DIÁLOGO Y POLÉMICAS, por Albert Camus
“La vida de cada cual no puede ser sino abstracta a partir del momento en que uno se pliega a someterla a una ideología. La desgracia es que estamos en el tiempo de las ideologías, y de ideologías totalitarias, es decir, lo bastante seguras de sí mismas, de su razón imbécil o de su corta verdad, para no ver la salvación del mundo más que en su propio dominio. Y querer dominar a alguien o a algo es desear la esterilidad, el silencio o la muerte de alguien.”
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Cuando la muerte se convierte en un asunto de estadísticas y de administración es, en efecto, que los asuntos del mundo no marchan. Pero si la muerte se hace abstracta, es que la vida también lo es. Y la vida de cada cual no puede ser sino abstracta a partir del momento en que uno se pliega a someterla a una ideología.
La desgracia es que estamos en el tiempo de las ideologías, y de ideologías totalitarias, es decir, lo bastante seguras de sí mismas, de su razón imbécil o de su corta verdad, para no ver la salvación del mundo más que en su propio dominio. Y querer dominar a alguien o a algo es desear la esterilidad, el silencio o la muerte de alguien. Para comprobarlo, basta con que miremos a nuestro alrededor.
NO HAY VIDA SI NO HAY DIÁLOGO
No hay vida si no hay diálogo. Y en la mayor parte del mundo la polémica ha sustituido hoy al diálogo. El siglo XX es el siglo de la polémica y del insulto. Millares de voces, día y noche, cada una prosiguiendo por su parte un tumultuoso monólogo, vuelcan sobre los pueblos un torrente de palabras mistificadoras, ataques, defensas, exaltaciones.
¿Pero cuál es el mecanismo de la polémica? Consiste en considerar al adversario como enemigo; por consiguiente, en simplificarlo y negarse a verlo. Al que yo insulto, ni sé de qué color es su mirada ni, si sonríe, de qué forma lo hace. Cegadas tres cuartas partes de los hombres por la gracia de la polémica, vivimos no ya en medio de seres humanos, sino en un mundo de siluetas.
EL QUE QUIERE DOMINAR ES SORDO
No hay vida sin persuasión. Y la vida de hoy no conoce más que la intimidación. El que quiere dominar es sordo. Frente a él hay que combatir o morir. Por eso es por lo que los hombres de hoy viven en el terror.
En el “Libro de los muertos” se lee que el egipcio justo para merecer su perdón, debía poder decir: “A nadie he producido miedo”. En estas condiciones será vano buscar a nuestros contemporáneos, el día del último juicio, en la fila de los bienaventurados.
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ALBERT CAMUS, El testigo de la libertad, 1948. Obras Completas, Aguilar, 1968.
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July 19th, 2006 @ 10:44 am
NO HAY VIDA SI NO HAY DIÁLOGO
Y yo añadiría que sin el “otro” mi vida no tendría sentido y mi soledad sería terrible.
July 20th, 2006 @ 10:14 pm
Habíamos dicho que todos estamos radicalmente solos en el fondo. Aunque vayas por la vida de la mano amistosa o fraternal de alguien, vivirás solo; y cuando exhalemos el último suspiro, aunque nos aferremos a la mano cariñosa de quien desee acompañarnos hasta ese momento, moriremos solos.
Uno vive y muere su propia vida en solitario. Por eso, si el sentido a nuestra vida se la van a dar los otros, poco sentido tendrá.
No obstante, la amistad del otro nos alegra la vida y nos da fuerzas para vivir felices -si hemos conseguido llegar a serlo- a pesar de todas las penas que nos golpean a diario. Un amigo o amiga es un tesoro de valor incalculable. El amor y la amistad tienen muchas virtudes, sin duda, pero no tienen poder de dar sentido a la vida de nadie.
