Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

AMOR Y CONCORDIA, por Jesús Nava

Archivado en: -FILOSOFÍA CORDIAL — June 30, 2009 @ 6:58 pm

-Comentario-

Aunque nacemos águilas, al final casi todos vivimos y morimos como aves de corral. Siempre hay caminos diferentes a escoger, el de la espiritualidad infinita lleva a la soledad en nuestros tiempos y enla sociedad actual. El de la trivialidad lleva al éxito social. Cada cual elige el suyo.

Ya ni siquiera estoy segura de que la educación de nuestra sociedad pueda ser un motor para cambiar los paradigmas actuales y dar a la vida el sentido profundo que tiene. Personalmente, todos los días muero en la soledad y renazco en la esperanza. En medio de la vida ordinaria normal, intento conectar con la profundidad e infinitud de la vida, de los seres, del universo. Sé que nuestra presencia en este planeta no es para consumir y después morir.

Quiero entender qué me dice el Universo a diario a través de la creación, quiero saber qué puedo hacer para ayudar a la inteligencia infinita en su labor, quiero ser útil a la vida. Quiero leer en el corazón de mis hermanos humanos y del resto de los seres vivos de este mundo sólo para ayudarles. Quiero leer en su alma y después anotar lo que percibo en mi mente, en mi alma y en mi propio corazón. Cuando se agote mi tiempo de estancia en la tierra me gustaría haber aprendido por lo menos esta lección y dejar tras de mi una estela de honradez, de lucidez, de alegría compartida. Quizá sea eso lo que espera el Universo de mí y mi única labor por hacer en esta tierra.

En fin… Quiero expresar con lo anterior que, aún viviendo como “mediocres aves sociales de corral”, por las circunstancias, podemos interiormente ser y actuar como águilas de alma infinita y libre, colaborando con la Vida profunda y conectando con el Infinito…

-Respuesta-

Centré mi respuesta a tu primer comentario en lo que concernía al artículo de Amiel, y pensé en dejar para otro momento la referencia a ese poso de tristeza que me pareció percibir entre líneas. Discúlpame, por favor, si me equivoco.

Tenía preparado el artículo de Czeslaw Milosz, y he decidido adelantar su edición para que lo leas en cuanto puedas. El fondo histórico del fragmento tiene poca importancia (aunque se refiere a una época terrible en los países del Este europeo), pero la conclusión final es maravillosa:

Ni el tiempo, ni la historia del género humano, son ilusorios. Negarles existencia sería hundirse en la calma de la derrota y sacar de la propia derrota una ley general. Nada resuelve la voluntad sin la piedad, ni la piedad sin la voluntad. Si una sola persona pudiera bastar para salvar la condición humana, recogería la sangre en una cuba procurando no perder ni una sola gota, pero no para llegar a la conclusión de que todo ha pasado ya y transformar poco a poco su gemido en una sonrisa de indiferencia. No, al contrario: conservaría el don de la cólera y de la fe inquebrantable. A pesar de todo, al hombre le quedan medios de lograr la calma.”

Es cierto que cada uno de nosotros, añade, “se fija una tarea y mientras la realiza comprende que es una tarea insignificante perdida en la multitud de preocupaciones y esfuerzos humanos. Pero cuando su pluma queda parada en el aire esperando resolver un problema, todos los que alguna vez se han servido del pensamiento y del lenguaje a través de los siglos, se hallan junto a este hombre, el cual nota inconscientemente esa estimulante presencia. Y esta fusión con ellos le proporciona la calma.”

Nunca estamos solos cuando pensamos, escribimos, o simplemente sentimos con una cierta profundidad. Esa inteligencia infinita de la que hablas constituye un fondo inagotable, no solo de ideas, sino de libertad, serenidad y dicha. En seguir sus indicaciones, claras para quien no es sordo a la voz de lo eterno, radica todo nuestro deber. En perfeccionar nuestro ser, en una constante metamorfosis ascendente y una espiritualización progresiva, está nuestra tarea. Entonces, he ahí el prodigio, la piedad por nuestros semejantes y la voluntad de transmitirles los tesoros encontrados, fluyen generosamente con entera naturalidad de ese océano divino que nos desborda el corazón. Y el deseo de ayudar a los demás ya no es una manía.

Así pues: “¿Quién podría ser tan arrogante como para saber cuáles son los actos que se unen y sostienen mutuamente y cuáles los que caerán en el ridículo y en el olvido fuera de lo que merece llamarse un patrimonio? En vez de insistir en esto, más vale que nos impongamos la única norma importante: mantenernos libres de tristeza y de indiferencia.”

