GOBERNANTES Y FILÁNTROPOS, DOS PESTES DE TODAS LAS ÉPOCAS, por Oscar Wilde (II)
“Todas las formas de gobierno son erróneas. No son científicas porque buscan alterar el desarrollo, el desenvolvimiento natural del hombre; son inmorales, porque, al interferir la vida individual, producen las más agresivas formas del egoísmo; son ignorantes, porque tratan de extender la educación; son destructoras consigo mismas, porque engendran la anarquía. Por supuesto, la moralidad es cosa diferente. Chuang Tzu dice que la gente se desquiciaba cuando empezaba a moralizar. Los hombres dejaban de ser espontáneos y de actuar por intuición. Se volvían presumidos y artificiosos y tan ciegos como para tener un propósito definido en la vida. Entonces aparecían los gobernantes y los filántropos, las dos pestes de todas las épocas. Los primeros trataban de oprimir al pueblo para obligarle a ser bueno y, ¡claro!, destruían la bondad natural del hombre. Los segundos constituían un grupo de agresivos entremetidos que sembraba la confusión por donde iba. Eran bastante estúpidos por tener principios, y bastante infelices para actuar como es debido. Todos ellos procedían con fines malvados, demostrando que el altruismo universal es tan malo en sus resultados como el egotismo universal. “
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Pero un endiablado día hizo su aparición el Filántropo, y con él surgió la malhadada idea del Gobierno. “No hay nada como dejar a la Humanidad sola; no hay nada peor que gobernar a la Humanidad”, dice Chuang Tzu.
Todas las formas de gobierno son erróneas. No son científicas porque buscan alterar el desarrollo, el desenvolvimiento natural del hombre; son inmorales, porque, al interferir la vida individual, producen las más agresivas formas del egoísmo; son ignorantes, porque tratan de extender la educación; son destructoras consigo mismas, porque engendran la anarquía.
LOS REFORMADORES NO CONOCEN LA VERGÜENZA
Chuang Tzu nos cuenta que “en tiempos remotos, el emperador Amarillo inculcó por primera vez la caridad y el deber en un semejante para que interfiriera la bondad natural existente en el corazón humano. Consecuencia de ello fue que Yao y Shun perdieron hasta el vello de sus piernas en sus esfuerzos por dar de comer al pueblo; destruyeron su econocmía interior para encontrar un cuarto donde alojar sus artificiales virtudes; desgastaron sus energías elaborando leyes, y, al final, fracasaron”. Al corazón humano, continúa diciendo nuestro filósofo, se le puede “forzar o excitar”, pero en cualquier caso el resultado es fatal.
Yao hizo al pueblo demasiado feliz y el pueblo no estaba satisfecho. Chieh lo hizo demasiado infeliz, y cada vez estaba más descontento. Entonces cada uno empezó a argüir la mejor manera de componer la sociedad. “Está completamente claro que algo debe hacerse”, se dijeron el uno al otro, y hubo una ofensiva general de leyes. Los resultados fueron tan desastrosos que el Gobierno del día tuvo que implantar el Terror, y como consecuencia de esto “los virtuosos hombres tuvieron que refugiarse en las cuevas de la montaña, mientras que los regidores del Estado se sentaban temblando en los ancestrales vestíbulos”.
Luego, cuando todo estaba sumido en un perfecto caos, los reformadores sociales subieron a las tribunas públicas y predicaron desde allí el remedio de los males que ellos y sus sistemas habían causado. ¡Los pobres reformadores sociales! “No conocen la vergüenza ni saben lo que es ruborizarse”, es el veredicto de Chuang Tzu con respecto a ellos.
La acumulación de riquezas es, para él, el origen de todos los males. Hace al fuerte violento y deshonesto al débil. Crea ladronzuelos que instala en jaulas de bambú. Engendra grandes ladrones que sienta en tronos de jade blanco. Es el padre de la competencia, y esta significa desgaste, así como destruccción, de energías. El orden de la naturaleza es desacanso, repetición y paz. El malestar y la guerra son el resultado de una sociedad artificial basada en el capital; y lo más meritorio que esta sociedad consigue es una verdadera bancarrota, puesto que no recompensa suficientemente al bueno ni castiga justamente al malvado.
