Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

PATRIOTAS REACCIONARIOS Y PROGRESISTAS INSOLENTES, por Alexis de Tocqueville

Archivado en: -MUNDO LIBRE — March 31, 2009 @ 5:05 pm

“¡Los hombres religiosos combaten la libertad, y los amigos de la libertad las religiones; espíritus nobles y guerreros elogian la esclavitud, y almas bajas y serviles preconizan la independencia; ciudadanos honrados e instruidos son enemigos de todo progreso, al tiempo que hombres sin patriotismo ni moral se convierten en apóstoles de la civilización y de la cultura! ¿Es que todos los siglos se han parecido al nuestro? ¿Ha tenido el hombre siempre ante los ojos, como hoy, un mundo en el que nada se prosigue, donde la virtud carece de genio y el genio carece de honor; donde el amor al orden se confunde con la devoción por los tiranos y el culto santo de la libertad con el desprecio por las leyes; en que la conciencia no arroja más que una claridad dudosa para iluminar las acciones humanas; donde ya nada parece prohibido, ni permitido, ni honrado, ni vergonzoso, ni verdadero, ni falso? ¿He de pensar que el Creador ha hecho al hombre para dejar que se debata eternamente en medio de las miserias intelectuales que nos rodean? No puedo creerlo: Dios tiene destinado a las sociedades europeas un futuro más firme y más tranquilo. Ignoro sus designios, pero nunca dejaré de creer en ellos por el hecho de no poder comprenderlos, y preferiría dudar de mi razón antes que de su justicia.”

* * * * * *

Los pasados siglos han visto cómo almas bajas y venales preconizaban la esclavitud, mientras espíritus independientes y corazones generosos luchaban sin esperanza por salvar la libertad humana. Pero en nuestros días hallamos a menudo hombres naturalmente nobles y dignos cuyas opiniones están en oposición directa con sus sentimientos, y que elogian el servilismo y la bajeza que nunca conocieron por sí mismos. Hay otros, por el contrario, que hablan de la libertad como si pudieran sentir cuanto de santo y grande hay en ella, y reclaman ruidosamente en favor de la humanidad derechos que ellos nunca reconocieron.

CIUDADANOS HONRADOS E INSTRUIDOS SON ENEMIGOS DE TODO PROGRESO, AL TIEMPO QUE HOMBRES SIN PATRIOTISMO NI MORAL SE CONVIERTEN EN APÓSTOLES DE LA CIVILIZACIÓN Y LA CULTURA

Veo hombres virtuosos y pacíficos a quienes sus costumbres puras, sus hábitos tranquilos, su bienestar económico y sus conocimientos, sitúan de modo natural al frente de la población que les rodea. Llenos de amor sincero por la patria, están prontos a hacer por ella grandes sacrificios; no obstante, a menudo estos hombres son adversarios de la civilización, cuyos abusos confunden con sus beneficios, y en su espíritu la idea del mal va indisolublemente unida a la de toda novedad.

Alexis de Tocqueville (1.805-1.859), escritor y político francés, preconizó la libertad de asociación y la descentralización económica y administrativa.

No lejos de ellos descubro a otros que, en nombre del progreso y esforzándose por materializar al hombre, buscan lo útil sin preocuparse por lo justo, la ciencia lejos de las creencias y el bienestar separado de la virtud: estos se consideran paladines de la civilización moderna e insolentemente se ponen a su cabeza, usurpando un lugar que se les cede y del que son indignos.

¿Dónde nos encontramos pues?

¡Los hombres religiosos combaten la libertad, y los amigos de la libertad las religiones; espíritus nobles y guerreros elogian la esclavitud, y almas bajas y serviles preconizan la independencia; ciudadanos honrados e instruidos son enemigos de todo progreso, al tiempo que hombres sin patriotismo ni moral se convierten en apóstoles de la civilización y de la cultura!

¿Es que todos los siglos se han parecido al nuestro? ¿Ha tenido el hombre siempre ante los ojos, como hoy, un mundo en el que nada se prosigue, donde la virtud carece de genio y el genio carece de honor; donde el amor al orden se confunde con la devoción por los tiranos y el culto santo de la libertad con el desprecio por las leyes; en que la conciencia no arroja más que una claridad dudosa para iluminar las acciones humanas; donde ya nada parece prohibido, ni permitido, ni honrado, ni vergonzoso, ni verdadero, ni falso?

¿He de pensar que el Creador ha hecho al hombre para dejar que se debata eternamente en medio de las miserias intelectuales que nos rodean? No puedo creerlo: Dios tiene destinado a las sociedades europeas un futuro más firme y más tranquilo. Ignoro sus designios, pero nunca dejaré de creer en ellos por el hecho de no poder comprenderlos, y preferiría dudar de mi razón antes que de su justicia.

LOS PURITANOS EMIGRANTES TRASPLANTARON A AMÉRICA EL PRINCIPIO DE LA DEMOCRACIA; ALLÍ PUDO CRECER LIBREMENTE Y, MARCHANDO CON LAS COSTUMBRES, DESARROLLARSE APACIBLEMENTE EN LAS LEYES

Existe un país en el mundo donde la gran revolución social de que hablo parece casi haber alcanzado sus límites naturales; la revolución se ha efectuado allí de manera sencilla y fácil, o más bien podría decirse que dicho país está viviendo los resultados de la revolución democrática que se opera entre nosotros sin haber conocido la revolución misma.