La tristeza nos disminuye por dentro y la indiferencia nos distancia de todo lo que hay fuera. En cambio, en la alegría y la serenidad del espíritu nunca estamos solos, ni tristes, porque el universo entero es nuestro: nada nos falta. Y, a través de la comunión universal, nos fundimos en un sentimiento indescriptible con toda la creación, en especial con aquella parte suya con la que tenemos más cosas en común: la Humanidad. A este sentimiento de fusión y efusión del espíritu se le suele distinguir, entre otras infinitas formas, como Amor, Dicha, Libertad, Sabiduría o Sentido. Para alcanzarlo hay que cultivar a fondo la metafísica y la ética filosóficas, o hablando en plata, la religión y la moralidad.

Otros medios muy diferentes tendremos que usar si queremos fomentar la concordia social, es decir, el acuerdo básico de los corazones, de modo que un país se mueva como un solo cuerpo con una misma voluntad. Aquí se necesitan la justicia, la igualdad y la honestidad pública. Por lo tanto, el camino para llegar a la concordia depende básicamente de la política y la educación. “Es decir, que hay que poner tales fundamentos al Estado, que de ahí se siga, no que la mayoría procure vivir sabiamente (pues esto es imposible), sino que se guíen por aquellos sentimientos que llevan consigo la mayor utilidad del Estado. [...] Pues, como los malos sentimientos arrastran a los hombres en distintas direcciones, sólo cuando éstos desean lo honesto, o lo que al menos lo parece, pueden ser guiados como por una sola mente.” (Spinoza)

Pero todas estas afirmaciones dispersas deben ser demostradas con rigor y sistemáticamente, hasta donde sea posible. Por lo que me he decidido a iniciar una nueva sección en FD, en la que pienso abordar estos asuntos filosóficos con un cierto orden. Cuento con las aportaciones de cuantos habéis demostrado no sólo sensibilidad sino inquietud por la filosofía perenne.

Recibe un muy cordial saludo.

Comentario y respuesta en LA LIBERTAD DE ESPÍRITU Y EL CIUDADANO DE CORRAL

8 comentarios »

  1. Jesús Díaz Formoso:

    Querida Mº Dolores (espero disculpes la licencia, pero es mi sentimiento), me ha emocionado tu comentario.

    Yo no sé si, como dice Jesús, trasciende cierta tristeza. En todo caso, refleja con pulcritud intelectual lo que estimo un sentimiento universal.

    Frente a esa misma “sensación”, a mi me ha sido de gran ayuda otra “sensación”, que intentaré trasmitirte, sintéticamente (pues creo que su comprensión no depende de la argumentación, sino del conocimiento innato -desvelado- que uno puede -o no- tener, de manera intuitiva, al menos):

    Si dividimos la “realidad” en dos partes, una lleva de tí hacia el exterior (llámemosla “Externa”), mientras otra lleva de uno mismo hacia el interior (llamémosle “trascendente”), es posible interpretar que todo lo “exterior” -aparentemente verdadera realidad- es una mera construcción “intelectual” -”cerebral”-, cuya existencia, por tanto, es meramente accidental y contingente.

    De la misma manera, es la parte “trascendente” la verdadera realidad, que -de manera aparentemente paradójica- nuestros sentidos no pueden percibir (y a partir de la cual es construída nuestro exterior, aparente realidad; realmente, fruto de la imaginación).

    Desde esa perspectiva, he llegado a tu misma conclusión: “podemos interiormente ser y actuar como águilas de alma infinita y libre, colaborando con la Vida profunda y conectando con el Infinito”.

    Un abrazo.

  2. Jesús Díaz Formoso:

    Perdón:

    (y a partir de la cual es construída EN nuestro exterior, LA aparente realidad; realmente, fruto de la imaginación).

  3. Jesús Díaz Formoso:

    María Dolores, y creo que, además, también podemos proyectar al exterior ese “actuar como águilas de alma infinita y libre, colaborando con la Vida profunda y conectando con el Infinito”.

    Y saber “qué puedo hacer para ayudar a la inteligencia infinita en su labor, … ser útil a la vida”.

    Y poder “leer en el corazón de mis hermanos humanos y del resto de los seres vivos de este mundo sólo para ayudarles”.

    CÓMO hacerlo … creo que existe respuesta, viable a medio plazo (y pacífica), …

    Pero ese es otro debate, que no me corresponde a mi iniciar.

    Un abrazo; también para Jesús N.

  4. Jesús Díaz Formoso:

    Mecanica cuantica: experimento doble ranura.

    - http://www.youtube.com/watch?v=x53UGGB7XMI&feature=related

  5. Mª Dolores:

    Muy agradecida por su comentario Jesús Díaz Formoso, me alegro que el mensaje que lance, a modo de aullido en un momento de posible debilidad, haya sido útil de alguna forma. No había en él ninguna tristeza encubierta, solo meditaba en voz alta mediante este “oasis” que nos brinda Jesús Nava a través Filosofía Digital.