LOS TÁBANOS INTELIGENTES Y SU VULGAR COSTUMBRE DE RAZONAR
Por otra parte, debe recordarse que los premios mundanos degradan al hombre tanto como los castigos. La edad se pudre con su culto hacia los éxitos. En cuanto a la educación, la verdadera sabiduría si se enseña ni se aprende. Es un estado que solo consigue el que vive en completa armonía con la naturaleza. El saber es somero si lo comparamos con la grandiosidad de la ignorancia, pues sólo lo que se ignora tiene valor. La sociedad produce bribones, y la educación hace a unos más inteligentes que a otros. Al final nos encontramos en un caos de opiniones, dudando de todo y cayendo en la vulgar costumbre de razonar. Solo razona el intelectualmente perdido.
Fijémonos en Hui Tzu. “Era un hombre de muchas ideas. Sus obras serían suficientes para llenar cinco carros. Pero sus doctrinas eran paradójicas”. Decía que debía haber plumas dentro de los huevos, porque los polluelos las tenían; que el perro podría ser una oveja, porque todos los nombres son arbitrarios; que había un momento en que la flecha disparada no estaba en movimiento ni parada; que si se cogía un palo de un pie de largo y todos los días se cortaba por la mitad, nunca se vería su fin; y que un caballo y una vaca eran tres, porque, por separado eran dos, pero juntos eran uno, y uno más dos hacían tres. “Era como un hombre que jugase a las carreras con su propia sombra y que hiciese ruido para apagar el eco. Era un tábano inteligente, eso es todo. ¿Y cuál era su finalidad?”
Por supuesto, la moralidad es cosa diferente. Chuang Tzu dice que la gente se desquiciaba cuando empezaba a moralizar. Los hombres dejaban de ser espontáneos y de actuar por intuición. Se volvían presumidos y artificiosos y tan ciegos como para tener un propósito definido en la vida. Entonces aparecían los gobernantes y los filántropos, las dos pestes de todas las épocas.
Los primeros trataban de oprimir al pueblo para obligarle a ser bueno y, ¡claro!, destruían la bondad natural del hombre. Los segundos constituían un grupo de agresivos entremetidos que sembraba la confusión por donde iba. Eran bastante estúpidos por tener principios, y bastante infelices para actuar como es debido. Todos ellos procedían con fines malvados, demostrando que el altruismo universal es tan malo en sus resultados como el egotismo universal. “Engañaban al pueblo con la caridad y lo encadenaban con los deberes hacia sus semejantes”.
Como consecuencia de todo esto, el mundo perdió su equilibrio, y desde entonces se tambalea.
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OSCAR WILDE, Un chino sabio, segunda parte. Aguilar, 5ª reimpresión, 1981. [FD, 12/11/2006]
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December 21st, 2006 @ 8:52 pm
[...] Esta labor de voladura de una nación secular, la están llevando a cabo -con la complicidad de una mayoría de votantes-, un grupo de irresponsables dinamiteros, entre los que se encuentran eso que llaman rey; el fanfarrón de la humildad con su guardia pretoriana de embusteros y golpistas; los dictadores nacionalistas de las autonomías; y un partido que se autodenomina obrero, español, socialista, progresista y de izquierdas, ¡sin sonrojarse! ¿Será que no tienen de qué avergonzarse, o más bien que no tienen vergüenza ni saben lo que es ruborizarse? [...]
January 8th, 2007 @ 9:46 pm
[...] ¡Ojalá que sus argumentos fueran otros! Como sus vidas, para ellos mismos, valen poco o nada, la Vida es poco o nada valiosa. Como no consiguen “hacerse una idea elevada” de nada, nada adorable descubren en la Naturaleza. Hasta la ciega materia y el azar caprichoso se les antojan creadores más verosímiles que el Ser infinito y eterno, es decir, Dios. ¡Qué forma tan pueril e insensata de razonar! Intelectualmente perdidos, los ateos se envanecen en sus razonamientos y niegan a Dios, “la evidencia invisible”, según Víctor Hugo, sólo porque ellos, cerrando los ojos al entendimiento, son incapaces de verlo. [...]
June 24th, 2008 @ 10:50 am
[...] al tirarle baldes de agua a la cabeza, mientras le llamaba vago y charlatán? Sócrates era un tábano inteligente, eso es [...]
September 1st, 2010 @ 1:44 am
[...] y de izquierdas, ¡sin sonrojarse! ¿Será que no tienen de qué avergonzarse o más bien que no tienen vergüenza ni saben lo que es [...]