizar a la persona, que es el objeto de nuestro estudio.
Para Laing, “la despersonalización, en una teoría que pretende ser la teoría de las personas, es tan errónea como la despersonalización esquizoide del otro; y tal despersonalización es, desde luego, un acto intencional. Aunque se emprenda en nombre de la ciencia, tal cosificación produce un conocimiento falso y constituye un error tan grave como la falsa personalización de las cosas”.
Cuando un científico (ya sea psicólogo, psiquiatra, médico o psico-cualquier cosa) adopta la actitud culturalmente reconocida como científica (es decir, de cosificación) frente a un ser humano, y obtiene la información de que es esquizofrénico, ¿qué se quiere decir con esto?
Para el seudocientífico las cosas están claras. Frente a él, existe un ser humano al que acaba de estudiar objetivamente, es decir, como objeto, sin implicarse a sí mismo, sin influenciarlo, sin modificarlo; y ese ser humano es extraño, extravagante, incoherente, no posee noción de la realidad, está disociado, disperso, dividido.
LOS TERAPEUTAS PUEDEN SER MÁS PELIGROSOS QUE SUS PACIENTES
Para Laing, parece evidente que el más esquizofrénico de los dos individuos descritos en la situación anterior, no es el que se podría pensar. El que divide al otro es el seudocientífico, que es el que cosifica a una persona. Nada más normal si después el enfermo, visto a través de las lentes destinadas a transformarlo en cosa, no se parece ya a un ser humano, sino a una cosa, lo cual equivale a decir que está enfermo, y así confirmará la opinión del psiquiatra. Todo esto se puede resumir diciendo que cuando el objeto de la ciencia es un ser humano, tenemos:
- Un seudocientífico que considera a un ser humano como una cosa.
- Un ser humano considerado como una cosa y que sufre por ello.
- Una relación de violencia y de incomprensión en la que el seudocientífico tiene un comportamiento esquizofrénico.
- La impresión para el ser humano observado, de que, en esta relación, no podrá jamás ser él mismo.
Lo que Laing nos dice es que, no solamente el psiquiatra científico está más loco que su enfermo, sino también que es más peligroso porque tiene el poder de decidir si el otro es o no esquizofrénico.
Podemos ir más lejos y afirmar que, fundamentándose en tales bases, las instituciones psiquiátricas son fábricas destinadas a producir esquizofrénicos, puesto que desde un principio, se les coloca en una situación por la que existen sólo como “cosas”. Lógicamente, lo que se puede verificar más rápidamente es que se les considera como cosas y que, por consiguiente, son esquizofrénicos.
“El error fundamental consiste en no darse cuenta de que hay una discontinuidad ontológica entre los seres humanos y las cosas”. Consideramos como locos a los seres humanos que se conciben a sí mismos como autómatas, como robots, como piezas de máquina o incluso como animales. “Pero ¿por qué no consideramos entonces que es igualmente una locura admitir una teoría que se esfuerza en transformar a las personas en autómatas o en animales?”. Esta teoría va más lejos todavía, porque considera que para validarla, para probarla, es preciso repetir. Si “en las ciencias naturales, la posibilidad de verificar o de rechazar hipótesis depende de la posibilidad de repetir las situaciones, en las ciencias del hombre, la repetición de una situación individual o de la historia de la vida de un grupo, en principio, es imposible”.
Todo esto puede parecernos evidente; sabemos, y hemos experimentado, que no se puede detener el tiempo, que cada individuo envejece, que el mismo grupo de personas cambia de un año para otro y que si se quieren repetir las circunstancias de antaño, la empresa aparece como imposible. Pero no parece que los científicos que cosifican al hombre estén dispuestos a reconocer este hecho. Su comportamiento está encaminado a la repetición porque, para ellos, la repetición es la base de la prueba.
¿QUIÉN ESTÁ MÁS LOCO?
El psiquiatra tradicional considera que cuando se encuentra frente a un enfermo, observa objetivamente a un enfermo. Y nada más. Pero si profundizamos un poco, uno se da cuenta de que se trata de un comportamiento totalmente irreal y, por consiguiente, de un comportamiento más loco que el comportamiento del enfermo en cuestión. En realidad ¿qué ocurre? Que no podemos suprimir totalmente el elemento humano, y el enfermo no es una cosa.