Los emigrantes que fueron a establecerse a América a principios del siglo XVII desligaron en cierto modo el principio de la democracia de todos aquellos contra los que luchaba en el seno de las viejas sociedades de Europa, y lo trasplantaron a las orillas del Nuevo Mundo. Allá pudo crecer libremente y, marchando con las costumbres, desarrollarse apaciblemente en las leyes.

Me parece fuera de toda duda que tarde o temprano llegaremos, como los americanos, a la igualdad casi completa de las condiciones. No deduzco que estemos llamados un día a sacar de tal estado social las mismas consecuencias políticas que ellos. Estoy muy lejos de creer que éstos hayan encontrado la única forma de gobierno que puede adoptar la democracia; pero basta que en los dos países la causa generadora de las leyes y de las costumbres sea la misma, para que tengamos un inmenso interés en saber lo que ha producido en cada uno de ellos.

No es, pues, por satisfacer una curiosidad legítima por otra parte, por lo que he estudiado en América, sino por afán de encontrar enseñanzas que nos puedan ser útiles. Se equivocaría quien creyera que he intentado hacer un panegírico; todo aquél que lea este libro se convencerá de que no ha sido tal mi propósito; tampoco ha sido mi objetivo preconizar una determinada forma de gobierno en general, pues soy de los que creen que casi nunca puede hallarse bondad absoluta en las leyes.

No he pretendido tan siquiera juzgar si la revolución social, cuyo avance me parece irresistible, es ventajosa o funesta para la humanidad. He admitido esta revolución como un hecho consumado o a punto de consumarse, y entre los pueblos que la han visto desenvolverse en su seno, he buscado aquel en que la revolución ha alcanzado un desarrollo más completo y pacífico, a fin de sacar las consecuencias naturales y conocer, si es posible, los medios de hacerla provechosa para todos los hombres.

SOMETIENDO LAS IDEAS A LOS HECHOS, EN VEZ  DE ADAPTAR LOS HECHOS A LAS IDEAS, DEBEMOS VER MÁS LEJOS QUE LOS PARTIDOS, QUE SÓLO SE PREOCUPAN DEL MAÑANA, Y PENSAR EN EL PORVENIR

Confieso que en América he visto algo más que a ella misma: he buscado una imagen de la propia democracia, de sus inclinaciones, de su carácter, de sus prejuicios, de sus pasiones; he querido conocerla, aunque no sea más que para saber al menos lo que podemos esperar o temer de ella. [...] No sé si he conseguido dar a conocer lo visto por mí en América; de lo que sí estoy seguro es de la sinceridad de mi deseo y de no haber cedido nunca, a sabiendas, a la necesidad de adaptar los hechos a las ideas, en lugar de someter las ideas a los hechos.

Sé que a pesar de mi cuidado, no será nada fácil criticar este libro, si es que alguien piensa criticarlo alguna vez. Quisiera, pues, que se me leyera con el mismo espíritu que ha presidido mi trabajo y que se juzgara este libro por la impresión general que deje, al igual que mis decisiones han sido producto no de una sola razón, sino de todas juntas.

Tampoco hay que olvidar que el autor que desea ser comprendido ha de desarrollar cada una de sus ideas con todas sus consecuencias teóricas, y a menudo hasta los límites de lo falso y lo impracticable; pues si bien a veces es necesario apartarse de la regla de la lógica en las acciones, no sucede lo mismo con los razonamientos. El hombre halla casi tantas dificultades en ser inconsecuente en sus palabras como en ser consecuente en sus actos.

Concluyo señalando por mí mismo lo que un gran número de lectores considerará el defecto capital de la obra. Este libro no se pone al servicio de nadie; al escribirlo, no he pretendido servir ni combatir a ningún partido: No he tratado de enfocar las cosas desde un ángulo distinto al suyo, sino de ver más lejos que los partidos; y mientras ellos se preocupan del mañana, yo he querido pensar en el porvenir.

* * *

ALEXIS DE TOCQUEVILLE, La democracia en América I, Introducción (2º fragmento), 1835 . Alianza Editorial, 2006. Traductora: Dolores Sánchez de Aleu. [FD, 05/08/2006]

4 comentarios »

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  2. Filosofía Digital » ¿DEMOCRACIA CONSTITUCIONAL O REPÚBLICA DE PARTIDOS?, por Oliver del Valle:

    [...] Como decía Tocqueville de este tipo de líderes: “Se consideran paladines de la civilización moderna -y de la democracia, añadiría yo- e insolentemente se ponen a su cabeza, usurpando un lugar que se les cede y del que son indignos”. A los hombres de las clases dirigente y gobernante en España, Confucio les llamaría, hoy, como entonces a sus precursores ideológicos, hombres del siglo o ladrones de la virtud; es decir: eunucos aduladores de su época. [...]

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