    Personalmente pienso que nosotros construimos la realidad exterior con nuestros no menos reales pensamientos y sentimientos puestos en acción. Todo lo que se pueda pensar e imaginar puede ser hecho realidad. Creo que antes de existir cualquier cosa, situación , objeto, sociedad etc, debe ser primero pensado e imaginado. La realidad externa es tan real como la interna, pero intuyo que la causa de la realidad externa es la realidad interna. Pienso que nuestros pensamientos y sentimientos son como la matriz de la realidad externa o material. La realidad externa o material puede o no ser, ya que depende de la realidad interna. Sin embargo los pensamientos y sentimientos son reales por sí mismos, son energía pura, simplemente “son”.

    Creo que nuestra parte material existe como vehículo necesario para que nuestro espíritu o energía pueda actuar, pueda manifestarse y crear.

    Vemos el mundo de los efectos (materia), no el mundo de las causas (pensamientos). Por ejemplo, vemos el efecto de tal o cual situación materializada, ya sea una enfermedad, un determinado tipo de sociedad, de crisis, de alegría o tristeza, pero el origen o causa de ello no podemos verlos , son invisibles a los ojos materiales, pero son tan reales como ellos mismos.

    También creo que con un mínimo de personas conscientes del poder de los pensamientos y sentimientos positivos en acción, el mundo llamado real (visible o material) daría un salto evolutivo, pero no me haga mucho caso, son cosa mías…

    Y no me extiendo más. Reciba un afectuoso y agradecido saludo. Mª Dolores

  6. Jesús Díaz Formoso:

    Estimada mª Dolores, claro que le hago mucho caso, …, sus reflexiones son (o se acercan en mucho) a las mías.

    Saludos

  7. Mª Dolores:

    “Nunca estamos solos cuando pensamos, escribimos, o simplemente sentimos con una cierta profundidad. Esa inteligencia infinita de la que hablas constituye un fondo inagotable, no solo de ideas, sino de libertad, serenidad y dicha. En seguir sus indicaciones, claras para quien no es sordo a la voz de lo eterno, radica todo nuestro deber. En perfeccionar nuestro ser, en una constante metamorfosis ascendente y una espiritualización progresiva, está nuestra tarea”.Jesús Nava

    Gracias Don Jesús por estas hermosas y gratificantes palabras, tan ciertas que parecen verdades lanzadas a través de usted por la inteligencia infinita. No siempre estamos alerta y despiertos para escuchar esos mensajes que posiblemente sean evidentes día si y día también en nuestra vida. Desde hoy procuraré estar más alerta. Gracias por esta lección magistral.

    Reciba un cordial y afectuoso saludo.

  8. Jesús Nava:

    Estimada amiga:

    La belleza no está en las cosas, sino en el ojo que mira. La belleza está en ti.

    Y es verdad que necesitamos estar alerta a la voz de lo eterno que nos manda a diario un mensaje sin palabras, directamente al corazón. Pero ¡es tan difícil escuchar esos mensajes y sugerencias que nos envía esa Inteligencia Infinita en un mundo lleno de ruido y furia! Ya lo decía una antigua Escritura: “En una o dos formas habla Dios, pero el hombre no entiende”.

    Amemos, pues, la eternidad de la Vida, sin precauciones, con pasión, y no digamos viviré, ¡vivamos!, de tal forma que, cuando tengamos que volver a casa de este viaje por el tiempo, no haya nada que lamentar, y podamos decir con el dulce Tagore:

    “Sea esta mi palabra última: que lo que he visto no puede ser mejor. Gusté la miel oculta de este loto que se abre en el océano de la luz, y así fui bendito. Sea esta mi última palabra. He jugado en esta casa de juguetes de formas infinitas; y vislumbré, jugando, a aquel que no tiene forma. Mi cuerpo entero ha vibrado al contacto de aquel que es intangible. Si aquí debe ser el fin, sea. Esta es mi última palabra. Desciendo a las profundidades del mar de las formas, en busca de la perla perfecta de lo que no la tiene. No más este navegar, de puerto en puerto, con mi barco viejo de naufragios. Ya se fueron los días en que era mi gozo ser juguete de las olas. Y ahora tengo ansia de morir en lo inmortal. Llevaré el arpa de mi vida al tribunal que está junto al abismo sin fin de donde sube la música no tocada. Y acordaré mi música con la música de lo eterno, y cuando haya cantado su sollozo último, pondré mi arpa muda a los pies de lo callado.”

    Este es mi deseo sincero para ti, y para todos los amigos que he encontrado gracias a esta nuestra querida Filosofía Digital.

    Un abrazo para todos.

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