EL IDEAL PURO DE LA MORALIDAD POLÍTICA, por Thomas Nagel
“El ideal puro de la legitimidad política consiste en hacer posible que el uso del poder del Estado sea autorizado por cada ciudadano -no en cada detalle directo, sino por medio de la aceptación de los principios, instituciones y procedimientos que determinan cómo va a utilizarse ese poder-. Este es un asunto que no se puede posponer hasta el fin de los tiempos. La fuerza sería siempre necesaria si ese objetivo no fuera suficientemente compartido, pero es un desastre excluir la búsqueda de la moralidad política hasta que la historia haya avanzado por otros medios hasta ese mítico final en que todo se lograría sin esfuerzo alguno.”
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Una teoría es utópica en sentido peyorativo si describe una forma de vida colectiva que los humanos, o su mayor parte, no podrían llevar o que no podrían alcanzar por medio de ningún proceso posible de desarrollo mental y social. Puede tener valor como una posibilidad para unas cuantas personas, o para otros como un ideal admirable pero insostenible. Pero no puede ofrecerse como una solución general al problema principal de la teoría política: ¿Cómo deberíamos vivir juntos en sociedad?

NI UTOPISMO VISIONARIO NI MIOPE REALISMO
Peor aún, cuando lo que se describe no es de hecho motivacionalmente posible, la ilusión de su posibilidad puede a pesar de todo motivar a las personas para tratar de establecerlo, lo que termina dando resultados bien diferentes de los apetecidos. Las sociedades están tratando constantemente de ahormar a las personas porque se resisten tenazmente a conformarse a algún patrón preconcebido de posibilidad humana.
La teoría política, en este sentido, es una disciplina empírica cuyas hipótesis restringen nuestras posibilidades futuras y cuyos experimentos pueden ser muy costosos. Como dijo en cierta ocasión Hannah Arendt: “Es cierto que no se pude hacer una tortilla sin romper huevos, pero podemos romper muchísimos huevos y no hacer una tortilla”.
Con todo lo importante que sea evitar el utopismo, no es menos importante evitar la opción diametralmente opuesta: el crudo y miope realismo. Está bien claro que una teoría que ofrece nuevas posibilidades debe ser consciente del peligro de que sean puramente imaginarias.
La auténtica naturaleza de los seres humanos y de sus motivaciones siempre debe constituir una parte esencial del asunto: el pesimismo está siempre a mano y tenemos razones de sobra para desconfiar de la naturaleza humana. Pero no deberíamos restringirnos excesivamente por los límites derivados de la condición básica de los motivos presentes ni por un excesivo pesimismo sobre las posibilidades de mejora humana. Es importante intentar imaginarse el próximo paso, incluso antes de que nos dispongamos a aplicar las mejores concepciones ya disponibles.
En esta tarea es inevitable utilizar la intuición moral y no deberíamos rechazar su uso. Para confiar en nuestras intuiciones, en particular en aquellas que nos dicen que algo está mal, incluso aunque no sepamos exactamente qué es lo correcto, solamente necesitamos creer que nuestra comprensión moral se extiende más allá de nuestra capacidad para explicar detalladamente los principios que la sostienen.
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3 comentarios »
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December 2nd, 2006 @ 2:19 pm
Impresionante capacidad para extraer artículos oportunos.
Me ha gustado lo de la insatisfacción intuitiva. La mayoría de articulos de mi bitácora empezaron con una sensación de ese tipo. Sentía que debía empezarlos, pero no sabía como iban ha acabar.
Enhorabuena
Un saludo
December 6th, 2006 @ 2:43 am
Gracias, Linus. Es natural que te ocurra eso porque seguramente eres una persona intuitiva. Hay mentalidades imaginativas, las hay racionales, y también intuitivas. La intuición, aunque muy pocos pensadores creen en ella, es el género supremo de conocimiento, pues aporta una percepción directa de lo que son las cosas, mientras que la razón nos da una percepción indirecta de cómo son. Por supuesto, también la intuición nos puede fallar, como la razón, especialmente si nos precipitamos en sacar conclusiones antes de ver con claridad y distinción el asunto. Por eso, creo yo, Nagel habla de la insatisfacción intuitiva, porque nos permite sentir que algo anda mal sin que sepamos aún qué.
Pues nada, a seguir usando la intuición, que por cierto es la verdadera potencia creadora de la mente.
Saludos cordiales.
December 9th, 2006 @ 11:44 pm
Gracias a ti
Bueno, si, esa es la sensación que tenía, algo iba mal pero aún no sabía porque.
Los artículos que finalmente veían la luz en mi bitácora eran los que conseguía racionalizar. Pero hay otros que, lamentablemente, todavía están en fase intuitiva.
Un cordial saludo