El psiquiatra observa a una persona que, por regla general, le ha sido enviada porque ha sido juzgada como extraña, extravagante, anormal, por otras personas. El paciente, por su parte, observa también al psiquiatra. Por lo tanto, este último observa a alguien que le observa observar, y esta situación se prolonga hasta el infinito. Olvidar este hecho nos parece tan grave como olvidar que el termómetro sumergido en el agua modifica a su vez la temperatura del agua.
Vemos, pues, que las bases de la relación psiquiátrica tradicional son:
- Tratar al ser humano como si fuera una cosa.
- Negar la subjetividad del observador.
- Buscar la repetición verificadora.
- Rechazar las modificaciones debidas a la relación.
- Desgajar al objeto estudiado de su contexto habitual.
- Situarlo en un contexto nuevo al que no se tiene en cuenta.
- Tratarlo desde el principio como enfermo.
Por ello, pensamos que a partir de aquí es muy probable que el “enfermo” se convierta realmente en un enfermo. Sin embargo, se considera de antemano que el psiquiatra, la institución cosificante, etc., son normales. Puesto que la relación entre el psiquiatra y el enfermo es anormal, es el paciente el que es anormal, faltaría más.
Si nos colocamos en el punto de vista del enfermo, no es menos evidente que, ante esta agresión realizada contra su ser, ante este comportamiento de rechazo proveniente del psiquiatra y ante la negación sistemática a considerarlo como un ser humano, el enfermo corre el riesgo de ser perturbado, puesto que se encuentra ante una realidad decididamente extraña.
Hay que estar “enfermo” para colocar a un ser humano en tal situación, y, por nuestra parte, consideramos que la tradicional relación psiquiátrica no es más que el reflejo de una enfermedad mucho más grave que, a la vez, la supera y la engendra.
* * *
GILBERT C. RAPAILLE, Laing y la antipsiquiatría, A. Redondo Editor, 1972. [FD, 13/07/2006]
6 comentarios »
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July 13th, 2006 @ 8:02 pm
En 1939, G. Devereux, etnopsiquiatra hoy bién conocido, propuso una teoría sociólogica de la esquizofrenia. En su opinión, existía una relación directa entre desorganización cultural y probabilidad de convetirse en esquizofrénico. La civilización occidental, según él, no puede ser aprehendida de manera sintética por el individuo, lo que provoca dificultades de orientación y favorece la psicosis.
El hombre desorientado, incapaz de asociarse a un conjunto cultural coherente (en su contenido y su proyecto, procede a “extrapolaciones rápidas” que le llevan hacia un pensamiento abstracto que se aparta progresivamente de lo real.
El esquizofrénico sería por tanto, un sujeto más particularmente marcado, en un medio enfermo en su conjunto.
El esquizofrénico considera la extrapolación como el solo medio de comprender el mundo.
La civilización moderna no sufre tanto por la dictadura y las revoluciones como por una forma de esquizofrenia sociopoliticaeconómica debida a una falta de realismo y a precipitadas extrapolaciones.
Ninguna estadística precisa, muestra un aumento manifiesto de la esquizofrenia desde comienzos de siglo. Por el contrario, la patología psicosomática y neurótica parece cada vez más frecuente.
July 13th, 2006 @ 8:06 pm
El escrito de arriba es producto del ensayo de Jean Brousta “La esquizofrenia” editorial Herder 1.979.
July 13th, 2006 @ 9:09 pm
En Medicina, como en cualquier arte -de ciencia tiene poco-, hay escuelas para todos los gustos. Respecto a los trastornos de la conducta o enfermedades mentales se ha dicho -y se dice- de todo: desde que no existen -como Thomas Szasz- hasta que son de origen genético, ambiental, etc. Lo que ocurre, a mi entender, es que ninguna enfermedad tiene “una sola causa”, sino incontables, pues todas son el resultado de innumerables factores concurrentes: genéticos, ambientales, sociales, biográficos, etc.
