Filosofía Digital

"Me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones humanas, sino en entenderlas." Baruch de Spinoza

MUCHO MÁS QUE UNA REVOLUCIÓN, por Thomas Paine

Archivado en: -MUNDO LIBRE — December 15, 2006 @ 10:44 pm

“Los tres primeros artículos son la base de la Libertad, tanto individual como nacional; no se puede llamar libre a un país cuyo gobierno no se origina en los principios que aquéllos contienen y que no sigue manteniendo su pureza. Toda la Declaración de Derechos tiene más valor para el mundo, y hará más bien, que todas las leyes y todos los códigos promulgados hasta hoy. Contemplamos el solemne y majestuoso espectáculo de cómo una nación que se comprende, bajo los auspicios de su Creador, establece su propio gobierno; algo tan nuevo y tan trascendentalmente sin igual, en el mundo europeo, que el nombre de revolución disminuye su carácter, pues se eleva hasta una regeneración del hombre.”

* * * * * * 

OBSERVACIONES SOBRE LA DECLARACIÓN DE DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO

Los tres primeros artículos comprenden en términos generales toda la Declaración de Derechos; todos los artículos siguientes se derivan de ellos o siguen como aclaraciones. Los artículos IV, V y VI definen más particularmente lo que sólo se expresa en general en los artículos I, II y III.

Los artículos VII, VIII, IX, X y XI son declaratorios de los principios conforme a los cuales se formularán las leyes, de conformidad con derechos ya declarados. Pero algunas gentes muy dignas discuten, tanto en Francia como en otros países, si el artículo X garantiza de forma suficiente el derecho al que pretende conformarse, en comparación con el cual sustrae dignidad divina a la religión y debilita su capacidad de actuación sobre la mente al someterla a leyes humanas. Entonces la religión se presenta al hombre como la luz interceptada por un medio nebuloso, en el cual su fuente se ve oscurecida a la vista y no se ve nada que reverenciar en el rayo apagado (*).

¿Conseguirá algún día la naturaleza humana, de mano de la razón y la virtud ciudadana, un mundo nuevo donde los niños puedan llegar a ser libres, pacíficos y felices?

El resto de los artículos, a partir del XII, están contenidos sustancialmente en los principios de los artículos precedentes; pero en la situación concreta en que se hallaba entonces Francia, en la cual había que deshacer lo que estaba mal, además de afirmar lo que estaba bien, era prioritario actuar con más minuciosidad de lo que sería necesario en otras circunstancias.

Cuando la Declaración de Derechos se hallaba ante la Asamblea Nacional, algunos de sus miembros observaron que si se publicaba una declaración de derechos debería ir acompañada de una declaración de deberes. La observación revelaba una mente reflexiva, y que sólo erraba en no reflexionar lo bastante. Una declaración de derechos es, por reciprocidad, también una declaración de deberes. Lo que quiera que sea mi derecho como hombre es también el derecho de otro; y yo paso a tener el deber de garantizar además del de poseer.

Los tres primeros artículos son la base de la Libertad, tanto individual como nacional; no se puede llamar libre a un país cuyo gobierno no se origina en los principios que aquéllos contienen y que no sigue manteniendo su pureza. Toda la Declaración de Derechos tiene más valor para el mundo, y hará más bien, que todas las leyes y todos los códigos promulgados hasta hoy.

MUCHO MÁS QUE UNA REVOLUCIÓN: UNA REGENERACIÓN DEL HOMBRE

En el preámbulo declaratorio, que sirve de prefacio a la Declaración de Derechos, contemplamos el solemne y majestuoso espectáculo de cómo una nación que se comprende, bajo los auspicios de su Creador, establece su propio gobierno; algo tan nuevo y tan trascendentalmente sin igual, en el mundo europeo, que el nombre de revolución disminuye su carácter, pues se eleva hasta una regeneración del hombre.

¿Qué son los gobiernos actuales de Europa sino escenas de iniquidad y opresión? ¿Qué es el de Inglaterra? ¿No dicen sus propios habitantes que es un mercado donde todo hombre tiene su precio, y en el cual la corrupción es tráfico común a expensas de un pueblo engañado? No es de extrañar, pues, que se vilipendie a la Revolución Francesa. Si ésta se hubiera limitado meramente a la destrucción del despotismo flagrante, quizás el señor Burke y algunos otros se habrían quedado en silencio. Ahora su grito es: “Ha ido demasiado lejos”; es decir, ha ido demasiado lejos para ellos.

Contempla a la corrupción de frente, y toda la tribu de corruptos se siente alarmada. El temor de estos se revela en su indignación, y no publican sino los quejidos de un vicio herido. Pero esa oposición, en lugar de hacer sufrir a la Revolución Francesa, le rinde homenaje. Cuanto más se la golpee, más chispas emitirá, y sólo es de temer que no se la golpee lo suficiente. No tiene nada que temer de los ataques: la Verdad le ha dado sus raíces, y el Tiempo dejará constancia de ella, de forma que dure tanto como él.

Ahora tras seguir la marcha de la Revolución Francesa por la mayor parte de sus principales etapas, desde su comienzo hasta la toma de la Bastilla y su establecimiento por la Declaración de Derechos, termino con el tema con el enérgico apóstrofe del marqués de la Fayette: ¡Que este gran monumento erigido a la Libertad sirva de lección al opresor y de ejemplo a los oprimidos!

* * * * * *

(*) Existe una sola idea que, si llega bien a la mente, sea en sentido jurídico o religioso, impedirá a cualquier hombre, o a cualquier grupo de hombres, o a cualquier gobierno, equivocarse acerca del tema de la Religión, y es que, antes de que se conociera en el mundo ninguna institución humana, existía en el mundo, si se me permite la expresión, un pacto entre Dios y el Hombre desde el principio de los tiempos, y que como la relación y condición en que está el hombre en su persona individual, con respecto a su Creador, no se puede cambiar, ni en modo alguno alterar, en virtud de ninguna ley ni autoridad humana, la devoción religiosa, que es parte de ese pacto, no puede ser objeto de leyes humanas, y todas las leyes deben ajustarse a ese pacto previo existente, y no arrogarse el derecho de hacer que ese pacto se ajuste a las leyes que, además de ser humanas, son posteriores a él. El primer acto del hombre, cuando miró en torno a sí y se vio como criatura no hecha por sí misma, y un mundo preparado para recibirlo, debe haber sido el de devoción, y la devoción debe seguir siendo siempre sagrada para cada hombre individual, del modo que a él le parezca oportuno, y los gobiernos hacen mal en intervenir en ello. (Nota del autor) [Omitida en muchas ediciones modernas. (Nota del traductor)]

THOMAS PAINE, Los Derechos del Hombre, 1791. Alianza Editorial, 1984.

1 comentario »

  1. Mundo Libre Digital » REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA, por Jesús Nava:

    [...] tiempo y a destiempo, escuchen o dejen de escuchar, esa buena noticia o “evangelio” que, según Thomas Paine, es la democracia, “algo tan nuevo y tan trascendentalmente sin igual, en el mundo europeo, que [...]

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Deje su comentario.

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

(required)

(required)