Creo todo lo contrario: es una vida con sentido la que da sentido a nuestras relaciones, incluyendo la amistad. Porque, tal como yo lo veo, la libertad es el sentido mismo de la vida y sólo entre seres humanos libres es posible el amor verdadero. Uno se siente “terriblemente” solo únicamente cuando “desea” estar radicalmente acompañado. Aprender a vivir radicalmente en solitario, en soledad creativa y gozosa, es aprender a ser libre.
Es posible que me equivoque, pero te invito a que reflexiones para que me ayudes a comprobar si las cosas son así. Sólo lo que es verdad para todos es auténtica verdad.
Un cordial saludo.
April 3rd, 2007 @ 11:46 pm
No sé si mi comentario llegará hasta vosotros, navego por Internet, pero soy reacia a entrar en debates. Sólo queria decir que me quito el sombrero leyendo esta página.
Siempre tuve una querencia especial hacia este tipo de temas, y un día así, por azar o por suerte, la encontré.
Hace, ya mucho tiempo deseé con todo mi corazón, la soledad y el silencio. Creo que lo he conseguido, una soledad y un silencio perseguido, anhelado, y al fin alcanzado. La llegada a esa meta fue dura, hubo sufrimiento, tristeza, nauséa, soledad fría y húmeda como esa niebla de invierno que cala hasta los huesos, miedo, rabia, el abismo de la nada.
Y al fin la llegada a la soledad, al silencio. La alegría de haber alcanzado una verdad diferente, ajena al túmulto y al ruido de fuera. Una soledad que mantengo en agradables conversaciones conmigo misma y tal vez también con “El Sólo”, también con los libros.
Pienso que el que ha aprendido a estar sólo, a ser solitario, pertenece a esa raza de hombres superiores, que camina un poco por encima de la tierra, sin perderla de vista. Porque posee una verdad diferente, porque ha aprendido que la felicidad, así como el éxito o el fracaso, es una cuestión personal, no social. La sociedad, la civilización, la conciencia de pertenecer, de ser, de tener, es la que impone los límites a la libertad del ser humano, sólo el que es capaz de romper las alambrada, es verdaderamente libre. Mi querida soledad.
Un abrazo.
April 4th, 2007 @ 1:20 am
Estimada Alumina:
Yo no empecé a editar Filosofía Digital con la intención de debatir nada, ni mucho menos de polemizar. Es el formato de esta especie de diarios que permite a los lectores comentar los pensamientos públicos de otros, lo que facilita, a la vez que una comunicación muy enriquecedora con gente desconocida de remotos lugares, también que algunos exaltados conviertan el diálogo necesario en una discusión innecesaria. Así que tranquila por lo que a mí respecta.
Comprendo tu amor por la soledad, porque es difícil convivir con personas muy diferentes sin que se produzca una importante mudanza en nosotros mismos. No es así cuando encuentras personas afines. Hay pocos placeres comparables al de una buena y tranquila conversación entre amigos. Nietzsche llegó a decir que el matrimonio no era más que una larga conversación. Comunicarse y entenderse es, sin embargo, casi un milagro. Por eso, muchas personas sensibles prefieren la intimidad silenciosa, a la que les empuja un temperamento melancólico.
Pero ten cuidado, amiga mía, en no confundir la dolorosa soledad del aislamiento -como repliegue ante la hostilidad del mundo y la frustración del anhelo de comunión con otras almas-, con la soledad creativa y reflexiva, gozosa experiencia de la expansión, que no contracción, del espíritu derramado en el infinito interior. Ésta soledad es gloriosa, aquélla un tormento infernal.
Tienes razón al decir que hay que ser muy especial para vivir en soledad alegre, pero la alegría es misionera, porque es generosa, y desea transmitirse. Por eso, el que la encuentra no se queda con ella, sino que siente su mayor satisfacción en alegrar a otros. Y eso, alegrar la vida del más próximo, es sencillamente amor.
Te deseo suerte. Recibe un cordial saludo.
October 6th, 2007 @ 6:27 pm
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