La mente humana está condicionada por la educación y la cultura, y está fragmentada por naturaleza. La sociedad acentúa las contradicciones y la incoherencia entre los fragmentos. Puede llevar a un ser humano, es pecialmente vulnerable, a la locura. Y también puede, cuando es razonable y humana, ayudar a integrar esos pedazos de conciencia confusa, favoreciendo el desarrollo y maduración de una personalidad equilibrada.
Nuestra mente necesita orden. El desorden y la incongruencia intelectual o afectiva, la desespera y la saca literalmente de quicio: se desquicia, se vuelve loca. El orden exterior, cuando es lógico, justo, equitativo, acogedor y humanitario, nos ayuda a ensamblar mejor nuestro cerebro y a que nuestra mente se aclare. El desorden, en cambio, agrava la fragmentación.
Pero deberíamos atender menos al mundo exterior, siempre caótico y conflictivo, y más al interno, a la razón y a la intuición, al corazón en suma: potencia de la mente para ver las cosas claras y ordenar nuestros pensamientos y afectos.
Desde afuera, poco se puede hacer por los espíritus más débiles: crear una sociedad que les arrope y estimule. Pero los más afortunados deberían sacar mejor partido de la dote innata de inteligencia que han recibido. Porque sólo ella es capaz de poner un orden “natural” en nuestras vidas.
El que espere que la sociedad le solucione sus problemas espirituales o afectivos, está perdido. Ahí dentro, no fuera, está la respuesta. La única respuesta “inteligente”.
June 18th, 2007 @ 6:52 am
Esquizofrenia la Otra Realidad
Junio 11, 2006 9:26 PM
Alguien me dijo: ¿Eres Libre? y luego respondi: ¡Si, lo soy! En mi mundo soy libre, no existe la pena, tampoco el dolor. Voy al baño si quiero, si no, me hago en donde estoy. ¡Y que, total soy libre!.. o esquizofrenico como dicen los que son mas locos que yo. Pero la verdadera locura es esta. Si quieres estar asolas contigo.. basta conque me saque la ropa delante de la gente y todos huyen … pues puede ser peligroso alguien que no se da cuenta de que esta desnudo. En mi mundo no existen las diferencias de color de piel, economicas o sociales.. los colores son todos iguales. Un dia despiertas y todo se ve azul, otro dia amarillo. No existe la noche ni el dia, me ducho en el patio a las tres dela madrugada desnudo mientras llueve copiosamente en la ciudad. Mis familiares no entienden nada e intentan hacer que deje de mojarme mientras les digo que el agua esta caliente y que podemos tomar tecito si quieren con el agua de la manguera. Entre el barullo que provocan en mi casa, de pronto veo a mi madre que reza y llora diciendo hasta cuando durara todo esto…. por que le tuvo que suceder a él.. Que pena por ellos, que viven en un mundo tan limitado por su propia razon… Son las cinco y treinta de la mañana y llevo dos horas mojandome en el patio. Veo un gato que crio mi hermana y lo sigo para usarlo como taparrabos, al agarrarlo siento sus uñas entre mis piernas como si intentara aferrarse a una realidad que no entiende y que al parecer no existe..pero ¿que realidad existe verdaderamente??. MI hermana me mira con sus ojos llenos de lagrimas, mi padre intenta acercarse para quitarme el gato, mientras un vecino se acerca para aparentemente sujetarme y calmarme de lo que ellos llaman una crisis…. alguien pregunta si me habre tomado la pastilla… y yo me pregunto que pastilla. No sabia que estaba tomando pastillas. De pronto una frazada cae sobre mi, y al parecer alguien con ella. No soporto el peso y caigo en medio del barro, el agua y el frio de la madrugada. Me he lastimado las manos, las rodillas y la cara al caer… siento frío…. siento frío…. siento frío… mamá en donde estas…. tengo frío. mamá en donde estas…me duele la mandíbula, parece que me he sacado un diente al caer,.. mamá…¡ayúdame a salir de este mundo!!
Gonzalo Guzmán P.
June 18th, 2007 @ 4:32 pm
[...] GONZALO GUZMÁN PONCE, relato publicado como comentario en el post EL HOMBRE TRAICIONADO. [...]
October 25th, 2007 @ 12:02 am
[...] Comentario y respuesta en EL HOMBRE TRAICIONADO [...]